Salvar
el Yasuní es posible. No es fácil, y menos en esta época de crisis,
pero es posible. Hay en el exterior, particularmente en Europa,
creciente preocupación por las consecuencias del cambio climático
producido por la deforestación, la emisión de gases contaminantes y la
quema de combustibles fósiles. Los anuncios de replantear la política
de Estados Unidos en esta materia por parte de Barack Obama generan
expectativas. Los avances de las negociaciones sobre el cambio
climático dentro de las Naciones Unidas demuestran también su inquietud
sobre el futuro del planeta.
En ese contexto, la original
propuesta ecuatoriana del Yasuní-ITT de dejar el crudo en tierra y
constituir un fideicomiso para captar recursos provenientes de la
comunidad internacional que compensen el sacrificio de nuestro país
para destinarlo a la protección de nuestras riquezas naturales, al
desarrollo de energías renovables y a la ejecución de proyectos de
desarrollo social, ha calado hondamente, va abriéndose espacio y gana
adeptos.
Desde febrero pasado, en que el presidente Correa me
honrara con el encargo de promover en el exterior y en su nombre tan
audaz iniciativa, la propuesta ha tenido un largo recorrido: se han
hecho ajustes a los instrumentos financieros y es cada vez más conocida
y respaldada. La intención es obtener recursos a través de
contribuciones voluntarias de gobiernos, organismos internacionales,
empresas, filántropos y ciudadanos del mundo para depositarlos en el
fideicomiso, pero sobre todo -por los montos que se deberán manejar
para hacerla viable- a través de la emisión por parte del Ecuador de
certificados que serían colocados, previa aceptación del sistema, en el
mercado europeo de carbono.
Alemania es el país más firmemente
comprometido. Su Parlamento y su Gobierno así lo han hecho saber.
España también la respalda y están por definirse los mecanismos a
través de los cuales ese respaldo puede hacerse efectivo. Otros países
la estudian con simpatía. La OEA, la CAN, la OPEP, la CAF, el Pnuma,
entre otras organizaciones, han expresado su apoyo institucional. Desde
el sector no gubernamental, la sociedad civil nacional e internacional
se ha movilizado de manera sorprendente. ONG sociales y ambientales del
mundo entero la difunden a través de sus redes y suman adhesiones.
Se
ha constituido un Grupo de Altas Personalidades para patrocinar la
propuesta, integrado, entre otras, por Felipe González, Mijail
Gorbachov, Ricardo Lagos, Rita Levi Montalcini, Rigoberta Menchú,
Fernando Henrique Cardoso, Desmond Tutu, Mohamed Yunus. Su presencia le
da credibilidad y confianza. Aunque el enemigo es el tiempo, la
propuesta gana terreno. El Gobierno acertó al proponerla al mundo.