Por: Unidad de investigación
Actualidad Étnica, Bogotá, 03/05/2007. Hablar
de Álvaro Salón Archila en Casanare, es como hablar de Berito Cobaría
en Boyacá o Ismael Uncacía en Arauca. Son caciques, son líderes
indígenas de gran estatura moral y política, son los líderes naturales
de sus comunidades. Por eso la gravedad del asesinato de este líder
indígena U’wa el pasado 23 de abril, en su propio territorio, el
resguardo Chaparral Barro Negro.
Todos lo recuerdan como un hombre alto, fornido, carismático,
serio en la palabra, dedicado y comprometido con su comunidad. Tenía
cuarenta y dos años y dejó quince hijos – once propios y cuatro
hijastros-, “todos son míos”, se le oía decir. Combinaba su trabajo en
el conuco –chagra-, donde cultivaba la yuca, con labores de ganadería
en pequeña escala.
Era una persona que sabía reconocer sus errores y no vaciló
en someterse a la
sanción de la comunidad, que castigó sus amoríos con una mujer por
fuera de la comunidad. Fue la propia comunidad
quien lo llamó, después de seis meses de sanción, para que manejara los
destinos de su pueblo.
Él era un líder tradicional, su padre había sido cacique y a
su muerte debía sucederlo en el gobierno de la comunidad su hermano
Jeremías Salón. Como éste también había fallecido, la responsabilidad
cayó sobre Álvaro, pues el cacicazgo en esta comunidad se hereda, al
decir de Rosalba
Jiménez, una líder indígena Sicuani que compartió con
Alvaro muchas experiencias de trabajo.
¿Incidente por mina “quiebra pata”, o asesinato?
Entre los departamentos de Arauca y Casanare se encuentra el
Resguardo de Chaparral Barro Negro y Sabanas de Curipao. Para los
indígenas U’wa de la región, se trata de su territorio, así esté
cruzado por el Río Casanare. Para los mestizos y autoridades
administrativas de uno y otro lado del río, son jurisdicciones
departamentales diferentes.
Álvaro Salón Archila y Marleny Camargo Salón, él montando una
mula y ella un burro, se desplazaban la tarde del 23 de abril –3:30
p.m. aproximadamente-, a su conuco a recoger la yuca para su sustento.
Acababan de cruzar un retén militar de la Brigada 16 que
cuida la carretera que de Tame conduce a Bogotá, cuando en
circunstancias aún no claras cayó muerto el líder indígena.
Las versiones sobre su muerte son confusas. Según una fuente
oficial, los militares respondieron al llamado de una mujer que pedía
ayuda. En el lugar del incidente, la mujer contó a los militares que
oyó una explosión fuerte y cuando volvió a mirar, pues iba unos metros
adelante, vio a su marido caído. Fue en ese momento cuando pidió ayuda.
Los militares le ayudaron a buscar una ambulancia del Hospital de Tame,
a unos 40 minutos del lugar, donde fueron trasladados ella y el cadáver
del indígena. Allí, en presencia del Inspector de policía, una médica,
el fiscal y el gobernador indígena, se levantó un acta –la Nro. 026-, donde se
relatan los hechos. Según esta primera versión, el indígena habría
sido víctima de una mina quiebra pata. La señora estaba conmocionada,
“atolondrada”, como en “shock”, agregó la fuente.
Para los indígenas U’wa de esta comunidad, los hechos no son
claros. La muerte del líder indígena ocurrió a pocos metros del retén
militar. En una versión posterior, más reposada, la esposa de Álvaro
Salón contó que escuchó primero como un silbido y después una explosión
que la dejó aturdida, y cuando volvió en si, vio a su esposo
inconsciente tirado entre las piedras del camino. Ella, como pudo,
cogió el burro y trató de salir del lugar y “aparecieron de forma
inmediata los señores del Ejército de Colombia, de la brigada que por
allí opera y quienes pidieron por radio dos ambulancias para trasladar
a los heridos y socorrerlos"…
La esposa de Salón también dijo que mientras ella estaba en
el hospital le contaron que su esposo había fallecido por efecto de las
heridas causadas por "una mina antipersonal o "quiebra patas", de esas
que pone o coloca la guerrilla.
La versión sobre la muerte del líder indígena no era clara.
¿Muerto por una mina quiebra patas, cuando el cadáver estaba intacto,
sin ninguna mutilación aparente? Esta sola duda fue suficiente para que
Marleny Camargo, en compañía del gobernador indígena de esta comunidad,
Flaminio Camargo, se opusieran a la realización de la autopsia.
