SEGUNDA PARTE
lunes 18 de enero de 2010
ARGENPRESS
Latinoamérica II: Del industrialismo a la exportación básica
Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)
El vaivén de los precios internacionales de los insumos incide como
nunca sobre la economía latinoamericana. México depende de los ingresos
que aportan las ventas de petróleo, Argentina ha quedado atada a la
valorización y depreciación de la soja y Brasil está pendiente de los
productos básicos que comercializa. Esta subordinación a la cotización
de metales, alimentos o combustibles es muy superior en los restantes
países de la zona.
La primarización en debate
Es indudable que el modelo exportador ha recuperado preeminencia en la
región. Los grandes proyectos de infraestructura buscan garantizar
salidas externas, para materias primas elaboradas siguiendo el esquema
extractivo. Los principales conglomerados concentran su actividad en el
sector primario, recreando la especialización que históricamente empujó
a Latinoamérica a un status periférico.
Entre 1985 y 1996 fueron extraídos 2.706 millones de toneladas de
productos, compuestos en un 88% por minerales y petróleo. La región es
muy codiciada por las compañías mineras, que explotan los cuantiosos
acervos de cobre y hierro y los grandes yacimientos de litio y uranio.
También reúne las reservas más significativas de agua y biodiversidad
del planeta.
Durante la mayor parte del siglo XX el desarrollismo se opuso a la
especialización exportadora que promovían los liberales. Pero este
rechazo se atenuó en las últimas décadas y ha desembocado en la
actualidad, en una curiosa reivindicación de la primarización por parte
de CEPAL.
El principal vocero de la heterodoxia industrialista reivindica el
“potencial que ofrecen las actividades basadas en recursos naturales”,
resalta su aporte tecnológico y defiende la suscripción de acuerdos de
libre comercio, para facilitar el ingreso de los productos básicos a
las economías desarrolladas. (1)
Estos planteos no sólo contrastan con la tradición industrialista, que
encarnó la CEPAL entre 1950 y 1980. También ignoran los argumentos que
se esgrimieron durante décadas, contra las nefastas consecuencias del
modelo primario-extractivo. Este esquema generó en el pasado
sometimiento externo, saqueo de recursos y perdurables obstáculos a la
acumulación.
En la actualidad impone la persistencia de la pobreza y provoca la
expulsión de la población rural, sin gestar puestos de trabajo
equivalentes en las áreas urbanas. Todas las objeciones clásicas a la
primarización mantienen su vigencia. La gravitación de las empresas
transnacionales, la mundialización y la emergencia de Asia no atenúan
las adversidades de ese modelo.
En realidad, los viejos problemas de la inserción exportadora han sido
potenciados por las nuevas consecuencias de la devastación ambiental.
Los propios técnicos de CEPAL han evaluado los dramáticos costos
sociales del cambio climático para América Latina, en materia de
pestes, enfermedades y deterioro del agua o el suelo. (2)
Pero estos impactos son divorciados de sus fundamentos en el esquema
primario-extractivo. Especialmente se olvida que la principal fuente de
emisión de gases tóxicos en la región proviene de la minería a cielo
abierto, la deforestación y el uso irracional del suelo para ampliar
monocultivos.
Este deterioro del medio ambiente no se corrige en América Latina con
lamparillas que ahorren electricidad o automóviles híbridos. Se
requieren políticas de conservación de la naturaleza, radicalmente
opuestas a la continuada primarización del comercio exterior. (3)
Prioridades de Estados Unidos
América Latina sigue ocupando un lugar estratégico para Estados Unidos,
cómo gran reserva de recursos naturales. La región cumple una función
decisiva en el aprovisionamiento de los metales y el petróleo que
utilizan el Pentágono y el complejo industrial del Norte. Mediante
tratados bilaterales de libre comercio, Estados Unidos ha buscado
resguardar este abastecimiento, mientras refuerza su exportación de
productos elaborados y generaliza la fabricación de partes en las zonas
francas. (4)
El imperialismo norteamericano encara esta acción para superar una
crisis de dominación, sobre una región tradicionalmente manejada como
extensión de su propio territorio. La gestión de Bush estuvo signada
por el fracaso del ALCA y la reaparición de revueltas populares
antiimperialistas. Esta oleada también dio lugar a nuevos gobiernos
enfrentados con el Departamento de Estado. Obama busca revertir esta
pérdida de influencia estadounidense, que se verifica mucho más en el
hemisferio sur que en Centroamérica. (5)
Estados Unidos busca también recuperar el terreno perdido a manos del
capital europeo, desde el fuerte ingresó de España a sectores claves de
las finanzas y los servicios latinoamericanos. Europa no disputa
preeminencia militar, ni gran liderazgo político en la zona, pero
alienta acuerdos de libre comercio para favorecer a sus propias
compañías. Habrá que ver si el duro efecto de la crisis actual sobre
las firmas españolas, les permite preservar su presencia como segundos
inversores externos de la región.
