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Petróleo en Latinoamerica -
Ecuador
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Lunes, 12 de Enero de 2009 03:02 |
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Ecuador: Yasuní, el último paraíso de la tierra
Por: Fernando Villavicencio Valencia
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Con el pretexto del desarrollo, ningún ser humano puede enarbolar un
supuesto derecho superior a eliminar especies que jamás volverán a
existir. De persistir en ello, habremos perdido el SAMAI, seremos simple
greda.
La partida
La pequeña ciudad del Coca, cuyo nombre proviene del río de la coca, es el
corazón de la Amazonía ecuatoriana, puerto acariciado por otro brazo de
agua, el Payamino y protegido por la palma imponente del Río Napo, (gran
Doroboro), en lengua waorani. En el Napo empieza o termina el Parque
Yasuní. Desde aquí hasta el Curaray, en la profundidad de la selva,
suspiran aún, ancestrales culturas: Waorani, Shuar, Kicwas, cual pilares
de otra civilización que sostiene el cielo y la tierra sin mal (Mushuk
Pacha).
Justo al amanecer, cuando el rojo cielo acaricia el filo vegetal del
bosque, el deslizador arranca por el Napo, marcando las huellas del reino
de las máquinas. En cinco horas, su cause nos llevará a Nuevo Rocafuerte,
el fin de una Patria, el comienzo de otra. Aquí, iniciará una experiencia
inolvidable, un hermoso encuentro con el último paraíso de las especies,
acompañados de la música de los paujiles y del misterioso concierto de
huída de los últimos guerreros de la selva: los Tagaeri y Taromenane.
El padre Napo dicen los Kicwas fertiliza a la madre tierra para asegurar
la abundancia. Ancho y rico en nutrientes que recibe de sus tributarios
andinos, es el principal afluente del gran río de las amazonas, es el nido
cultural, económico y de vida de los naporunas. En el recorrido, sus
riberas dejan ver mixturas de resistencia y acecho: frías torres
petroleras se codean con cálidas, aunque frágiles, chacras kicwas, donde
la chonta se hace chicha y la yuca con el paiche salvan el hambre del día.
Como nubes diminutas en sus aguas inmensas, se divisan canoas y balsas de
empobrecidos campesinos e indígenas, que navegan horas de horas, para
llegar al Coca o a Nuevo Rocafuerte, ya sea a bautizar a sus hijos, cobrar
el bono solidario, curar sus heridas o simplemente aprender el abecedario
en la escuela de los capuchinos. Los rápidos deslizadores y barcazas de
los petroleros, comerciantes o turistas, con su indiferencia veloz pueden
hundir el viaje de los parias del río. Así es ahora, cómo será cuando el
eje multimodal Manta-Manaos, pueble el río de motores, se preguntan los
naporunas.
Hemos dejado atrás el Bloque 16 de Repsol, la entrada al conflictivo
bloque 31 de Petrobrás, el puerto de Providencia donde sueñan en prósperos
negocios, algunos brasileros. Dejamos de reojo el recuperado bloque 15,
las señales del ITT y de pronto aparece Nuevo Rocafuerte. Ahí, muy cerca,
los ríos Aguarico y Yasuní, se entregan al Napo. En esa esquina donde el
tricolor se mira con el blanco y rojo, está la puerta de entrada al
paraíso.
Más allá, Cabo Pantoja es ya Perú, puerto bautizado así por la cítrica y
magistral novela de Mario Vargas Llosa, Pantaleón y las Visitadoras. Aquí
los ojos y las manos no tienen ciudadanía: peruanos y ecuatorianos son
Kicwas o mestizos, tejieron su tercera patria, la supervivencia. Como
cuenta el Padre Manuel Amunarris, Capuchino de Rocafuerte, las orillas del
Napo están pobladas por los mismos apellidos: Grefas, Tanguilas.
El SAMAI de la vida
Las voces milenarias conjugan saberes, leyendas y creencias, como aquella
de que Dios, a través de soplo: ju, ju, dotó al ser humano y a las cosas
más importantes del cosmos, con el SAMAI, la potencia vital, el alma. Así
el hombre emerge con la palabra y la canción: es gente. Las leyendas del
Napo cuentan que “El sol estaba ya muy anciano y dijo: no puedo permanecer
mas sin nadie con quien hablar, quiero hacer hombres. Nuestro papá de
greda hizo a los runas. De aquel tiempo hasta ahora nos hemos
multiplicado”. (Muerte y vida en el río Napo – J. L Palacio).
