Petroleras estatales en América Latina:
Entre la transnacionalización y la integración (Parte I)
Por: Diego Mansilla (IADE - MORENO)
Fecha publicación:12/06/2008
ARGENPRESS
En el mundo, las
reservas de petróleo están dominadas por las grandes petroleras
estatales. América Latina tiene países con grandes reservas y empresas
estatales. En este trabajo se analizan los casos de las petroleras
estatales Petrobras (Brasil) y PDVSA (Venezuela), remarcando las
diferentes estrategias de internacionalización de sus negocios. Si bien
ambas empresas públicas experimentan una estrategia de
transnacionalización, los objetivos son totalmente distintos. Los
hidrocarburos representan uno de los insumos clave para la actual
organización económica por lo que poseen una importancia estratégica
para cualquier plan de desarrollo, crecimiento e industrialización.
Los hidrocarburos representan uno de los insumos clave para la actual
organización económica por lo que poseen una importancia estratégica
para cualquier plan de desarrollo, crecimiento e industrialización. A
esto se suma el hecho de que los hidrocarburos son recursos naturales
no renovables con una muy desigual distribución geográfica. Las mayores
reservas se concentran en unos pocos países, mientras que los mayores
consumidores casi carecen del recurso. Esto hace que el acceso a las
reservas sea un factor importante en términos geopolíticos.
En este marco, las grandes empresas petroleras estatales tienen un
poder cada vez mayor. Nacidas luego de la 'revolución de la OPEP' en
1973 y la ola de nacionalizaciones de la década del 70, las petroleras
soberanas dominan la mayor parte de las reservas mundiales. En el año
2006, el 76% de las reservas mundiales de petróleo se encontraban en
países de la OPEP y el 10,5% en países de la ex Unión Soviética, más un
3,5% en Brasil, México y China(1). Por tanto, se puede decir que en la
actualidad el 90% de las reservas mundiales están en manos de
petroleras estatales. Esto genera que las grandes petroleras
internacionales (comandadas por las '7 hermanas' que actualmente se
agrupan en 4) deban concentrar sus reservas en algunas pocas regiones
(mayormente el Golfo de México y el Mar del Norte) o limitarse a operar
como socios minoritarios de las petroleras estatales.
Los países dueños de las grandes reservas mundiales no solo hacen valer
su peso en el plano económico sino que cada vez más son activos
participantes en la arena financiera. Gracias a la renta petrolera que
reciben vía las empresas estatales, los 'terratenientes mundiales' del
petróleo generaron fondos de inversión soberanos que superan los
grandes fondos de los países desarrollados. Estos 'fondos soberanos' de
los países de la OPEP y otros petroleros como Noruega, que crecieron
luego de la escalada del precio internacional que se viene
experimentando desde 2001 (que acaba de quebrar la barrera de los u$s
100 por barril), realizan inversiones con las ganancias petroleras. A
diferencia de lo sucedido en la década del 70, cuando los países
petroleros depositaron sus ingresos en los grandes bancos
internacionales, hoy estos fondos soberanos (que según el FMI ya
llegarían a los 3.000.000 millones de dólares) invierten directamente
en los mercados financieros y hasta terminan comprando o salvando a los
grandes bancos de los países centrales. En este sentido se entiende la
inyección de capital al Citigroup por parte del fondo soberano de Abu
Dhabi.
A esto se suma el hecho de que las grandes petroleras estatales están
incursionando en nuevos sectores del mercado energético mundial
mediante la compra de empresas. Ya no se resignan a la extracción de
hidrocarburos (upstream) como sucedía años atrás, dejando los rentables
negocios de distribución, refinación, petroquímica o generación
eléctrica a las grandes empresas privadas. Esto hace que las petroleras
soberanas sean cada vez más importantes en los mercados energéticos
mundiales.
