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INTERNACIONAL - Geopolítica del petróleo Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Región Sudamericana
Miércoles, 01 de Febrero de 2012 23:57

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Colón no descubrió a América ni los norteamericanos el petróleo, pero uno incorporó al Nuevo Mundo a las corrientes civilizatorias occidentales y los otros hicieron del combustible la base de la prosperidad del capitalismo.

En 1859 los norteamericanos perforaron con éxito los primeros pozos con fines comerciales, rápidamente inventaron los métodos para refinarlo e introdujeron masivamente el automóvil, base de una civilización consumidora de hidrocarburos en una escala jamás imaginada. Ningún producto ha influido tanto en el progreso de la humanidad y ninguno podría acarrearle desgracias mayores.

 

La base del milagro económico norteamericano fue ensamblar el dinamismo propiciado por el liberalismo económico practicado en un territorio inmenso, extraordinariamente rico y abierto a la emigración, con una fuente de energía abundante y barata que propició una larga era de prosperidad económica. Durante más de un siglo Estados Unidos sostuvo su economía y su desarrollo, incluso su condición de imperio sobre la base del petróleo del que durante más de 100 años fue el primer productor y exportador.

El petróleo sin embargo se ha convertido en el Talón de Aquiles de los Estados Unidos que posee todas las armas...excepto una: el petróleo. El 40 por ciento de la energía y casi el 100 por ciento del combustible que utilizan los norteamericanos son importados.

Según algunos autores la decadencia de Estados Unidos comenzó cuando en 1973, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), formada por 13 países del Tercer Mundo, siete de ellos árabes y algunos minúsculos, los desafiaron, imponiendo a todo occidente un embargo y estableciendo sus precios y sus condiciones. Desde entonces el petróleo es uno de los ejes de la geopolítica mundial.

Actualmente el 60 por ciento de las reservas mundiales de petróleo se concentran en los países del golfo Pérsico, proporción que crece constantemente no sólo porque en esa región se perforan nuevos pozos sino porque las de otros países se consumen rápidamente. En 1950 Estados Unidos producía todo el petróleo que necesitaba y era el primer exportador mundial; hoy produce menos del 30 por ciento del que necesita y su dependencia en lugar de disminuir aumenta.

El petróleo es vital no sólo para mantener en funcionamiento la gigantesca economía norteamericana sino para las operaciones de su descomunal maquinaria militar que consume alrededor de 500 millones de barriles anuales. Si el Pentágono fuera un país, por consumo de petróleo ocuparía el lugar 35 entre doscientos. Las élites imperiales conocen los datos y no ignoran que si el estrecho de Ormuz se cerrara y Venezuela, México y Nigeria dejaran de suministrarle petróleo, su economía colapsaría y su fuerza militar sería un montón de chatarra.

La mala noticia es que los imperios se comportan como tales. Para Estados Unidos que, a pesar de las crisis y otros síntomas de decadencia, está todavía muy lejos de un punto crítico es más viable y rentable controlar las reservas de petróleo existentes que gastar en prospecciones extremadamente caras o en inversiones en fuentes alternativas que, en cualquier caso pueden realizarse sin prisa. A pesar de los precios exuberantes, en adquirir petróleo, Norteamérica gasta alrededor del 10 por ciento de su PIB; el problema no es económico, es de seguridad.

De ahí la estrategia norteamericana vigente desde la década de los setenta cuando a los riesgos de la Guerra Fría se sumó el embargo petrolero de la OPEP, la audacia expansionista de la Unión Soviética que invadió a Afganistán y el derrocamiento del Sha en Irán que llevó al poder a un movimiento islámico radical con el cual hasta hoy no ha podido lidiar y ante lo cual en 1980, el presidente James Carter esbozó una doctrina según la cual: "Cualquier amenaza al acceso de Estados Unidos al petróleo del Medio Oriente enfrentará la resistencia por cualquier medio, incluidos los militares..."

