A desmedro del silencio de los medios de comunicación
nacionales,
la propuesta de dejar bajo tierra el petróleo que subyace al parque
Yasuní va ganando nuevos adeptos fuera del país, sin que aquello haga
parte de agenda alguna de la información local y mezquina.
A desmedro del silencio de los medios de comunicación nacionales, la
propuesta de dejar bajo tierra el petróleo que subyace al parque Yasuní
va ganando nuevos adeptos fuera del país, sin que aquello haga parte de
agenda alguna de la información local y mezquina.
El Ministro de Finanzas alemán asegura que todo su gobierno apoyará
en la Unión Europea la iniciativa ecuatoriana; y estudia ya la
posibilidad de una refinanciación de deuda externa, al tiempo que
Sigmar Gabriel, ministro de Ambiente y Seguridad Nuclear (saludable
combinación), de ese mismo país, considera la posibilidad de proponer
el uso de mecanismos financieros innovativos en la novena conferencia
de los estados suscriptores del acuerdo de biodiversidad CBD. La
constitución de un fideicomiso es, para el Gobierno alemán, un
instrumento digno de ser considerado, pues asegurará la sostenibilidad
del proyecto a largo plazo.
Alguna petrolera ya se ha propuesto sumarse a la campaña para mejorar
su imagen.
Un grupo de parlamentarios italianos está estudiando la propuesta.
Y, sin embargo, la atención dentro del Ecuador es escasa. El
Gobierno le puso un momento empeño, pero no lo ha convertido en uno de
sus proyectos sobre los cuales insistir constantemente. No hay una
campaña nacional para convencer a la sociedad para que acoja con
entusiasmo la propuesta, como el punto de quiebre de más de tres
décadas de petrolerismo voraz.
Nada se puede, tampoco, esperar de espacios como el Congreso. Allí,
entre la estulticia, el oportunismo y la angustiosa recuperación de
alguna identidad que les permita sobrevivir a la Asamblea
Constituyente, no hay otro tema que el poner las barbas en remojo a
costa de los proyectos del Gobierno.
El sector financiero, de suculentos beneficios, curioso benefactor
de última hora de los pobres microempresarios, no tiene el menor
interés por abordar un tema de campaña como este. Prefiere inundarnos
con las imágenes del miedo.
Las cámaras de la producción, tampoco.
Es una tesis del régimen, dirá la oposición. Lo único importante es
poner zancadillas a quienes entregan, cándidamente, desde Carondelet,
material para la zancadilla.
El movimiento indígena, al menos en su versión Pachakutik, parece
más interesado en perpetuar, con un decreto legislativo, la burocracia
de esos dos instrumentos que han labrado su división, el Codenpe y el
Prodepine. Ni una sola palabra sobre el derecho de los pueblos
amazónicos, en torno a una propuesta que recoge todo el discurso de más
de una década de las organizaciones de la Amazonía. En 1994, el pueblo
de Pastaza marchaba a Quito para exigir la soberanía de su territorio.
Desde hace más de seis años, el pueblo de Sarayacu se resiste al
ingreso de una petrolera argentina. ¿La Conaie ha olvidado estos
empeños?
Lo que parecía que sería el centro de la política petrolera del
Gobierno, recibe una sonrisa burlona desde Petroecuador. Allí, la única
posibilidad es que el ministro Galo Chiriboga recoja con energía
aquello que es la herencia mayor de Alberto Acosta.
¿Cómo alimentar, me pregunto, un importante respaldo internacional,
si al interior del país el tema es recogido apenas por un puñado de
ecologistas?
¿Cómo alimentar en la sociedad ecuatoriana la apropiación del
destino del Yasuní, si en los medios de comunicación aquello fue
calentura de unos pocos días? www.ecoportal.net
* Javier Ponce
El Universo
www.eluniverso.com