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DOCUMENTO DE POSICIÓN DE OILWATCH SUSAMÉRICA ANTE LA CSN SOBRE ENERGÍA Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Región Sudamericana
Lunes, 16 de Abril de 2007 14:25

SU D A M ERICA

 

 

DOCUMENTO DE POSICIÓN DE OILWATCH SUSAMÉRICA

ANTE LA CUMBRE SUDAMERICANA DE NACIONES SOBRE ENERGÍA

 

Isla Margarita, abril 2007

 

La integración en el siglo XXI

 

Sin duda los desafíos del siglo XXI tienen como eje medular los temas ambientales, históricamente postergados.

 

El desafío a nivel regional es encarar los problemas locales y globales, asegurando el bienestar de las poblaciones hoy y en el futuro, conservar los ecosistemas compartidos, impedir la contaminación transfronteriza, y evitar el sacrifico de unas regiones para el desarrollo de otras.

 

Tradicionalmente se entiende por integración, los acuerdos de libre mercado y una infraestructura compartida. Así, salta a la vista una agenda de construir gasoductos, oleoductos, carreteras, hidrovías, tendidos eléctricos, etc.  Esta visión de la integración regional es muy limitada, pues deja de lado la integración de los pueblos, el intercambio cultural, y la posibilidad de una unidad en la diversidad, pensada en función de la sustentabilidad ambiental y social.

 

En este sentido, en un mundo globalizado, con millones de perdedores y un puñado de ganadores, los desafíos para América Latina son:

 

1. Enfrentar el cambio climático

 

El cambio climático dejó de ser un augurio, una exageración o una amenaza. Así lo demuestran los tornados, los huracanes, las inundaciones o el derretimiento de los glaciares.  Existen todo tipo de evidencias sobre sus consecuencias y la certeza de que las acciones para resolverlo son impostergables. Según el último informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, ya es demasiado tarde para impedir la catástrofe mundial, pero aun se pueden hacer muchas cosas para que, aún a largo plazo, se pueda revertir el proceso.

 

Científicamente se reconoce que la principal causa del cambio climático es la extracción y quema de combustibles fósiles. Dejarlos en el subsuelo es el único camino para deshacer el camino. Mientras tanto se habla ahora de adaptación.

 

Para los países industrializados del Norte, enriquecidos gracias a sus formas insustentables de producción y consumo,  la solución en invertir en multimillonarios proyectos de adaptación, diques gigantescos, ciudades flotantes, u otras propuestas que a largo plazo serán peores que el calentamiento global. Entre estas están el comercio de emisiones que se ha demostrado que empeora las condiciones en los países en donde se compran; la invasión de cultivos genéticamente modificados o los agrocombustibles sacrificando la soberanía alimentaria de los pueblos del Sur.

 

Para los pueblos del Sur, la única garantía de adaptación es mantener en pie los bosques tropicales particularmente los bosques maduros.

 

El cambio climático, tema económico central sobre todo para países europeos, tiene un fuerte impulso mediático en los Estados Unidos.   Para América Latina, esto significa una ola de inversiones ligadas a estos temas que nos obligan a definir qué hacer y que omitir, que permitir y que proponer.

 

2. Evidenciar el fracaso del Protocolo de Kyoto

 

La reducción de emisiones propuesta por el Protocolo de Kyoto es insignificante, y sus mecanismos para alcanzarla es absolutamente ineficiente y perniciosa.  Lo que se ha impuesto es el comercio de emisiones, es decir, la compra de la capacidad de absorción para evitar disminuir el consumo de combustibles fósiles.

 

Los mecanismos creados por Kyoto premian a los contaminadores, pues el beneficio que obtendrán es mayor, al ocupar la cuota de emisiones del país obligado a hacer reducciones. La empresa contaminante se ahorra dinero al evitar tener que hacer gastos en cambios tecnológicos en su lugar de origen y, a cambio, recibe subsidios estatales, créditos de la Banca Multilateral y ganancias directas con los proyectos que instrumenta en los países del Sur -plantaciones forestales, biocombustibles, transferencia tecnológica, etc.-, además de los réditos fiscales por invertir en proyectos supuestamente “verdes”.