Una peculiaridad del petróleo es que más del 70 por ciento de las reservas probadas se encuentran en los países musulmanes del golfo Pérsico, ubicados en el Medio Oriente, la más conflictiva de las regiones del mundo, el lugar donde desde hace 60 años no cesa el peligro de guerra, un escenario en el cual los conflictos locales inevitablemente adquieren relevancia global y donde la existencia de Israel coloca a todos los países en ruta de colisión con Estados Unidos.

Actualmente no existe ningún asunto estratégico que para Estados Unidos tenga una prioridad mayor que el petróleo, tanto que está a punto de conducirlo a su aventura militar más grande y complicada desde la Guerra de Corea.

La geopolítica del petróleo tiene dos ramas: una la que se realiza por medios pacíficos y otra que presenta fuertes componentes militares. Luego les cuento. Allá nos vemos.

 


 

 

Estados Unidos debería aprender de Estados Unidos donde, hace setenta años, durante la Gran Depresión, el barril de petróleo se cotizaba a ¡diez centavos! Con mucho esfuerzo Franklin D. Roosevelt logró un acuerdo para reducir la producción hasta llevarlo a ¡un dólar!.

Todavía en los años cincuenta en un mercado mundial desregulado, la oferta petrolífera superaba la demanda, por lo cual las políticas públicas y privadas favorecían el aumento del consumo. En 1950 Arabia Saudita vendía su petróleo a 80 centavos el barril. Entre 1945 - 1974 Estados Unidos duplicó su consumo, lo mismo hicieron Europa y Japón. Debido a que cada nuevo hallazgo deprimía los precios, se desestimulaba la prospección y hablar de ahorro era una herejía. El liberalismo económico cuyo dinamismo había sacado a la humanidad del feudalismo la conducía ahora por un camino equivocado.

El primer presidente norteamericano que ejerció un liderazgo mundial real fue Woodrow Wilson, vencedor en la Primera Guerra Mundial (1914-1918), quien trató de crear un sistema internacional de seguridad colectiva que regulara las relaciones internacionales e impidiera la guerra entre las grandes potencias cuyo eje era la Sociedad de Naciones. Entre los errores de Wilson estuvo el desdén imperial conque trató a los pueblos colonizados, especialmente a los del Medio Oriente, que con la derrota otomana tuvieron una oportunidad única de liberación.

El esquema de Wilson fracasó: el sistema de seguridad colectiva creado en torno a la Sociedad de Naciones no funcionó. En Europa avanzó el fascismo y cuando Alemania se sintió suficientemente fuerte, desencadenó la II Guerra Mundial. Afortunadamente en 1933, año en que Hitler fue electo, en Estados Unidos accedió a la Casa Blanca Franklin D. Roosevelt, Inglaterra era gobernada por Winston Churchill y la Unión Soviética por Stalin: la justeza de la causa, el heroísmo masivo de los pueblos y la calidad del liderazgo aliado marcaron la diferencia y prepararon la victoria.

En febrero de 1945 cuando en Europa Zhukov y Eisenhower, desde diferentes direcciones avanzaban sobre Berlín, MacArthur se imponía en el Pacifico, Oppenheimer daba los últimos toques a la bomba atómica, Roosevelt fue a Yalta para encontrarse por tercera y última vez con Stalin y Churchill, en esta ocasión para hablar no de operaciones militares sino de política, de la ONU, de cómo coordinar el uso del veto y diseñar el mundo de postguerra regido por los "Tres Grandes" que luego serían cinco.

Sin darse reposo, de regreso a casa el único presidente norteamericano reelecto tres veces que no podía saber que agazapada en su organismo desgastado por la poliomielitis y por la intensidad que suponen 12 años al frente de Estados Unidos, la muerte le preparaba una celada, prestó un último servicio cuando el 14 de febrero de 1945, día de San Valentín, hizo anclar el crucero Quincy en el canal de Suez e invitó a subir a bordo al fundador y rey de Arabia Saudita, Abdelaziz ibn Saud.