“…Yo, Marlene Camargo Salón… esposa del occiso Álvaro Salón
Archila, de 42 años, me opongo, por creencias de nuestra tribu, a la realización de la
revisión interna de órganos, haciéndome responsable de posibles
complicaciones y
exceptuando al médico y director encargado de toda
responsabilidad y se proceda a
la entrega del cadáver”. Así reza el acta levantada a
mano alzada en el hospital de Tame. De esta manera, el cadáver fue
llevado a la comunidad para que bajo su responsabilidad se hicieran los
trámites jurídicos correspondientes. Lo grave del hecho, fue que el
cadáver estaba siendo trasladado de jurisdicción, sin haberse realizado
la autopsia.
En Ato de Corozal, pasaron dos días sin que se realizara la
autopsia. Sin embargo y ante la posibilidad de que la muerte del líder
indígena quedara como un simple incidente de guerra, posiblemente a
causa de una mina antipersonal abandonada por algún actor armado,
-presumiblemente la guerrilla de las FARC-, los indígenas, acompañados
de algunos profesionales comenzaron a revisar con detenimiento el
cadáver ya putrefacto del líder indígena, ratificándose su primera
impresión: su muerte no había sido causada por ninguna mina
antipersonal, que era la versión difundida.
El día miércoles en la noche, el cadáver fue trasladado en
una volqueta a la
morgue de la cabecera municipal para su autopsia. Inexplicablemente,
nadie quería hacer el procedimiento: no había energía eléctrica, la
cámara fotográfica “se perdió”. Los indígenas exigieron que se
levantara un acta sobre la situación, luego de hacerse el compromiso de
que la necropsia se realizaría en las horas de la mañana del día
jueves. Así, un grupo de indígenas se quedaron esa noche custodiando el
cadáver de su líder, que había quedado solo, desnudo y putrefacto, en
la mitad de una morgue.
Al día siguiente, el Fiscal 19 de la Seccional de
Paz de Ariporo (Casanare), realizó la diligencia de necropsia por
comisión que recibiera del Fiscal Único de Tame (Arauca) en la "Morgue"
de Hato Corozal, y acto seguido, el cadáver fue entregado a la
comunidad para su entierro.
El médico que realizó el procedimiento no entregó copia del acto a los
deudos, comprometiéndose a entregarla a la fiscalía. No obstante, algunos
testigos sostienen que el occiso presentaba un orificio de fuego a la altura de la cien y
que también presentaba una serie de impactos de perdigones o esquirlas
en su cuerpo. Dicen que de ello debe haber constancia en el acta que se
levantó por parte de la comunidad y que reposa en los documentos
que tiene el Gobernador del Resguardo. Sin embargo, una fuente oficial
dijo que al parecer el documento de la autopsia estaba perdido, aunque
era posible que el ejército tuviera alguna copia.
¿Qué hay detrás de la muerte de Álvaro Salón?
Álvaro Salón era sin lugar a dudas el más carismático e
importante líder indígena del pueblo U’wa de Casanare. Aunque los U’wa
son un solo pueblo, localizado en los departamentos de Santander,
Boyacá, Norte de Santander, Arauca y Casanare, podría asegurarse que
políticamente están más cerca de los clanes U’wa del departamento de
Arauca, adscritos a ASCATIDAR, que a los clanes de Boyacá y los
Santanderes. Esta cercanía se explica por las reuniones que su
comunidad sostuvo a finales del 2006 con un facilitador que actuaba en
representación del gobierno nacional, buscando la realización de la
consulta previa para la exploración de petróleo en los territorios
indígenas de Casanare, y específicamente para el desarrollo del
Proyecto Mundo Nuevo.
Como se recordará, luego de concluido el proceso de ECOPETROL
con la OXY,
el antiguo bloque Samoré fue reestructurado en tres proyectos
independientes: Uno, para los alrededores de Gibraltar, denominado
Sirirí 3D, operado directamente por ECOPETROL, dados los
condicionamientos puestos por las empresas petroleras que no querían
revivir en forma alguna el viejo conflicto con los U’was de ASOU’WA; un
segundo proyecto, el Catleya 2D, para ser desarrollado por ECOPETROL en
asocio con la REPSOL
en los departamentos de Arauca y Boyacá, en una proporción del
cincuenta por ciento; y un tercer proyecto, el Bloque Mundo Nuevo, que
se desarrollará en asocio con la multinacional francesa HOCOL, en los
departamentos de Casanare y Arauca, en un contrato de riesgo
compartidos.
Justamente, para la implementación de este proyecto se venían
realizando las reuniones con la comunidad U’wa de Casanare, en las
cuales el líder indígena asesinado era una pieza fundamental. Este
hecho poco conocido dejaría fuera de toda sospecha a los miembros de la
fuerza pública, a no ser por las amenazas que algunos de sus miembros
habían proferido en contra Álvaro Salón, acusándolo de ser colaborador
de la guerrilla, según relatan algunos miembros de su comunidad.
