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ECUADOR - El petróleo o la vida Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Ecuador
Miércoles, 28 de Septiembre de 2011 14:44
Romper tradiciones y mitos siempre será una tarea compleja. El llamado al realismo frena los cambios, los beneficiados por privilegios que podrían verse afectados los resisten, y siempre habrá oportunistas que invocan el pragmatismo para frenar dichos cambios. Por eso la idea de no explotar el petróleo en la Amazonia, y de hacerlo para proteger la vida, desde el inicio tuvo detractores. Sabíamos que era difícil abrirse paso en un escenario nacional e internacional dominado por los intereses petroleros, dispuestos a hacer lo imposible para domesticar el potencial innovador de esa propuesta revolucionaria. La llamada Iniciativa Yasuní ITT se basa en cuatro pilares:

1) conservar una biodiversidad inigualable en todo el planeta -la mayor registrada por científicos hasta el momento-,

2) proteger el territorio y con ello la vida de pueblos indígenas en aislamiento voluntario,

3) cuidar el clima para todo el mundo manteniendo represado en el subsuelo una significativa cantidad de petróleo,

4) dar un primer paso en Ecuador para una transición post petrolera. Como un quinto pilar podríamos asumir la posibilidad de encontrar colectivamente -como humanidad- respuestas concretas a los graves problemas globales derivados de los cambios climáticos provocados por el propio ser humano.

Alberto Acosta, economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la FLACSO-Ecuador. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Ex-ministro de Energía y Minas. Nota: este texto sirvió de base para el artículo publicado el sábado 24 de septiembre del 2011, en el diario TAZ de Berlín, como respuesta a un artículo de Dirk Niebel, Ministro de Cooperación, publicado en el mismo diario el día anterior, viernes 23 de septiembre.

Esta Iniciativa supera los discursos vacíos e incluso acuerdos que ya resultan obsoletos, como el Protocolo de Kioto. Tuvo la fortaleza de colocar en el escenario internacional una verdad -no siempre aceptada- de que la crisis del clima se debe especialmente al sobre consumo de energéticos fósiles, como el petróleo. Plantea reclamos profundos, estableciendo la necesidad de buscar soluciones globales por parte de todas las sociedades del planeta a partir del reconocimiento de responsabilidades comunes pero diferenciadas.

Con esta Iniciativa no se propone conformar un fondo para justificar medidas destinadas a premiar la destrucción ambiental en unas zonas del globo terráqueo a cambio de que en otras regiones, otras sociedades, normalmente las pobres y marginadas, asuman las responsabilidades ambientales de las sociedades opulentas. Para nada se busca sostener y menos aún ampliar un sistema de mercantilización de la Naturaleza, causante directo de la destrucción de los ecosistemas y del clima en general. Con esta Iniciativa se

critica la mercantilización de las funciones de la Naturaleza y las respuestas evasivas que construyen mercados ficticios: el del carbono, como nuevo territorio virgen abierto a la expansión y la explotación del capital.

Es comprensible, entonces, que ciertos personajes no comprendan (o no quieran comprender) el valor critico, innovativo y pedagógico de la Iniciativa Yasuní-ITT. Cegados por sus intereses y sus miopías, les resulta imposible entender la diferencia de actuar sobre el objeto del problema: los energéticos fósiles, en este caso el petróleo. Y más bien se limiten a sugerir el establecimiento de un fondo para impulsar la conservación de los bosques, ampliando los campos de colonización del capital e introduciendo más y más a la Naturaleza en la lógica mercantil. Bajo esa perspectiva, a tono con los mercados de derivados financieros del capitalismo en crisis, han creado los Programa Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation (REDD), como mecanismo mercantil.

Apostar por un REDD mercantil y no por el ITT, introduciendo en el debate el ciclo del carbono, constituye, además, una declaración pública de ignorancia. No se puede comparar el carbono del petróleo, con el de los bosques. El primero es tiempo geológico, el segundo tiempo biológico. Un REDD mercantilizado se centra en valorar el carbono vegetal contenido en los bosques, como parte de un modelo de compra-venta de reservorios de carbono, tal como lo hacían los Mecanismos de Desarrollo Limpio ligados a la absorción de emisiones.

