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PETROLEO INTERNACIONAL
El Salvador espera gas peruano
Biocombustibles y GNL podrían cambiar
su matriz energética
Mery Mogollón, Abril 2009
Perú será el primer país en materializar un
proyecto de exportación de GNL en América Latina con destino al mercado
mexicano y a otras regiones de la costa del Pacífico, entre ellas El
Salvador. Esta posibilidad quedó abierta con la construcción de una
planta de ciclo combinado y un terminal de gas natural que podría
alimentarse del gas proveniente de Camisea, recomendación que realizó
el BID como salida al problema salvadoreño de acceso a fuentes de
energía limpia, eficiente y competitiva.
El Salvador, al igual que el resto de los países de Centroamérica,
tiene serias carencias energéticas por su condición de importador neto
de energía fósil. La combinación de insuficientes inversiones para la
generación de energía eléctrica y una elevada factura por la
importación de combustibles líquidos ha incrementado las limitaciones
de crecimiento económico del país. Por otra parte, el uso de la madera
como combustible amenaza erosionar los pocos terrenos aptos para el
cultivo que sobreviven en El Salvador. Pero esta pésima matriz
energética podría cambiar en forma radical con la utilización de
energías alternativas. A muy corto plazo, El Salvador podría comenzar a
caminar por la senda de la producción propia de biocombustibles y la
utilización de gas natural, proveniente de los yacimientos de Camisea
en Perú, para la generación de electricidad. Todo depende de los
incentivos y facilidades que otorgue el sector oficial para que los
proyectos se construyan y entren en operación lo antes posible.
Desde hace más de una década, El Salvador ha participado en las
diferentes iniciativas subregionales para encontrar soluciones comunes
al problema energético, a partir del uso del gas natural y de otras
fuentes alternas. A pesar de la buena voluntad de los gobiernos
centroamericanos, tales iniciativas no se han concretado porque no hay
el consenso en torno a premisas vitales, como unificación de leyes y
normas; ausencia de un suplidor regional estable y a largo plazo;
precios de referencia para el comercio de la energía, y definición de
espacios territoriales para la construcción de infraestructura.
En el pasado reciente, en el marco del Programa de Integración
Energética Mesoamericana (PIEM), coordinado por la Comisión Económica
para América Latina (Cepal), se consideró como alternativa llevar el
gas a Centroamérica a través de gasoductos desde México, Colombia o
Venezuela, pero las tres alternativas de suministro, por diferentes
razones, no fueron viables. En tanto, en Perú, un proyecto de vieja
data se materializó. Con la ayuda financiera del Banco Interamericano
de Desarrollo (BID), las reservas de gas natural de Camisea ahora
ayudarán a México a resolver parte de su déficit energético con GNL.
Pero el proyecto es suficientemente grande para contemplar otros
potenciales clientes en la costa del Pacífico. Es posible que una parte
de la exportación de GNL peruano se quede en El Salvador para alimentar
una planta de generación eléctrica de gran capacidad. Ya Trinidad y
Tobago tiene una experiencia similar con Puerto Rico y República
Dominicana, a los que deja una parte del GNL que llevan los barcos en
su camino hacia Estados Unidos.
Diego González Cruz, consultor del BID y analista especializado en
el sector energético, señala que actualmente, con “los avances
tecnológicos es posible construir costa afuera plantas para recibir GNL
de manera que no se necesita disponer de un espacio en tierra firme.
También se ha logrado simplificar y bajar los costos de las
instalaciones para regasificar el GNL y llevarlo a los consumidores
finales. Así mismo, hay barcos que no sólo transportan GNL sino que
están acondicionados para regasificar el hidrocarburo. Hay toda una
gama de posibilidades, siempre y cuando exista un suplidor confiable”.