 

Ligado a lo absurdo de las soluciones propuestas por el Protocolo de Kyoto se renueva el entusiasmo por la energía nuclear, las grandes represas hidroeléctricas y se promueve con inusitado interés los biocombustibles, utilizando ya no sólo la atmósfera, sino también las tierras del Sur, para abastecer una creciente demanda de energía.

 

3. Proponer una integración diferente para América Latina

 

En el siglo XXI la integración debe por fuerza encaminarse a la consecución de objetivos comunes y estos son fundamentalmente la democracia, el respeto a los derechos humanos y someterse a la naturaleza, sustrato en el que se desarrolla la vida.  Los planes de construcción de mega infraestructuras como es el Gasoducto del Sur se atentan contra los derechos colectivos y ambientales en la región y son estrategias que se contraponen a cualquier objetivo de integración alternativa.

 

Dos estrategias se presentan como de gran importancia para hablar de integración en la región:

 

 

·       Mantener el crudo y el gas represados en el subsuelo

 

Las posiciones de cientos de pescadores, campesinos o indígenas que se oponen a la extracción de crudo, en sus territorios, son demandas legítimas que deben ser apoyadas por la comunidad internacional, al ser mecanismos concretos de evitar que la catástrofe sea mayor.

 

A estas iniciativas se suman otras como la del Ecuador, que consiste en mantener el crudo del campo petrolero ITT en el subsuelo amazónico.   Esta novedosa propuesta merece el apoyo de la región y el concurso de la cooperación internacional.

Ecuador, al ser un país con emisiones per cápita 20 veces menos que Estados Unidos, no tiene la obligación de reducirlas, ni de asumir sólo esta política; tampoco puede hacerlo ya que su economía depende en gran medida de los ingresos petroleros.  La propuesta implica, entre otras cosas, que los países industrializados, responsables del cambio climático, “compren” simbólicamente el crudo del subsuelo, con el compromiso de no extraerlo jamás.

 

Este sería un precedente para que otros Estados tomen la misma iniciativa y puedan conservar sus ecosistemas, proteger a los pueblos que viven en ellos, sostener sus economías, y contribuir a enfrentar el cambio climático.

 

·       Exigir compromisos internacionales reales

 

Al haber fracasado el Protocolo de Kyoto, lo que debemos hacer es evitar que se continúe extrayendo combustibles fósiles y que además se frene la tendencia de transformar las tierras del Sur, en esta nueva gesta de colonización, en sumideros de carbono, y agrocombustibles. 

 

Adelantarse con propuestas energéticas soberanas, descentralizadas y de bajo impacto para conformar las nuevas matrices energéticas en el subcontinente latinoamericano.

 

·       Proponer una integración respetuosa del medio ambiente y de los derechos de los pueblos

 

Debemos enfatizar en cuáles son las verdades necesidades de nuestros países.

 

Los pueblos indígenas, las comunidades de campesinos, las aldeas ribereñas, las comunidades extractivistas y los pobres de las ciudades, reclaman sus derechos sobre la tierra, sobre el agua y sobre su futuro; tres prioridades para su existencia que están amenazadas por los nuevos proyectos hidrocarburíferos. 

 

Una verdadera integración es aquella que se logra con justicia y equidad; ambas son imposibles si se pone en peligro el ambiente y en ningún caso se justifica violentar los derechos humanos y colectivos.

 

OILWATCH SUDAMERICA

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La red OILWATCH nació impulsada por la necesidad de desarrollar estrategias globales para las comunidades afectadas por las actividades petroleras y para apoyar sus procesos de resistencia en la lucha contra estas actividades. Entre las funciones de la organización están: el intercambio de información sobre las operaciones de las compañías petroleras en cada país afectado, sobre sus prácticas operativas, así como sobre los diferentes movimientos de resistencia y campañas internacionales contra compañías específicas. OILWATCH se esfuerza por hacer crecer, a nivel global, la conciencia ecologista, exponiendo los impactos de la actividad petrolera en ecosistemas tropicales y en sus poblaciones locales, estableciendo también las relaciones de esta actividad con la destrucción de la biodiversidad, el cambio climático y la impune violación de los derechos humanos. En la actualidad tiene a más de 100 organizaciones como miembros en países del Sur. www.oilwatch.org

 

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