La llegada de China a una zona históricamente alejada de su radio de
acción representa un desafío mucho más serio para Estados Unidos. La
potencia oriental se ha convertido en gran demandante de petróleo, soja
y cobre y su intercambio con Latinoamérica saltó de 10 billones de
dólares (2000) a 140 billones (2008).
Además, la economía china inunda de productos a sus nuevos socios y ha
logrado convertir a Brasil en un cliente de primer orden. El
intercambio entre ambos países tiende a superar el comercio
brasileño-estadounidense y un deslizamiento del mismo tipo, comienza a
observarse en Perú, Chile y Argentina.
Pero el gigante del Norte ya ha reaccionado suscribiendo un acuerdo de
libre comercio transoceánico (Vietnam, Singapur, Australia), que
aglutina también a sus socios del pacífico sudamericano. En este
escenario se dirime la disputa por el gran botín de los recursos
naturales que atesora la región.
El ocaso de la burguesía nacional
La vieja estructura industrial que producía limitadamente bienes para
el mercado interno ha quedado remodelada por las sucesivas crisis que
padeció América Latina. Ese tejido forma parte en la actualidad del
esquema exportador, especialmente en los tres países que desenvolvieron
un sector fabril de importancia.
La renovada gravitación de las materias primas no ha destruido a la
industria latinoamericana, pero debilitó su incidencia en comparación a
la posguerra. Se ha modificado el perfil de la manufactura por el
creciente peso de las corporaciones foráneas. Sin embargo, también
irrumpieron multinacionales latinas, en los nichos no ocupados por las
grandes firmas internacionales.
El retroceso relativo de la industria regional es más visible en
comparación a la expansión de las firmas asiáticas. La participación
general de ambas zonas en el comercio mundial siguió trayectorias
claramente distintas. Mientras que América Latina ha mantenido su
presencia tradicional (del 4% del total en 1980 al 5 % en 2008), Asia
saltó del 6% al 23%, en el mismo período. La diferencia en el tipo de
productos vendidos es mucho más significativa, ya que en la primera
zona mantiene su especialización en materias primas y la segunda genera
manufacturas industriales. (6)
El escenario del 2010 es tan sólo una expresión coyuntural de esta
divergencia. América Latina crecería 2 o 3 %, frente al 12% de China y
el 8% de la India. Es indudable que la gravitación preeminente de las
finanzas y un patrón de crecimiento centrado en exportaciones básicas
ha recreado las viejas limitaciones de la industria latinoamericana.
El viraje de las últimas décadas ha modificado, además, el perfil
social de las clases dominantes. Las viejas burguesías nacionales
promotoras del mercado interno han quedado sustituidas por nuevas
burguesías locales, que jerarquizan la exportación y la asociación con
empresas transnacionales. El neoliberalismo consolidó este cambio en
las tres principales economías de la región.
La antigua burguesía industrial brasileña forjada al calor de las
políticas desarrollistas perdió primacía. Desde los años 80 fue
reemplazada en el manejo del estado por el bloque actual de banqueros,
hombres del agro-negocio y exportadores industriales. En México, el
unánime apoyo que brindan los capitalistas al acuerdo de librecomercio
con Estados Unidos, ilustra más categóricamente la declinación del
viejo proteccionismo industrialista. En Argentina, el salto de un
esquema a otro, adoptó formas dramáticas de demolición fabril y
destrucción del viejo empleo formal forjado durante la sustitución de
importaciones.
