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ECUADOR - SOBRE LA POSIBLE INSTALACIÓN DE UN POLO PETROQUÍMICO EN EL AROMO Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Ecuador
Miércoles, 07 de Enero de 2009 12:05
SOBRE LA POSIBLE INSTALACIÓN DE UN POLO PETROQUÍMICO EN EL
SOBRE LA POSIBLE INSTALACIÓN DE UN POLO PETROQUÍMICO EN EL AROMO

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Cada año, cuando se inicia el invierno en la zona de El Aromo, en Manabí, y la humedad que viene del mar se topa con el Cerro Montecristi, se forman las primeras garúas que van a alimentar las aguas subterráneas del bosque de Pacoche. Esta es la principal fuente de agua de los cantones Manta, Santa Ana y Montecristi, donde en general el agua es escasa. Ahí reside la importancia de conservar los bosques de esa región.

Lamentablemente es en este lugar donde se ha planificado instalar un complejo petroquímico.

En una visita hecha recientemente por un grupo de científicos latinoamericanos a la refgión, pudimos recoger el sentir de los pobladores locales y constar los impactos que esta obra podría causar en la región.

EL PROBLEMA DEL AGUA

Este complejo va a afectar fuertemente las escasas fuentes de agua de la provincia, pues se calcula que para procesar un barril de crudo, se necesita cuatro barriles de agua.

Los requerimientos de agua para el procesamiento petroquímico vendrá de la valiosísima agua subterránea, limitando aun más el acceso de la población humana al líquido vital.

Un alto porcentaje de esa agua vuelve a salir al ambiente, completamente contaminada, y poluir las aguas subterráneas y el suelo.

Pero no es solo la contaminación del agua el problema, ya que la presencia del polo petroquímico va a afectar a todos los ecosistemas locales, los mismos que funcionan de manera integral.

MAS FARMACIA QUE PANADERÍA

En la región de la Baixada Santista - Sao Paulo, Brasil; hay un Polo Petroquímico que se instaló hace años. Esto trastocó la vida de los habitantes de la población. La taza media de mortalidad por cáncer es de 197,9 personas por cada 100.000, afectando sobre todo a la población más pobre. “Hay un silencio epidemiológico en la región” nos cuenta un poblador de la zona que participó de este recorrido.  “La gente está tomando medicina todos los días, pero el Estado ignora esta situación. Ya no hay pesca y la vegetación se muere. Esto está directamente relacionado con la contaminación de la petroquímica”.  “Desde hace unos años que hay mas farmacias que panaderías donde yo vivo, porque la gente se gasta lo que tiene para curar su delicada salud”.


NO SOMOS POBRES PORQUE TENEMOS LA MONTAÑA

La gente del Aromo obtiene su agua de la montaña, que es el nombre que la gente da al bosque seco tropical donde están asentados.

Pero no es solo el agua.  Ellos obtienen todas sus necesidades del bosque.  La actividad más importante es el tejido de sombreros. Si, de aquí proceden los famosos sobreros de Panamá, o conocidos también como Jipijapa o de Montecristi.  Ni de Panamá ni de Jipijapa, los finísimos sombreros de paja con los que se financió la revolución de Alfaro provienen de los bosques secos de El Aromo. Han sido tejidos por las delicadas manos de las mujeres, sus madres y sus abuelas que han habitado en estos bosques desde antes de la llegada de los conquistadores españoles a estas tierras.  La paja la obtienen de un mata llamada paja toquilla.

Sólo durante el invierno se siembra algo de maíz, yuca, plátano o camote.  El resto del año viven de carne silvestre, como monos y pavas de monte, de frutas y otros alimentos del bosque, complementando su dietas con el pescado que compran de las garitas pesqueras cercanas. Sus casas son de caña guadúa, que les sirve también para hacer las verjas que separan sus casas. La tagua es también otro producto de estos bosques que es utilizada para la artesanía local.

 “Nosotros no somos pobres porque tenemos la montaña. Mientras tengamos nuestras manos para tejer los sombreros, estamos tranquilas. Es así como yo he criado a mis 14 hijos”, nos contó doña María Cedeño. “Pero la petroquímica nos va a dañar las matas de toquilla y no sabemos que vamos a hacer”.

UN PUERTO PETROQUIMICO EN EL PARAISO

A pocos minutos del Aromo empieza un último remanente de un tipo de bosques de extrema rareza, que sería muy afectada por la refinería: un bosques de garúa; un ecosistema en peligro.

Las personas locales siembran un poco de caña para hacer panela, crían algunos animales de corral y siembran un poco maíz y yuca. Todo lo demás lo obtienen del bosque.

Cerca de ahí, el mar alcanza una gran profundidad, lo que hace de éste, el lugar ideal para instalar un puerto petroquímico. Muchos se han preguntado porqué una refinería en El Aromo, si se va a afectar las fuente de agua que suple a tres cantones de la provincia.  La respuesta está sin duda en la cercanía a este lugar ideal para instalar el puerto petroquímico.

Pero decenas de comunidades pesqueras dependen de la salud del ambiente marino. El polo petroquímico destruiría además el potencial turístico de estas playas de increíble belleza, que forman parte de la ruta de las ballenas jorobadas que pasan por estos mares desde julio hasta septiembre.

Don Miguel Zambrano, pescador de la zona nos comenta “Como ve, aquí no hay pobreza, porque tenemos todo lo que queremos en el mar y en la montaña”.

Este es un lugar donde se respira paz. “El complejo petroquímico va a romper la tranquilidad que se respira en la zona.  Va a destruir el tejido social, con ofertas faraónicas”. Nos explicó un catedrático de la Universidad Eloy Alfaro. La sola oferta de abrir un polo de desarrollo, ha desatado una especulación inmobiliaria, y desde Manta hacia el Aromo se ve la lenta proliferación de ciudadelas. Una de ellas del Grupo Novis.

“Mi madre y mi abuela pasaron de los 100 años,  y vivieron toda su vida muy felices.  Ellas como yo, lo único que hacían era criar cabras. La vida rica que tenemos, va a ser destruida por la pobreza de la petroquímica. ¿Porqué han escogido este lugar?”. Se pregunta con indignación doña Julia Ávila.

Nos hemos encontrado a pocos minutos de Manta, el principal puerto pesquero del Ecuador, con una sociedad que depende muy poco de insumos externos. Que toman del medio solo lo que necesitan, que viven en paz con la naturaleza, pero que su forma de vida puede derrumbarse si se concreta la construcción del polo petroquímico anunciado.