EL ALBA: ¿UN NUEVO AMANECER?
EL
ALBA: ¿UN NUEVO AMANECER?
Esperanza Martínez
OILWATCH - SUDAMERICA
Alba que trae la luz, no se puede centrar
en la oscuridad petrolera…
América Latina siembra su esperanza con diversos movimientos y procesos
ligados a la tierra. El Movimiento Sin Tierra en Brasil, los
movimientos indígenas de Ecuador y Bolivia, el movimiento zapatista en
México, entre otros.
De igual manera hay fuertes expectativas por la presencia de gobiernos
democráticos en varios países que se han propuesto acabar con la
hegemonía del imperialismo y plantean nuevos esquemas de integración en
contraste al ALCA, el IIRSA y el Plan Puebla Panamá. En este contexto
surge el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas).
La integración se convirtió es un futuro inevitable, tanto para quienes
aspiran a perpetuar un modelo de conquista como para quienes quieren
liberarse de él.
Para los Estados Unidos América Latina deberá jugar un papel de
abastecimiento de materias primas y fundamentalmente energía, agua y
biodiversidad indispensables para sostener su modelo agroindustrial y
de sobre- consumo energético.
Para sus detractores, América deberá buscar caminos para romper con la
dependencia y deberá recuperar Estados disminuidos a la mínima
expresión como estrategia del neoliberalismo.
Dos proclamas totalmente opuestas sugieren caminos para hacer frente a
la agresión colonial.
El pueblo unido jamás será vencido (Allende, Chile, 1973)
Un pueblo disperso no puede ser derrotado (Jumandi, Ecuador, 1578)
La primera alude a la necesidad de unificarse para hacer fuerza, la
segunda de dispersarse para enfrentar la agresión colonialista. La
primera comparte fortalezas y resuelve debilidades en base a la
solidaridad, la segunda se fortalece hacia adentro. A la primera le
corresponde un momento de construcción, de esperanzas, mientras la
segunda hace frente a la agresión colonizadora.
El asunto es que en la actualidad América Latina vive
contemporáneamente los dos momentos y por lo tanto corresponde
reflexionar sobre la estrategia a seguir sobre todo cuando se habla de
integración.
América Latina: exportar energía e importar alimentos
América Latina es un continente extenso, con 20 millones 559.000
Km2 de superficie es bastante más grande que la actual Unión Europea.
Por sus características ecológicas posee una gran diversidad tanto
agrícola como silvestre, abundante agua dulce, sol todo el año en la
mayoría de países, sin condiciones climáticas extremas, con memoria aun
presente de haber contribuido a la domesticación de la mayoría de
productos agrícolas: papa, cacao, yuca, maíz, fríjol, soya, tomate,
frutas… es decir con las mejores condiciones posibles para la
agricultura. Pero América Latina también posee importantes yacimientos
de gas y petróleo, base de la actual matriz energética de los países
industrializados.
Por otra parte Estados Unidos, que desarrolló un modelo
agroindustrial intensivo, es gran deficitario de energía, y por ello
apuesta al control de los yacimientos de toda Latinoamérica. Las cifras
hablan solas, Estados Unidos produjo en el 2005 unos 6 millones 830 mil
barriles de petróleo diariamente, mientras consumió 20 millones 655
mil, es decir, más de 3 veces lo que produjo. Mientras que América
Latina producía 10 millones 723 mil barriles y consumió 6 millones 754
mil[1] <#_ftn1> . La diferencia la exporta justamente a Estados
Unidos. Lo mismo pasa con el gas, en Estados Unidos de 565,8 billones
de metros cúbicos de gas del 2001, bajó a 525,7 en el 2005. Mientras
que en América latina se presenta un sostenido incremento de
extracción, que va de 102,6 en el 2001 a 135.6 en el 2005.
La estrategia de Estados Unidos es destruir la agricultura de nuestros
países para someternos a condiciones de dependencia y convertirnos en
compradores de sus productos, y al mismo tiempo succionar energía de
todo el sur del continente.
El presidente de los Estados Unidos en el 2001 afirmó “¿Pueden
ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos
suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a
presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso,
cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad hablamos de
una cuestión de seguridad nacional”[2] <#_ftn2> .
