Alarma entre
indígenas y ambientalistas en Perú: El BID da luz verde para fase dos
de
gasoducto CAMISEA
Washington,
EEUU, lunes 11 de junio de 2007, por Emad Mekay,
IPS.- El
polémico proyecto Camisea, cuyo gasoducto de la prístina selva
amazónica
peruana ya se rompió seis veces, recibió luz verde de su principal
inversor, el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo que causó alarma entre
indígenas y
ambientalistas.
El resultado
de dos auditorías realizadas por el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) contradice el estudio
divulgado el año
pasado por E-Tech, una consultora técnica sin fines de lucro con sede
en
California. El informe de E-Tech detectó graves deficiencias en la
calidad del
material y los procedimientos de construcción aplicados en el gasoducto
de
Camisea, lo que originó reiteradas filtraciones de gas en una zona
ecológicamente muy delicada.
El autor del informe de E-Tech, Carlos Salazar Tirado, es un inspector
soldador
del gasoducto que examinó partes del proyecto en su primera fase de
construcción, en 2002 y 2003. El estudio de Salazar Tirado llevó al BID
a
congelar la financiación a las empresas constructoras en la amazonia
peruana.
Las empresas, encabezadas por SK Corporation, Repsol YPF y Hunt, con
sede en
Texas, procuran un crédito de 400 millones de dólares para financiar en
forma
parcial una terminal de gas natural líquido y otras obras de
infraestructura.
La finalización del proyecto convertiría a Perú en el principal
exportador de
gas natural licuado.
El BID había aprobado en 2003 un préstamo de 75 millones de dólares
estrictamente para el gasoducto. En 2002, el Banco entregó cinco
millones de
dólares al gobierno peruano para la construcción de infraestructura y
la
supervisión del proyecto. El gas licuado sería exportado a México y
posiblemente a Chile y Estados Unidos, donde se devolvería al estado
gaseoso.
Pero tras conocerse las conclusiones de E-Tech, el BID se comprometió a
esperar
el resultado de sus propias auditorías antes de aprobar más fondos.
Ahora que
los nuevos informes dan fe sobre la integridad del gasoducto, se espera
que el
Banco libere más fondos.
La primera inspección encargada por el BID fue realizada por ICF
International.
La empresa encontró "un rendimiento en general aceptable" en cuatro
áreas: seguridad laboral y protección ambiental, social y de salud, y
también
planes de contingencia y respuestas de emergencia. Además señaló que
las dos
empresas responsables del proyecto tenían un rendimiento "efectivo"
en el control de la erosión, reforestación y biodiversidad. a segunda
auditoría, a cargo de la firma Exponent, se concentró en la integridad
física
del gasoducto. Esa empresa atribuyó la causa de los seis derrames a las
condiciones geológicas, más que a la mala calidad de los materiales y
del
trabajo. Además, señaló que las medidas de estabilización geotécnica
redujeron
los riesgos.
El BID encargó las auditorías en el marco de su revisión de la
financiación del
proyecto, el cual fue objeto de intensas críticas por sus consecuencias
sobre
el ambiente y los derechos de los indígenas de la zona. El Banco reveló
los
resultados de ambos informes en la reunión abierta sobre de Camisea que
se
realiza cada seis meses en forma alternativa entre Lima y Washington.
En la
instancia participaron más de 70 representantes de diferentes sectores,
organizaciones no gubernamentales, agencias del gobierno y empresas
privadas.
A pesar de las garantías ofrecidas por el BID, representantes de
organizaciones
ambientalistas y de indígenas están convencidos de que el proyecto
Camisea es
uno de los más dañinos. Estas instituciones de la sociedad civil
mencionan
entre las consecuencias negativas deforestación, pérdidas de gas y
muerte de
peces de los que depende la vulnerable población local, incluidas las
cinco
últimas comunidades autóctonas que aún permanecen aisladas.
Organizaciones de la sociedad civil temen que si no se resuelven esas
cuestiones, el préstamo de 400 millones de dólares del BID para la
segunda fase
del proyecto Camisea tendrá consecuencias negativas sobre un área aún
mayor del
Amazonas y sus indígenas. Para la organización Amazon Watch, contraria
al
proyecto, las auditorías del BID omitieron criterios fundamentales,
como daños
a la biodiversidad y consecuencias sobre la salud de las comunidades
indígenas.
También señala que la consultora ICF se basó en su investigación de 300
páginas
acerca de "indicadores administrativos" que dejaron de lado posibles
violaciones de derechos humanos y a la salud de las comunidades
autóctonas de
la cuenca del río Urubamba, del sur de Perú. Por último señala que
carece de
información precisa acerca de las consecuencias sobre el frágil
ecosistema de
la zona.
Camisea, uno de los proyectos de energía clave de América Latina,
incluye
extracción, transporte y distribución de gas natural para uso doméstico
y su
exportación. El proyecto original de 16.000 millones de dólares se
sitúa en una
zona tropical ambientalmente frágil y remota en el valle del Urubamba
del
Amazonas peruano. "Desde hace años reclamamos una auditoría realmente
independiente", señaló Aaron Goldzimer de Environmental Defence.
