VENEZUELA: Clima turbio en industria
petrolera
Por Humberto Márquez
CARACAS,
ago (IPS) - Una madrugada, 200 obreros se lanzaron a las aguas del lago
de Maracaibo, en el oeste de Venezuela, en una cadena humana que
impidió por momentos la operación de lanchas de la industria petrolera,
hasta que militares arrestaron a ocho de ellos y disolvieron la
protesta. Reclamaban empleo.
Otro día, trabajadores escenificaron una
crucifixión frente a las oficinas caraqueñas del consorcio estatal
Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Este grupo, que es parte de los cientos
de despedidos en los últimos años de instalaciones que producen gas en
la oriental población de Anaco, exigían su reincorporación y el pago de
salarios caídos.
Por otra parte una jueza prohibió a cinco activistas sindicales de la
refinería El Palito, en Morón, 150 kilómetros al noroeste de Caracas,
incitar o promover asambleas, concentraciones o reuniones que pudieran
demorar el funcionamiento ordinario de ese complejo petrolero.
Confrontaciones como éstas pueblan el panorama laboral de la industria
petrolera de Venezuela, casi totalmente en manos del Estado, como
efervescente preámbulo de una batalla política que se avecina sobre dos
rieles: la discusión de una nueva convención colectiva para sus 70.000
trabajadores y las elecciones de su federación sindical.
Rafael Ramírez, ministro de Energía y presidente de Pdvsa, reclamó en
un mítin con partidarios en la ciudad de Cabimas, a orillas del lago de
Maracaibo, "unidad para ganar las elecciones" en la Federación Unitaria
de Trabajadores Petroleros (FUTPV), pues varias listas se reivindican
como seguidoras del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Pero, además, hizo una advertencia tajante: "No me voy a sentar a
discutir la convención colectiva con ningún enemigo de Chávez, ningún
enemigo de la revolución", afirmó.
"Esa declaración es una gravísima intromisión de un patrono en asuntos
que deben resolver los trabajadores. El ministro debe sentarse con
quien los trabajadores decidan que los represente", dijo a IPS Orlando
Chirino, líder del movimiento sindical Corriente Clasista, Unitaria,
Revolucionaria y Autónoma (CCURA).
La lista de CCURA, que encabeza José Bodas, y la presentada por la
agrupación Vanguardia Obrera Socialista, de Argenis Olivares, apoyado
tácitamente por Ramírez, lucen como las mejor posicionadas, entre una
decena de competidoras, para ganar la dirección de la FUTPV.
Las elecciones en la FUTPV, que reemplaza a viejas federaciones y
sindicatos, se realizarán el 2 de septiembre, al cabo de varias
postergaciones ocasionadas por maniobras de los grupos enfrentados,
principalmente impugnaciones al listado de electores, en un universo
laboral que hasta ahora presenta 39.600 afiliados con derecho al voto.
Para el gobierno, una victoria de sus más fieles facilitaría la
discusión de la nueva convención colectiva, en tiempos de ingresos
petroleros menores a los de años precedentes, y su promoción de los
Consejos de Trabajadores que se ocupan de sembrar la ideología del
"socialismo del siglo XXI" en todos los centros de labor.
Para quienes se le oponen, un triunfo apuntalaría la coalición
Solidaridad Laboral, políticamente variopinta y recientemente creada
para reunir, con Chirino como coordinador, a todas las tendencias
sindicales críticas del actual gobierno.
Las protestas más vistosas, como la cadena humana en el lago, el
bloqueo de vías, la parodia de crucifixión y huelgas de hambre, o
marchas y asambleas ante los portones de las plantas, se deben
principalmente a obreros que piden reintegrarse a sus puestos de
trabajo, pago de deudas o ser incluidos en la nómina de Pdvsa.
Este último es el caso de los trabajadores a destajo en más de 70
empresas contratistas de Pdvsa en la cuenca del lago de Maracaibo, que
fueron compulsivamente estatizadas hace dos meses y empleaban unos
13.000 operarios, entre fijos y temporales, pero la estatal petrolera
ha absorbido a menos de 8.000.
Menos llamativo, pero quizá decisivo a la hora de las elecciones en la
FUTPV, es el descontento de obreros de Pdvsa por la demora en la
discusión de su contrato colectivo, que venció en enero y, conforme a
lo dispuesto por Ramírez, sólo se discutirá una vez que sea elegida la
nueva dirección sindical.
"Así se pierde el poder adquisitivo de nuestro salario en estos tiempos
de inflación (anualizada de 30 por ciento, según cifras oficiales) y la
empresa incumple casi 70 por ciento de otras cláusulas", dijo a IPS
Carlos Larrazábal, cabeza de una lista y quien se considera partidario
de Chávez pero no de la actual conducción de Pdvsa.
Puertas adentro de las instalaciones se producen asambleas, "cascazos"
(los obreros golpean rejas y barandas a horas convenidas), jornadas de
brazos caídos y "operaciones morrocoy (tortuga)", de enlentecimiento de
las tareas.
En ese marco, "las palabras de Ramírez y medidas como la prohibición
judicial del activismo las tomamos como ejecución de una política de
Estado, de desconocimiento de la libertad sindical, intromisión del
gobierno en la autonomía del movimiento obrero y criminalización de la
huelga y la protesta", dijo Chirino.
Marino Alvarado, coordinador de la organización de derechos humanos
Provea, dijo a IPS que "actualmente en Venezuela más de 2.200
trabajadores, campesinos, estudiantes y miembros de comunidades están
afectados por medidas como detenciones, presentación periódica ante
tribunales o prohibición de organizar demostraciones, como resultado de
ejercer acciones de protesta por distintas reivindicaciones".
Un grupo de sindicalistas y activistas de derechos humanos efectuó la
semana pasada una concentración ante la Fiscalía General en Caracas
para exigir que se levanten esas medidas, con la consigna que
"protestar no es un delito sino un derecho".
Según Chirino, "a pesar de las maniobras y dilaciones, los trabajadores
petroleros elegirán su dirección y puede surgir una fuerza que encare
al gobierno con la autoridad moral de quienes nos jugamos el pellejo
defendiéndolo durante el golpe de Estado de abril de 2002 y el sabotaje
petrolero de 2002 y 2003".
Entre diciembre de 2002 y febrero de 2003 una huelga animada por las
asociaciones empresariales y centenares de gerentes de Pdvsa paralizó
la industria y buena parte de otras actividades del país. Los obreros
petroleros, entre quienes se contaba entonces Chirino, se opusieron a
ese lock-out (cierre temporal) y apoyaron al presidente Chávez.
Los trabajadores petroleros han sido siempre la bujía del movimiento
obrero en Venezuela porque con esa industria, en la segunda década del
siglo XX, surgió el proletariado moderno, que llevó a la creación de
los sindicatos y desde hace 70 años las convenciones colectivas, que
sirven de referencia para toda la cuestión laboral en el país.
(FIN/2009)
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