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Anexo 0, Cumbre climática y justicia ambiental Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Internacional
Jueves, 24 de Diciembre de 2015 10:17

Una propuesta desde los pueblos afectados por el Cambio Climático, ante la COP 21 en Paris

Por Catalina Toro Perez (1)

Mientras se negociaba, en Paris la 21va Conferencia del clima, en medio de un enorme despliegue internacional, una sola noticia paso inadvertida: En el mar Caspio, ardía otra plataforma marina petrolera, esta vez, de la State Oil Company de Azerbaijan, dejando un saldo de 29 trabajadores desaparecidos y  probablemente muertos, generando el peligro de un nuevo derrame que afectaría profundamente el lago mas extenso del mundo. No era el primer accidente en la zona. En 2008, otra plataforma petrolera de BP, Central Azeri, tuvo una fuga de gas, debido a problemas relacionados con defectos de revestimiento de los pozos, accidente que fue conocido gracias a los cables, de Wikileaks. Aun hoy, la BP, responsable del mayor derrame petrolero marino en la historia en el Golfo de México en 2010, continua perforando en el suroeste asiático, tratando de reconstruir, sin éxito, una reputación deteriorada por enormes impactos ambientales y sociales que se generaron. Daños ambientales que se suman a la lista de accidentes denunciados, en el Delta de Niger, ante la compañía Shell, en la Amazonia ecuatoriana ante la Chevron-Texaco, así como ante la empresa Exxon Valdez, la cual en este momento es objeto de denuncia ante el derrame de 11 millones de galones de crudo, que afecto en la zona costera en Alaska mas de 1500 millas: impactando tres parques nacionales , cinco parques regionales, una reserva forestal nacional y un santuario de flora y fauna. Estos y otros hechos que constituyen un delito ambiental internacional, “Ecocidio” fueron denunciados y presentados ante el Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, instalado en Paris, los días 4 y 5 de Diciembre con el fin de presentar y juzgar la responsabilidad ambiental de diversos actores (Estados, Empresas, Corporaciones financieras) asociados a decisiones humanas que afectan los bienes comunes planetarios, que hoy constituyen la base de la supervivencia de nuestra especie.

Uno de los más grave impactos posibles con el aumento del Cambio Climático y el modelo de desarrollo extractivista en los ecosistemas insulares y costeros está asociado al aumento del nivel del mar. Según nuevas proyecciones, el aumento medio del nivel del mar entre 2013 y 2014 se encuentra entre 2.6 y 2.9 mm. La velocidad de este aumento, el cual solo en este periodo (dos años), se ha duplicado, en relación con lo ocurrido en la mayor parte del siglo veinte, significa que para el año 2100, el incremento del nivel del mar podrá llegar hasta 98 cm si se continúa con los niveles actuales de emisión de gases de efecto invernadero. Nuevos estudios demuestran que el aumento del deshielo en el Ártico, puede provocar un incremento de emisiones de gas metano y dióxido de carbono, a la atmosfera, lo cual puede intensificar y es a su vez un efecto del calentamiento global. Más de 41 científicos, estimaron en un 35% adicional, esta emisión de gases de efecto invernadero (Nature Climate Change, 2015).

Aun cuando las manifestaciones preparadas por las organizaciones sociales y ambientales, fueron prohibidas después de los injustificables atentados en Paris, ello no impidió que las actividades preparadas en los denominados eventos diversos alternos a las negociaciones sobre el clima, se desarrollaran paralelamente, ante la ausencia de las voces de los principales afectados por el cambio climático en el escenario de la negociación: mujeres, trabajadoras, campesinas, indígenas y comunidades afro-descendientes, quienes cargan los impactos negativos de la extracción y producción energetica que profundiza el desplazamiento fuera de sus territorios y con ello los sistemas locales de producción de alimentos.

En uno de esos espacios paralelos a la COP 21, en el contexto del Tribunal Internacional de defensa de los Derechos de la Naturaleza, surgieron propuestas como la del Anexo 0, un anexo, que propone la necesidad de reconocer el respeto y el compromiso real de los pueblos, indígenas, afro-descendientes y locales impactados por las actividades extractivas, (Gran Minería, Agroindustria, Petróleo y Gas en el mar y en tierra) ausentes ellos de la arena de la negociación, haciendo referencia a la Convención de Cambio Climático en Rio 92, que incluye en los anexos 1 y 2 a los países del Norte (países desarrollados) y las denominadas “economías en transición” (Rusia y Europa del Este) consideradas necesarias para financiar actividades concretas de prevención y adaptación al Cambio Climático en los países del Sur. (países no desarrollados). Como se ha constatado con el aumento desmesurado de la explotación de combustibles fósiles, el compromiso de desarrollar acciones para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, no se ha cumplido. Después de 20 años de negociaciones desde la primera celebrada en Berlín en 1995, no se ha hecho nada efectivo para detenerlo, y por el contrario se han agudizado las condiciones que han ocasionado el fenómeno de cambio climático. Ello se debe a que justamente lo que esta en cuestión es la crisis del modelo de desarrollo capitalista global, basado en la extracción y procesamiento de combustibles fósiles para producir energía, la utilización masiva de transporte terrestre privado, aéreo y marítimo, la expansión de la urbanización en las ciudades, la liberalización de los regímenes comerciales globales, la agricultura industrializada, y el sobre consumo en el norte global incluyendo algunos lugares en el Sur.