La Iniciativa Yasuní-ITT plantea evitar dichas emisiones y al hacerlo desbarata la lógica de las políticas para proteger el clima, vigentes hasta ahora. Impulsar los proyectos REDD es desconocer sus impactos negativos en las comunidades indígenas, en sus territorios, en sus economías y en sus culturas. Fomentar REDD da paso apenas a la monetarización de las responsabilidades. Al propiciar REDD se lleva la conservación de los bosques al terreno de los negocios. Se mercantiliza y privatiza el aire, los bosques, los árboles y la tierra misma. Es finalmente un acto de ceguera mercantil en torno a la urgencia de iniciar un giro hacia una civilización post petrolera, con el fin de descarbonizar la atmósfera.

La instrumentación de los proyectos REDD no evita la extracción masiva y depredadora de recursos naturales, orientada al mercado mundial, causante no solo del subdesarrollo, sino también de la crisis ambiental global. Al contrario, estos proyectos REDD podrían actuar, en la práctica, como un incentivo para que las comunidades permitan operaciones extractivistas, que de otra manera serían rechazadas en sus territorios. REDD, en síntesis, recoge el espíritu de los espejitos con los que los europeos iniciaron la conquista de América.

La Iniciativa Yasuní-ITT, construida desde la sociedad civil y que luego fue asumida por el actual gobierno ecuatoriano, nos invita a ser audaces y creativos, pero sobre todo responsables. Desde su primera formulación oficial esta propuesta convocó al debate internacional. Así, desde diversas regiones del planeta se recibieron voces de aliento. Uno de los espaldarazos decisivos provino del Bundestag, cuando representantes de todas las fracciones parlamentarias, en junio del 2008, instaron a su gobierno para que se comprometa con esta propuesta. Por eso sorprendió mucho la decisión del ministro Dirk Niebel, en septiembre del año pasado, cuando le dio un golpe bajo a esta Iniciativa.

Esa decisión del ministro de Cooperación alemán mermó las posibilidades de conseguir respaldos efectivos, pues muchos potenciales contribuyentes asumían como sólido el compromiso alemán. Ese ofrecimiento abría muchas puertas. Pero ahora parece que, al menos temporalmente, se ha impuesto la mentalidad mezquina de un mercader y no la lúcida de un estadista. El ministro no comprende todavía los retos ambientales globales a pesar de sus continuados safaris por el mundo.

Es cierto, no podemos negarlo, hasta ahora el gobierno ecuatoriano tampoco ha logrado transformar esta Iniciativa en una propuesta sólida. Su presidente ha contribuido para posicionar esta Iniciativa a nivel internacional, sea en Naciones Unidas, en la misma OPEP o en muchos otros foros en diversas partes del planeta. Pero, lamentablemente, él mismo presidente plantea con demasiada insistencia a la comunidad internacional la disyuntiva de que si no hay el financiamiento internacional se explotará el petróleo... la idea de un chantaje flota en el ambiente. Y eso genera incertidumbres en el mundo.

En Ecuador, a pesar de estas limitaciones, se ha avanzado en crear las condiciones para sostener la Iniciativa Yasuní-ITT. El pueblo ecuatoriano, en el año 2008, reconoció en su nueva Constitución los Derechos de la Naturaleza, transformados en un mensaje vigoroso para impulsar cambios profundos en el mundo. Ese mismo pueblo, en esa ocasión, asumió constitucionalmente al agua como un derecho humano fundamental; mandato que fue recogido por Naciones Unidas en julio del año 2010.

En definitiva, el pueblo de este pequeño país andino está en la vanguardia para construir una sociedad humana que se entienda definitivamente como parte de la Naturaleza. Por eso invita a la comunidad internacional a asumir también sus responsabilidades, dejando de explotar un petróleo que la humanidad se consumiría en apenas nueve días, para propiciar el reencuentro de los seres humanos con la Naturaleza. Y desde esa perspectiva, superando visiones estrechas y egoístas, espera que muchas Iniciativas de este tipo florezcan en el mundo: la consiga es crear dos, tres, muchos Yasunís !!

 

FUENTE: Kaos en la Red