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SU D A M ERICA
DOCUMENTO DE POSICIÓN DE OILWATCH SUSAMÉRICA
ANTE LA CUMBRE SUDAMERICANA DE
NACIONES SOBRE ENERGÍA
Isla
Margarita, abril 2007
La integración en el siglo XXI
Sin
duda los
desafíos del siglo XXI tienen como eje medular los temas ambientales,
históricamente postergados.
El
desafío a
nivel regional es encarar los problemas locales y globales, asegurando
el
bienestar de las poblaciones hoy y en el futuro, conservar los
ecosistemas
compartidos, impedir la contaminación transfronteriza, y evitar el
sacrifico de
unas regiones para el desarrollo de otras.
Tradicionalmente
se entiende por integración, los acuerdos de libre mercado y una
infraestructura compartida. Así, salta a la vista una agenda de
construir gasoductos,
oleoductos, carreteras, hidrovías, tendidos eléctricos, etc. Esta visión de la integración regional es muy
limitada, pues deja de lado la integración de los pueblos, el
intercambio
cultural, y la posibilidad de una unidad en la diversidad, pensada en
función
de la sustentabilidad ambiental y social.
En
este sentido,
en un mundo globalizado, con millones de perdedores y un puñado de
ganadores,
los desafíos para América Latina son:
1. Enfrentar el cambio climático
El
cambio
climático dejó de ser un augurio, una exageración o una amenaza. Así lo
demuestran los tornados, los huracanes, las inundaciones o el
derretimiento de
los glaciares. Existen todo tipo de
evidencias sobre sus consecuencias y la certeza de que las acciones
para
resolverlo son impostergables. Según el último informe del Panel
Intergubernamental del Cambio Climático, ya es demasiado tarde para
impedir la
catástrofe mundial, pero aun se pueden hacer muchas cosas para que, aún
a largo
plazo, se pueda revertir el proceso.
Científicamente
se reconoce que la principal causa del cambio climático es la
extracción y
quema de combustibles fósiles. Dejarlos en el subsuelo es el único
camino para
deshacer el camino. Mientras tanto se habla ahora de adaptación.
Para
los
países industrializados del Norte, enriquecidos gracias a sus formas
insustentables de producción y consumo, la
solución en invertir en multimillonarios proyectos de adaptación,
diques
gigantescos, ciudades flotantes, u otras propuestas que a largo plazo
serán
peores que el calentamiento global. Entre estas están el comercio de
emisiones
que se ha demostrado que empeora las condiciones en los países en donde
se
compran; la invasión de cultivos genéticamente modificados o los
agrocombustibles sacrificando la soberanía alimentaria de los pueblos
del Sur.
Para
los
pueblos del Sur, la única garantía de adaptación es mantener en pie los
bosques
tropicales particularmente los bosques maduros.
El
cambio
climático, tema económico central sobre todo para países europeos,
tiene un
fuerte impulso mediático en los Estados Unidos. Para
América Latina, esto significa una ola
de inversiones ligadas a estos temas que nos obligan a definir qué
hacer y que
omitir, que permitir y que proponer.
2. Evidenciar el fracaso del Protocolo de Kyoto
La
reducción
de emisiones propuesta por el Protocolo de Kyoto es insignificante, y
sus
mecanismos para alcanzarla es absolutamente ineficiente y perniciosa. Lo que se ha impuesto es el comercio de
emisiones, es decir, la compra de la capacidad de absorción para evitar
disminuir
el consumo de combustibles fósiles.
Los
mecanismos
creados por Kyoto premian a los contaminadores, pues el
beneficio que obtendrán es mayor, al ocupar la cuota de
emisiones del país obligado a hacer reducciones. La empresa
contaminante se ahorra dinero al evitar tener que hacer gastos en
cambios tecnológicos en su lugar de origen y, a cambio, recibe
subsidios
estatales, créditos de la Banca Multilateral y ganancias directas con
los
proyectos que instrumenta en los países del Sur -plantaciones
forestales,
biocombustibles, transferencia tecnológica, etc.-, además de los
réditos
fiscales por invertir en proyectos supuestamente “verdes”.
Ligado
a lo absurdo de las soluciones propuestas por el Protocolo de
Kyoto se renueva el
entusiasmo por la energía nuclear, las grandes represas hidroeléctricas
y se promueve
con inusitado interés los biocombustibles, utilizando ya no sólo la
atmósfera,
sino también las tierras del Sur, para abastecer una creciente demanda
de
energía.
