Dejar el crudo en tierra en el Yasuní. Un reto a la coherencia
Por Esperanza Martínez,
Publicado en Revista
Tendencia
La iniciativa Yasuní, presentada por
Alberto Acosta, ministro de Energía y Minas de Ecuador, recogiendo las
propuestas de varias personas y organizaciones de la sociedad civil,
fue asumida por el presidente de la República, Rafael Correa, en la
sesión del Directorio de Petroecuador, del 30 de marzo del 2007. De
esta manera, el presidente Correa congeló las pretensiones de la
empresa estatal petrolera de empezar inmediatamente el proceso de
licitación para la extracción del crudo en el campo
Ishpingo-Tambococha-Tiputini.
El boletín de prensa del Ministerio de
Energía fue muy claro:
"Se
aceptó como primera
opción la de dejar el crudo represado en tierra, a fin de no afectar un
área de extraordinaria biodiversidad y no poner en riesgo la existencia
de varios pueblos en aislamiento voluntario o pueblos no contactados.
Esta medida será considerada siempre y cuando la comunidad
internacional entregue al menos la mitad de los recursos que se
generarían si se opta por la explotación del petróleo; recursos que
requiere la economía ecuatoriana para su desarrollo".
De esta declaración se deducen dos cosas. Desde la
perspectiva presidencial, siempre había una segunda opción: extraer el
petróleo. Los objetivos de conservación de la biodiversidad de Yasuní y
de respeto al territorio de los pueblos en aislamiento voluntario
deberían garantizarse en la medida en que se obtenga una compensación
internacional estimada en ese entonces de 350 millones de dólares.
Adicionalmente, la primera opción, la de dejar el crudo en el subsuelo,
suponía concentrar en ella los esfuerzos prioritarios
y, sobre todo, ser coherente con ella.
Mantener bajo tierra el crudo del
campo ITT tiene importantes implicaciones éticas, imposibles de
cuantificar en términos monetarios. En primer lugar, evitaría la
extinción del pueblo Waorani, cuya subsistencia se ha basado en la
caza, recolección y agricultura itinerante. Sin embargo, la explotación
de los bosques y la actividad petrolera han afectado irreversiblemente
a la mayor parte de esa población. Los Tagaeri y los Taromenane,
pertenecientes a esta cultura, han optado por el aislamiento voluntario
y sobreviven en la zona intangible al sur del Parque Yasuní.
La propuesta evitaría la emisión de
407 millones de toneladas métricas de CO2. Más todavía, evitaría los
efectos de la deforestación y contaminación causada por la explotación
petrolera, que acarrearía la afectación de un ecosistema constituido
desde 1979 como Parque Nacional y declarado por la UNESCO como Reserva
Mundial de la Biosfera en 1989. Las reservas del ITT se encuentran bajo
una de las áreas de mayor biodiversidad del Planeta, que alberga no
menos de 165 especies de mamíferos, 110 de anfibios, 72 de reptiles,
630 de aves, 1.130 de árboles y 280 de lianas, sin contar con
innumerables especies de invertebrados todavía no estudiados.
Las reservas del ITT alcanzan, de
acuerdo a las últimas estimaciones, 846 millones de barriles
recuperables de crudos pesados (14,7° API) que se explotarían durante
alrededor de 13 años, a razón de 107.000 barriles diarios, a partir del
quinto año, a menos que se aplique la recuperación temprana, y luego de
que hubiese culminado satisfactoriamente un proceso de licitación
petrolera.
A los dos años de presentada la
propuesta, es necesario evaluar que ha pasado con esta iniciativa. Con
el decreto 1579, del 5 de febrero del 2009, se abre
un plazo indefinido para lograr la compensación demandada y se encarga
al Ministerio de relaciones Exteriores la continuidad de las acciones.
A la cabeza de este ministerio está Fander Falconí, una persona que
conoce y comprende la propuesta y que ha mantenido
públicamente su compromiso con la iniciativa. Esto sin
duda abre un importante espacio para la viabilidad y recuperación de la
iniciativa.
Sin embargo es necesario una mirada de
conjunto y analizar cuál ha sido el apoyo político, la claridad de las
acciones desplegadas y la misma estrategia de acción, en relación al
Yasuní/ ITT.
