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onservación o petróleo en el Yasuni
¿Conservación o Petróleo en el Yasuní?
Un Dilema de Trascendencia hacia el Futuro
Carlos Larrea M.
El bloque petrolero Ishpingo-Tambococha-Tiputini (ITT), atravesado por
el río Napo al borde de la frontera peruana, encierra las reservas
probadas de crudo extra-pesado más abundantes del país, y al mismo
tiempo abarca tanto partes del Parque Nacional Yasuní, considerado
como uno de los reservorios de biodiversidad más importantes del
planeta, como con de la Zona Intangible de los pueblos Tagaeri y
Taromenane, de la cultura Huaorani, que han optado por el aislamiento
voluntario.
El potencial petrolero del bloque ITT, administrado por Petroecuador,
alcanza, de acuerdo a estimaciones recientes del Instituto Francés de
Petróleo (Beicip Franlab, 2004), 412 millones de reservas probadas de
crudo de alta densidad (12 a 16 grados API), que pueden llegar a 920
millones incluyendo reservas probables. Aunque la elevada densidad del
crudo dificulta su extracción y transporte, y disminuye
considerablemente su rentabilidad, se han planteado varias
alternativas posibles de explotación petrolera, en alianza con empresas
estatales como SINOPEC (China), Petrobras y PDVSA.
En vista de los altos impactos ambientales de la explotación petrolera
en un área de alta sensibilidad ambiental y cultural, se ha formulado
la alternativa de conservar indefinidamente el crudo en el subsuelo, y
solicitar una compensación internacional que haga viable esta opción.
El presidente Correa ha declarado a esta última vía como la primera
prioridad, dejando “el crudo represado en tierra, al fin de no afectar
un área de extraordinaria biodiversidad y no poner en riesgo la
existencia de varios pueblos en aislamiento voluntario o pueblos no
contactados. Esta medida será considerada siempre y cuando la comunidad
internacional entregue al menos la mitad de los recursos que se
generarían si se opta por la explotación de petróleo, recursos que
requiere la economía ecuatoriana para su desarrollo”.[1] <#_ftn1>
La opción entre conservación y explotación petrolera en el Yasuní
adquiere una trascendencia simbólica, porque representa la alternativa
entre el modelo actual de desarrollo, basado en la extracción y
explotación no sustentable de recursos naturales, y un modelo futuro
encaminado al respeto a la naturaleza, la diversidad cultural y la
satisfacción de las necesidades humanas.
Esta opción es trascendente también porque el país deberá enfrentar en
el futuro cercano el progresivo agotamiento de las reservas petroleras,
cuyo monto actual (aproximadamente 3.500 millones de barriles) perimirá
no más de 25 años de explotación, aún si se encuentran nuevos
yacimientos de alguna significación.[2] <#_ftn2>
Petróleo y desarrollo en el Ecuador. Varios analistas, como
Jeffrey Sachs, consideran que la exportación de petróleo tiene un
impacto negativo en las perspectivas de desarrollo de un país. La
experiencia ecuatoriana parece confirmar este punto de vista.
La economía y sociedad ecuatorianas dependen fuertemente del petróleo.
Este producto ha aportado con el 48 % de las exportaciones del país
entre 1972 y 2006, y con un tercio de los ingresos del Estado entre
1995 y 2004. En 2006, la dependencia del petróleo ha crecido, y este
producto ha alcanzado el 60 % de las exportaciones.
A pesar de que el aporte del petróleo al desarrollo nacional fue
significativo entre 1972 y 1982, el panorama ha cambiado en los últimos
25 años. En la actualidad el país produce más del doble de petróleo que
durante los años setenta, durante el “boom” petrolero. Sin embargo, el
crecimiento del ingreso por habitante entre 1981 y 2006 ha sido
insignificante (0.6 % anual en promedio), la pobreza no ha descendido
entre 1995 y 2006,[3] <#_ftn3> pese a la emigración de un millón
de ecuatorianos, el desempleo urbano bordea el 10 %, casi la mitad de
la fuerza laboral se encuentra subempleada, y la inequidad social ha
aumentado.
