Jaime Plaza, Coordinador de Sociedad
22 de mayo del 2007
EL COMERCIO
Los
últimos rayos de sol parecen disputarse una rendija entre la espesa
vegetación. Los árboles de ceibo, de hasta 50 metros de altura y 1,60 m
de diámetro, dan la impresión de siluetas gigantes.
Mientras la
noche va teniendo de negro a la inmensa sabana verde, una suerte de
coro de cientos de ranas arborícolas ocultas en las bromelias, grillos,
aves nocturnas como el pauraque (parecido al tayo) o los búhos...
entonan una suerte de sinfonía.
Así
toman la posta en la incesante actividad de más de 30 millones de
especies que conviven en las 982 000 hectáreas del Parque Nacional Yasuní (PNY) y sus alrededores.
Es uno de los sitios más biodiversos del planeta. Esteban Suárez,
director de Wildlife
Conservaty Society, capítulo Ecuador, lo considera inusualmente
diverso.
“En
25 hectáreas de un ‘plot’ (terreno) de la Estación Yasuní de la
Universidad Católica se encontraron 1 100 especies de árboles (en todo
el Yasuní hay 2 244). A diferencia, en un ‘plot’ doble de Malasia se
localizaron 1 400 especies”.
En esa excepcional biodiversidad
se
sustenta la razón para la conservación del Parque frente la arremetida
petrolera y sus colaterales problemas (tráfico de madera y de especies,
colonización...). Esa es la convicción de Suárez y de David Romo,
director de la Estación Científica Tiputini, instalada por la
Universidad San Francisco de Quito, al norte del Yasuní.
En este
sitio, a donde se llega tras un viaje de casi siete horas (cinco de
ellas en canoa a motor) desde Coca, la serenidad de la mañana se rompe
con el graznido de una bandada de loros arinosa. No falta el aullido
de los monos songoso, chorongos y aulladores, que se deslizan por
las ramas y copas de los árboles buscando alimento.
En medio de
ese ajetreo, las hormigas militares (cuyas colonias se calculan superan
los 5 millones de individuos) se desplazan sobre hojas, troncos y
senderos, apresuradas llevando provisiones.
Las largas caminatas
por este bosque húmedo tropical resultan enriquecedoras. Mientras se
avanza lentamente abriéndose paso por terrenos semipantanosos o de
tupida vegetación, se descubre una infinidad de especies de flora y
fauna.
Solo de insectos, los biólogos sostiene que hay 100 mil
especies (seis trillones de individuos) por cada hectárea. Se han
descubierto, por ejemplo, 64 especies de abejas sociales.
Apenas
calma la lluvia, se observan decenas de aves como la pequeña Tangara
paraíso, de plumaje verde, alas negras, pecho azul.
Con
paciencia hasta puede toparse con mamíferos como un tapir o una guanta,
en especial en los saladeros, lodazales a donde acuden a alimentarse.
Diversos estudios calculan que hay más de 30 millones de
especies. Incluso Therry L. Erwin, entomólogo del Museo Smithsoniano,
de EE.UU., que entre el 2005 y 2006 monitoreó la biodiversidad en el
Bloque 16, no dudó en señalar que se necesitarían 400 años para
describir todas las especies que fueron colectadas en el Yasuní y están
guardadas en el museo de Escuela Politécnica Nacional.
Mientras
se navega por el Tiputini hasta se puede ver una pareja de delfines
rosados y tortugas terrestres. Entre las más representativas están
el águila arpía, guacamayos, boa, jaguar, piraña...
Romo
insiste que esta biodiversidad constituye una potencial información
genética que puede ser aprovechada a favor de la salud y alimentación
de la humanidad.
Por eso, la Unesco, en 1989, declaró al
Yasuní Reserva Mundial de Biosfera. Igual que hace tres semanas,
Richard Lewis, profesor de Ecología del Grant MacEwan Collage de
Canadá, ha viajado por seis años consecutivos con sus alumnos hasta el
Yasuní.
Así también, el Parque es el último refugio de los
tagaeri y taromenani, pueblos en aislamiento voluntario. El misionero
Miguel Ángel Cabodevilla cree que no son más de 300 miembros, pero de
gran relevancia cultural. El ministro coordinador de Ambiente, Juan
Martínez, reconoce que esta es otra razón para preservar al Parque
Yasuní, cuyo territorio se extiende entre Orellana y Pastaza.
El
cercenamiento del Parque Nacional
La
primera delimitación del Yasuní se hizo en julio de 1979. Allí se
estableció una extensión de 687 000 hectáreas. En años posteriores se
incrementa a más de 1,3 millones de ha.
Con la declaratoria
de Reserva Huaorani, en 1990, en el gobierno de Rodrigo Borja, al PNY
se le deja solo en 982 000 hectáreas. Según David Romo, fue más para
favorecer a las petroleras.
La Zona Intangible fue
delimitada, con un decreto del 4 de enero pasado. Tras acuerdos con
petroleras de los bloques 16, 31 y otros se fijaron 758 051 hectáreas
que serán intocables.
Desde el 2004, el Departamento
Jurídico del Ministerio del Ambiente mantiene pendiente los estatutos
de la Comisión de la Reserva de Biosfera. El proceso empezó en el 2001.