El resultado es una verdadera guerra contra los campos y agricultura en
América Latina y el impulso a un modelo que nos fuerza a exportar
energía e importar alimentos.
Ese ha sido el modelo e intensificarlo era el objetivo de los acuerdos
de libre comercio. Y estos objetivos han configurado ya unos países
fuertemente urbanos en América latina y el Caribe.
Las cifras actuales hablan de un 75,2% de población urbana en
Sudamérica y un 64,7% en Centro América y el Caribe. La tendencia es
que crezca este paulatino abandono del campo, ya sea por la búsqueda de
los servicios públicos de las ciudades como por la ocupación cada vez
mayor de sus tierras para productos de exportación, que utilizan poca
mano de obra y mucha agua y energía. El escaso fomento a programas
agrícolas en los diferentes países de la región se ha destinado, no
para los que producen alimento a nivel nacional, sino para los grandes
exportadores o para aquellos que ejercen el saqueo de materias primas.
El desarrollo de la identidad urbana de los países ha cultivado en
nosotros un desprecio casi religioso a la tierra.
El ALCA, el IRSA, y el PPP
Los acuerdos de libre comercio diseñados desde el imperio para América,
como son el TLCAN, el CAFCA, el ALCA, los TLC Andinos y los
bilaterales con EEUU, tienen la intención de sostener el modelo de
extracción de recursos o materias primas, primarizando las economías
del sur y fortaleciendo un modelo industrial imperial. Para ello
requieren de la libre circulación de mercancías (energía, agua y
biodiversidad) no así de personas.
Para este modelo las propuestas de integración pasan fundamentalmente
por la construcción de una infraestructura energética como son
oleoductos y gasoductos, los tendidos de electricidad, además están
los corredores de infraestructura y los de recursos naturales, a estos
se los denomina corredores multimodales. Y se necesita además levantar
un muro para impedir la circulación de personas y lograr que, bajo la
ilegalidad, su trabajo sea cada vez más barato.
Para cumplir con estas necesidades de infraestructura se articularon
proyectos como el IRSA (Integración de la Infraestructura Regional en
América del Sur) y el PPP (Plan Puebla Panamá), que están totalmente
articulados a los acuerdos de libre comercio como son el TLCAN, el
CAFTA, el MERCOSUR y en la Región Andina con los tratados bilaterales
con Colombia, Ecuador y Perú.
Estos corredores multimodales incluyen tendidos eléctricos,
interconexiones y corredores de oleoductos, gasoductos, y mineroductos,
que comunican los centros de extracción con los centros de
comercialización o de procesamiento. De la misma manera los corredores
de agua pueden ser las cuencas naturales, las hidrovías artificiales o
toda clase de ductos para el agua dulce de consumo industrial, rural y
humano. Los corredores de transporte incluyen vías, autopistas, líneas
férreas, puertos. Todos estos corredores hacen posible el acceso y
control de los recursos naturales: energéticos, minerales y de
biodiversidad y agua.
Un elemento clave de estos esquemas de integración es el rol de las
transnacionales. Son ellas las que en la práctica pueden ejecutar y
beneficiarse de las integraciones. Empresas como Chevron, resulta clave
en el diseño de las estrategias energéticas norteamericanas, y
adquieren cada vez más presencia en la región, así como Monsanto lo es
en la producción agrícola.
La integración desde el ALBA
En la propuesta del ALBA, impulsada por Hugo Chávez y Fidel Castro,
contrariamente a lo que nos tienen acostumbrados los tratados
comerciales, se le otorga importancia al fortalecimiento de los Estados
y se reconocen los derechos humanos, laborales y de la mujer, del
ambiente siempre ignorados en las propuestas económicas. Se plantea
además importancia a la agricultura y al riesgo de no protegerla de la
inundación de bienes agrícolas importados y a partir de estas
críticas se ha promovido el desmantelamiento del ALCA.
Se esperaría bajo esas premisas una reforma a las políticas agrarias
para que se coloque a la agricultura como un sector fundamental para el
desarrollo económico y social de los países, se necesitaría hablar de
la conservación de los ecosistemas y del desarrollo de actividades
perdurables, se esperaría cerrar las puertas a las
transnacionales….pero al contrario, se fomenta una estructura de países
exportadores de materias primas y con un preocupante silencio en
relación a las transnacionales.
