|
Jueves, 13 de Diciembre de 2007 18:45 |
Yasuní: petróleo por vida
ALAI, América Latina en Movimiento
2007-11-28
Yasuní:
petróleo por vida
Alejandro Nadal
En la intersección del Alto Amazonas y la cordillera de los Andes, en
Ecuador, se encuentra el Parque Nacional Yasuní, uno de los lugares con
mayor índice de biodiversidad en el planeta. Yasuní es también uno de
los centros de biodiversidad más importantes: en cada hectárea se
encuentran más especies de árboles que en todo Estados Unidos y Canadá.
Lo más importante es que en sus dos millones de hectáreas habitan los
huaorani, tagaeri y taramenane, descendientes de los pueblos
originarios de América y dueños de una cultura milenaria sobre la vida
en los ecosistemas tropicales.
Yasuní es probablemente uno de los últimos y más importantes campos de
batalla para salvar de la rapiña de las industrias extractivas lo que
queda de bosque tropical húmedo del alto Amazonas. Quizás es también la
encrucijada para nuestra civilización. Pero Yasuní tiene petróleo, y
uno de sus campos más importantes es el Ishpingo-Tambococha-Tiputini
(ITT), con reservas probadas de 920 millones barriles de petróleo.
El presidente Rafael Correa ha propuesto no explotar las reservas del
ITT para preservar el patrimonio cultural de los pueblos originarios
que habitan el parque y conservar la extraordinaria biodiversidad de
Yasuní. Esto es compatible con el objetivo de contribuir a la
estabilización de gases invernadero en la atmósfera por dos razones.
Primero, el crudo no quemado representa unos 115 millones de toneladas
de carbono que no serían inyectadas a la atmósfera. Segundo, no abrir
los campos de Yasumí a la explotación evitará la deforestación, que es
uno de los más importantes generadores de gases invernadero.
La economía ecuatoriana depende fuertemente del petróleo: alrededor de
45 por ciento de los ingresos fiscales provienen de las exportaciones
de crudo. Así que la no explotación del campo ITT en Yasuní es una
costosa aportación de Ecuador a los esfuerzos internacionales para
mitigar el calentamiento climático. A cambio de ello, Ecuador pide una
compensación por 350 millones de dólares anuales por los futuros
ingresos sacrificados. El cálculo es como sigue: por cada barril de
petróleo extraído en Yasuní, el gobierno recibiría entre 10 y 15
dólares (el crudo en este campo es pesado y los costos de extracción
son elevados), pero Ecuador sólo está pidiendo cinco dólares por barril
dejado en el subsuelo. Este monto es realmente modesto si se considera
el precio actual en el mercado internacional.
Las reservas del ITT-Yasuní se convertirían en un fondo de 4 mil 600
millones de dólares y los rendimientos de dicho fondo servirían para
encaminarse hacia un modelo de desarrollo que no descanse en la
destrucción del medio ambiente y la diversidad cultural. Los fondos se
destinarían a programas organizados alrededor de principios de
sustentabilidad social y ambiental. La propuesta se complementa con la
organización de un fideicomiso con garantías internacionales para
asegurar que las aportaciones se devolverán si el proyecto no prospera.
Las presiones en contra de esta propuesta son formidables. Para
empezar, Ecuador es uno de los primeros receptores de inversiones
chinas y uno de los objetivos más importantes se encuentra precisamente
en la extracción de petróleo, entre otras actividades cercanas a la
base de recursos naturales. Por otro lado, la empresa estatal brasileña
Petrobrás ha estado muy activa y actualmente tiene una concesión de
exploración y explotación en el parque. En octubre pasado el gobierno
ecuatoriano subió fuertemente los impuestos a las petroleras
extranjeras para ajustar los beneficios de éstas, derivados del
extraordinario aumento en el precio del crudo. Pero las demandas en
tribunales estadunidenses en contra de la medida no se hicieron
esperar. No es la primera vez que este tipo de diferendos se ventila en
cortes de Estados Unidos, sólo que esta vez la embestida va por todo.
Las exportaciones de crudo han sido la piedra de toque de la economía
ecuatoriana desde hace tres décadas, pero los beneficios han sido pocos
y mal distribuidos. En cambio, los costos son descomunales. Para los
pueblos de Yasuní, la penetración petrolera implica la contaminación de
cuerpos de agua subterráneos y de superficie, degradación de suelos,
deforestación y explotación comercial insostenible, así como el
desplazamiento de comunidades en la región en donde han habitado
durante siete siglos. La explotación petrolera es literalmente un
peligro mortal, pues esos pueblos carecen de defensas frente a las
enfermedades que lleva la colonización salvaje. Los pueblos de Yasuní,
y en especial los huaorani, dependen críticamente de los recursos del
bosque tropical por lo que la explotación del campo ITT será muy
probablemente la terminación de su cultura.
Claude Levi-Strauss, el célebre etnólogo francés, escribió en sus
Tristes trópicos que para uno de los pueblos originarios del Amazonas
la verdadera riqueza radicaba no en la acumulación de objetos tangibles
provenientes de su actividad artesanal, sino en su heráldica y en su
coreografía. Algo para reflexionar en estos tiempos en los que el
bienestar se mide por el consumo de materiales y energía, las marcas
comerciales amenazan con dominar la simbología y la coreografía más
importante es la de la sumisión cortesana en los salones del poder.
La propuesta de Ecuador debe ser analizada con la atención que merece.
http://www.jornada.unam.mx/2007/11/28/index.php?section=opinion&article=033a1eco
http://alainet.org/active/20927
|