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Regional - Seguridad energética
en la V Reunión de las Américas
13-05-09
La V Reunión de las Américas dejó un
documento a medio firmar, muchas fotos de Barack Obama con Hugo Chavez,
una sensación de alivio pos-Bush y la misma pregunta de siempre:
“¿y…?” También dejó 12 párrafos referidos a
la seguridad energética, una nueva señal
anti-biocombustibles de Bolivia y una oportunidad para recordar el
estado de la integración energética latinoamericana.
Esta cumbre suma más expectativas a las que la nueva
administración de Estados Unidos viene abriendo en otros frentes
internacionales. En particular, parece inaugurar un nuevo estilo de
relación con los países al sur de río Bravo. Las
cuatro reuniones anteriores (Miami, 1994; Santiago de Chile, 1998;
Quebec, 2001 y Mar del Plata, 2005) habían hecho hincapié
en otros temas: liberalización de los mercados, lucha contra el
terrorismo, combate a las drogas, entre otros. Las declaraciones de las
Cumbres de las Américas son todas muy parecidas y con temas
recurrentes. Buceando en las diferencias es donde aparecen las
preocupaciones particulares de cada momento histórico.
Seguridad energética
En lo que refiere al sector energético en particular,
no había habido en las ocasiones anteriores, un capítulo
destinado a la “Promover la seguridad energética” como aparece
ahora, lo que da cuenta de los temores actuales. En los tiempos de las
cumbres previas los precios baratos del petróleo y los enfoques
liberalizadores del sector energético, ponían los
énfasis en otro lado. En el escenario actual, con el valor del
crudo moviéndose en un entorno previsible de entre US$ 40 y US$
60, y habiendo llegado el año pasado a cotizar a US$ 140,
estamos lejos de aquellos años en los que el rango del costo del
crudo estaba entre US$ 10 y US$ 30. De la misma forma la creciente
demanda de energía mundial y la proximidad del “pico” del
petróleo abren un horizonte de incertidumbres que no inquietaban
en las épocas de abundancia.
De la misma forma el escenario de mercados liberalizados y
fomento de las privatizaciones que campeaba en los sectores
energéticos durante las dos últimas décadas ha
dejado lugar a otro en el que se reivindica el papel del estado en el
sector y en el cual algunos países han “re-nacionalizado”
recursos e infraestructura. Quizá por esta razón, en la
declaración esta V Cumbre de la Américas aparece
especialmente mencionado “el derecho soberano de cada país a la
conservación, desarrollo y uso sostenible de sus propios
recursos energéticos”
Las otras cumbres
Seguramente no sean ajenas tampoco a muchas cláusulas
de esta declaración, la enorme sucesión de reuniones
latinoamericanas en torno al tema energético de los
últimos años. Desde la última Cumbre de las
Américas de 2005 a la fecha han habido dos Reuniones de
Ministros de Energía de la Comunidad Suramericana de Naciones
(2005 y 2007), se creó el Consejo Energético de
Suramérica (2007), se instituyó la UNASUR con fuerte
presencia del tema energía (2008) y hubo una “Declaración
Presidencial sobre Integración Energética Suramericana”
(2006). Además cuatro países de la región firmaron
el Tratado Energético del ALBA en 2007 (Bolivia, Cuba, Nicaragua
y Venezuela).
Tampoco deben olvidarse las iniciativas de unificar las
empresas energéticas de la región en las varias
iniciativas lanzadas por Chavez: Petroamérica (adoptada por los
países en la Reunión de Ministros de Energía de
2005), Petrosur, Petroandina y Petrocaribe.
El partido de los grandes
La política energética latinoamericana sigue
siendo signada fundamentalmente por la geopolítica de Brasil y
Venezuela asentadas en sus dos empresas petroleras: Petrobras y PDVSA.
Ambas con características diferentes y respondiendo a objetivos
políticos distintos de ambos gobiernos. Brevemente
señalemos algunas de las diferencias. En principio, si bien
ambas empresas son “estatales”, en el caso de Petrobras el 65% de las
acciones están en manos privadas. Esto lleva a que las
estrategias de inserción internacional de ambas empresas sean
distintas. Mientras Petrobras actúa en la región a
través de inversiones “tradicionales” como cualquier otra
petrolera internacional, PDVSA ha optado por una estrategia de
co-financiación de proyectos con las empresas nacionales.