Una de cal,
otra de arena en la acción gubernamental
Luego del posicionamiento del
presidente Correa en el directorio de Petroecuador, hay dos hitos
importantes a favor de la propuesta ambientalista: la presentación por
parte del presidente de la Política de Protección a los Pueblos en
Aislamiento Voluntario, en abril del 2007, y la presentación oficial de
la Iniciativa ITT en el Palacio Presidencial, por parte
del mismo presidente, en junio del mismo año. La opción de no explotar
el crudo ha sido además parte destacada del discurso del presidente
Correa en el exterior, tanto cuando se conformó la UNASUR, como
en las Naciones Unidas, en la Cumbre de Presidentes en Caracas, en la
OPEP y en el reciente Foro Social Mundial. Esta iniciativa le ha traído
múltiples reconocimientos a nivel internacional, y sonoras ovaciones al
presidente Correa.
Sin embargo, en un ejercicio que raya
con la esquizofrenia, cada uno de los pasos dados en dirección a salvar
el Yasuní, han estado acompañados de otras señales de igual fuerza, en
apoyo a la opción petrolera... Aquí podemos destacar la firma del
memorando de entendimiento para explotar el ITT con las empresas
estatales Petrobras (Brasil), Sinopec (China) y Enap (Chile), el mismo
mes de marzo del 2007, así como la licencia ambiental entregada a
Petrobrás para entrar al bloque 31 (vecino del ITT), las propuestas
presidenciales en China e Irán para negociar los campos petroleros
ligados al ITT, los reiterados anuncios de que ya se iniciarían las
actividades de exploración y, por cierto, la permanente descalificación
a los grupos ecologistas que son los más entusiastas con esta propuesta.
La opción de no explotación del crudo,
por decir lo menos, ha tenido un deambular errático. Del Ministerio de
Energía y Minas, en donde se fraguó esta iniciativa, pasó a la
Vicepresidencia de la República. En poco tiempo migró a la Cancillería.
A momentos parecía una papa caliente que nadie quería recibir. Sin
embargo, aunque en el Ministerio de Relaciones Exteriores parecería
haber adquirido una mayor institucionalidad, desde la perspectiva
conceptual la propuesta sufrió una profunda metamorfosis. Esto aumentó
la confusión entre quienes tenían interés por defender la vida en el
ITT.
Allí se ligó esta iniciativa a un
sistema de canje de deuda que era al mismo tiempo endeudamiento, luego
a la emisión de bonos de carbono y después a la emisión de unos bonos
que deberían ser aceptados como bonos de carbono a pesar de no serlo.
Su consistencia estaba, por decir lo menos, enredada
en las contradicciones conceptuales de una propuesta confusa: por una
parte crítica con los mecanismos de mercado de Kyoto y por otra
enmarcada dentro de ellos... Esta falta de definición no ha permitido
hasta ahora disponer de un mecanismo claro para captar los recursos
financieros ofrecidos desde hace rato. A eso se suma la ambigüedad del
accionar presidencial.
La viabilidad de la opción
de no explotación del crudo depende de las garantías que se ofrezcan a
quienes quieran hacer donaciones, de asegurar el uso eficiente y
correcto del dinero que se recaude, y de garantizar la intangibilidad
de las reservas petroleras una vez cristalizado el proyecto. Hasta
ahora no hay un certificado que respalde las donaciones. Por igual pesa
en el proyecto la falta de dialogo con la sociedad civil ecuatoriana e
internacional, que deberían ser los pilares más sólidos de esta
iniciativa verdaderamente revolucionaria.
La opción de explotar el petróleo,
mientras tanto, ha avanzado. Primero se pensó entregar el campo a
Petrobrás, recordemos que el bloque 31 era un
proyecto clave para el ITT, por eso insistieron tanto en la licencia
ambiental del bloque 31. (Los brasileros, con su mira en el crudo del
ITT, consolidaron el 117 en Perú[2]
y establecieron
un convenio para la evaluación técnica con Pluspetro en 6 bloques
a lo largo del río Marañón en Perú[3]).
Incluso
recordemos la firma del memorando de entendimiento, mencionado
anteriormente. Sin embargo Petrobrás cambió de prioridades, tanto por
la crisis económica, como por el descubrimiento del Presal, un inmenso
yacimiento en aguas profundas brasileñas.