Otros relatos dicen que al principio la tierra era muy chica, huérfana de
vegetación. Ahí vivía Huenki y dos mujeres, que se bañaban en el río. “…
un día vieron en las aguas algo blanco parecido a un huevo (curats
tsiapefu: huevo de Dios). Mientras dormían se reventó y oyeron llorar a
un niño (Ñañe, luna). La tierra crecía al compás del crecimiento del
niño, poco a poco se cubría de vegetación, animales, aves y finalmente
salieron los Secoyas, tan numerosos como hormigas. Angoteros, Piojés,
Cotos…”. Nacieron las culturas de la selva. (J.L. Palacio).
La cuenca amazónica
La Amazonía, bautizada así por el mito de las amazonas, mujeres hermosas,
consideradas las mas fuertes y feroces, tiene 7 millones de km2 de
extensión, la cuenca más grande de la tierra. El principal sistema
hídrico es el río Amazonas, con 6 mil 762 km, considerado el más largo del
planeta, con casi un millar de ríos tributarios. También es el más
caudaloso del mundo y descarga 220 mil metros cúbicos por segundo, el 16%
del agua dulce vertida a los océanos. La amazonía contiene casi el 20%
del agua dulce del planeta.
Ocho países conforman la cuenca amazónica: Bolivia, Brasil, Ecuador,
Colombia, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. Brasil tiene jurisdicción
sobre el 67.79% de la cuenca, el restante 32,21% se reparte entre los
demás. Ecuador tiene apenas el 7%, pero el 51% de su territorio es
amazónico.
El bosque maduro tiene un balance casi perfecto entre la producción de
oxígeno y la fijación de CO2. Durante el día el bosque fija por
fotosíntesis un promedio de 2.8 Kg de carbono, hectárea, por hora.
Mientras la respiración de los árboles se estima en cerca de 1.0 kg de
carbono, hectárea por hora (Wosfsy 1998).
En 1492, América tenía 2 mil pueblos indígenas y su población sobrepasaba
los 70 millones de habitantes. Cinco siglos después “apenas sobreviven
400 grupos étnicos”, con una población de 2.3 millones, aproximadamente.
Solo el siglo 20 “desaparecieron más de 90 etnias”. Un pedazo de
humanidad diezmada por el sarampión, la gripe, el caucho, la pobreza, los
trabajos forzados, el genocidio. (Amazonía sin mitos).
La Amazonía ha estado llena de mitos y fantasías, creadas en su mayoría
por intereses de afuera. Por ejemplo, el mito de la riqueza alentó su
ocupación en busca del dorado, la tierra de la canela.
Detrás de los mitos llegaron los cohuori (extraños, según los waorani):
misioneros, conquistadores, caucheros, petroleros, madereros, colonos,
civilizadores, a hacerles mover los pies a los ancestrales dueños de la
selva, porque bajo sus pies dormía el “estiércol del diablo”, el
petróleo. Así los condenaron a la eterna huída hacia el fin de su
universo, convertidos la mayoría en “fantasmas errantes”.
El Parque Nacional Yasuní
El Parque Nacional Yasuní, tiene una extensión de 9.820 km 2, es
relativamente pequeño comparado con la extensión del bosque de la cuenca
amazónica, que es de 6,683.926 Km 2. Fue denominado por la UNESCO en 1989
como reserva de Biósfera. Conserva uno de los territorios contiguos más
largos del bosque tropical amazónico, una región certificada como una de
las 24 áreas prioritarias del paisaje silvestre mundial. Uno de los sitios
mas hermosos del planeta, desconocido por casi todos los ecuatorianos.
Del total de la cuenca amazónica, tan solo el 8.3% es área protegida. El
Yasuní es de fundamental importancia para la conservación global, debido a
que es una de las pocas “áreas protegidas estrictas” (Parques Nacionales
de IUCN Categoría II) en la región de la Amazonía Occidental, además ha
sido declarado por la WWF como una de las 200 ecoregiones prioritarias mas
importantes para proteger en el mundo y la Wildlife Conservation Society
(WCS) escogió al Yasuní para su eminente Programa de los Paisajes
Vivientes.