Seguramente la manera de actuar de Petrobras esté muy influida
por el componente privado de su capital accionario mientras que la
estrategia PDVSA está más influida por la necesidad de
colocar sus enormes excedentes petroleros, sobre todo los ultrapasados
que requieren inversiones especiales para su refinación en los
países de destino.
Otra diferencia sustancial entre ambas empresas es el destino
de su producción: mientras Petrobras sigue teniendo en el
mercado interno su principal objetivo, para la empresa venezolana es el
mercado internacional quien le reporta la mayor facturación.
Para terminar esta breve reseña, un tema que ha sido
particularmente controversial entre ambas empresas (y gobiernos) es el
desarrollo de los biocombustibles. Brasil, que apenas puede alcanzar a
autoabastecerse de crudo, ha desarrollado tecnología y mercado
interno en esta área que lo ha posicionado como el mayor
productor mundial de biocombustibles, una situación
diametralmente opuesta a la de Venezuela ampliamente excedentario en
recursos petroleros.
La objeción boliviana
En este contexto, Bolivia, con una de las mayores reservas de
gas natural en América Latina que no puede explotar, se ha
inclinado hacia el plato venezolano de la balanza. Una mención
en particular merece la objeción presentada por Bolivia al
parágrafo 49 de la Declaración de esta V Cumbre de las
Américas, tanto por lo que dice, como por ser el único
texto que aparece señalando una discrepancia de uno de los
países.
El párrafo en cuestión dice:
“Reconocemos el potencial de las tecnologías nuevas,
emergentes y ambientalmente amigables, para diversificar la matriz
energética y la creación de empleos. Al respecto,
alentaremos, según corresponda, el desarrollo sostenible, la
producción y el uso de los biocombustibles tanto actuales como
futuros, atentos a su impacto social, económico y ambiental. En
función de nuestras prioridades nacionales, trabajaremos juntos
para facilitar su uso, a través de la cooperación
internacional y compartiendo experiencias en materia de
tecnologías y políticas sobre biocombustibles.”
A este párrafo, Bolivia hizo incluir una nota al pie
que expresa lo siguiente:
“Bolivia considera que el desarrollo de políticas y de
esquemas de cooperación que tengan por objetivo la
expansión de los biocombustibles en el Hemisferio Occidental
puede afectar e incidir en la disponibilidad de alimentos y su alza de
precios, el incremento de la deforestación, el desplazamiento de
población por la demanda de tierras, y por consiguiente
repercutir en el incremento de la crisis alimentaria, afectando
directamente a las personas de bajos ingresos, sobre todo a las
economías mas pobres de los países en desarrollo. En ese
sentido, el Gobierno boliviano a tiempo de reconocer la necesidad de
búsqueda y uso de fuentes alternativas de energía que
sean amigables con la naturaleza, tales como la energía
geotérmica, solar, eólica, y los pequeños y
medianos emprendimientos hidroeléctricos, plantea una
visión alternativa basada en el vivir bien y en armonía
con la naturaleza, para desarrollar políticas públicas
que apunten a la promoción de energías alternativas
seguras que garanticen la preservación del planeta, nuestra
‘madre tierra’.”
Bolivia y el “vivir bien”
Hay dos aspectos que me parecen destacables de esta enmienda
boliviana. El primero es la férrea y tenaz oposición de
Bolivia a los biocombustibles, al punto de superar a Venezuela,
país que hasta ahora había sido el principal opositor en
Sudamérica, y que en esta oportunidad no acompaña al
gobierno boliviano en la posición. El segundo tiene que ver con
esta nueva formulación que Bolivia viene impulsando en distintos
foros internacionales y que define como el “buen vivir”. Esta
concepción, que tiene su origen en la tradición aymara y
otras etnias del continente, marca una diferencia sustancial con la
concepción occidental del “vivir mejor” que está en la
base de las concepciones desarrollistas. El vivir “mejor”, asociado a
la concepción materialista del estilo de desarrollo tiene una
connotación de insatisfacción permanente, que requiere
cada vez de mayores recursos materiales y energéticos. En cambio
el vivir “bien” remite a un estado de situación estable, que una
vez alcanzado no requiere de un escalón superior. Desde el punto
de vista de la sustentabilidad del desarrollo, la propuesta
semántica boliviana tiene connotaciones trascendentes para el
futuro y merece ser resaltada.
http://www.ecoportal.net/content/view/full/85967
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