En respuesta Petroecuador centró sus
esfuerzos en generar el interés de otras empresas. Se consolidó la
posibilidad de una producción temprana, evitando que se maneje al ITT
como un bloque aislado, y buscando "sinergias" que aprovechen la
infraestructura existente en el Bloque 15 de Petroamazonas. Para poder
mover el crudo pesado del ITT se encontró una fuente de crudo liviano
en el campo Pañacocha.[4]
Eso explicaría la decisión
oficial de entrar -a cualquier costo- en Pañacocha a pesar del rechazo
de la población.
Nuevamente en el directorio
de Petroecuador, del 20 de noviembre del 2008, el mismo presidente
Correa, acogiendo una propuesta técnica, señaló que se podría quitarle
una T al proyecto ITT, para arrancar, al menos en una parte del campo,
con la explotación temprana. La propuesta de no explotar el crudo
quedaría reducida a Ishpingo y Tambococha. Se crearon
las condiciones para empezar la explotación petrolera en cualquier
momento.
Pero la historia continua, a la nueva
ley minera que consagra la continuidad del modelo extractivista
correspondía alguna media fuerte, bajo la lógica de una cal y otra de
arena, y esta llegó con la prorroga por un plazo indefinido la
iniciativa ITT.
Una
propuesta vigente
A pesar de las señales oficiales
contradictorias, de las sorpresas y las decepciones, la propuesta de
mantener el crudo en el subsuelo tiene una fuerza gigantesca. El qué,
quién, y porqué se ha mantenido viva la opción de no sacar el petróleo
del Yasuní se explica por varias razones:
1) Diversas voces
que dieron y dan credibilidad a la propuesta, como la del propio
Alberto Acosta, quien tanto en su calidad de ministro como de
presidente de Asamblea Constituyente se mantuvo como un vocero
calificado, así como la de varios funcionarios gubernamentales que se
han empeñado en mantener vigente las expectativas a pesar de las
señales contradictorias.
2) La nueva
Constitución que establece una serie de restricciones a la opción
petrolera. Ya no es posible hacer operaciones sin antes contar con una
aceptación de la Asamblea Nacional y eventualmente del conjunto de la
ciudadanía, a través de una consulta popular (Artículo 407). En la
Constitución de Montecristi, además, queda explícitamente establecido
que afectar el territorio de los pueblos en aislamiento voluntario
puede configurar un delito de genocidio. (Artículo 57). Estos
pueblos cuentan ya con medidas cautelares otorgadas el 10 de mayo del
2006, por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
3) La
sociedad civil, bajo la Campaña Amazonía por la vida y con el lema El
Yasuní depende de ti...con un trabajo permanente, ha ido posicionado un
sentido de pertenencia, de fascinación y de responsabilidad frente al
Yasuní.
4) Y, no hay que
olvidar, la caída de los precios del petróleo provocada por la crisis
financiera internacional. El valor presente neto de la renta esperada
para el Estado por la explotación del ITT ha declinado de 11.000
millones de dólares (unos 847 millones anuales)[5]
a 1.290 millones
de dólares (unos 99 millones anuales), para un precio del barril de
crudo WTI (mucho menos pesado que el del ITT) de 40,9 dólares[6]
Un creciente cuestionamiento al modelo
extractivista, y a lo que hoy se denomina "el desarrollismo senil"
crece en el país. Las pasadas movilizaciones indígenas,
más que una simple protesta en contra de la ley de minería, fueron
expresiones en ese sentido. Los habitantes del
Ecuador conocemos los daños provocados por las operaciones petroleras.
Estos daños, llamados por el economistas "pasivos
ambientales" desmontan el discurso de "gran oportunidad". Del juicio
contra la Chevron-Texaco no solo tenemos las imágenes y testimonios de
lo desastroso de estas operaciones, sino que hoy
sabemos el alto costo de la reparación, hoy calculada en 27.000
millones de dólares (es decir 9 veces más de lo demandado por el
presidente Correa como compensación para no explotar el Yasuní).[7]
Aunque las posiciones contradictorias
golpearon a la iniciativa ITT a nivel internacional, se han logrado
posiciones favorables de varios parlamentos (particularmente el
Parlamento Alemán) y de varias organizaciones de la sociedad civil.