Esta maravilla de la naturaleza se encuentra en el llamado Refugio del
Pleistoceno Napo, desde hace 1.64 millones de años, un espacio de vida
formado durante los cambios climáticos del período cuaternario. En el que
hubo una alteración entre climas secos y húmedos, donde las selvas
amazónicas crecían o se encogían.
En los períodos secos, se formaron islas de vegetación que sirvieron de
refugio de especies de flora y fauna, y que constituyeron centros de
formación de nuevas especies. Una de estas islas estuvo ubicada en la
Amazonía Ecuatoriana, en lo que ha sido declarado Parque Nacional Yasuní.
Biodiversidad
En el Yasuní podemos evidenciar altos niveles de biodiversidad entre
varios grupos taxonómicos. Se han documentado un alto número de especies:
árboles, arbustos, plantas epifitas, anfibios, peces de agua dulce, aves,
murciélagos e insectos.
Plantas. El Parque protege una de las más diversas comunidades de árboles
en el mundo, con al menos 1.813 tipos de árboles y especies de arbustos
clasificados y 300 especies todavía no clasificadas. La parte sur
conocida como Zona Intangible, contendría más de 160 de estas especies
adicionales. En total se registran 2.274 de este tipo.
En una sola hectárea del Yasuní, hay 644 especies de árboles. La magnitud
de la diversidad del área se revela al hacer comparaciones: la parcela
Panameña solo tiene 168 especies por hectárea, y la parcela de la Reserva
del Bosque Pasoh en Malasia peninsular tiene 497 especies por hectárea.
Hay casi tantas especies de árboles y arbustos en una hectárea de la
parcela del Proyecto Dinámico Bosque Yasuní como hay árboles nativos en
toda América del Norte (estimada con 680 especies).
Existen más de 450 tipos de la especie liana (parras), 313 especies de
plantas epifitas vasculares, record mundial de epifitas en los bosques de
tierra baja (146 especies en solo 0.1 hectáreas).
Los cedros, los ceibos, la caoba, el ahuano, el guayacán, la chonta, el
morete y cientos de plantas y árboles gigantes son los milenarios
vigilantes de esta selva verde y profunda, la pachamama de miles de seres
vivos.
Aves.- Se han documentado 567 especies, lo que hace de este paraíso uno de
los sitios más diversos de aves en el mundo. Un verdadero santuario para
la conservación, protege 44% de las 1.300 especies de aves encontrados en
la amazonía, la región con la mayor diversidad de aves del mundo. El
águila harpía, la lora real, el paujil, el hoatzin, el martín pescador,
golondrinas, garzas y cientos de especies de aves, es fácil apreciarlas
navegando por los ríos y lagunas del Yasuní.
Mamíferos. Ecuador es considerado como el noveno país en el mundo en
variedad de mamíferos, con al menos 173, el 40% de las especies
encontradas en los bosques de la cuenca amazónica, el 90% de los mamíferos
de la Amazonía ecuatoriana y el 46% de todas las especies mamíferas del
Ecuador.
Primates.- El parque abriga por lo menos diez especies, tornándolo entre
los sitios más diversos de primates en el mundo.
Murciélagos. El Yasuní contiene 81 especies de murciélagos, el 10% de las
986 especies conocidas, lo cual constituye la segunda reserva de
marsupiales mas grande del planeta, superada solo por la del Bosque
Iwokroma en Guyana, que contiene 86 especies.
Anfibios y Reptiles.- Se han registrado 105 especies de anfibios y 83
especies de reptiles, el Parque Nacional Yasuní parece ser la zona con la
mayor diversidad de herpetofauna en todo América del Sur, antes era Santa
Cecilia en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, con 177 especies,
lamentablemente este hábitat fue destruido por los agricultores y
colonizadores a lo largo de las carreteras construidas por la compañía
petrolera Texaco.
Peces.- Se estima en 382 especies de peces de agua dulce.
