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REGIONAL - Tendencias de la situación política ambiental en América Latina. Aportes p ara la reflexi Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Región Sudamericana
Martes, 01 de Julio de 2008 05:31

Pensar globalmente para actuar inmediatamente.
Tendencias de la situación política ambiental en América Latina. Aportes para la reflexión.1

San Salvador mayo 31 y Cali junio de 2008.

Por: Hildebrando Vélez

FOEI-Coordinación Internacional de Justicia climática y energía.

Quiero advertir a los lectores que estas son sólo algunos de los interrogantes que nos hacemos para motivar la reflexión y señalar que según sean las respuestas será la orientación que demos a nuestras acciones ambientalistas en la región latinoamericana. El que intentemos algunas generalizaciones no ha de ser en detrimento del reconocimiento de la diversidad de la región y las diferencias en los matices y particularidades de las condiciones y políticas propias de los países.

     
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    ¿Qué tipo de crisis vivimos: una crisis ambiental, una crisis de modelo o una crisis civilizatoria? Según sea la respuesta orientaremos nuestras propuestas bien sea a plantear economías descarbonizadas, economías despetrolizadas o postfósiles, decrecimiento sostenible, desdesarrollo sustentable. Todas estas respuestas aunque parecieran semejarse responden a interpretaciones distintas del alcance de la crisis. Lo que es cierto es que el ambientalismo debe influir en que la sociedad se prepare para vivir sin petróleo, sin crecimiento económico y sin la contaminación del discurso del desarrollo. Y si más bien que se prepara a su vez para un mundo con relaciones solidarias, sustentables, sencillas, soberanas y,

     
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    ¿Cómo están incorporándose los elementos y vindicaciones ambientalistas en los nuevos marcos constitucionales en la región? ¿qué sentido tiene luchar por reformas jurídicas? o ¿por derechos? ¿son estos frentes de lucha contra el neoliberalismo o son expresiones del poco alcance y de las escasas fuerzas del movimiento social y político para proponerse pretensiones más profundas?

     
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    Re-ordenar para dominar. El ordenamiento de las reglas está antes que el ordenamiento de los territorios; de ahí los acuerdos post Washington, la OMC como una reedición mejorada del sistema general de preferencias (GATT), los tratados de libre comercio, etc. A este tenor los instrumentos que permiten la conculcación de las soberanías: son la arquitectura financiera BM, IFM, seguros, las evaluadoras de riesgos; la IED (capital privado y las ETN (explotación, dominación)). Es ahí donde surgen interrogantes acerca cuál es el papel del estado nación como expresión de la soberanía de las naciones o como instrumento de dominación atrapado por los intereses de las CTN.

     
     
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    ¿Son los TLC estrategias OMC-plus? Las naciones andinas representan el 1% de las importaciones de USA desde la región en 1991 cuando Bush (padre) firmó la ley de preferencias arancelarias andinas; en el 2006 representan el 1.2% en el marco del APTDEA. Ello significa que el papel de las naciones andinas en cuanto sus exportaciones a EEUU y el ingreso de divisas desde allí no ha variado sustancialmente durante los últimos tres lustros, y sí, más bien, este tipo de políticas han apuntalado su ideología de lucha contra el enemigo interno y alentado la exacerbación de la competencia entre las economías de estas naciones vecinas. Muchas de las reformas legislativas nacionales, impulsadas por la Banca Regional (BID, FONPALTA, CAF) relacionadas con el comercio y con las condiciones para las inversiones extranjeras tienden a configurar un conjunto jurídico que apalanca el modelo OMC-plus y anticipan las reglas de los TLC no suscriptos.

     

Además, las relaciones multilaterales están, en este sentido, regidas por una regla que reza: “quien tiene la cabeza como un martillo ve el mundo como clavos”. Esto significa que los actores que concuerden a los escenarios multilaterales lo hacen representando intereses y paradigmas. Así que, por ejemplo, los actores empresariales van en defensa de sus intereses corporativos y del incremento de sus ganancias: los constructores de represas ven represas, los aseguradores ven y producen clientes en situación de riesgo, los petroleros y los mineros ven actividades extractivas, y así sucesivamente. Las instituciones financieras multilaterales se justifican a sí mismas, y justifican un paradigma positivista, a través del manejo de los fondos públicos comunes y de la orientación de los mecanismos crediticios hacia el fortalecimiento del neoliberalismo y de las relaciones capitalistas de producción, sin estimar, en la mayoría de los casos las consecuencias estructurales y probabilísticas de sus actuaciones. Los estados concurren en función de los sectores nacionales hegemónicos y en algunos casos, quizá en momentos excepcionales, en función del interés general de sus nacionales y del bien común.

