AL FILO DE LA SELVA, EN EL
CENTRO DEL MUNDO
Pueblos
Tagaeri y Taromenae cercados por el extractivismo
por
Nathalia
Bonilla
ACCION ECOLOGICA
Parecería que no hay nada
que sorprenda ya a la actual
sociedad globalizada de occidente, acostumbrada en su cotidianidad a
temas escabrosos como nanotecnología, organismos genéticamente
modificados y otros; en estos términos no es raro que la sorpresa
venga de lo más simple, de lo que no se nos hace posible pensar como
la existencia de otras culturas, de otros pueblos, de otras gentes
movidas con un pensamiento diametralmente distinto al nuestro.
De esta manera, cuando desde la tv o la web aparecen
imágenes de pueblos que mantienen una vida en donde “occidente”
y su influencia no existe o es rechazada, nos confrontamos con la
existencia del “otro” y su derecho de ser diferente.
Se
puede considerar a los Pueblos en Aislamiento Voluntario en Ecuador
como “
los restos de grupos indígenas amazónicos, antaño más numerosos,
que por vivir en lugares remotos y casi inaccesibles de la selva,
quedaron, ya desde el tiempo de la Conquista fuera del contacto con
los conquistadores”,
a mas de lo anterior hay que considerar que la condición de
aislamiento voluntario no es el resultado de una condición casual o
geográfica, sino es el resultado de una decisión meditada y
analizada tomada en ejercicio de la libre autodeterminación de los
pueblos y basada en el conocimiento de un contexto hostil y violento.
Por otra parte, la situación de aislamiento voluntario es la
expresión y concreción del reconocimiento del derecho de posesión
y propiedad de las tierras y territorios que ocupan.
De gobierno a gobierno su presencia ha significado una
molestia, ya que se preferiría una Amazonia vacía para poder
extraer con libertad los recursos naturales que en ella se
encuentran, es por esto que en diferentes épocas de la historia
republicana de los países de América Latina se ha negado la
existencia de estos pueblos, aún ahora, sus territorios se
encuentran en disputa y los límites de los mismos se acuerdan más
por las necesidades de las empresas extractivas que por los registros
que se tengan de su vida en la selva. De esta forma el genocidio en
contra de estos pueblos no es solo expropiante de sus vidas y
dignidad, sino también de tierras, territorios, recursos naturales
como condiciones indispensables para la producción, reproducción y
desarrollo de la identidad y cultura indígena.
El destino de los pueblos en aislamiento voluntario va
de la mano de la historia colonizadora de la humanidad y su estado de
vulnerabilidad extrema nos recuerdan los atropellos acaecidos siglos
atrás y que en el momento actual no pueden ser repetidos.
Son los Estados, que se conformaron y aparecieron mucho
después de que estos pueblos con su cultura ya estén consolidados
dentro de sus territorios, quienes ahora se arrogan la potestad de
reconocer o no “derechos” a sus habitantes originales. Se discute
su existencia, y negocian los derechos a su territorio, desde y
hasta donde va, a las riquezas de su subsuelo o sobresuelo, a
mantener su cultura, su idioma o a permanecer aislados. Se han dando
casos críticos en donde los gobiernos simplemente y a rajatabla
niegan la existencia de estos pueblos y proceden a adueñarse de los
recursos de estas tierras.
También está la muy real amenaza de nuestra sociedad que
busca absorber y reconvertir todo en forma de artículos de
compra y venta; las empresas petroleras han buscado adueñarse de los
ricos yacimientos que yacen en los territorios con distintas
estrategias, en los 70 la táctica fue irrumpir abruptamente y
esperar que el estruendo de las armas de fuego sea suficiente
argumento disuasivo. 30 años más tarde poco ha cambiado y son las
carreteras dentro del Yasuní las que se usan para cercar a los
pueblos Tagaeri y Taromenane.
Nos encontramos entonces enfrentados a un sistema
económico, político, ideológico que parecería imparable,
imposible de confrontar o detener, un aparato que pasa por encima de
vidas humanas, de ecosistemas naturales sin ningún escrúpulo en su
afán de adueñarse de las riquezas de la tierra. La impotencia
repleta los brazos de los testigos que sienten que no existen
garantías que valgan para detener al monstruo, que el sistema
internacional de DDHH es inservible, que desde la sociedad civil no
existen voces con el poder suficiente de hacer que se respete la
vida.
Los avances en Ecuador en esta materia han sido lentos
pero se han dado, los derechos de los pueblos aislados Tagaeri y
Taromenane, emparentados con el pueblo Waorani han sido recientemente
reconocidos en la Constitución del 2008, tras una larga lucha del
movimiento indígena del país. Su territorio ha sido solo
parcialmente reconocido en la conformación de la Zona Intangible
Tagaeri Taromenane, cuyos límites se establecieron más en
negociación con las empresas petroleras del lugar que en respuesta de
los patrones de movilidad y asentamiento de estos pueblos.
Parte
del territorio Tagaeri/Taromenae, ha sido denominado para la
actividad petrolera como “Campo
Armadillo”
y ejemplifica la historia contemporánea de estos pueblos: El Estado
Ecuatoriano plenamente conocedor y bien informado de la existencia
de clanes Tagaeri/Taromenane en el lugar, decide dar paso a la
explotación petrolera del campo, pese a que estas actividades podría
significar el genocidio de estos pueblos y pasa por encima de la
existencia de garantías y derechos en la Constitución del país, de
ser signatario de tratados y convenios internacionales de DDHH y de
la existencia de medidas cautelares emitidas por la Comisión
Interamericana de DDHH.
Por
añadidura sucesos violentos han ocurrido en Armadillo y fuera de la
Zona Intangible, existen amenazas reales a la vida de los pueblos
indígenas y para las poblaciones colonas aledañas. Las explosiones
de la sísmica de la actividad petrolera habría irritado a los
habitantes ancestrales y estos han salido en defensa de sus
territorios, mientras el Estado es sorprendido por lo “inesperado”
sin herramientas adecuadas para responder, y lo que es peor, apenas
se enfría la noticia en los tabloides, el Ministerio del Ambiente
emite la licencia ambiental para continuar con la actividad petrolera
en la zona.
Los pueblos en aislamiento voluntario son beneficiarios
de medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos, el 10 de mayo del 2006. Estas medidas obligan al
Estado a adoptar acciones de protección, en concreto “El Gobierno
del Ecuador está obligado bajo el artículo 1.1 de la Convención
Americana a respetar y garantizar los derechos humanos de todos los
habitantes del país, incluyendo los Tagaeri-Taromenane y los
restantes Oñamenane.”
La nueva Constitución Política de la República del
Ecuador , en su artículo 57 numeral 21 determina que “Los
territorios de los pueblos en aislamiento voluntario son de posesión
ancestral irreductible e intangible, y en ellos estará vedada todo
tipo de actividad extractiva. El Estado adoptará medidas para
garantizar sus vidas y hacer respetar su autodeterminación y
voluntad de permanecer en aislamiento, y precautelar la observancia
de sus derechos. La violación de estos derechos constituirá delito
de etnocidio que será tipificado por la ley”.
En
vista de lo antes expuesto, el gobierno de Ecuador debe detener de
inmediato todo tipo de explotación petrolera en Armadillo y sus
inmediaciones, las respuestas que deben primar son eminentemente
sociales, incluyendo
la reparación por los daños ambientales ya ocurridos, los del
régimen del buen vivir y sobre todo los del respeto a la condición
de aislamiento de los pueblos Tagaeri y Taromenane.
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