Insectos.- Yasuní tiene más de 100 mil especies de insectos por hectárea y
6 trillones de individuos por hectárea, la diversidad más alta descubierta
hasta ahora en el mundo.
Se ha encontrado 64 especies de abejas, la asamblea más rica en número de
cualquier sitio en la tierra. Los científicos han encontrado 94 especies
de hormigas que anidan en ramas caídas de árboles y la mayor riqueza de
especies de hormigas soldados, de bosques tropicales húmedos.
Las culturas del Yasuní
Dentro del Yasuní encontramos una diversidad cultural extraordinaria, los
Waorani (Tagaeri, Taromenane), los Kichwas y algunas comunidades Shuar.
Estos pueblos a pesar de la intromisión en su territorio, desde hace 500
años por: caucheros, colonos, petroleros, madereros, y de una absoluta
indiferencia del Estado y sus gobiernos, han logrado resistir y preservar
un riquísimo conocimiento.
El canto milenario de los Waorani
Entre la música de los paujiles y el aleteo del martín pescador, se
estremece la luz vegetal con la eterna alegría de los wao, seres “sin
ataduras, acostumbrados a nada, totalmente desprendidos, viviendo el
presente” Su fortaleza es familia de la chonta, del cedro, de la caoba,
maderas por las que hoy sucumben sus cantos. Quien ha logrado traspasar
el temor y sentirse hermano-humano, se asombra de la insaciable manera de
reír y gozar de esos seres. Cada familia wao es una nación y cada
individuo es soberano. “Desde los 11 años un Waorani, que no ha sido
colonizado, ya puede sobrevivir solo en la selva”. Así son los habitantes
del bosque, “libres de dudas, de ataduras y de caos interno.” Así eran,
así van dejando de ser.
Para ellos la historia es muy larga, por eso “siempre tienen que estar
cantando, para no olvidar”. Viven la fiesta del bosque, cuando en una
casa dejan de cantar, en otra comienzan.
Su territorio inicia o termina en el gran Doroboro (Río Napo) hasta el
Curaray, fueron temidos y respetados, sin lugar a dudas son los mejor
ambientados a la selva, su hogar la Onka es un refugio de paz y armonía en
la profundidad del bosque. Su historia es la defensa incansable de su
territorio, desde su legendario guerrero Moipa que no dio tregua a la
Shell, Ñigua que enfrentó a los colonos y naporunas del Coca, Kemperi,
Awan, Miñihua, Ampahue, Kimontare, Taga, Dabo, Guikita, etc., fueron
personajes de la historia de la selva.
La historia trágica de los Waorani, inicia en la mitad del siglo 20, con
la presencia del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), grupo religioso de
Estados Unidos, que evangeliza a los pueblos indígenas para moverlos a
reservas. Hoy casi toda la gran casa wao está poblada por torres
petroleras, carreteras, colonos. El impacto cultural fue terrible. La
colonización vino paralela a la apertura de carreteras, como la vía Auca,
abierta por Texaco, área de asentamiento histórico de comunidades
Waorani. Ahora en lugar de una chacra wao se levanta Dayuma, “ejemplo” de
desarrollo petrolero.
El territorio waorani está completamente lotizado a favor de las
petroleras, han tenido que aprender a convivir con las torres y los
overoles. El paisaje de lo que antes fue una selva impenetrable y
musicalizada por el canto de las especies, sucumbe ante el sonido de las
máquinas. Dentro del Parque Yasuní hay un enjambre de petroleras:
Petrobras, Petrobell, Andes Petroleum, Repsol YPF y Petroecuador -ITT.
Las comunidades waorani que se encuentran dentro del Parque son: Guiyero,
Ahuemuro, Kawimeno (Garzococha), Baumeno, Peneno y Tobataro. Comunidades
dentro de la Reserva Étnica Waorani: Dicaro, Ñoneno, Armadillo, Bataboro,
Caruhue, Tagaeri, Quehueire-Ono, Nenquipari, Cacataro.
Los Tagaeri y Taromenane
En 1987 la noticia que recorrió el mundo fue que monseñor Alejandro Labaca
y la hermana Inés Arango, fueron lanceados por los “salvajes”,
posteriormente en la década del 90, se volvió a tener algún destello real
de los Tagaeri a raíz del rapto de la joven Omatuki, por parte del wao
Babe. Esa acción significó la decisión final “… de un pueblo que gritaba
con su silencio de lanzas el deseo de permanecer viviendo libres en el que
siempre fue su mundo: la selva.”