     
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    El conjunto de las medidas apunta a ordenar el comercio internacional y la producción en función de la nueva división del trabajo y de la naturaleza.

     
     
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    En el marco de esta división hay países a los que les corresponde seguir siendo proveedores de materias primas y trabajo barato (tipo maquilas, que incluso se aplican al trabajo rural, como es el caso de las cooperativas de trabajo asociado en la producción de la caña para etanol y en la palma aceitera para agrodiesel).

     
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    Aparecen los países sumideros, vertederos, que prestan servicios ambientales en el sur para los consumidores de los países del Norte. La dependencia y el colonialismo impiden que estos países produzcan bienes industriales complejos y bienes de capital, de manera que sus territorios son consumidos a la par que aumentan su dependencia económica en sectores de la producción con mayor valor agregado de ciencia y tecnología, profundizando los intercambios económico y ecológico desiguales y exacerbando la deuda ecológica.

     
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    Países “mantenidos” que son aquellos que viven de las remesas de sus nacionales en el exterior. A pesar de las medidas neofascistas de restringir la entrada de extranjeros mediante muros como el que se levanta Israel en su frontera con Palestina, el que se erige EEUU en su frontera con México y el muro que implica “directiva de retorno” europea, los inmigrantes del sur en el norte siguen siendo fuente de sostenibilidad de la economía de esos países y marginalmente de sus países de origen (América Latina recibió 68000 millones de dólares en remesas en 2006 y alcanzaron entonces 300.000 millones de dólares mucho mas que los 104000 que representa la mal llamada “ayuda para el desarrollo”). De hecho afirmamos nuestra solidaridad con aquellos que migran y que Evo Morales (junio 16 de 2008) llamó “clandestinos”.   

     

Sin duda la contabilidad oficial de este proceso de división de la naturaleza y el trabajo mantiene ocultos los costos ambientales del desempeño de las economías, no toma en consideración las mochilas ecológicas del comercio internacional, no considera la huella ecológica de los factores de producción tales como la huella hídrica o la perdida de fertilidad de los suelos, etc. Tampoco entran en los balances la pauperización del trabajo, la profundización de las condiciones de explotación del trabajo ya sea agrícola por la mecanización y la esclavización, minero o de los servicios al turismo donde la prostitución es el emblema.

     
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    A la par se están llevando a cabo estrategias de reordenamiento del territorio y hace creer que la alternativa a los problemas ambientales consiste en ello, sin tomar en consideración lo aspectos que analizamos arriba. Sin duda los proceso de reordenamiento del territorio en los que están empeñadas las instituciones en la región y que han sido incentivados mediante créditos y ayudas de la Banca Multilateral, tiende a fortalecer los procesos de recolonización de la región, donde la cooperación estadounidense y la europea pretenden desmarginalizar territorios, lo que se traduce articularlos a los circuitos de acumulación del capital, y para ello la panacea son los encadenamientos productivos, donde los nodos de mayor producción de valor económico (mayor plusvalía), concentrados en manos del gran capital, serán los verdaderos beneficiados. Así lo prueba la reconcentración de la tierra y los ecosistemas en las manos de terratenientes y trasnacionales y la adquisición de grandes extensiones de tierra por el capital internacional agrícola y de la conservación y por los que bien llaman agro-yuppies.

     

Estas territorializaciones del capital se producen fundamentalmente con el propósito de favorecer algunos sectores como el de infraestructura (IIRSA, PPP, etc.), minero, agronegocios (agrocombustibles y maderas), inmobiliario y del turismo. En el sector urbano destacan algunas tendencias como son por ejemplo las inversiones en la trasformación unilateral de los modelos de movilidad urbana que, siguiendo el ejemplo de Trasmilenio (circuitos de autobuses articulados) y lejos de ser un sistema de trasporte que mejora la vida urbana, se constituye es un gran negocio para unos pocos que usufructúan los activos públicos. También están las grandes superficies comerciales que son infraestructura para el consumo elitista en función de las cadenas de producción como son los World Trade Center que se construyen en todas nuestras ciudades y que parecen calcados unos de otros; están las plataformas de conectividad para negocios y en función de la financiarización del capital, cuya expresión cimera son los Call Centres. Las inversiones inmobiliarias son otras de las manifestaciones de esta tendencia, que en este ámbito atrae inversionistas y pensionados de los países del norte ejerzan su poder económico y desplieguen su consumismo en los nuestros, con consecuencias culturales y sociales que no profundizamos acá.