En opinión de González, el principal escollo para la gasificación de
Centroamérica ha sido garantizar el suministro. México ahora importa
GNL; las reservas de Colombia todavía son modestas; en Venezuela no
terminan de arrancar los proyectos de GNL sustentados en los
potenciales con los yacimientos de gas libre costa afuera, y Bolivia
sigue sin salida al mar. De allí la importancia estratégica que ahora
revisten las reservas de gas natural de Camisea y el proyecto Perú GNL.
Perú llegó primero
Perú les gano la carrera del GNL a los grandes del continente en
cuanto a reservas de gas natural. Hace unos años nadie apostaba grandes
sumas a Camisea, los yacimientos de gas ubicados aproximadamente a 500
kilómetros al este de la ciudad de Lima. No sólo existían en el mismo
continente otros países con potenciales reservas de gas natural más
atractivas, sino que los volúmenes de Camisea se consideraban
insuficientes, incluso para pensar en proyectos de largo plazo
destinados al consumo de la población de Lima. Esta situación ha
cambiado en la medida en la que se han realizado estudios geológicos y
exploratorios para comprobar las reservas. Hoy el potencial de Camisea
es considerable y podría convertir a Perú en exportador neto de GNL.
Gustavo Navarro, director general de Hidrocarburos del Ministerio de
Energía y Minas de Perú, señaló hace poco que según los más recientes
estudios, las reservas de gas natural de Camisea alcanzan 14.1
trillones de pies cúbicos (TCF) y se espera agregar 2 TCF a finales de
2009. Navarro indicó que de este volumen se ha comprometido para la
exportación 4.2 TCF.
Perú será el primero en materializar un proyecto de exportación de
GNL en América Latina, mediante un consorcio integrado por las empresas
Hunt Oil (Estados Unidos), Repsol YPF S.A. (España), SK Energy (Corea),
y Marubeni Corporation (Japón). El proyecto, denominado Perú LNG,
requiere una inversión de US$3800 millones, en su mayor parte
financiada por el BID y el Banco Mundial, así como también del Banco
Export-Import de Estados Unidos, el Banco Export-Import de Corea y Sace
de Italia.
El proyecto comprende la construcción de una
planta de GNL y un terminal de carga marítima en la costa central
peruana, en la región de Pampa Melchorita, límite entre las regiones de
Lima e Ica. Incluye la construcción de un gasoducto de 408 kilómetros
que conectará el ducto de Transportadora de Gas del Perú (TGP) con la
planta de Pampa Melchorita.
El suministro de gas natural a la planta procederá del yacimiento
Camisea y se hará con la producción de los bloques 56 y 88, en una
primera y segunda fases, respectivamente, hasta completar el volumen
contratado. El proyecto contempla, además, la comercialización en
exclusiva, por parte de Repsol YPF, de toda la producción de la planta
de licuación (prevista en más de 4,5 millones de toneladas/año). El
acuerdo de compraventa de gas suscrito con Perú LNG tendrá una duración
de 18 años desde su entrada en operación comercial y, por su volumen,
se trata de la mayor adquisición de GNL realizada por Repsol YPF en su
historia.
El cronograma del proyecto prevé la entrada en operación de la
planta en el segundo semestre de 2010, para comenzar a suministrar a
diversos mercados de la costa americana del Pacífico, países asiáticos
y México. En septiembre de 2007 Repsol YPF resultó ganadora de la
licitación pública internacional promovida por la Comisión Federal de
Electricidad (CFE) para el suministro de GNL a la terminal de gas
natural en el puerto de Manzanillo, en las costas mexicanas del
Pacífico. El contrato, con un valor de US$15.000 millones, contempla el
abastecimiento de GNL a la planta mexicana durante un período de 15
años. La planta de Manzanillo, que suministrará gas a las centrales
eléctricas de la CFE de la zona centro occidental de México, se
abastecerá del gas procedente de Perú LNG.