Al parecer, los miembros del ejército desconocían el proceso
que los indígenas sostenían con el gobierno e interpretaban equivocadamente
la gestión de miembros de esta comunidad con el grupo guerrillero para
facilitar el tránsito de los facilitadores por su territorio. Por eso,
las palabras de un miembro del ejército al llegar al hospital de Tame
fueron: “es un colaborador de la guerrilla”, según relató un testigo.
Según Álvaro Salón, el tema de la explotación petrolera había
que asumirlo con cierto pragmatismo: “El territorio es uno solo. El
suelo y el subsuelo son nuestros, pero frente a los intereses de las
empresas petroleras, eso resulta una ficción. Una cosa es realizar la
consulta, saber qué tenemos, conocer nuestra riqueza, y otra bien
distinta es permitir que la saquen”. Así recuerda un viejo amigo sus
opiniones sobre el tema petrolero. Esa misma fuente
argumenta que las FARC no tenían ninguna razón para asesinar al líder
indígena, pues se hubieran opuesto a las gestiones de esa comunidad con
los facilitadores del gobierno.
Otros miembros de la comunidad agregaron que Álvaro Salón
había propuesto al
gobierno y a ECOPETROL la creación de una Comisión que
ayudara en el proceso de saneamiento del resguardo, tanto en la parte
de Arauca “Sabanas de Curipao”, como en Chaparral Barro Negro de
Casanare.
Por eso tienen sentido las preguntas reiteradas de miembros
de estas comunidades, durante el largo viacrusis de su velación:¿Por
qué la guerrilla va a colocar una mina de ese tipo en ese camino del
resguardo, cuando hace ya bastante tiempo "esos" (sic) están
desterrados de la zona, fruto del Plan Patriota, Plan Colombia, Plan de
Seguridad Democrática y otros?
Aunque en el conjunto de la región se han presentado
incidentes por mina antipersonal, algunos funcionarios consultados y
los propios indígenas sostienen que “…el ejército se encuentra allí
acantonado hace varios años, y en ese sector nunca se ha escuchado de
personas o animales muertos o heridos por esos artefactos explosivos.
Que los U´wa nunca han escuchado de eso". Además, “ese camino es un
recorrido habitual de los U´wa desde hace muchos años y nunca se han
encontrado con una mina antipersonal”.
Frente a las sindicaciones de que Salón era un colaborador de
la guerrilla, los indígenas además de negarlas rotundamente hicieron
reiterados pronunciamientos manifestando su interés de mantenerse al
margen del conflicto armado, reivindicando “que su lucha es por la paz y no hacerle daño a
ningún ser humano ni a la
madre tierra, e incluso ante la guerrilla también se han parado firmes
en esa posición de paz, y han pedido siempre que les respeten su
territorio y sus vidas”.
Las consecuencias de esta muerte
Analizando la posibilidad de que la muerte del indígena
hubiera sido causada por una mina antipersonal, los líderes indígenas
encuentran inexplicable que ni el burro ni la mula hubieran recibido
heridas de consideración, “salvo algunos desparramados perdigones en
sus cuerpos, que algunos se atrevieron a decir son perdigones de
granada de mano”. Aunque el burro apareció desde el día del incidente, la
mula sólo fue encontrada el día que los indígenas se desplazaron al
lugar a realizar un ritual, una ceremonia en homenaje a su líder
muerto, a pocos metros de allí, amarrada y con leves heridas.
Son muchas las dudas que existen alrededor de la muerte de
Álvaro Salón, pero ¿cuales son las consecuencias inmediatas de este
hecho? Los indígenas de la comunidad del líder inmolado fueron
contundentes: “Los u’was de Casanare no entraremos a consulta mientras
no se aclare la muerte del cacique”.
Posición similar podrían estar asumiendo los
indígenas de Arauca, para quien el líder asesinado es uno de sus
principales pilares. Los dirigentes de Asou’wa, aunque todavía no se ha
expresado una posición oficial al respecto, han venido impulsando la
realización de un congreso de todo el pueblo u’wa, que
aparte de ayudar al fortalecimiento de su proceso organizativo, les
permita proyectar su estrategia petrolera a los U’was de Arauca y
Casanare.
El crimen de Álvaro Salón no puede mirarse como
un simple homicidio. Su condición de cacique y líder indígena, su
pertenencia a una comunidad que hoy presenta los más altos niveles de
confrontación con el
gobierno, los testimonios de posibles amenazas contra
su vida, su condición de interlocutor con el gobierno para
viabilizar la realización de la consulta previa en su territorio, la
presencia del
ejercito a poca distancia del acto criminal, en fin,
su condición de persona para la cual el estado debe contar con las mas
amplias medidas de protección, convierten este caso en un verdadero
talón de Aquiles para el
gobierno, pues su muerte bien puede ser calificada
como un verdadero genocidio, dadas sus condiciones de autoridad
indígena destacada.