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Comunidad Sudamericana de Naciones
Las cumbres y la búsqueda de un nuevo marco de
integración regional
Eduardo Gudynas
La idea de una Comunidad Sudamericana se lanzó en 2004, con el
propósito de promover la integración entre los doce países de la
región. En el encuentro presidencial de Cusco (Perú), celebrado en
diciembre de 2004, se redefinió la iniciativa apuntando al propósito de
crear una “Comunidad Sudamericana de Naciones”. A pesar de los cambios
en el tono de las declaraciones, todo el proceso ha estado fuertemente
asociado a liberalizar el comercio regional y fortalecer los planes de
infraestructura, tales como carreteras y puentes.
El programa original de
la primera cumbre sudamericana, celebrada en Brasilia en 2000, era
avanzar hacia la construcción de los “Estados Unidos de América del
Sur”, según el presidente de Brasil, Fernando Henrique
Cardoso. A su juicio ese proceso debía hacerse por dos movimientos: el
primero era un acuerdo comercial entre la Comunidad Andina y el
Mercosur, y el segundo era la integración física.
Según Cardoso, la “espina
dorsal de América del Sur como espacio económico ampliado” era el
vínculo Comunidad Andina–Mercosur, que debían converger en la creación
de un “espacio económico”. Los gobiernos podrían tener diferencias
sobre aspectos instrumentales, pero todos ellos compartían la creencia
en una liberalización comercial para generar crecimiento económico.
Desde aquel entonces hasta hoy las ideas de integración como “espacio
económico”, “espacio económico ampliado” y la búsqueda de
“convergencia” aparecen una y otra vez.
Las acciones concretas
convergieron en el IIRSA. Los proyectos más importantes comenzaron a
gestarse alrededor de Brasil, como las conexiones carreteras hacia
Perú, Venezuela y Guyana, y la interconexión eléctrica con Venezuela.
En todos estos casos fueron necesarios apoyos financieros importantes,
pero que a diferencia de otras iniciativas no sólo contaron con el
aporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el Banco Mundial,
sino que cobró protagonismo una institución financiera sudamericana, la
Corporación Andina de Fomento, y más recientemente el Banco de
Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil.
Se realizaron otros
encuentros presidenciales, hasta que en un tercer cónclave, que tuvo
lugar en Cusco, en 2004, se invoca la creación de una “comunidad”
sudamericana. Sus principales defensores eran los presidentes de
Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Perú, Alejandro Toledo, junto
al apoyo significativo del presidente del comité de representantes
permanentes del Mercosur, el argentino Eduardo Duhalde.
La reacción de los demás
más países fue muy diversa; algunos miraban con cautela, y otros, como
Argentina, Paraguay y Uruguay, no estuvieron representado por sus
presidentes en tanto reclamaban solucionar los problemas dentro del
MERCOSUR antes de iniciar una nueva aventura regional.
La percepción
generalizada era que la propuesta de una “comunidad” sudamericana era
un interés esencialmente brasileño, y en especial asociado a acentuar
los vínculos de su país con las naciones andinas.
El propósito de una
comunidad de este tipo es muy ambicioso. América del Sur cubre 17,7
millones de km2, con una población de 376,5 millones de personas y un
PIB total de 1,229 billones de dólares (millones de millones, cifras
para el año 2005).
Si bien las declaraciones
a la prensa en algunos casos fueron muy floridas, en Cusco los
presidentes no firmaron un tratado o un convenio vinculante que
desencadenara acciones concretas, sino que apenas subscribieron una
“declaración”.
La meta señalada en la
“Declaración de Cusco” es construir un “espacio sudamericano
integrado”. Ese objetivo se lograría por los siguientes procesos:
concertación y coordinación política, un acuerdo de libre comercio
entre los dos bloques regionales (Comunidad Andina y Mercosur), y con
Chile, Suriname y Guyana, la integración física, energética y en
comunicaciones, la armonización de políticas en desarrollo rural y
agroalimentario, la cooperación en tecnología, ciencia, educación y
cultura, y la integración entre empresas y sociedad civil.
Las acciones concretas
propuestas en Cusco fueron escasas. Los presidentes accedieron a
establecer un programa de acción que avanzara poco a poco, aclararon
que no buscan crear una nueva institucionalidad sino apoyarse en la que
ya existía, y encargaron a sus ministros de Relaciones Exteriores la
presentación de propuestas más específicas.
A pesar de la generalidad
en los acuerdos, la cita presidencial en Cusco tuvo importantes efectos
en la opinión pública y en el marco de discusión de los procesos de
integración continentales. Se convirtió en un nuevo “punto de partida”
de la vinculación dentro de América del Sur. Las cumbre anteriores
parecen haber caído casi en el olvido y se ha llegado incluso a
renombrarlas. La cuarta cumbre celebrada en 2005 en Brasil pasó a ser
la Primera Cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones y la que
sería la quinta reunión presidencial, que se celebrará en diciembre en
Cochabamba, será la Segunda Cumbre de la Comunidad Sudamericana de
Naciones. Asimismo, a partir de Cusco se instaló la idea de una
comunidad en construcción, a pesar de los pocos acuerdos concretos que
realmente se aplicaron.
En la propuesta aprobada
en Cusco se pone una vez más el acento en una integración basada en
convenios de libre comercio y en que esto se lograría en especial por
la integración física. Es muy arriesgado sostener que allí se generó
una nueva visión sobre la integración, y es bueno recordar que al menos
cuatro de los países firmantes estaban decididamente volcados hacia los
tratados de libre comercio con Estados Unidos.
En Cusco se redefinió
IIRSA, reduciendo la enorme lista de trescientos proyectos a treinta y
uno específicos. Además se firmaron otros convenios, destacándose el
puente internacional que une la Amazonia de Brasil con la del Perú
(Acre con Madre de Dios). En todos los casos los emprendimientos son
interconexiones, y nada se avanzó en promover el desarrollo local ni en
la articulación económica.
En el siguiente
encuentro, en 2005, se aprobó una institucionalidad mínima y se
establecieron ocho áreas de acción prioritaria: diálogo político;
integración física; medio ambiente; integración energética; mecanismos
financieros sudamericanos; asimetrías; promoción de la cohesión social,
la inclusión social y la justicia social; y telecomunicaciones.
El problema del programa
de la Comunidad Sudamericana de Naciones es su énfasis en el comercio y
en la infraestructura, sin incorporar otros aspectos del desarrollo.
Estos vacíos han quedado aún más evidencia al ser señalados por la
carta abierta enviada por el presidente Evo Morales, de Bolivia, como
una propuesta de trabajo frente a la próxima reunión en Cochabamba.
Entre otros temas, Morales advierte que los planes en carreteras y
puentes no pueden ser meras vías de paso para las exportaciones, sino
que deben generar desarrollo local y regional. Además reclama otros
compromisos sociales y ambientales.
La próxima cumbre
presidencial enfrenta de esta manera el desafío de poder superar los
viejos énfasis comerciales, y pasar a incorporar una visión más amplia
del desarrollo, no sólo como una tarea que cubre otros aspectos, como
los culturales, sociales y ambientales, sino también como un esfuerzo
que debe hacerse entre varias naciones.
Publicado en el semanario Peripecias Nº 24 el 24 de noviembre
2006. Se permite la reproducción del artículo siempre que se cite la
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