Usando el enorme poderío de su país y su bien ganado prestigio, el presidente norteamericano ofreció al monarca tres prendas: Estados Unidos protegería para siempre la satrapía árabe, lo consultaría antes de tomar decisiones respecto a la emigración judía a Palestina y pagaría con dólares tan buenos como el oro. A cambio demandaba acceso garantizado al petróleo.

Aterrado por la voracidad británica, la experiencia de la guerra, el comunismo y el auge del nacionalismo, el monarca accedió. Truman no honró el compromiso respecto a los judíos porque necesitaba sus votos y tanto el presidente como el rey ignoraban que en 1971 Nixon dejaría de respaldar el dólar con oro.

No me extenderé en la mezquindad de un compromiso que hasta hoy implicó a Estados Unidos con el más intolerante de los estados del mundo, donde jamás se han celebrado elecciones, no existen partidos políticos y la familia real es dueña de dos tercios del patrimonio económico del país, integrado por la segunda reserva petrolera del mundo.

De ese modo nació una era dominada por la geopolítica del petróleo, que Roosevelt calculó para toda la eternidad, pero duró apenas treinta años, en los cuales el consumo desenfrenado prácticamente agotó los yacimientos norteamericanos y convirtió a Estados Unidos en adicto a la gasolina e importador neto.

La geopolítica del petróleo norteamericana es la base, no solo de la política energética estadounidense, el pilar de su modo de vida y de su concepción del consumo y el confort basado en el automóvil, el plástico y el nylon, sino también el elemento más estable de su política exterior y lo más decisivo para su seguridad nacional. Estados Unidos que prácticamente pudiera prescindir del mundo, depende absolutamente de media docena de suministradores de petróleo.

No obstante las practicas imperiales, incluido el colonialismo, la patente de corso conferida a las transnacionales petroleras, el respaldo a satrapías vernáculas y la entrega de tierra árabe a los judíos para fundar el Estado de Israel, colmaron la copa a los humillados y empobrecidos árabes, persas y norafricanos que en Egipto, Siria, Líbano, Tunez, Irán, Irak, Libia y todo el Oriente Medio y Africa del Norte se rebelaron levantando las banderas a su alcance: el nacionalismo y la fe y utilizando su única arma: el petróleo.

Al poner fin al colonialismo e introducir el panarabismo las fuerzas que pusieron fin al colonialismo, y la dominación imperial lideradas por Mossadeg, Nasser, Burguiba, Ben Bella, Gaddafi, Arafat, con luces y sombras, trastocaron la geopolítica petrolera imperial y obligaron a Washington a improvisar.

En 1953, por temor a que el petróleo iraní escapara a su control, mediante la primera gran operación encubierta de la CIA, según ha reconocido el presidente Barack Obama, en un craso error estratégico, Estados Unidos auspició el derrocamiento del presidente Mossadeg de Irán y facilitó la restauración de la monarquía Pahlevi. El remedio fue muchas veces pero que el presunto mal.

La falta de espacio obliga a hacer un alto. Mañana les cuento más de cómo media docena de países del Tercer Mundo, sin Fidel Castro, Chávez ni Ahmadineyad pusieron contra las cuerdas a los imperios. Fue como para vender las entradas. Allá nos vemos.


 

Sin filias ni fobias y sin invocaciones ideológicas, en 1973 una minúscula organización tercermundista integrada por 13 países, subvirtió el orden económico edificado a lo largo de 100 años por Estados Unidos y Europa basado en la irracional e ilegítima dilapidación del petróleo obtenido a partir de concesiones leoninas y pagado a precios miserables.

Fundada en 1960, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) constituye el único y eficaz cartel económico del Tercer Mundo, sus integrantes poseen cerca del 70 % de las reservas mundiales y aportan el 40 % del consumo mundial. No los unen ideas afines ni motivos políticos, sino la determinación de poner fin al saqueo impune de un recurso natural no renovable.