Este cambio en las clases dominantes también dio lugar a una creciente
predilección por la rentabilidad financiera de corto plazo, junto a
nuevas ligazones con empresas foráneas. Ambos procesos se verifican en
la fuga de capitales o a la inversión externa de capitales, que no
encuentran colocaciones rentables en la acumulación interna.
Pero la desaparición de las viejas burguesías nacionales no extingue a
las clases capitalistas locales, que siguen actuando en función de sus
propios intereses y disputan varias franjas de actividad con firmas
foráneas. Constatar la declinación de la burguesía nacional sólo
implicar registrar que un segmento de la clase dominante (y una
estrategia de acumulación) han perdido relevancia. No hay
extranjerización total, ni copamiento transnacional. Los capitalistas
latinoamericanos constituyen la fuerza social predominante en el manejo
de los estados, aunque es mayor su inclinación a profundizar la
asociación con el poder financiero global. (7)
Un ejemplo de este cambio fue la actitud asumida por los gobiernos de
México, Brasil y Argentina frente a la crisis reciente. Los tres países
fueron incorporados a las reuniones del G 20, para apuntalar el socorro
internacional de los bancos quebrados. Tal como se esperaba, la
administración neoliberal mexicana adscribió en forma ciega a todas las
iniciativas de la Reserva Federal. Pero las mismas posturas adoptaron
los presidentes más autónomos de Brasil y Argentina.
Las tres administraciones avalaron el sostén mundial del dólar y de los
bancos quebrados. Concertaron esta postura en las reuniones mantenidas
en Chile a mitad del 2009, con el vicepresidente estadounidense y el
primer ministro británico. Este cónclave fue calificado en forma
absurda por la prensa, como un “encuentro de líderes progresistas”.
Utilizar esa denominación para describir la convergencia regional con
autoridades anglo-estadounidense es tan ridículo, cómo otorgarle el
premio Nobel de Paz al máximo exponente de imperialismo. En las
reuniones que tramitaron la socialización de las pérdidas sufridas por
los banqueros, no podía filtrarse ninguna pizca de progresismo. México,
Brasil y Argentina asumieron esa agenda, para ratificar que sus clases
dominantes comparten las prioridades del capitalismo global.
“¿Posliberalismo?”
Otra manifestación de esta misma alineación ha sido el apoyo al FMI
para reorganizar las finanzas mundiales. Naciones que han sufrido en
carne propia los ajustes que impone ese organismo, acompañan ahora la
recomposición de esa entidad.
México solicitó inmediatamente un nuevo crédito, Brasil subió la
apuesta aportando capital fresco al Fondo y Argentina comenzó un largo
camino de retorno al organismo que repudió, luego de cancelar las
ilegítimas deudas que mantenía con esa entidad.
Esta nueva convalidación del FMI es frecuentemente justificada con la
reivindicación de esta institución, en su papel compensador de los
desequilibrios internacionales. Se afirma que este apoyo a las regiones
subdesarrolladas en los momentos de crisis, será reforzado con mayor
inyección de recursos. (8)
Pero la credibilidad actual de esta fábula se ha reducido
significativamente. El FMI siempre auxilia a los bancos afectados por
el quebranto de los estados e impone medidas de ajuste que solventan
los oprimidos. Un “rol más activo del Fondo” sólo implica exigencias
más drásticas sobre los deudores.
Es muy frecuente escuchar que se ha producido una súbita transformación
del FMI, que “aprendió las lecciones del pasado”, “ya no exige
sacrificios” y respeta a la “soberanía de las naciones”. Pero resulta
muy difícil encontrar algún indicio de esta insólita conversión de
agresor de los pueblos en transmisor del desarrollo.