Aunque la producción petrolera ha alcanzado niveles altos y los precios
del crudo también han subido en forma pronunciada, el país continúa
sumido en una crisis económica, social y ambiental de larga duración.
Obviamente los cambios en las políticas petroleras iniciados en el
gobierno de Palacio, como la mayor participación del Estado en las
utilidades y la salida de Occidental, mejoran las perspectivas
futuras, como también lo hacen las mayores asignaciones del gasto
público para el desarrollo social y la construcción de infraestructura.
Los costos no asumidos de la actividad petrolera. La producción
petrolera ha conllevado un alto costo ambiental y social para el país,
y a escala mundial está contribuyendo al calentamiento global, el mayor
problema ambiental enfrentado por la sociedad industrial. Según el
Informe Stern, los costos del cambio climático en las próximas décadas
pueden equivaler a grandes desastres del siglo XX, como las dos guerras
mundiales y la Gran Depresión.[4] <#_ftn4>
En el caso ecuatoriano, el petróleo ha contribuido directa e
indirectamente a una masiva deforestación en la Amazonía Norte, sin
generar alternativas productivas por la escasa aptitud agrícola de los
suelos amazónicos. La pérdida de biodiversidad y la extinción de
especies son también costos irreversibles. Ha sido también alto el
impacto de la actividad petrolera sobre las culturas indígenas, y la
salud de los habitantes en las áreas productivas.
La pérdida irreversible de la biodiversidad, la deforestación y el
deterioro social en las áreas petroleras reducen las posibilidades de
formas sustentables alternativas de desarrollo con mayor generación de
empleo productivo, como el eco-turismo.
El Parque Yasuní y la cultura Huaorani. La Amazonía es la selva
tropical más grande del mundo, y constituye también el mayor reservorio
de biodiversidad del planeta. Aunque el origen de la biodiversidad se
remonta al mioceno (hace 16 millones de años), y puede haber antecedido
tanto a la formación de la cordillera de los Andes como al nacimiento
del río Amazonas, en períodos más recientes, durante el pleistoceno,
las glaciaciones afectaron el clima del planeta convirtiendo a la mayor
parte de la actual región en una pradera, con refugios disconexos de
biodiversidad, como el actual Parque Nacional Yasuní, cuyo territorio
sinuoso y parcialmente inundable alberga en la actualidad una variedad
única de formaciones vegetales.
La cultura Huaorani, cuya subsistencia se ha basado en la caza,
recolección y agricultura itinerante, ha sobrevivido el asedio de otras
culturas indígenas y de la civilización occidental internándose en
planicies interfluviales, como la comprendida entre el Napo y el
Curaray. El impacto de la actividad petrolera y la extracción maderera
en esta cultura ha sido profundo, y algunos de sus grupos han optado
por el aislamiento voluntario, como los Tagaeri y Taromenane, que
sobreviven en la zona intangible al sur del Parque Yasuní.
El Parque Yasuní y la Zona Intangible han sido ya amenazados por la
actividad petrolera de otros bloques en su interior, cuyas reservas
tienen, sin embargo, menor importancia que las del ITT. El impacto de
la extracción ilegal de madera es también alarmante.
La Opción Petrolera en el Yasuní. La explotación petrolera del
ITT implicaría la producción de aproximadamente 108.000 barriles
diarios de crudo extra-pesado, durante un período de tiempo estimado en
10 a 15 años, al cabo del cual los pozos entrarían en su fase
declinante. La elevada densidad del crudo obliga a la construcción
adicional de una planta termoeléctrica de alta potencia, y de una
planta de conversión del crudo para hacerlo transportable, cambiando su
densidad. El impacto ambiental de estas instalaciones se añadiría al
efecto de la extracción de crudo. Las necesidades de prospección
sísmica y construcción de infraestructura requieren un período de cinco
años antes de iniciar la fase productiva.