Sobre todo parlamentarios de diferentes países, que han expresado su
entusiasmo a favor de proteger el Yasuní, y esperan que el gobierno del
Ecuador determine los procedimientos para poder cristalizar su apoyo.
En este punto es bueno constar que
esta iniciativa tuvo eco en otras regiones petroleras en el mundo. Hay
varios países trabajando en propuestas similares, buscando ser
compensados de alguna forma para no extraer el crudo y contribuir con
esto a evitar el calentamiento global. La propuesta de Nigeria[8],
por
ejemplo. Tan hondo ha calado esta iniciativa que George Monbiot, conocido analista petrolero,
escribió a propósito de la reunión de Cambio Climático de diciembre del
2007:
"Señoras y señores, ¡tengo la respuesta!
¡Por
increíble que parezca, me he topado por casualidad con la única
tecnología que nos salvará del cambio climático desenfrenado! Sin
patente, sin letra chica, sin cláusulas escondidas. Esta tecnología
-una nueva forma radical de capturar y almacenar carbono- ya está
causando revuelo entre los científicos. Es barata, es eficiente, y se
puede aplicar de inmediato. Se llama... dejar los combustibles fósiles
en el subsuelo."
Repensar el
concepto y la estrategia de la iniciativa
La propuesta Yasuní continuará
vigente, tanto por que hay un decreto que así lo establece, como porque
ya no es solo ecuatoriana. Sin embargo, aún es necesario resolver dos
temas críticos. Uno, la falta de un concepto claro para cristalizar la
propuesta. Y dos, la ausencia de una verdadera estrategia para la
acción.
En relación al primer punto, hay
que retomar el camino de la conceptualización política por encima de la
relación de mercado. Este es un tema central a la hora de hablar de la
consistencia de la propuesta. Es necesario recargar de contenido la
iniciativa, recuperar las motivaciones iniciales, dotar de claridad a
la propuesta.
El mercado del carbono es
un mercado poco fiable y que probablemente terminará desapareciendo,
como sucedió con la venta de parcelas en la luna.[9]
Es imposible que el mercado de carbono pueda
extender
títulos de propiedad sobre situaciones no verificables, como son las
cuotas de carbono y las funciones de la Naturaleza. En este tipo de
mercantilización se cometen abusos imperdonables, como son tratar de
extender derechos sobre los bosques o declararse dueños arbitrariamente
de la atmósfera. El negocio depende de la cantidad de títulos
que se colocan en el mercado. Allí también la especulación ha echado
raíces. El mercado de
créditos de emisiones, imposibles de verificar, está saturado. Este
sistema de comercio se ha convertido en una burbuja similar a la que
motivó la crisis económica mundial.
Por lo demás resulta una farsa
este modelo. Se renuncia a la justicia. Se premia a quién más
contamine. Y no sólo eso, se permite que se siga contaminando. Se trata
de negocio sucio, pues en el mercado no rigen normas de solidaridad, ni
de responsabilidad. Pero, además, es un mal negocio reconocido por muy
diferentes sectores:
-
Wall Street Journal,
en marzo de 2007,
reconoció que el comercio de emisiones "dejará ganancias a algunas
empresas muy grandes, pero no crean ni por un minuto que esta charada
será de alguna utilidad para resolver el calentamiento global". El
comercio de carbono es una "búsqueda de ganancias al viejo estilo...
ganar dinero haciendo trampa al proceso de regulación".
-
Newsweek, también en
marzo del 2007,
afirmó que este mercado "no está funcionando... (y que representa) un
camino groseramente ineficiente de reducción de las emisiones en el
mundo en desarrollo". Es un comercio comparable al fraudulento "juego
de las tapitas", que ha transferido "3 mil millones de dólares a
algunos de los peores contaminadores de carbono en el mundo en
desarrollo".
-
The Guardian en junio
del 2007: "la
verdad sobre Kyoto -ganancias enormes, y un poquito de carbono
ahorrado... Abuso e incompetencia en la lucha contra el calentamiento
global... La verdad inconveniente sobre la industria de las
compensaciones de carbono".
