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COLOMBIA - El enjambre petrolero Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Colombia
Jueves, 16 de Agosto de 2012 22:54

Una mirada de conjunto al panorama petrolero colombiano sugiere la necesidad de abrir un debate público sobre la política petrolera. Son muchas las contradicciones, las medias verdades, los riesgos y los problemas, pero escasas las respuestas claras. Los síntomas de inestabilidad son preocupantes.

De cómo se manipula el precio de la acción

El 24 de julio de 2012, Javier Gutiérrez, presidente de la Empresa Colombiana de Petróleos (ECOPETROL) - la empresa con mayor capitalización bursátil del mercado de valores de Colombia - presentó ante la prensa los resultados del primer semestre de 2012: un record histórico de ganancias producto de políticas de reducción de costos, que le han permitido a la empresa mantener márgenes netos y de utilidad bruta (antes de costos financieros) a pesar del escenario internacional de "caída generalizada en los precios de venta de crudos y productos en los últimos doce meses".

 

ECOPETROL alcanzó un incremento de 45.600 barriles/día en producción frente al segundo semestre de 2011, dentro de la senda trazada para alcanzar una producción de 800.000 barriles diarios en promedio para 2012. Sin embargo, el precio de la acción de ECOPETROL en la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) continuó bajando, hasta llegar a 4 870 pesos.

Al día siguiente, el presidente de ECOPETROL anunció la reducción de 11.000 barriles diarios de petróleo en la meta de producción, que corresponde al 2,5 por ciento de la proyección y que significa una disminución de producción de 7 millones de barriles/año en la meta inicial de 360 millones de barriles anuales, proyectada en la estrategia minero-energética del gobierno nacional.

El impacto en la Bolsa de Valores de Colombia y en el valor de la acción fue inmediato: se detuvo la caída en el precio de la acción, pues una semana después su precio se había elevado a 5 290 pesos; en cinco ruedas de bolsa sucesivas se transaron 62 millones de acciones por un valor de 320 000 millones de pesos, (hasta el viernes 3 de agosto); se ha revalorizado la capitalización bursátil de ECOPETROL, con un aumento del 8,62 por ciento en la rentabilidad por acción, solo en una semana.

El anuncio ha tenido múltiples explicaciones: las diferentes explicaciones compiten para mantener el valor de la acción del grupo empresarial y evitar un impacto negativo en el sector industrial. Algunos socios de Ecopetrol han logrado mantener el valor de sus inversiones en bolsa, pero otros han sufrido cuantiosas pérdidas, a pesar de coincidir en que los informes de gestión reflejan un desempeño exitoso, la capitalización es creciente y las proyecciones de rentabilidad futura parecen sólidas.

El Estado colombiano - principal accionista de la empresa semiprivatizada - ha caído en contradicciones al tratar de explicar las causas del comportamiento de la acción, lo que pone en entredicho la propia política petrolera colombiana, pues no convencen las declaraciones oficiales en torno a las limitaciones que han impedido alcanzar la meta de un millón de barriles diarios durante el presente año: no se ha logrado sobrepasar una producción de 980.000 barriles/día y la curva de tendencia se mueve hacia abajo.

¿Quién dice la verdad?

El gobierno y Ecopetrol no ha podido dar explicaciones claras de por qué se ha la reducido la meta de producción. Para el ministro, esta no se ha logrado debido a trámites en las licencias ambientales y al aumento en la producción de agua en los yacimientos, concepto que comparte la Agencia Nacional de Hidrocarburos, rectora de la política petrolera estatal.

Y el presidente de ECOPETROL anunció un aumento de 10.000 barriles diarios en promedio durante el mes de julio, que acaba de terminar. Pero otras declaraciones del presidente de ECOPETROL - ampliamente publicitadas por los medios - señalan una causa más conspicua: las afectaciones generadas por los ataques a la infraestructura petrolera por las guerrillas de las FARC y el ELN.

La sombra de los atentados a la infraestructura petrolera de la segunda parte de los años 80 y durante la década de los años noventa, se proyecta como una maldición: los medios de comunicación registraron 67 atentados contra la infraestructura en el semestre inmediatamente anterior, la muerte de tres profesionales, el secuestro de trabajadores y las "vacunas". 249 ataques a la industria petrolera entre 2008 y 2012: un escenario para tener en cuenta.

El ministro de Minas y Energía intenta matizar esa sombra al considerar que se trata de un riesgo controlable y localizado, ya incorporado en las tendencias del entorno para una actividad en expansión en el mediano y corto plazo.

Las Fuerzas Militares han asumido ese riesgo calculado: el ministerio de Defensa ha dispuesto que 87.000 soldados se hagan cargo del cuidado de la infraestructura minero-energética.

Las otras empresas petroleras adoptan una actitud de prudencia similar: no comparten la sensación de alarma mediática y por el contrario en sus informes se habla de perspectivas incrementales de exploración y de producción.