Al interior de América Latina, si bien la región es exportadora neta de
petróleo y energía en general, la distribución del recurso es también
desigual. Mientras que Venezuela se encuentra entre las potencias
petroleras mundiales (a punto de certificar sus reservas de petróleo
extra-pesado que la catapultarán como la mayor reserva petrolífera del
mundo), Brasil (primer consumidor de la región) dependió históricamente
de la importación, habiendo llegado recién en el año 2006 a la
autosuficiencia petrolera pero manteniendo la dependencia externa de
gas natural. Estos dos países, junto con México, acumulan el 90% de las
reservas petroleras de la región. En los tres, el mercado petrolero
está dominado por sus petroleras estatales PDVSA, Petrobras y PEMEX,
respectivamente. Mientras tanto, la mayor parte de los países de la
región son importadores netos de energía, aunque en muchos de ellos el
papel de las empresas estatales es central.
En la actualidad, las diferentes realidades de los países de América
Latina permiten augurar grandes beneficios de la coordinación
energética regional. Lo cual genera que la energía esté en primera
plana en las discusiones sobre integración regional (tanto el ALBA como
la nueva configuración del MERCOSUR con la entrada de Venezuela o el
reciente UNASUR).
En este trabajo, se analizarán brevemente las características
energéticas propias de Venezuela y Brasil (mayor extractor y consumidor
respectivamente) y el papel de sus empresas petroleras estatales. La
elección no es casual. Además de la importancia de estos países para
cualquier proyecto de integración regional, ambos presentan empresas
petroleras nacionales que resistieron la ola privatizadora de los
noventa (aunque con ciertas modificaciones 'pro-mercado') y, al mismo
tiempo que mantenían el dominio de su mercado interno, plantearon una
fuerte estrategia de extranjerización. Petróleos de Venezuela (PDVSA) y
Petróleo Brasileiro S.A. (Petrobras) se transnacionalizaron, realizando
inversiones en mercados energéticos de diversos países de América y del
resto del mundo. Por este motivo es que se deja afuera de esta
comparación a México (a pesar de su gran peso tanto económico como
consumidor y extractor de hidrocarburos) ya que su empresa nacional
(Pemex) carece de importantes inversiones externas (2). Sin embargo,
ambas empresas llevaron adelante estrategias totalmente distintas en su
salida al exterior en cuanto a la focalización geográfica, la relación
con los gobiernos receptores y su contacto con sus casas matrices
Como el resto de Latinoamérica, Venezuela y Brasil sufrieron las
trasformaciones producto de las exigencias de las políticas
neoliberales del Consenso de Washington y sus empresas petroleras
fueron unos de los principales objetivos de las 'reformas pro-mercado'.
Luego de la salida de la crisis de la deuda (padecida particularmente
por Brasil, México y Argentina), la intervención de los organismos
internacionales de crédito (especialmente el Fondo Monetario
Internacional) como gendarmes de las finanzas internacionales logró,
además de garantizar grandes ganancias a bancos y especuladores,
imponer las políticas neoliberales en toda América Latina.
Las 'reformas', que planteaban el 'retiro del Estado de la economía'
para dar lugar a que el mercado distribuyera 'eficientemente' los
recursos, modificaron fuertemente las estructuras socioeconómicas de
todos los países de América Latina. Se implantó un modelo donde
desempleo, marginalidad, precarización laboral, exclusión y pobreza son
el corolario de la ruptura del entramado social al mismo tiempo que se
devasta el productivo.
Uno de los principales objetivos de este plan desindustrializador y
dependiente fue el sector hidrocarburífero. Tanto el FMI como el Banco
Mundial presionaron por la 'apertura' y 'eficiencia' en los mercados de
petróleo y gas que no significaba otra cosa que la privatización (total
o parcial) de las empresas estatales y la derogación de las
regulaciones de cada país, permitiendo que las petroleras
internacionales tuvieran la libertad de obtener ganancias
extraordinarias.