Estimulados por la toma de conciencia mundial asociada a la Conferencia de Estocolmo sobre del Medio Humano efectuada en 1972, representantes de la ciencia, la cultura, organizaciones no gubernamentales, fuerzas políticas e izquierda, sectores progresistas y algunos gobiernos de Europa, Japón y los Estados Unidos, comenzaron a cuestionar las políticas energéticas basadas en el desenfrenado derroche de petróleo que si bien era la base del progreso, también comprometía la salud del planeta por efectos de la contaminación ambiental.

En aquellos contextos cuando la cuestión energética pasó a primer plano los sectores empresariales de los países desarrollados, empeñados en maximizar las ganancias o cumplir metas eran indiferentes a las demandas, las trasnacionales petroleras miraban para otro lado y no sólo persistían en el estimulo al derroche sino que pretendía no pagar precios justos por el petróleo, la OPEP entró en acción.

En octubre de 1973 la geopolítica petrolera mundial fue estremecida por un hecho sin precedentes cuando apelando a las reservas morales todavía existentes del nacionalismo árabe, promotor del panarabismo, los líderes de los estados árabes agrupados en la OPEP con la solidaridad de otros miembros impusieron a occidente un embargo petrolero.

En una decisión sostenida con firmeza, los países árabes de la OPEP decidieron dejar de suministrar petróleo a los estados que había apoyado a Israel durante la Guerra del Yom Kippur cosa que incluyó a Europa, Estados Unidos, Japón y otros países occidentales. Por primera vez una agrupación de países tercermundistas retó a los imperios utilizando como arma una materia prima. El precio del petróleo se disparó hasta alcanzar límites nunca imaginados y un tsunami se abatió sobre la economía mundial. Nunca antes (ni después) los músculos del Tercer Mundo mostraron tanta fuerza y coherencia.

En 1973, la administración norteamericana liderada por Nixon y Kissinger, quedó perpleja al encontrarse sin respuesta ante la mayor humillación sufrida por Estados Unidos desde Pearl Harbor, con la diferencia de que esta vez nadie le disparó ni ellos podían declarar la guerra.

El Congreso adoptó una ley de emergencia que impuso regulaciones, restricciones, límites de precios y topes de velocidad. A principios de 1974 fue aprobada una estrategia energética global. El país sufrió su primera escasez de combustible. Las filas en las gasolineras se hicieron frecuentes, las oficinas y escuelas redujeron sus horarios, el combustible se limitó, se dictaron disposiciones para los fabricantes de autos y camiones, se estableció el horario de verano y se adoptaron un sinnúmero de otras medidas algunas de las cuales fueron olvidadas cuando en 1976 se restableció la normalidad.

La crisis petrolera tomó un sesgo entre insólito y espectacular cuando, en una acción terrorista, sin identidad política definida, el 21 de septiembre de 1975 un comando encabezado por el venezolano Ilich Ramírez asaltó la sede de la OPEC en Viena y tomó como rehenes, entre otras 50 personas, a 11 de los ministros de petróleo de la organización allí reunidos.

Después de enfrentamientos en los que murieron vías personas, finalmente los secuestradores y parte de los rehenes viajaron a Argel donde, en virtud de negociaciones encabezadas por el entonces ministro de relaciones exteriores Abdelaziz Buteflika, que incluyeron la entrega de 50 millones de dólares, fueron liberados, entre otros los ministros de Arabia Saudita e Irán. Luego de otras peripecias y nuevas negociaciones los rehenes fueron liberados en Argel y viajaron rumbo a Yemen donde se perdió la pista a los secuestradores.

El affaire añadió dramatismos a crisis y tiño con matices nuevos la geopolítica petrolera de la cual faltan varios capítulos, entre ellos los que aluden la Guerra entre Irán e Irak, la Guerra del Golfo, la invasión norteamericana a Irak y los que se relacionan con América Latina donde recién debuta Cuba. Allá nos vemos.

 

FUENTE: www.argenpress.info