La opción de mantener el crudo represado: Como alternativa
frente al impacto negativo de la extracción petrolera sobre el
clima mundial, la biodiversidad y las culturas indígenas, se ha
planteado la conservación indefinida del petróleo en el subsuelo. El
Estado planteará a la comunidad internacional una compensación
económica por su renuncia voluntaria a la renta petrolera, en beneficio
del medio ambiente, la biodiversidad y las culturas indígenas.
Esta alternativa ha sido calificada como la primera prioridad por el
gobierno, si se justifica su viabilidad económica. La idea inicial ha
recibido una acogida positiva entre varios gobiernos europeos,
organizaciones internacionales ambientalistas y de derechos humanos,
así como de la opinión pública internacional y ecuatoriana.
Una opción en esta línea consiste en crear un fondo de compensación
para el Ecuador, administrado internacionalmente, cuyo rendimiento sea
transferido al Estado para proyectos destinados a la conservación y al
desarrollo social. El fondo puede ser administrado por organismos
internacionales y/u organizaciones ambientalistas internacionales,
mediante un fideicomiso.
Este mecanismo permitiría al Estado obtener un flujo indefinido de
recursos para el desarrollo humano y sustentable, frente al flujo
petrolero que comenzaría al cabo de 5 años y se mantendría solamente
por una década o algo más, mientras dure la producción de crudo.
El fondo de compensación puede capitalizarse a partir de distintas
fuentes. Entre ellas pueden mencionarse donaciones de gobiernos,
mecanismos de canje de deuda externa por conservación, aportes de
organizaciones internacionales de conservación y derechos humanos, y
donaciones de ciudadanos de todo el mundo, quienes podrían “comprar”
simbólicamente barriles de crudo represado en el Parque Yasuní.
El impacto internacional de una propuesta para la conservación
proveniente de un país a la vez mega-diverso y exportador de petróleo
puede ser significativo. La conciencia mundial sobre los peligros del
calentamiento global es creciente, y a su vez son evidentes los límites
del Protocolo de Kyoto como mecanismo de mitigación. Este acuerdo no
reconoce la preservación del bosque tropical como objeto de
compensación. Sin embargo, en el marco de las negociaciones para un
segundo convenio internacional sobre cambio climático, que entraría en
vigencia a partir de 2012 cuando concluye el actual Protocolo de Kyoto,
una propuesta innovadora y avanzada como la del Ecuador podría
convertir al país en pionero en estrategias de desarrollo sustentable.
El aporte del país para la mitigación del calentamiento global puede
cuantificarse y representa un valor definidamente mayor a las
utilidades que recibiría el Ecuador si optase por la explotación
petrolera. Solamente tomando en cuenta el costo de abatimiento de las
emisiones de dióxido de carbono provenientes de las reservas del ITT,
equivalentes a cientos de millones de toneladas, se obtiene una cifra
que justifica claramente la alternativa de conservación como la única
razonable en el futuro para una sociedad global que habite el planeta
en armonía con la naturaleza.
[1] <#_ftnref1> Ministerio
de Energía, Boletín de Prensa, 1º de abril, 2007.
[2] <#_ftnref2> Hacia el año 2000, las reservas petroleras
alcanzaban 4629 millones de barriles, y este valor ha declinado por la
producción, que actualmente alcanza los 530.000 barriles diarios.
Fretes-Cibils, Vivente, Giugale, Marcelo y López-Calix, Roberto. Ecuador:
An Economic and Social Agenda for the New Millennium. Washington:
World Bank, 2003.
[3] <#_ftnref3> Según el INEC, la pobreza no ha variado
significativamente entre las Encuestas de Condiciones de Vida de 1995 y
2006. Su valor actual es de 38.3 %.
[4] <#_ftnref4> Stern, Nicholas. The Economics of Climate
Change: The Stern Review. Cambridge: Cambridge University Press,
2007. (Disponible en pdf en: http://www.hm-treasury.gov.uk/independent_reviews/stern_review_economics_climate_change/stern_review_report.cfm
).
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