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ECUADOR - Una inmersión al corazón del Parque Nacional Yasuní... Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Ecuador
Miércoles, 23 de Mayo de 2007 00:10
Una inmersión al corazón del Parque Nacional Yasuní...

Jaime Plaza, Coordinador de Sociedad

22 de mayo del 2007
EL COMERCIO


Los últimos rayos de sol parecen disputarse una rendija entre la espesa vegetación. Los árboles de ceibo, de hasta 50 metros de altura y 1,60 m de diámetro, dan la impresión de siluetas gigantes.

Mientras la noche va teniendo de negro a la inmensa sabana verde, una suerte de coro de cientos de ranas arborícolas ocultas en las bromelias, grillos, aves nocturnas como el pauraque (parecido al tayo) o los búhos...  entonan una suerte de sinfonía. 

Así toman la posta en la incesante actividad de  más de 30 millones de especies que conviven en las 982 000 hectáreas del Parque Nacional Yasuní (PNY) y sus alrededores.

Es  uno de los sitios más biodiversos del planeta. Esteban Suárez, director de Wildlife Conservaty Society, capítulo Ecuador, lo considera inusualmente diverso.

“En 25 hectáreas de un ‘plot’ (terreno) de la Estación Yasuní de la Universidad Católica se encontraron 1 100 especies de árboles (en todo el Yasuní hay 2 244). A diferencia, en un ‘plot’ doble de Malasia se localizaron 1 400 especies”.

En esa excepcional biodiversidad se sustenta la razón para la conservación del Parque frente la arremetida petrolera y sus colaterales problemas (tráfico de madera y de especies, colonización...). Esa es la convicción de Suárez y de David Romo, director de la Estación Científica Tiputini, instalada por la Universidad San Francisco de Quito, al norte del Yasuní.

En este sitio, a donde se llega tras un viaje de casi siete horas (cinco de ellas en canoa a motor) desde Coca, la serenidad de la mañana se rompe con el graznido de una bandada de loros  arinosa. No falta el aullido de   los monos  songoso, chorongos y aulladores, que  se deslizan  por las ramas y copas de los árboles  buscando alimento.

En medio de ese ajetreo, las hormigas militares (cuyas colonias se calculan superan los 5 millones de individuos) se desplazan sobre hojas, troncos y senderos, apresuradas llevando provisiones.

Las largas caminatas por este bosque  húmedo tropical resultan enriquecedoras. Mientras se avanza lentamente abriéndose paso por terrenos semipantanosos o de tupida vegetación, se  descubre una infinidad de especies de flora y fauna.

Solo de insectos, los biólogos sostiene que hay 100 mil especies (seis trillones de individuos) por cada hectárea. Se han descubierto,  por ejemplo, 64 especies de abejas sociales.

Apenas  calma la  lluvia, se observan decenas de aves como la pequeña Tangara paraíso, de  plumaje verde, alas negras, pecho azul.

Con paciencia hasta puede toparse con mamíferos como un tapir o una guanta, en especial en  los saladeros,  lodazales a donde acuden a alimentarse.

Diversos estudios calculan que hay más de 30 millones de especies. Incluso Therry L. Erwin, entomólogo del Museo Smithsoniano, de EE.UU., que entre el 2005 y 2006 monitoreó la biodiversidad en el Bloque 16, no dudó en señalar que se necesitarían  400 años para  describir todas las especies que fueron colectadas en el Yasuní y están guardadas en el museo de Escuela Politécnica Nacional.

Mientras se navega por el Tiputini hasta se puede ver una pareja de delfines rosados y  tortugas terrestres. Entre las  más representativas están  el  águila arpía, guacamayos,  boa, jaguar, piraña...

Romo insiste que esta  biodiversidad constituye una  potencial información genética que puede ser aprovechada  a favor de la salud y alimentación de la humanidad.

Por eso, la Unesco, en 1989, declaró al Yasuní Reserva Mundial de Biosfera. Igual que hace tres semanas,  Richard Lewis, profesor de Ecología del Grant MacEwan Collage de  Canadá, ha viajado por seis años consecutivos con sus alumnos hasta el Yasuní.

Así  también, el Parque es el último refugio de los tagaeri y taromenani, pueblos en aislamiento voluntario. El misionero Miguel Ángel  Cabodevilla cree que no son más de  300 miembros, pero de gran relevancia  cultural.  El ministro coordinador de Ambiente, Juan Martínez, reconoce que esta es otra razón para preservar al Parque Yasuní, cuyo territorio se extiende entre Orellana y Pastaza.

El cercenamiento del Parque Nacional

La primera delimitación  del Yasuní se hizo en julio de 1979. Allí se estableció una extensión de 687 000 hectáreas. En años posteriores se incrementa a más de 1,3 millones  de ha. 

Con la declaratoria  de Reserva  Huaorani, en 1990, en  el gobierno de Rodrigo Borja, al PNY se le deja solo en  982 000 hectáreas. Según David Romo, fue más para favorecer a las petroleras.    

La Zona Intangible fue delimitada, con un decreto del 4 de enero pasado. Tras acuerdos con petroleras de los bloques 16, 31 y otros se fijaron 758 051 hectáreas que serán  intocables.   

Desde el 2004, el Departamento Jurídico del Ministerio del Ambiente mantiene pendiente  los estatutos de la Comisión de la Reserva de Biosfera. El proceso empezó en el 2001.