"Nosotros sugeríamos una panel imparcial de especialistas, pero de
acuerdo
con la presentación de ayer, fue más bien una auditoría sobre el
funcionamiento
de planes y sistemas, pero no dice nada sobre las consecuencias del
proyecto", añadió.
www.ips.orgAlarma entre
indígenas y ambientalistas en Perú: El BID da luz verde para fase dos
de
gasoducto CAMISEA
Washington,
EEUU, lunes 11 de junio de 2007, por Emad Mekay,
IPS.- El
polémico proyecto Camisea, cuyo gasoducto de la prístina selva
amazónica
peruana ya se rompió seis veces, recibió luz verde de su principal
inversor, el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), lo que causó alarma entre
indígenas y
ambientalistas.
El resultado
de dos auditorías realizadas por el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) contradice el estudio
divulgado el año
pasado por E-Tech, una consultora técnica sin fines de lucro con sede
en
California. El informe de E-Tech detectó graves deficiencias en la
calidad del
material y los procedimientos de construcción aplicados en el gasoducto
de
Camisea, lo que originó reiteradas filtraciones de gas en una zona
ecológicamente muy delicada.
El autor del informe de E-Tech, Carlos Salazar Tirado, es un inspector
soldador
del gasoducto que examinó partes del proyecto en su primera fase de
construcción, en 2002 y 2003. El estudio de Salazar Tirado llevó al BID
a
congelar la financiación a las empresas constructoras en la amazonia
peruana.
Las empresas, encabezadas por SK Corporation, Repsol YPF y Hunt, con
sede en
Texas, procuran un crédito de 400 millones de dólares para financiar en
forma
parcial una terminal de gas natural líquido y otras obras de
infraestructura.
La finalización del proyecto convertiría a Perú en el principal
exportador de
gas natural licuado.
El BID había aprobado en 2003 un préstamo de 75 millones de dólares
estrictamente para el gasoducto. En 2002, el Banco entregó cinco
millones de
dólares al gobierno peruano para la construcción de infraestructura y
la
supervisión del proyecto. El gas licuado sería exportado a México y
posiblemente a Chile y Estados Unidos, donde se devolvería al estado
gaseoso.
Pero tras conocerse las conclusiones de E-Tech, el BID se comprometió a
esperar
el resultado de sus propias auditorías antes de aprobar más fondos.
Ahora que
los nuevos informes dan fe sobre la integridad del gasoducto, se espera
que el
Banco libere más fondos.
La primera inspección encargada por el BID fue realizada por ICF
International.
La empresa encontró "un rendimiento en general aceptable" en cuatro
áreas: seguridad laboral y protección ambiental, social y de salud, y
también
planes de contingencia y respuestas de emergencia. Además señaló que
las dos
empresas responsables del proyecto tenían un rendimiento "efectivo"
en el control de la erosión, reforestación y biodiversidad. a segunda
auditoría, a cargo de la firma Exponent, se concentró en la integridad
física
del gasoducto. Esa empresa atribuyó la causa de los seis derrames a las
condiciones geológicas, más que a la mala calidad de los materiales y
del
trabajo. Además, señaló que las medidas de estabilización geotécnica
redujeron
los riesgos.
El BID encargó las auditorías en el marco de su revisión de la
financiación del
proyecto, el cual fue objeto de intensas críticas por sus consecuencias
sobre
el ambiente y los derechos de los indígenas de la zona. El Banco reveló
los
resultados de ambos informes en la reunión abierta sobre de Camisea que
se
realiza cada seis meses en forma alternativa entre Lima y Washington.
En la
instancia participaron más de 70 representantes de diferentes sectores,
organizaciones no gubernamentales, agencias del gobierno y empresas
privadas.
A pesar de las garantías ofrecidas por el BID, representantes de
organizaciones
ambientalistas y de indígenas están convencidos de que el proyecto
Camisea es
uno de los más dañinos. Estas instituciones de la sociedad civil
mencionan
entre las consecuencias negativas deforestación, pérdidas de gas y
muerte de
peces de los que depende la vulnerable población local, incluidas las
cinco
últimas comunidades autóctonas que aún permanecen aisladas.
Organizaciones de la sociedad civil temen que si no se resuelven esas
cuestiones, el préstamo de 400 millones de dólares del BID para la
segunda fase
del proyecto Camisea tendrá consecuencias negativas sobre un área aún
mayor del
Amazonas y sus indígenas. Para la organización Amazon Watch, contraria
al
proyecto, las auditorías del BID omitieron criterios fundamentales,
como daños
a la biodiversidad y consecuencias sobre la salud de las comunidades
indígenas.
También señala que la consultora ICF se basó en su investigación de 300
páginas
acerca de "indicadores administrativos" que dejaron de lado posibles
violaciones de derechos humanos y a la salud de las comunidades
autóctonas de
la cuenca del río Urubamba, del sur de Perú. Por último señala que
carece de
información precisa acerca de las consecuencias sobre el frágil
ecosistema de
la zona.
Camisea, uno de los proyectos de energía clave de América Latina,
incluye
extracción, transporte y distribución de gas natural para uso doméstico
y su
exportación. El proyecto original de 16.000 millones de dólares se
sitúa en una
zona tropical ambientalmente frágil y remota en el valle del Urubamba
del
Amazonas peruano. "Desde hace años reclamamos una auditoría realmente
independiente", señaló Aaron Goldzimer de Environmental Defence.
"Nosotros sugeríamos una panel imparcial de especialistas, pero de
acuerdo
con la presentación de ayer, fue más bien una auditoría sobre el
funcionamiento
de planes y sistemas, pero no dice nada sobre las consecuencias del
proyecto", añadió.
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