El objetivo de las reformas era quitar todo carácter de bien
estratégico al petróleo y a la energía en general. Su único valor debía
ser el valor económico, desconociendo sus características de recurso
natural no renovable e insumo económico básico. En el país donde esto
resultó más evidente fue en Argentina, donde las reformas no sólo
rechazaron el valor estratégico de los hidrocarburos transformándolos
en meros commodities para su exportación, sino que además este objetivo
fue explicitado (3).
Si bien sólo dos países permitieron la extranjerización total de sus
hidrocarburos y la privatización de sus empresas públicas (Argentina y
Bolivia), el resto sufrió grandes transformaciones en sus estructuras,
ganando participación el sector privado (preponderantemente
extranjero). En este proceso, si bien continuaron manteniendo la
mayoría estatal, tanto PDVSA como Petrobras fueron expuestas a la
desregulación y a la entrada de capitales privados extranjeros. Sin
embargo, la participación de ambas petroleras en los procesos
privatizadores del resto de los países de Latinoamérica fue distinta ya
que Petrobras, a diferencia de PDVSA, aprovechó las desregulaciones de
los mercados energéticos latinoamericanos para transnacionalizar sus
operaciones.
PDVSA, una de las principales petroleras a nivel mundial,
internacionalizó sus operaciones buscando mercados, focalizando sus
operaciones en el downstream (refinación y distribución) en países
desarrollados importadores. Recién en los últimos años dirige sus
inversiones a Latinoamérica, haciendo primar una idea de integración
energética por sobre la rentabilidad. En cambio, Petrobras, si bien
primeramente salió en busca de reservas, rápidamente integró sus
operaciones en toda América Latina agregando, además, a la extracción
de hidrocarburos, la refinación y distribución de naftas, generación de
electricidad, transporte de petróleo y gas, y la distribución
domiciliaria de gas natural. Estas diferencias exceden los distintos
'estilos de gestión' de dos empresas, y son producto de particulares
histórico-políticas de cada país y de sus estructuras productivas.
Brasil: Del monopolio de PETROBRAS a la transnacional
integrada
Hasta hace unos pocos años, Brasil carecía de una importante historia
petrolera. Luego de la nacionalización de la industria en 1938, el
Consejo Nacional del Petróleo reguló el mercado, sin grandes avances en
la extracción de petróleo en suelo brasileño. Recién en 1953 fue
fundada por el Presidente Getulio Vargas la empresa petrolera estatal
Petróleo Brasileiro S.A. (Petrobras). Su función fue principalmente
refinar y distribuir los subproductos obtenidos con petróleo importado,
ya que Brasil casi no contaba con reservas propias y se encontraba muy
lejos del autoabastecimiento. Una petrolera estatal que garantizara
energía abundante y a bajo costo era necesaria dentro del plan
industrializador que se esperaba llevar adelante. Por eso se tomó como
base a la YPF argentina, que había logrado con éxito imponer una
empresa estatal integrada que dominaba cada uno de los sectores de la
cadena del petróleo y gas. El modelo brasilero impulsó el monopolio
estatal del mercado hidrocarburífero para que, con las ganancias
obtenidas, Petrobras desarrollara una industria petrolera propia
buscando petróleo y gas en suelo brasilero.
Ante el poco éxito de las primeras búsquedas de hidrocarburos
efectuadas, Petrobras decide explorar el mar y encuentra petróleo
rápidamente. A partir de ese momento se comienza una política agresiva
de exploración off-shore (sobre todo en el litoral de Río de Janeiro),
desarrollando tecnología propia y obteniendo grandes avances. Así es
como en 1985, Brasil iguala las reservas probadas de petróleo de
Argentina (cuando en 1980 eran apenas un 50%). Sin embargo, dado el
gran crecimiento económico (conocido como 'el milagro brasilero'),
debía importar cerca del 60% del petróleo consumido.
Paralelamente, desde una política estatal activa, se realizaron
diversas medidas para minimizar la dependencia brasilera al petróleo
importado a la vez que la industrialización pesada exigía cada vez más
energía. De esta manera, se generó tanto un importante desarrollo de la
energía hidroeléctrica (que hoy representa el 65% de la electricidad
brasilera) y la utilización de agrocombustibles como el alconafta
proveniente de la caña de azúcar.