Los objetivos de la integración sudamericana tienen muchos aspectos
positivos, desde el punto de vista de romper con la dependencia
regional con Estados Unidos, pero propiciar una integración económica
regional justamente en base al petróleo que es la punta de lanza de la
estrategia de ese país, puede ser un error fatal. El petróleo –y gas-
un recurso sujeto al manejo transnacional y de las elites, que no
obedecen a los intereses de los pueblos y conllevan graves impactos
ambientales y sociales, tanto locales como nacionales.
Los pasos que se han dado dentro de las propuestas de integración son
en la práctica la construcción de gasoductos…con estos se esta, en la
práctica, reviviendo e impulsando los proyectos de integración
promovidos desde los Estados Unidos.
En el 2005, Uribe declaró: “Estaríamos con el presidente Torrijos para
formalizar el ingreso de los países al Plan Puebla-Panamá y que allí
se firme un acta para la integración de este gasoducto, la construcción
de la línea de interconexión eléctrica y el avance en la construcción
de la carretera".[3] <#_ftn3>
El 8 de julio de 2006, la tríada (Colombia, Venezuela y Panamá) de
presidentes soldaban, en acto solemne, el primer tramo del Gasoducto
Transcaribeño que comprenderá 225 kilómetros. El segundo tramo llegaría
hasta la ciudad de Colón en Panamá. “Panamá no sólo se surtirá de gas
para consumo de su mercado interno, sino que además se convertirá en
una plaza reexportadora para las costas atlántica y pacífica”[4]
<#_ftn4> .
En el caso del gasoducto del sur, el más publicitado en la región, es
una mega proyecto que conectaría varios países en la región, es
correspondiente a los planes del Grupo de Trabajo de la Red de
Gasoductos del Sur conformado dentro del IRSA, y cuyo objetivo era
fomentar el libre comercio.
Este proyecto denominado el Gran Gasoducto del Sur, ha sido catalogado
como uno de los más ambiciosos del continente. Para el desarrollo, se
prevé que la construcción tendrá una extensión de más de 8.000
kilómetros y abarcará el eje oriental de Caracas a Buenos Aires. Este
gasoducto distribuirá unos 150 millones de pies cúbicos de
hidrocarburos en siete países sudamericanos. El criterio seguido es que
en la medida en que crezca el sector del gas natural la integración
evitará que la oferta quede limitada.
Las tuberías en construcción implican por una parte aumentar la
extracción actual del gas y si bien se habla de dirigirla para
Latinoamérica será para actividades industriales y eventualmente
llegará a Estados Unidos para satisfacer sus demandas.
Se trata de tuberías que afectarán las principales fuentes de agua
dulce de la región, atravesarán las principales cuencas hidrográficas
de la región y harán de toda la región una zona de catástrofes
ambientales porque los derrames, goteos, explosiones e incendios son
inevitables.
Igualmente, en su paso por la Amazonía, además de las miles de
comunidades indígenas que viven en condiciones de alta vulnerabilidad,
se pondrán en riesgo los pueblos indígenas en aislamiento voluntario
que también serán afectados.
Para servir a los gasoductos se necesita construir vías. Una vez
construidas, se convertirán en venas abiertas y heridas sin remedio,
pues serán una puerta abierta para el acceso de madereros, traficantes
de tierra, mineros y traficantes de biodiversidad.
Todo esto con la certeza que otorga la experiencia de que las economías
basadas en la industria petrolera solo sirven para un incremento
desaforado del gasto y un peligroso aumento de la dependencia,
políticas apropiadoras, empobrecedoras y excluyentes que tienen en la
discrecionalidad, la corrupción y la impunidad a su mejor aliado.
¿Qué pasa en el mundo petrolero?
Mantener al petróleo en el corazón de las propuestas de integración es
un error en todas las dimensiones. No es posible garantizar un control
soberano de estas actividades, tampoco se factible hablar de
redistribución de riquezas y es finalmente una fuente de destrucción de
territorios y riquezas naturales.