No obsta decir que estas territorializaciones del capital se dan a expensas de la destertiorialización de las comunidades locales en las zonas mineras, agrícolas y turísticas, de los habitantes de los centros urbanos en las áreas con mayor inversión en amoblamiento público, en las de restauración y en las de mayor valorización hedónica y paisajística.

     
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    Uno de los dilemas que se plantean a la región es si ¿privilegiamos el camino de la integración o el de la seguridad? La región ha transitado recientemente por un camino que nos ha llevado desde las políticas aperturistas de finales de los 70 y principios de los ochenta, hacia una agenda de integración comercial que, dados los cambios políticos y el viraje hacia gobiernos cuyos lideres proceden de las izquierdas del movimiento social, se vierten hacia una agenda de integración de los pueblos. Estas diferentes agendas son hoy concurrentes y a veces no resulta fácil diferenciar unas de otras pues a nombre de la integración de los pueblos algunos gobiernos persisten en la agenda aperturista o de integración comercial. Y ello se presenta así, quizás porque la agenda de integración comercial y de los pueblos son para la izquierda desarrollista más o menos lo mismo. De ahí que el ambientalismo no tenga plena confianza en las trasformaciones de la agenda del modelo de desarrollo y menos del sistema social que puedan ser agenciadas a profundidad.

     

La propuesta de UNASUR, firmada en mayo 28 de 2008, por doce países de la región, sin Colombia y con la ausencia de Tabaré Vásquez, deja en perspectiva la creación de un Banco del Sur, de una moneda y de un concejo de Defensa Suramericano, y es la columna vertebral de la integración de los pueblos. Sin embargo aparece ahora con una fuerza inusitada el asunto de la seguridad, quizá como expresión de la necesidad de que la región garantice para sí misma o para el neocolonialismo regional Brasilero el acceso al “capital natural” o bien sea como expresión subsidiaria de la lucha global contra el terrorismo o tal vez ambas a la vez. Lo cierto es que el rearme regional cobra nuevos ímpetus a nombre de garantizar la paz en las fronteras y de combatir los riesgo internacionales que particularmente se afirma que siembra la guerrilla y el narcotráfico colombianos. Aunque se argumenta que se trata del reemplazo de armamento obsoleto, el rearme es un hecho pues el incremento de trasferencias de armas es el 47% superior entre 2003-2007 de lo que fue entre 1998-2002. Lo preocupante de esta situación es que la región se deja imponer el modelo guerrerista, agenciado particularmente por EEUU, que durante el 2007 facturó el 45% de los 851.000 millones de euros que el planeta gastó en armamentos, como lo señaló el SIPRI de Estocolmo (junio de 2008). Mientras tanto la FAO (mayo 2008) sólo destinará 4.500 millones para luchar contra la hambruna que acecha a todo el planeta. De la carrera armamentista espera beneficiarse Brasil que es productora de armamento y tiene en prueba submarinos atómicos y desde luego los proveedores de armas de EEUU y Europa Occidental, que se adjudicaron el 92% de las ventas en 2006.

La seguridad en la región tiene tres caras una que se representa muy bien por el hecho de que las aseguradoras de riesgos le dan a los países un mejor ranking en su escala de seguridad para la inversión, conduciendo a cambiar la percepción negativa de los inversionistas; otra, que coloca a los países en condiciones de sostener escaramuzas y de enfrentarse uno al otro lo cual es un riesgo para todos y una última que considera que la seguridad de cada uno depende de la de todos frente a la agresión imperialista de EEUU o de cualquier otro nuevo imperio. Sin embargo, para el ambientalismo que ha sido de vocación Gandhiana, la militarización es seguridad para los inversionistas y riesgos para los ciudadanos.