Ante la necesidad de importar gran parte del petróleo, Petrobras adoptó
la estrategia de realizar inversiones en el exterior con el fin de
garantizarse reservas, operando en otros países que contaran con
petróleo disponible para exportar a Brasil. Esta idea se hizo
particularmente importante en la década del 70, con el aumento del
precio internacional y la importancia geopolítica que comenzó a
significar el acceso a reservas luego de las nacionalizaciones y la
aparición de los países de la OPEP como 'terratenientes mundiales'. De
esta manera, Petrobras obtuvo concesiones y realizó inversiones en
países como Argelia, Colombia, Egipto, Irán o Irak. En la década del
80, las inversiones externas privilegiaron regiones como el Golfo de
México norteamericano y el Mar del Norte. Mientras tanto, Petrobras
seguía invirtiendo en exploración y explotación del suelo brasilero con
las ganancias obtenidas.
En 1990, si bien se habían generado grandes descubrimientos de reservas
(duplicando las de 1985 y triplicando las de Argentina), Brasil
continuaba importando el 66% del petróleo.
A comienzos de la década del 90, se llevó adelante un cambio en la
política energética pública, destinada a bajar la dependencia de la
matriz energética brasilera al petróleo importado y a la generación de
hidroelectricidad que producía recurrentes crisis por sequías. Además
de continuar con el desarrollo de los agrocombustibles, se decide
convertir parte de su demanda de petróleo al gas natural e incentivar
su uso en la generación termoeléctrica. Hasta entonces el gas natural
representaba una porción muy pequeña del consumo energético. Esto era
producto de que las reservas de gas propias eran insuficientes para
garantizar un desarrollo de la demanda. Además, dado que casi la
totalidad de las reservas y la extracción tanto de petróleo como de gas
se encuentran en aguas profundas o en pleno Amazonas, la mayor parte
del gas extraído junto al petróleo se desperdicia.
Para abastecer a la importante demanda potencial que significaba la
generación de termoelectricidad por gas (plantas que fueron creadas por
la propia Petrobras) y el consumo industrial y domiciliario de los
grandes centros urbanos del sur del país, Petrobras firmó a comienzos
de la década (por intermedio de su subsidiaria Gaspetro) un acuerdo con
la estatal boliviana Yacimiento Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB)
para la construcción de un gasoducto que uniera los dos países. El
gasoducto que conecta Santa Cruz (Bolivia) y San Pablo (Brasil) fue
comenzado en 1996 y terminado en 1999. En el lado boliviano, el
gasoducto pertenece a Ashmore (originariamente Enron), Shell y Gaspetro
(Petrobras) mientras que en el lado brasilero Petrobras tiene el 51% y
el resto repartido entre Ashmore (ex Enron), Shell, British Gas y otras.
Las reformas neoliberales en Brasil
Como se mencionó anteriormente, la década del 90 generó grandes cambios
en las estructuras económicas de toda Latinoamérica mediante la
imposición de políticas neoliberales de desregulación y privatizaciones
que golpearon particularmente al sector energético. En el caso de
Brasil, las transformaciones en la estructura energética fueron
impuestas de la mano del presidente Fernando Henrique Cardoso mediante
la reforma constitucional de 1995.
La 'Enmienda Constitucional Nº 9' permitió el ingreso de capitales
privados a las actividades de hidrocarburos mediante contratos de
servicios, mientras se mantenía el monopolio federal. Finalmente, la
Ley 9.478 de 1997 transformó en letra muerta el monopolio estipulado en
la constitución, al otorgar a los concesionarios la libre
disponibilidad de los hidrocarburos (incluyendo el permiso de
exportar). Para regular la nueva industria petrolera se creó la Agencia
Nacional del Petróleo (ANP), quitándole a Petrobras la concesión de la
mayor parte de las áreas. La nueva agencia se encargaría de realizar
rondas anuales de licitación de áreas para la exploración. Si bien la
ANP otorgó a Petrobras concesiones sobre las áreas con reservas
probadas, la petrolera no recibió compensación por la enorme cantidad
de datos sobre yacimientos que se licitaron gracias a las inversiones
de la estatal.