Independientemente de que aun haya en la región empresas petroleras
nacionales, como son PDVSA, PETROECUADOR, ECOPETROL, PEMEX y otras, en
todos los países vemos como se ha ido privatizando el negocio petrolero:
- En la prospección: El Estado concede permisos de exploración y no se
queda con la información… Halliburton es la principal empresa de
exploración y tiene la información de los principales yacimientos. En
Colombia por ejemplo, Halliburton es dueña del Banco de Información
Petrolera. Cuando el Estado entrega una concesión, toda la población
pierde el derecho a ingresar al área concesionada, las empresas
privadas colocan estrictos controles y nadie puede ingresar sin
autorización de la empresa incluso si se trata de territorios
ancestrales indígenas.
- En la extracción: Se entregan concesiones a empresas generalmente
transnacionales que les otorgan derechos en general de 20 a 25 años.
Cuando son empresas nacionales las operadoras, igualmente entran en
juego las empresas tercerizadoras para las diversas necesidades. En la
práctica la operación queda en manos privadas, estas son las
beneficiarias, son quienes deciden sobre la tecnología y mantienen un
esquema por el cual no se responsabilizan por los impactos ocasionados.
Las empresas privadas, a las que por lo general las instancias del
gobierno no controlan, suelen extraer el recurso a la mayor velocidad
posible porque lo único que les interesa son los ingresos económicos.
Las consecuencias de esta sobreexplotación de los yacimientos
perjudican económicamente al Estado y al ambiente pues producen mayor
cantidad de desechos que normalmente se arrojan a las fuentes de agua,
contaminando los ecosistemas lo cual afecta enormemente a las
comunidades locales.
- En el transporte: La construcción de tuberías, presentada muchas
veces como inversiones, es realmente la manera de tomar control del
transporte de crudo y gas. La mayoría de oleoductos y gasoductos ya
están en control privado y los nuevos proyectos serán ejecutados por
empresas transnacionales. El paso de estos ductos supone la pérdida de
derechos territoriales de las comunidades que habitan en sus rutas.
En Ecuador existe un Oleoducto de Crudos Pesados manejado por siete
empresas transnacionales que también son explotadoras de crudo. Estas
empresas al controlar el transporte son las que manejan y controlan
también la producción de crudo pesado en el país.
- En la refinación: La capacidad de refinación está en manos privadas.
Las refinerías estatales están en proceso a ser privatizadas. Las
comunidades pierden la salud de ellos y de sus ecosistemas, por la
contaminación y destrucción de los bosques y por afectar el equilibrio
ecológico.
- La distribución: La distribución pertenece a las redes privadas, fue
lo primero en privatizarse. Ellas controlan los derivados del petróleo.
A nombre de la economía las empresas empujan los precios de los
derivados en los mercados locales, siendo en la mayoría de países del
tercer mundo, estos más altos que los de Estados Unidos. Las
comunidades urbanas pierden control de sus sitios de vivienda, se
convierten en zonas de peligro y de contaminación.
- El consumo: desde el punto de vista de la sociedad hay una serie de
derechos que tiene la población, sin embargo la privatización de todo
convierte a estos derechos en servicios y de allí se pasa a que los
ciudadanos sean realmente clientes con mayor o menor capacidad
adquisitiva.
- La limpieza: una vez develados los severos impactos de la actividad
petrolera, y de que se imponen por decisiones nacionales o por presión
comunitaria la limpieza y remediación, empiezan a establecerse
procedimientos que privatizan todo trabajo de remediación.
Cuando ocurre un derrame de crudo, a las empresas privadas les interesa
limpiar su imagen antes que limpiar el derrame por esto se empieza por
militarizar la zona para que nadie tome fotos de la contaminación y
como nadie las controla realizan trabajos de limpieza deficientes.
Luego se dan el lujo de decir que en sitios de operación no ocurren
derrames.
- La gestión ambiental: varios de los controles ambientales son
ejercidos hoy por las mismas empresas privadas, ellas son auditoras de
sus propias funciones, no hay transparencia y las comunidades y el
propio Estado pierden la capacidad de control, veeduría o auditoría.
¿Es posible la soberanía energética?
En el debate por la soberanía hay dos tendencias que se enfrentan entre
si. Por una parte las globales que impulsan las privatizaciones como
estrategias de control de recursos y mercados y por otra, la defensa de
las soberanías nacionales.