     
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    Uno de los asuntos que surge dentro del contexto que venimos analizando se refiere al papel de la izquierda en el gobierno: ¿Debe ella garantizar la gobernabilidad y la gobernanza o revocar el neoliberalismo? Sin duda la gobernabilidad esta garantizada en general a sectores hegemónicos del capital internacional de las oligarquías. Lo que de alguna manera desestabiliza esta gobernabilidad es el antagonismo entre países azuzado por conflictos fronterizos, algunos de ellos bastante artificiales o generados ex profeso para desestabilizar las relaciones entre habitantes de las fronteras y entre países fronterizos, así lo hemos vivido los colombianos del corriente frente a los ecuatorianos y los venezolanos, hermanos todos, que ahora gracias al poder mediático de los belicistas, nos miramos con sospecha y, como lo he visto en mi propio país, con ánimos belicosos. A ello se suma el separatismo que, por ejemplo, se instiga en Bolivia en cabeza de sectores aliados con la embajada estadounidense, como con frecuencia se ha denunciado. También se aguijonea el conflicto entre sectores productivos subyugados, por ejemplo, en el caso colombiano se toman mediadas que perjudican a los productores tradicionales y de media escala de alimentos, favoreciendo a sectores del gran capital, a través de la imposición de medidas fitosanitarias que expulsarían del mercado a los primeros otorgándoles el privilegio de permanencia a los segundos. Mientras se anuncia que es para el beneficio de todos los consumidores sólo las grandes empresas de agonegocios se benefician y los trabajadores agrarios y las comunidades tradicionales se ven perjudicadas por la promoción de los agrocombustibles, el conflicto está allí latente. Aunque los precios de los alimentos están por las nubes, no sobra señalar que campesinos productores de excedentes de alimentos encuentran imposible obtener algún lucro de su comercialización por los altos costos de trasporte y los insumos y por la concentración de su distribución, incluidos los productos “agroecológicos”, en grandes supermercados inaccesibles.   

     

Ahora bien, en este contexto, no sobra la pregunta acerca de qué manera la izquierda en el poder ha influido para alcanzar relaciones de justicia social y económica promoviendo la redistribución o promoviendo el reconocimiento del papel social de sectores del campesinado o los pueblos indígenas o afrodescendientes. Al parecer la izquierda en el poder antes de objetar las relaciones de dominación tiende a adaptarse a ellas, sin potenciar nuevas estructuras de poder. Ello se hace también gracias a que no hay mecanismos de rendición de cuentas que las conminen a seguir los programas que ofrecen y no hay la fuerza política organizada y movilizada que les ronde, quedando limitados estos proyectos de nuevo gobierno sometidos al ciclo episódico retórica-elección-olvido.

     
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    Ante este escenario el ambientalismo enfrenta el dilema que ha estado presente en sus derroteros recientes: ¿hemos de ecologizar la política o politizamos la ecología? Sin duda los contextos de trasformación de los escenarios políticos internacionales y nacionales se configuran y son configurados por las resistencias y las alianzas en el campo popular. Las articulaciones entre pueblos indígenas; los cambios en los perfiles sociolaborales de los trabajadores y de su rol como actores de la sociedad de los servicios así como la reunificación sindical internacional en marcha; el papel del movimiento antipatriarcalista; y fundamentalmente el desarrollo de la organización de la vía campesina y del ambientalismo como movimiento social son hitos en estos proceso de reconfiguración de actores sociales en la región.

     

Desde la perspectiva ambientalistas no dudamos afirmar que las reconfiguraciones sociales se dan en medio de una crisis de opciones políticas. Son tres los obstáculos que afrontamos para constituir el ambientalismo en una verdadera opción política: a. que se nos deje de ver como una propuesta eficiente pero circunscripta al ámbito técnico; b. que se nos estime como actores políticos con capacidad de proporcionar alternativas para el conjunto de problemas de la sociedad desde una perspectiva holística; y c. que se articule a otras fuerzas en alianzas para optar por cargos de representación pública donde puedan construirse ejemplos de gobernanza ambiental en resistencia al antiambientalismo del capital.

Como ya se ha dicho, el ambientalismo hará de su política la práctica social que se encamina a la construcción de opciones de vida digna y sostenible para todas las personas y que defiende la ecología, la equidad en la distribución ecológica y la justicia social, y concita a actuar mancomunadamente frente a la perspectiva antiecológica que impone el capital a las instituciones tanto en el orden nacional como internacional. La ecología política confronta la ofensiva antiecológica que ha venido siendo instaurada gracias al control que en el planeta tienen las corporaciones trasnacionales CTN sobre las relaciones sociales.

El reto de transitar a la política lleva impulsar procesos de constitución de nuevos sujetos de la política ambientalista a través de la participación la autogestión y la movilización.

Estas acciones de configuración de sujetos y de nuevas subjetividades son una premisa para generar el músculo social del que hemos carecido los ambientalistas para lograr que nuestras propuestas, que tiene un peso gran alcance teórico y paradigmático, adquieran mayor peso social y político. El problema que surge es que el tiempo para ello es escaso pues el planeta no esperará tanto tiempo si las trasformaciones no se dan con prontitud. ¡¡Hay que pensar globalmente y actuar ya!!

1 Estas reflexiones se originan en la petición de ATALC de motivar en su asamblea (mayo de 2008, San Salvador, El salvador) un análisis de la situación ambiental y política de la región y han sido complementadas brevemente para su difusión.