Cuando se trabajaba, en la misma
arena internacional, por la superación del racismo, hubo hasta quienes
apostaron a las medidas de mercado y se destinaron fondos al pago por
la libertad...desgraciadamente los rescates
pagados se convirtieron en incentivos para los mercaderes para elevar
la cotización de sus esclavos.
Al igual que la lucha a favor de
la igualdad, la lucha a favor de la justicia climática,
ha empezado. Ya se habla con fuerza y cada vez con menos evasivas del
crimen que supone poner en riesgo la vida del planeta. En cuanto al
cambio climático, también está incorporado un concepto de justicia. La
justicia climática implica enfrentar la desigual distribución de los
impactos de los desastres del clima así como de los beneficios
económicos generados por el modelo que causa el cambio climático. Los
países del Norte han acumulado riquezas económicas a costa de la
naturaleza y del empobrecimiento de los pueblos del Sur, quienes a su
vez son las víctimas del calentamiento global.
La próxima cumbre de Copenhague, en
diciembre del 2009, será un nuevo momento de negociaciones, en donde
dependiendo de la fortalezca y claridad de las propuestas, se pueden
lograr saltos cualitativos trascendentes. Ya basta de parches. El mundo
requiere soluciones radicales y estructurales. Para esto habrá que
llegar con una propuesta consistente que permita dejar el crudo en
tierra en el Yasuní y caminar hacia la justicia climática.
Si por un lado hay que discutir
nuevamente el concepto básico de la propuesta, por otro,
simultáneamente, es urgente redefinir la estrategia de acción. Hay
mucho espacio para desarrollar la propuesta de Yasuní, de no explotar
el crudo en el subsuelo. Se puede buscar su posicionamiento en las
discusiones de las Naciones Unidas. Se puede motivar a los diversos
fondos de la cooperación internacional. Se puede apelar incluso al
sentido común y a participación de la sociedad civil internacional.
Pero esto implica mucha coherencia dentro y fuera del país. Y para
lograrlo no se debe jugar arbitrariamente con las dos opciones: dejar
el crudo en tierra o explotarlo. Sería intolerable, que después de este
manejo ambiguo del gobierno ecuatoriano, se pretenda endilgar del
fracaso a los potenciales donantes sean o no gubernamentales, y menos
aún a los ecologistas...
La iniciativa de salvar el Yasuní
carece de futuro si no se dan pasos afirmativos dentro del país para ir
superando el modelo extractivista y si la misma iniciativa no forma
parte de una agresiva política exterior del gobierno ecuatoriano. Se
requiere consistencia en la acción dentro y fuera del Ecuador, no
solamente discursos presidenciales.-
Por Esperanza Martínez, campaña Amazonia por la Vida
Revista
Tendencia - FES - ILDIS
[1]
Miembro de
Acción Ecológica y coordinara de la Campaña Amazonía Por la Vida
[2]
El bloque 117 fue suscrito el 2006, afecta la reserva
natural Guepi y limita con la frontera ecuatoriana.
[3]
Petrobras y Pluspletro suscribieron la participación cada una del 50%
en 6 áreas, de la XXVI al XXI en 5, 7 millones de
hectáreas.
[4]
Para sacar 44MBP del Tiputini que tiene 14.7 grados API
requerían 35 MBD del Eden Yuturi, 19.8 API, 17 MBP de Pañacocha de 24
grados API de acuerdo al Estudio de Visualización para el desarrollo
del Bloque ITT preparado por la ESPE y NCT de julio del 2008
[5]
En abril del 2007 se hablaba de una ganancia neta de 700 millones al año
[6]
La cifras son al 22 de diciembre de 2008.
[7]
El costo es el presentado por el perito de la Corte en el 2008, como un
estimado de lo que Chevron debería pagar dentro de la demanda.
[8]
En este caso, se calcula que lo que se obtendría de las nuevas
operaciones petroleras sería equivalente 156 dólares al
año por ciudadano nigeriano, y que quienes no puedan pagarlo por estar
bajo la línea de extrema pobreza, podrían ser ayudados por la
cooperación internacional
[9]
La llamada Embajada Lunar, de origen
norteamericano, fundada en 1980 por Dennis
Hope, ofrecía al mercado un acre de la Luna (0,405 hectáreas) a 37
dólares (30 euros).
¿Que
puedo hacer yo?
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