Pero la disyuntiva “privatización - soberanía”, va más allá que la
confrontación entre la empresa privada y el Estado, entre ellas lo que
está en juego es la comunidad. ¿Quién debe tener acceso, control y
capacidad de decisión sobre las riquezas naturales? ¿Quien controla
finalmente los territorios donde se encuentran estas riquezas?
La soberanía es la agenda más importante contra el imperialismo, sin
embargo hay temas centrales que se evaden, uno es el rol de las
transnacionales y el otro es el de las comunidades y sus territorios.
Sucede que a pesar de los discursos nacionalistas se hacen acuerdos con
las empresas transnacionales quienes ceden -temporalmente- beneficios
con tal de enraizarse en la región. Y sucede además que muchas veces
a nombre de la soberanía nacional se cometen atropellos contra ella
porque el Estado asume la defensa de intereses trasnacionales o de
elites nacionales.
Un verdadero debate sobre soberanía debe colocar el tema de las
comunidades, sus prioridades, sus necesidades, aspiraciones y el
respeto a sus derechos en el nivel más alto de importancia. Debe
plantear además un cerco necesario a las transnacionales quienes no
invierten, sino que saquean, los recursos y viven de ello.
La soberanía plantea por una parte acceso pero por otra el control. Y
plantea sobre todo control sobre todas las fases de la
producción-consumo, bajo tres premisas básicas:
· Para garantizar la vida y el futuro es necesario
garantizar la sustentabilidad y la salud de la naturaleza.
· Un modelo
independiente, autónomo y libertario debe basarse en la soberanía.
· No se puede
hablar de bienestar y sustentabilidad si no se habla de justicia y
equidad.
La verdadera soberanía es la recuperación del control desde las
comunidades sobre sus riquezas y al mismo tiempo es la expresión de
independencia del Estado frente a intereses de las transnacionales Es
el único camino para satisfacer las necesidades y es una oportunidad
para buscar, inteligentemente aquellas formas de satisfacer necesidades
sin sacrificar otros recursos.
Es un imperativo cambiar la matriz energética de nuestros países,
apostar a fuentes descentralizadas, diversas, de bajo impacto.
Construir soberanía y sustentabilidad simultáneamente y pensando en las
comunidades y en el Estado contemporáneamente
Necesitamos hablar de una integración desde una nueva civilización, no
petrolera, que desarrolle nuevos mecanismos macroeconómicos,
financieros, políticos y culturales, que permitan reconstruir la paz y
la equidad entre los pueblos, recuperar la salud de todos y restaurar
el medio ambiente, renegociar la deuda financiera internacional y
compensar el saqueo de los países del sur, asegurar la justicia y la
democracia verdadera en todos lados y, sobre todo, que construya
soberanía, y para esto lo ideal es actuar bajo un agenda de unidad
regional.
Pero desarrollar una estrategia de integración construyendo
infraestructura controlada por transnacionales puede significar
entregarle justamente al imperio en bandeja de plata todo el continente
y sus riquezas. Son los esfuerzos descentralizados, autónomos, diversos
aquellos que impedirán que seamos conquistados.
Hay que tener muy claro que en el horizonte se avizora una crisis
total de la civilización petrolera, pero la salida de esta crisis no
está en marcha. Por el contrario, su salida se retrasa en la medida en
que se impulsan oleoductos, gasoductos, refinarías que nos atan al
petróleo. Esto a pesar de que los rasgos más decadentes de la crisis,
como son las guerras, la militarización, la violencia, las
enfermedades, los cambios climáticos, se subrayan de forma cada vez más
letal.
No hay oscuridad más profunda que la que precede al alba. Los mitos
indígenas que hacen referencia a un nuevo amanecer han sostenido la
esperanza durante cientos de años, pero el ALBA si quiere traer la luz,
no se puede centrar en la oscuridad petrolera…
[1] <#_ftnref1>
BP. Statistical Review of World Energy. June 2006)
[2] <#_ftnref2> George W. Bush, julio de 2001, en informe de Jean
Ziegler, relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación
[3] <#_ftnref3> http://www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=2&t=6731
[4] <#_ftnref4> http://www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=10530
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