El Anexo 0 parte de considerar que uno de los principales problemas de ausencia de resultados derivados de las anteriores negociaciones tiene que ver con el grado de influencia que tienen las corporaciones de los sectores minero-energéticos
provenientes de los países del Norte y la ausencia de voluntad política de sus gobiernos y algunos de los países del Sur, para abordar la raíz de los verdaderos problemas asociados a los diversos aspectos de la cadena energetica basada en combustibles fósiles, desde la extracción, el refinamiento la producción y el consumo. Son las mujeres, los trabajadores, las comunidades indígenas y campesinas quienes directamente sufren las consecuencias sociales y ambientales, de la devastación provocada en el Sur global incluyendo también algunos lugares en el Norte. Precisamente son las comunidades locales, las victimas, de los derrames petroleros, el acaparamiento de tierras, la polución en tierra, aire y fuentes de agua, los impactos en la salud y el aumento de la mortalidad en sus territorios, la ausencia de servicios estatales, la criminalización de la protesta social, en lugares de servicios cada vez mas comercializables con altísimo nivel de violencia interpersonal domestica y sexual, muchas veces relacionada con la militarización asociada a los recursos energéticos.

En lugar de reconocer las voces y practicas de los pueblos en Africa, Asia y America Latina, con propuestas concretas en la construcción de alternativas reales de Justicia climática y ecológica (reparación y compensación a responsables), justicia energética (dejar el 80% de los fósiles bajo tierra), justicia alimentaria (acceso y control del territorio) y justicia de genero (equidad y acceso a espacios de decisión), frente a la crisis climática2, surgieron de nuevo de parte de las corporaciones financieras e industriales asociadas a la industria extractiva, toda una variedad de falsas soluciones “verdes” con nuevos riesgos tecnológicos, para legitimar sus depredadoras practicas, las cuales incluyen los decaídos mercados de carbono, la agroindustria, los cuestionados programas de desarrollo limpio REDD, la geo-ingeniería con tecnologías de modificación del clima, proyectos de desarrollo de energía nuclear, grandes hidroeléctricas, y tecnologías para capturar y almacenar el carbono. En el Grand Palais, de Paris, estas empresas organizaron una exposición de “alternativas” la cual, ante las protestas del público ante tamaña hipocresía, fue cerrada y desalojados y detenidos alguno activistas ambientales, que allí se encontraban teniendo que permanecer encerrados las semanas que duro la Conferencia, acosados de terrorismo.

Mientras se celebraba el publicitado acuerdo entre países del Norte y del Sur, para controlar las emisiones de carbón en la atmósfera, estas corporaciones, continúaban tranquilamente expandiendo la frontera de la extracción hacia la explotación marina y la exploración y explotación de yacimientos no convencionales en los países del Sur, cada vez mas abiertos a su intervención, a través de tecnologías tan perniciosas como el Fracking. Como si esto fuera poco, el carácter no vinculante de las Convenciones ambientales globales, ha generado el incumplimiento de la responsabilidad de los países desarrollados, de generar verdaderos resultados para recortar las emisiones de gases a efecto invernadero, y trasladar a los pueblos afectados, indígenas, campesinos, comunidades tradicionales, comunidades urbanas, las responsabilidad de asumir en sus territorios, los efectos provocados por la explotación.

Que se logro en Paris?

Por primera vez se incluye los Océanos en el texto del preámbulo del Acuerdo de Paris. No es poca cosa, en ninguno de los principales convenios incluyendo el de Biodiversidad los ecosistemas marinos habían sido objeto de regulación, lo cual ha dejado un gran vacío en términos de una gobernabilidad ambiental del mar, que controle y regule la avidez de la industria pesquera internacional, los derrames petroleros cada vez mas frecuentes y los impactos ocasionados por el aumento del transporte marítimo, entre países del norte y del sur, como Estados Unidos y la China, quienes no tienen ningún interés en regulación alguna de los mares.