En las sucesivas rondas anuales, Petrobras se presenta en igualdad de
condiciones que el resto de las petroleras. Sin embargo, dado su mayor
conocimiento de las áreas y por haber desarrollado innovaciones
tecnológicas siendo la primera empresa del mundo en perforación en
aguas profundas, la estatal ha ganado la mayor parte de las áreas más
importantes (sola o en asociación con otras petroleras, aunque siempre
manteniendo la mayoría accionaria y la operación del proyecto). Sin ir
más lejos, en 2006 Brasil consiguió el autoabastecimiento (con la
puesta en producción de la plataforma P-50) gracias a las grandes
inversiones de Petrobras en aguas profundas. Además, a fin de 2007 ha
difundido el descubrimiento del megayacimiento de Tupí (con reservas
estimadas que cuadruplicarían a las de Argentina) donde Petrobras tiene
la mayoría (al igual que en casi todos los yacimientos de la misma
cuenca en la capa pre-sal con altísimo potencial).
El control de Petrobras es tan importante que apenas existe una sola
empresa privada (la anglo-holandesa Royal Dutch-Shell) que extrae
petróleo en Brasil sin control de la estatal. Sin embargo, existen
varios yacimientos en manos de empresas privadas que se encuentran en
proceso de desarrollo.
Además de la entrada de capitales privados (que mayoritariamente fueron
extranjeros) al mercado hidrocarburífero, se llevó adelante un plan de
privatizaciones que incluyó a las generadoras y distribuidoras
eléctricas. Si bien Petrobras y los gobiernos estaduales mantuvieron un
porcentaje alto luego de las privatizaciones, las empresas privadas
(principalmente Enron y Gas Natural) lograron importantes posiciones en
las prestadoras de servicios públicos.
Es de señalar también que se realizó una apertura del capital de
Petrobras al sector privado. La estatal se transformó en una sociedad
de economía mixta cotizando en las bolsas de San Pablo, Buenos Aires y
Nueva York. El estado federal mantiene el control accionario (según
dictamina su estatuto) a pesar de contar con apenas el 32% del capital
social y el BNDES el 8% (al 31/12/06). Esto es así ya que el Estado
cuenta con el 56% de las acciones con derecho a voto de la empresa. Por
esta razón, a pesar de contar con el control empresario, el estado
brasilero no recibe la mayor parte de sus cuantiosas ganancias. La
participación privada en las decisiones es importante (aunque no
mayoritaria) ya que el estatuto les garantiza un director de cinco.
Bibliografía:
- Campodónico, H. La gestión de la industria de hidrocarburos con
predominio de empresas del Estado. CEPAL, División de Recursos
Naturales e Infraestructura Nº 121, 2007.
- CEPAL. La inversión extranjera en América Latina y el Caribe - 2005.
- Mansilla, D. Hidrocarburos y política energética. De la importancia
estratégica al valor económico: Desregulación y Privatización de los
hidrocarburos en Argentina. Ediciones del Centro Cultural de la
Cooperación “Floreal Gorini”, 2006.
- Mommer, B. Petróleo global y estado nacional, Comala.com, 2003.
- BP (British Petroleum) Statiscal Review of World Energy, 2006.
Notas:
1) Anuario BP 2007
2) En realidad, Pemex cuenta con el 4,9% de las acciones de Repsol pero
no tiene poder de decisión en la empresa.
3) Ver una descripción de las reformas en Argentina en 'Hidrocarburos y
Política Energética.'
Diego Mansilla. Lic. en Economía (UBA), becario del Area de
Investigaciones Interdisciplinarias del CCC y miembro del MORENO.
http://www.argenpress.info/nota.asp?num=056122&parte=0
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