“Conocidos como “pata colorada”, eran los hombres de Taga, familia de los
waorani, pertenecientes al gran clan del Coca. De 1958 hasta 1977 la fama
de ferocidad del grupo creció, debido a los múltiples “ataques” al
naciente poblado del Coca, algunos de ellos originados en la resistencia a
ser reducidos al río Tihuaeno por el ILV. Desde 1968, Taga condujo a sus
familiares al último hilo de selva que se besa con la muerte, la Zona
Intangible del Yasuní.” (Tagaeri - Villavicencio y Reyes.1998).
Los Tagaeri, si aún sobreviven, no serán más que unos pocos seres que
huyen por una franja de selva entre los ríos Shiripuno. Cononaco y
Tigüino, sostiene el Padre Manuel Amunarris, Capuchino de Nuevo
Rocafuerte. Para los Tagaeri, nosotros somos salvajes que no entendemos
ni su idioma ni su forma de pensar, propiciamos su destrucción y la de su
entorno y causamos la muerte de su líder Taga. Ellos nunca olvidan.
Lo que queda prístino del pueblo wao, como última piel de la humanidad
intocada, los tagaeri y taromenane, si algo nos están enseñando, es que
saben cómo vivir y resistir, pero fundamentalmente, que no necesitan la
ayuda de nadie, solo quieren su soledad, contagiada de ese concierto de
especies de la selva, el último paraíso multicolor y mágico de la tierra,
el Yasuní. Quienes hunden el hacha civilizadora en la sabia de la selva,
deberían, dejarlos vivir de la manera que se hicieron cultura, palabra,
greda lista para el canto colectivo.
Un paisaje multicolor
El río Napo es el principal afluente del gran río de las amazonas y la
arteria principal del Parque Nacional Yasuní, es la base cultural,
económica y de vida de la amazonía ecuatoriana. Recorre 1.800 km desde
los Andes hasta el Amazonas. Este río fecunda la madre selva, pero es
también la vía de comunicaciones y comercio de las comunidades asentadas
en las riberas.
La red hídrica del Yasuní la conforman un enjambre de ríos mágicos como el
Tiputini, Shiripuno, Cononaco, Nushiño, Indillana, Yasuní, Tiguan, Nasiño,
Curaray, Tiguino, Cuchiyacui, Tivacuno, Rumiyacu y otros brazos de agua
que alimentan al Amazonas.
Algunos hilos de río corrieron su propio destino a hacerse bellísimas
lagunas, llenas de misterio y riqueza. Ahí duermen nidos de agua:
Jatuncocha, Pañacocha, Añangucocha, Garzacocha, Zancudococha,
Lagartococha, Yuturi, Eden, Limoncocha. Ahí danzan para su público
milenario, los últimos delfines rosados, perseguidos paiches, soberbios
caimanes, mientras aplauden desde los chontaduros, los invitados
trepadores.
El retorno
Luego de varios días en la profundidad del bosque, salimos por el río
Shiripuno hasta el mundo petrolero. Penti se despide, su risa y alegría
inagotable, nos trasmite la fortaleza de un pueblo que se resiste a dejar
la selva. Empieza el retorno por la vía Auca, nos acompaña el polvo,
abandono, remedos de casas, enjambre de tubos, las marcas de 40 años de
explotación petrolera. En el trayecto flamea la parroquia Dayuma, se
atraviesa doña Luz del Alba, negra como su Jesús que lleva en brazos, él
nació el pasado 24 de diciembre, lejos de su padre, el panadero
encarcelado, acusado de terrorista.
El cielo rojo acaricia el filo vegetal del bosque, se cierra el día en el
Coca y termina el más hermoso encuentro con el último paraíso en peligro,
el Yasuní. A todos nos queda una expresión de despedida. Con el pretexto
del desarrollo, ningún ser humano puede enarbolar un supuesto derecho
superior a eliminar especies que jamás volverán a existir. De persistir
en ello, habremos perdido el SAMAI, seremos simple greda.
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