3. Proponer una integración diferente para América
Latina
En el siglo
XXI la
integración debe por fuerza encaminarse a la consecución de objetivos
comunes y
estos son fundamentalmente la democracia,
el respeto a los derechos humanos y someterse a la naturaleza, sustrato
en el
que se desarrolla la vida. Los
planes de construcción de mega
infraestructuras como es el Gasoducto del Sur se atentan contra los
derechos
colectivos y ambientales en la región y son estrategias que se
contraponen a
cualquier objetivo de integración alternativa.
Dos
estrategias se
presentan como de gran importancia para hablar de integración en la
región:
·
Mantener
el crudo y el gas represados en el subsuelo
Las
posiciones de cientos
de pescadores, campesinos o indígenas que se oponen a la extracción de
crudo, en
sus territorios, son demandas legítimas que deben ser apoyadas por la
comunidad
internacional, al ser mecanismos concretos de evitar que la catástrofe
sea
mayor.
A estas
iniciativas se
suman otras como la del Ecuador, que consiste en mantener el crudo del
campo
petrolero ITT en el subsuelo amazónico. Esta
novedosa propuesta merece el apoyo de la
región y el concurso de la cooperación internacional.
Ecuador, al
ser un país con
emisiones per cápita 20 veces menos
que Estados Unidos, no tiene la obligación de reducirlas, ni de asumir
sólo esta
política; tampoco puede hacerlo ya que su economía depende en gran
medida de
los ingresos petroleros. La propuesta
implica, entre otras cosas, que los países industrializados,
responsables del
cambio climático, “compren”
simbólicamente el crudo del subsuelo, con el compromiso de no extraerlo
jamás.
Este sería
un precedente
para que otros Estados tomen la misma iniciativa y puedan conservar sus
ecosistemas, proteger a los pueblos que viven en ellos, sostener sus
economías,
y contribuir a enfrentar el cambio climático.
·
Exigir
compromisos internacionales reales
Al haber
fracasado el
Protocolo de Kyoto, lo que debemos hacer es evitar que se continúe
extrayendo
combustibles fósiles y que además se frene la tendencia de transformar
las
tierras del Sur, en esta nueva gesta de colonización, en sumideros de
carbono,
y agrocombustibles.
Adelantarse
con propuestas
energéticas soberanas, descentralizadas y de bajo impacto para
conformar las nuevas
matrices energéticas en el subcontinente latinoamericano.
·
Proponer
una integración respetuosa del medio ambiente y de los derechos de los
pueblos
Debemos
enfatizar en cuáles son las verdades necesidades de
nuestros países.
Los
pueblos indígenas, las comunidades de campesinos, las aldeas
ribereñas, las comunidades extractivistas y los pobres de las ciudades,
reclaman sus derechos sobre la tierra, sobre el agua y sobre su futuro;
tres
prioridades para su existencia que están amenazadas por los nuevos
proyectos
hidrocarburíferos.
Una
verdadera integración es aquella que se logra con
justicia y equidad; ambas son imposibles si se pone en peligro el
ambiente y en
ningún caso se justifica violentar los derechos humanos y colectivos.
OILWATCH
SUDAMERICA
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La red OILWATCH
nació impulsada por la necesidad de
desarrollar estrategias globales para las comunidades afectadas por las
actividades petroleras y para apoyar sus procesos de resistencia en la
lucha
contra estas actividades. Entre las funciones de la organización están:
el
intercambio de información sobre las operaciones de las compañías
petroleras en
cada país afectado, sobre sus prácticas operativas, así como sobre los
diferentes movimientos de resistencia y campañas internacionales contra
compañías específicas. OILWATCH se esfuerza por hacer crecer, a nivel
global,
la conciencia ecologista, exponiendo los impactos de la actividad
petrolera en ecosistemas
tropicales y en sus poblaciones locales, estableciendo también las
relaciones
de esta actividad con la destrucción de la biodiversidad, el cambio
climático y
la impune violación de los derechos humanos. En la actualidad tiene a
más de
100 organizaciones como miembros en países del Sur. www.oilwatch.org
¡Somos una más de las voces del Sur…más que una voz,
un grito!
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