En los hechos el FMI continúa implementando la misma política, con
idénticos ultimátum. Basta observar los últimos convenios firmados por
El Salvador, Islandia o Pakistán, para notar esa continuidad. Es cierto
que en los últimos meses se triplicaron los recursos del organismo, se
renovó el menú de créditos y apareció una línea de préstamos más
flexible para complementar el tradicional Stand By. Pero los convenios
mantienen las exigencias de siempre. Serbia y Bosnia debieron aceptar
reducciones de salarios de los empleados públicos y Ucrania o
Bielorusia tuvieron que introducir la dura ley del déficit cero. Lo
único que ha cambiando es el discurso que legitima estos ajustes. (9)
Las nuevas ilusiones en el FMI tienen un objetivo político. Buscan
aislar a los gobiernos y movimientos sociales que mantienen críticas al
organismo, exigen su abandono y proponen construir entidades
alternativas al mayor emblema del neoliberalismo.
La moda actual de revalorizar al FMI es compartida por muchas
corrientes neodesarrollistas, hostiles a la primacía asignada al
capital foráneo (“ahorro externo”) y a la obstrucción al
desenvolvimiento industrial, que generan las altas tasas de interés.
Esos enfoques divergen del neoliberalismo convencional, pero aceptan la
prioridad exportadora, el ajuste salarial y la estrecha asociación con
las corporaciones transnacionales. Al igual que CEPAL, renuncian a las
aristas conflictivas del viejo desarrollismo y se oponen a una
redistribución radical del ingreso, complementada con nacionalizaciones
y reformas agrarias. (10)
Sólo la aplicación de estas tres últimas medidas implicaría el inicio
real de un estadio “posliberal”. Es un error aplicar esta noción a
gobiernos que mantienen la privatización de los recursos básicos, la
estructura fiscal regresiva y la concentración de capitales y tierras
en el agro.
Los cambios progresistas en estas tres áreas constituyen puntos de
partida insoslayables para comenzar rupturas con el legado neoliberal,
que preservan los denominados gobiernos progresistas. En este terreno
se diferencian de sus antecesores nacionalistas, que a mitad del siglo
pasado chocaban con la oligarquía y el capital extranjero, para
desenvolver la industrialización autónoma e introducir reformas
sociales.
Ver también:
- Latinoamérica I: Comparaciones y explicaciones de la crisis
Claudio Katz es economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI
(Economistas de Izquierda).
Notas:
1) CEPAL, “Panorama de la inserción internacional de América Latina y
el Caribe”, 10-12-2009, Santiago de Chile. Una reivindicación más
apologética de este modelo plantea Castro Jorge, “Los países
exportadores de alimentos adquieren mayor relevancia”, Clarín, 6-9-09.
2) La Nación, 17-12-09.
3) Dos criticas contundentes a este modelo plantean Acosta Alberto,
“Los gobiernos progresistas no han puesto en tela de juicio la validez
del modelo extractivista”. 10-9 2009
www.ecoportal.net/content/view/full/88404. Gudynas Eduardo, “Inserción
internacional y desarrollo latinoamericano”, Observatorio de la
Globalización, n 7, diciembre 2009.
4) Esta políticas es detallada por Saxe Fernández John, ¿“América
Latina: reserva estratégica de Estados Unidos”?, OSAL n 25, abril 2009.
Delgado Ramos, “América Latina como reserva minera”, Memoria 238,
octubre-noviembre 2009.
5) Hemos analizado este tema en Katz Claudio, El rediseño de América
Latina, ALCA, MERCOSUR y ALBA, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2006.
6) La Nación, 11-11-09.
7) Hemos desarrollado esta visión para el caso argentino en Katz
Claudio, “Burguesías imaginarias y existentes”, Enfoques Alternativos,
n 21, febrero 2004, Buenos Aires.
8) Es la tesis de Frenkel Roberto, Rapeti Martín, “La crisis mundial
desde la perspectiva de los países en desarrollo”, Nueva Sociedad n
224, noviembre-diciembre 2009.
9) Un detallado informe presentan Nemiña Pablo, “El nuevo FMI”, Página
12, 20-9-09, Wesibrot Mark, “Jubilar al FMI”, Página 12, 7-5-09.
10) Un ejemplo en Bresser Pereira Luiz Carlos, “Globalizacao e
competicao”, Folha de Sao Paulo, 2,11.09
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