Una parada antes de llegar a Manzanillo
El Salvador aspira a convertirse en parada obligatoria para recibir
una parte del GNL peruano que irá hasta Manzanillo. Esa posibilidad ha
quedado abierta con la construcción de una planta de ciclo combinado y
un terminal de gas natural, en el puerto de Cutuco, La Unión, que
podría alimentarse del gas proveniente de Camisea, recomendación que ha
realizado el BID como una salida al problema salvadoreño de acceso a
fuentes de energía limpia, eficiente y competitiva. El puerto de La
Unión es de gran calado, lo cual permitirá que buques que transporten
el gas licuado de otras naciones puedan atracar allí sin problemas.
El proyecto adelantado por la empresa Cutuco Energy, mediante una
inversión cercana a US$600 millones, generará 525 megavatios para
satisfacer la futura demanda de energía eléctrica en El Salvador y de
parte de Centroamérica, diversificando la matriz energética,
electrificando las zonas rurales y ayudando a reducir la dependencia
que existe de otros combustibles fósiles y de la biomasa. En una
segunda fase, se tiene previsto entregar gas natural a otras
industrias, ya sean generadoras de energía o de alimentos, a grandes
consumidores de combustibles. Se contempla la construcción y operación
de dos líneas de transmisión, una para conectarse a la red nacional
Etesal y la otra para conectarse al Sistema de Interconexión de los
Países de América Central (Siepac).
La planta se construye en un terreno de 386.000 metros cuadrados,
arrendado por un plazo de 30 años, propiedad de la Comisión Ejecutiva
Portuaria Autónoma (Cepa). El contrato de arrendamiento puede
extenderse por tres períodos prorrogables de cinco años cada uno, lo
que totalizaría un lapso de 45 años. Se espera que la construcción de
la planta concluya en 2011.
De los combustibles fósiles a los biocombustibles
Según las estadísticas de la EIA (Energy Information Admistration)
El Salvador consume diariamente 43.000 barriles diarios de combustibles
fósiles. Como importador neto de gasolina, diesel y otros derivados del
petróleo, la factura petrolera se ha convertido en una enorme carga
para las finanzas públicas y para el medio ambiente. De allí que
iniciar la producción propia de biocombustibles sea una alternativa
atractiva para El Salvador.
Dentro del Programa Mesoamericano de Biocombustible, coordinado por
Colombia, se completó el año pasado la instalación de plantas piloto de
biodiesel en Guatemala, El Salvador y Honduras. El objetivo del
programa es desarrollar mecanismos para compartir recursos, capacidades
de producción, logística de transporte, mercados, tecnología y
políticas de desarrollo sustentable en el campo de la producción de
biocombustibles y asegurar el suministro de energía a precios
competitivos. Guatemala y El Salvador producirán biocombustibles
utilizando como insumo jatropha e higuerilla, mientras que en
Honduras se trabajará con palma africana.
En El Salvador, la planta procesadora de biodiesel se encuentra
ubicada en las instalaciones del Centro Experimental Desarrollo
Agropecuario (Ceda). La planta tiene un costo de US$800.000 y fue
donada por la empresa Biosgeos a través de la Corporación Colombiana de
Investigación Agropecuaria (Corpoica). La procesadora de biodiesel
tiene la capacidad de producir diariamente 10.000 litros de
biocombustible (equivalentes a 62 barriles de combustible fósil). Se
aspira a duplicar la experiencia para sustituir parte de la demanda
local de gasolinas y diesel.
Tanto la planta de regasificación en
Puerto Cotuco, como los ensayos iniciales para la producción de
biocombustibles, apuntan hacia un cambio drástico y profundo de la
matriz energética salvadoreña. Sin energía segura, confiable y a
precios competitivos, será difícil para El Salvador alcanzar las metas
de crecimiento económico. Los lineamientos de política energética
indican que el mayor reto consiste en ampliar la capacidad instalada
del sistema de generación y detener el deterioro ambiental provocado
por la utilización de madera como fuente de energía. Para algunos, El
Salvador corre el riesgo de convertirse en un nuevo Haití, donde la
carencia de combustibles llevó a la población a devastar las tierras
cultivables.
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