Caso Perenco: A quien sirven los militares
¿A quién sirven los militares?
De.-
Javier Ponce
Le he escuchado a un general, me parece que
de apellido Meza, justificar la represión a las comunidades de
Orellana cercanas a las explotaciones petroleras de la empresa
Perenco, a nombre de un estado de emergencia vigente en la zona.
Más aún, los militares allí acantonados han pretendido –o pretenden
aún– someter a un activista ecológico a un tribunal militar.
Frente a estas actitudes, me pregunto ¿a quién sirven las Fuerzas
Armadas? ¿A las compañías petroleras? ¿A las comunidades ecuatorianas?
Y no se trata de un caso aislado. Es una vieja historia del papel
jugado por sectores militares en defensa de intereses económicos.
Cuando se recorre la vía que cruza por las provincias de la Sierra,
¿dónde encontramos los cuarteles militares? En los enclaves
terratenientes. Allí están, en las provincias de Cotopaxi o de
Chimborazo, en zonas de “alto riesgo” indígena. ¿Por qué se han
asentado allí? ¿Por qué motivos de estrategia militar?
Y en la Amazonia, su respaldo, no a los pueblos ecuatorianos sino a
los intereses petroleros tampoco es nueva. Resulta inaudito pensar que
una comunidad indígena, Sarayaku, se ha visto forzada a presentar una
denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra su
propio Estado, contra el Estado ecuatoriano, contra las Fuerzas
Armadas ecuatorianas, por su complicidad con la compañía CGC
adjudicataria de un bloque de explotación petrolera a espaldas del
pueblo indígena. ¿Allí también van a declarar “zona de emergencia”?
Atenazadas por un tubo que emana veneno, las comunidades de Orellana
se tomaron las instalaciones de la Perenco como única vía para
denunciar el peligro que vive la comunidad. Y los militares no
tuvieron mejor idea que entrar con gases lacrimógenos, para así sumarse
a la violencia contra los pobladores. ¿Por orden de quién? ¿El que
ordenó ese ataque conoce la Constitución? ¿Sabe que en la Constitución
el Estado se compromete a respetar y hacer respetar los derechos
colectivos de los pueblos, y uno de los derechos colectivos es el de
la sobrevivencia sin que ella se vea afectada por la contaminación de
su ambiente?
¿La emergencia puede ser acaso un justificativo para la violación de
derechos colectivos, puesto que en Orellana estaban pidiendo
indemnizaciones, tal como establece la Constitución?
La comunidad de Sarayaku ha vivido, por su parte, el constante asedio
militar para hacer cumplir una decisión que atenta contra una
Constitución que obliga al Estado a consultar –que se oiga bien, a
consultar y no a informar tardíamente– sobre la concesión de bloques
de explotación petrolera en territorio indígena.
Cuando el Ecuador firmó los acuerdos de paz con el Perú, una de las
aspiraciones de muchos ecuatorianos fue ver reducido el poder omnímodo
de las Fuerzas Armadas en la vida republicana. Todos aquellos que han
propuesto reformas constitucionales durante los últimos meses, han
subrayado la necesidad de que las Fuerzas Armadas saquen las manos de
la política y cumplan estrictamente con su función. Pues ahora parece
necesario volver a aclarar constitucionalmente a quién sirven.
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