Pese a las evidencias del Cambio Climático planetario, las Conferencias de las partes que se celebran cada año, constituyen un ritual que se expresa ahora en el Acuerdo de Paris, en un pacto con “el mejor resultado posible” de una negociación desigual entre Estados todavía clasificados en el argot de Naciones Unidas como desarrollados, emergentes y no desarrollados. Un colectivo de países y empresas poderosas que buscan continuar su desmesurado modelo de acumulación y despojo, aumentando el comercio mundial y la multiplicación del consumo. Una negociación en la que participan de manera directa las Empresas de energía mas poderosas , las ONGs (Organizaciones no gubernamentales) del norte, financiadas por ellas, quienes trabajan estrechamente con las delegaciones mas poderosas como las de los Estados Unidos y Gran Bretaña y fuera de ella, (lo mas lejos posible) las comunidades locales, las ONGs del Sur, organizaciones representadas por lideres sociales y populares, las universidades de estos países, ellos si bien lejos de la arena de la negociación de un texto común, aprobado por mas de 200 gobiernos que como en el caso de todas las Convenciones Ambientales sin excepción, no son de carácter vinculante, en términos de las metas establecidas, las responsabilidades de los países y las empresas contaminantes y por el contrario estarán sometidas a las reglas del comercio internacional. Si bien, en el protocolo de Kyoto los países con compromiso de reducción de emisiones eran pasibles de sanciones, en el Acuerdo de Paris, los países no estaran obligados a cumplir con sus objetivos expresados en las contribuciones para actividades de mitigación, ni se establecen sanciones. y menos aun se asumen responsabilidades Y en cuanto a las metas, en el Acuerdo, el 1.5% publicitado es menor, al objetivo de 2 grados impuesto hace 5 años en la COP 16 de México. En este sentido el Acuerdo no puede ser mas ambiguo: el punto máximo de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deberá lograrse “lo antes posible” y deberá alcanzarse “en la segunda mitad de siglo” (Articulo 4.1, Ver, Honty, 2015), lo que puede llegar, si acaso llegara a modificarse la matriz energetica planetaria lo cual es poco probable, a un posible cero neto de emisiones en 2099, muy lejos de los limites establecidos.

Uno de los puntos centrales de la negociación, hizo referencia al objetivo cuantificado de movilización de recursos hasta de 2025, (USD 100 mil millones anuales), un compromiso fijado en la COP de México, cuyos fondos podrán porvenir “de una gran variedad de fuentes, instrumentos y cauces” que como vemos hoy en la practica, vienen en su mayoría de las empresas mineras, petroleras y de gas mas contaminantes, asociadas bajo el discurso de la responsabilidad ambiental empresarial , quienes paradógicamente son las grandes responsables de un gran porcentaje del caos climático. Empresas consultoras financiadas por la gran minería trasnacional, utilizan la fachada ambiental para imponer a través de proyectos de “mitigación de Cambio Climático” sus intereses en los territorios, a través de sofisticados y costosos sistemas de contratación privados de sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales de las universidades y Ongs del sur, que deberán, en lugar de construir consensos y espacios en los cuales participen las comunidades en términos de la decisión de si se realiza o no un proyecto extractivo y de sus riesgos, desarrollar procesos de “socialización” para convencerlos de que el proyecto que contaminara sus ríos y desplazara sus familias a los cinturones de miseria en las ciudades, es ambientalmente responsable.

Con respecto a los Mercados de carbono, establecidos en el protocolo de Kyoto, en los que los países desarrollados establecían un tope de emisiones y le compraban tasas a los países de desarrollo, se convierten en el Acuerdo de Paris, en los “enfoques cooperativos” que tampoco resuelven el problema de la definición de las unidades de reducción a ser adjudicadas. Los proyectos de Modelo de Desarrollo Limpio, financiados a través de este mecanismo no mostraron resultados y no es claro como se cuantificaran las reducciones prometidas, en toneladas de CO2 (20% en Colombia, 33% Paraguay) para dar unos ejemplos.

Claramente, se generaron dos tipos de espacios: Los oficiales, donde se tomaron las decisiones finales y los alternos donde se debatieron los problemas reales y se propusieron alternativas.

En los oficiales, poco de este debate y de sus propuestas presentadas, como la propuesta de considerar en la Corte Penal Internacional, el delito de “Ecocidio” apenas se consideraron. Estados Unidos, el gran financiador de las diversas Conferencias ambientales globales como el Convenio de Biodiversidad, y quien no ha ratificado ni un solo acuerdo o protocolo emanado de los mismos desde hace mas de 20 años y sede de varias de las principales empresas planetarias se presenta con Francia y los países “desarrollados”, junto con emergentes países del Sur, como los victoriosos ganadores de una negociación, con responsabilidades diferenciadas, que en nada perjudica los intereses de sus corporaciones financieras y empresariales (90 de sus compañías producen el 63 % del Cambio Climático) y sus practicas históricas de colonialismo y extractivismo que constituyen las verdaderas causas de la violencia racista, militarista y guerrerista del planeta.

En los espacios alternos, en cambio se fortalecieron los redes de resistencia al extractivismo dominante y se propusieron estrategia de lucha por la paz global en el contexto de los hechos ocurridos la semana anterior en Paris, Beirut, Baghdad y Bamako que expresan manifestaciones de una crisis sistémica planetaria que produce terrorismo, militarización, racismo y guerra. Una lucha por justicia, paz solidaridad en torno al planeta.

 

Notas:
(1) PHD Ciencia Política, Profesora Asociada, Directora (E) Departamento Ciencia Política, Directora Área Curricular de Ciencia Política, Coordinadora Grupo de Investigación Derecho y Política Ambiental, Facultad de Derecho Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Colombia, Coordinadora GT Ecología Política del Extractivismo en América Latina, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO.

(2) An African Ecofeminist Perspective on the Paris Climate Negotiations, (www.womin.org.za)