Boletín de prensa
Francisco de Orellana, 25 de abril de 2007
Oficio No. 189-HCPO-P
Economista Rafael Correa
Presidente Constitucional de la República
Quito
De mi consideración:
La semana pasada se celebraron los 40 años desde la primera vez que
salió petróleo de un pozo en la amazonía ecuatoriana. Desde entonces el
petróleo ha constituido la principal riqueza del país y el ingreso
fundamental para el Estado. Al considerar la extracción de crudo como
una prioridad nacional, se han olvidado los derechos de la gente que
vivimos aquí. Sólo era selva, selva con petróleo. También había algunos
indios por allí, luego hubo campesinos que venían huyendo de las
provincias más pobres del país.
Nunca nadie preguntó la opinión de los dueños de la tierra, los que
sufrirían inevitablemente la contaminación. Los Derechos Colectivos
consagrados en la constitución han resultado ser letra muerta. En la
realidad los pueblos afectados por las actividades hidrocarburíferas,
no hemos sido consultados sobre planes y programas de prospección y
explotación de recursos no renovables, tampoco se nos ha informado
sobre las afectaciones ambientales, sociales y culturales, esto a lo
mejor será por que las personas y el medio ambiente no importamos.
También se dice que la tierra comunitaria es inalienable, inembargable
e imprescriptible, salvo que el Estado la declare utilidad pública,
cosa que hace siempre que encuentra petróleo, ¿en qué quedamos?.
Es cierto que la Constitución actual data del año 1998, y ya por
entonces se había hecho bastante daño, por ejemplo la vergonzosa
entrada de la empresa Maxus en el Bloque 16, construyendo una carretera
que se interna 100 Km al interior del Parque Nacional Yasuní (hoy
operado por Repsol YPF), previa la reducción del pueblo Waorani por
parte del Instituto Lingüístico de Verano. Este Pueblo nunca hasta
entonces había vivido en lugar fijo. Ahora se discute sobre la opción
de explotar el ITT, pero a los que van a ser afectados, nadie les ha
preguntado su opinión.
Su gobierno, baraja en estos momentos varias opciones con respecto
al ITT. Según se desprende de las declaraciones vertidas en los medios
de comunicación, quién se muestra como más ardiente defensor de la
explotación del bloque, es el actual presidente de Petroecuador, el
Ing. Carlos Pareja Yannuzzelli. El y quienes dentro del gobierno apoyan
decididamente esta opción, le están planteando a la sociedad
ecuatoriana un dilema definitivo. O explotamos el ITT, o nunca
saldremos de la miseria.
Admiten el impacto ecológico y cultural, aunque intentan minimizarlo.
Pero a continuación exponen que no queda otra. Hay que decir varias
cosas:
- Explotar el ITT incrementará los recursos del Estado, pero eso no
garantiza por sí sólo la reducción de la pobreza. Por ejemplo aquí en
el Oriente, a pesar de haber salido tanto petróleo en años atrás, la
pobreza no se ha reducido.
- Nadie toma en cuesta los costos ambientales que se van a
provocar, por empezar a sacar petróleo en una de las zonas más
biodiversas del mundo. Si se hiciera un cálculo de lo que costaría
remediar los ríos contaminados por residuos de petróleo, saldría un
valor más alto que los beneficios obtenidos. A lo mejor la
biodiversidad que esconde ese ecosistema puede tener un valor superior
en el futuro (no sólo económico), de lo que vale todo el petróleo que
saquen en los próximos años. Claro que eso nunca se sabrá si lo
estropeamos ahora.
- Se pueden incrementar los recursos del gobierno, justamente para
salir de la miseria de muchas formas, no hace falta explotar el ITT,
vayan algunos ejemplos:
- Podríamos renegociar los contratos con las petroleras
extranjeras. ¿Por qué no hablar de la nacionalización del sector
petrolero?
- Podríamos aumentar el control tributario, especialmente de
las grandes fortunas, para evitar el fraude fiscal y la evasión de
capitales.
- Se puede incrementar la carga impositiva a las rentas más
altas, para ir logrando una mayor redistribución de la Renta Nacional.
Así se hace en los países europeos por ejemplo, por eso el Estado puede
sostener servicios sociales básicos para toda la población.
- Se tiene que emprender un combate sin descanso contra la
corrupción, primeramente en Petroecuador. Ni cinco bloques como el ITT
que tuviésemos, serían suficientes para salir de la miseria con este
nivel de corrupción.
Su gobierno recibe una herencia mala. Especialmente en el Oriente
las cosas siguen difíciles. 40 años de explotación petrolera han dejado
su rastro por estas tierras. En las zonas de explotación, se da una
alta deforestación del territorio. El 50% de los ríos está contaminado.
Las culturas autóctonas han sufrido un choque casi definitivo, en
muchos casos dependen de la compañía hasta para comer. De seguir así
desaparecerán irremediablemente en pocos años. En algunas comunidades
se han generado focos de resistencia, que han sido respondidos con
represión por parte de la fuerza pública (En esto hay que reconocer que
la situación ha mejorado con el nuevo gobierno). De hecho la fuerza
pública ha sido el gran aliado de la industria petrolera para amenazar
a la población.
El año pasado tuvimos la visita del Relator de la ONU sobre los
derechos de los pueblos indígenas, Rodolfo Stavenhagen. En el informe
presentado al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Stavenhagen
exhortó a las Fuerzas Armadas ecuatorianas que se abstengan de celebrar
convenios de prestación de servicios con las empresas petroleras que
pudieran lesionar los derechos de las comunidades indígenas. El experto
consideró que la utilización de elementos de las Fuerzas Armadas para
asegurar los intereses de las empresas petroleras, mineras y madereras
que operan en áreas indígenas ha dado origen a incidentes y denuncias
de militarización de las comunidades.
La militarización y las declaratorias de Estados de Emergencia han
sido moneda común en la región durante los gobiernos anteriores. Entre
todo esto, el Oriente sigue con unos niveles de pobreza de los peores
del país. Aquí no llegaron las autopistas, ni el Malecon 2000. La
tónica general estos años ha sido la ausencia del Estado, que las
compañías petroleras han sustituido por la entrega de baratijas en las
comunidades.
Los gobiernos neoliberales de épocas pasadas han abandonado las
responsabilidades del Estado, dejando a la población a su suerte. A la
suerte del mercado. ¡Hágase empresario, consiga plata, de usted
depende, hágalo a costa de lo que sea!, esas eran las consignas. Eso
aquí en el Oriente se nota aún más, la selva se destruye a pasos
gigantes. Confiamos en que el gobierno asuma en serio su
responsabilidad con la población y con el medio ambiente.
Señor Presidente, explotar el ITT no es vital para sacar el país de
la miseria, es más, su explotación no garantiza que eso vaya a ocurrir.
Para que eso ocurra hay que distribuir mejor la riqueza y acabar con la
corrupción. Si está claro que el Parque Yasuní y las gentes que por
años vivieron allí van a sufrir. Los que vivimos aquí sabemos que nos
llegará sólo un poquito de lo que se saque, también sabemos que nos
quedaremos con toda la contaminación. Por eso queremos que se le
pregunte a la gente qué opina, que se le informe bien de los riesgos
que existen. Queremos que tengan opción para dar su consentimiento,
como dice la Ley. No queremos que pase con el ITT lo que ha pasado con
el resto de bloques anteriores.
Atentamente,
Sra. Guadalupe Llori Abarca, prefecta de la provincia de Orellana
http://www.hcpo.gov.ec/
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