Por ejemplo, Petrominerales capitalizó 800 millones de dólares durante el último semestre para atender los requerimientos de un escenario que combina nuevos descubrimientos con el descenso de la producción en campos localizados, y todo a pesar de que su valor en bolsa ha decrecido algo más de un 30 por ciento.

Ninguna de las empresas petroleras ha anunciado un aumento en sus costos de seguridad, que actualmente representan cerca del 1,5 por ciento de los costos de producción.

Pero los resultados de la bolsa sugieren que existe una fuerte presión de las firmas comisionistas de bolsa o de la banca de inversión para que se ajusten las expectativas de ganancias futuras en las ruedas accionarias: tal vez consideren que las metas no son alcanzables...

Síntomas de inestabilidad

En fin, la dificultad para establecer las verdaderas causas de la disminución en la meta de producción ante la opinión pública - y no solo ante los accionistas sobre la base de las explicaciones del accionista mayoritario - sugiere la presencia de síntomas de inestabilidad en la política petrolera colombiana.

No se trata del peligro de que se espante la inversión extranjera, pues la experiencia mundial de la explotación de recursos naturales del subsuelo está signada por situaciones de conflicto. Los avances metodológicos en el manejo de la actividad extractiva consideran a la experiencia colombiana de las dos décadas anteriores como un caso de estudio.

El primer síntoma de inestabilidad en la política petrolera es la declinación de la recuperación de petróleo en los campos petroleros con tasas entre el 8 y el 16 por ciento, que no se compensa con el aumento de las reservas.

Para mantener una extracción de 1 000 000 de barriles diarios en un mediano plazo de seis años, sería necesario agotar totalmente las reservas existentes hoy. En otras palabras, se tendrían que reponer reservas nuevas durante ese mismo plazo, sin poner en riesgo la seguridad del abastecimiento de hidrocarburos para consumo interno.

Es decir, es indispensable lograr dos descubrimientos gigantes de mil millones de barriles o cuatro grandes yacimientos de 500 millones de barriles cada uno para contrarrestar un escenario de agotamiento acelerado de las reservas actuales.

Un segundo síntoma gira en torno al impacto sobre la balanza corriente y las finanzas públicas de una tasa acelerada de explotación de los yacimientos. Una reducción de 20.000 barriles diarios - como la anunciada por ECOPETROL - significa en términos de las exportaciones petroleras a los precios internacionales actuales una reducción en los ingresos de entre 600 y 700 millones de dólares anuales, cifra a tener en cuenta si en tres años no se han repuesto las reservas agotadas, pues corresponde a la factura petrolera que tendría que pagar el país, si se ve abocado nuevamente a importar crudo para el consumo interno.

Esta medida de prudencia extractiva representa un ahorro de 50 millones de dólares en términos de costo de producción, según publicaciones de ECOPETROL (7 dólares por barril).

Un tercer síntoma, de orden socio-económico, es el impacto del cambio del sistema de repartición de regalías, derivado de las decisiones del gobierno para canalizar y priorizar su inversión y para establecer nuevos mecanismos de ordenación del gasto del presupuesto paralelo establecido constitucionalmente y mediante los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD) que jerarquizan las prioridades.

Es preciso también tener en cuenta en algunas regiones un cierto sentimiento de pérdida de participación directa en la riqueza petrolera, en contraste con municipios que nunca habían tenido acceso a regalías.

Otra dimensión de la política petrolera, que pone a prueba su legitimidad, es el tratamiento de los problemas sociales y ambientales que se generan inevitablemente en el entorno petrolero, pero que con frecuencia adoptan una lógica de exclusión frente a la disposición de los recursos y a la extracción de la riqueza.

Adicionalmente, las prácticas clientelistas de la política local, regional y nacional tienden a manipular las necesidades sociales y a ofrecer soluciones parciales, incompletas o simplemente desafortunadas.

Desenredar el enjambre

En conclusión, en la política petrolera colombiana confluyen muchas dimensiones, pero no se puede meter en un mismo saco la guerra y los conflictos sociales existentes en el país. La política petrolera tampoco puede reducirse a definiciones económicas, técnicas, normativas y contractuales. Se requiere encontrar una solución en el terreno político, mas allá de una lista de prioridades establecidas desde el poder central.

Reducir la discusión de la política petrolera a una estrategia de seguridad para garantizar la inversión extranjera deja por fuera la tensión entre los beneficios de la extracción, la participación concebida únicamente en el marco de las regalías y el impacto petrolero tanto en lo político como en lo social, puesto que reduce la función social del capital a la protección de la rentabilidad.

Es necesario suscitar un debate público sobre la política petrolera del Estado colombiano: la única forma de desenredar colectivamente el enjambre petrolero.

* Politólogo. Analista de la política petrolera.

 

FUENTE: www.razonpublica.com