12.04.2007 22:47
De la pagina internet insunissia
Colombia se desangra, Repsol se enriquece
COLOMBIA SE DESANGRA, REPSOL SE ENRIQUECE
¿Qué oculta Repsol en Colombia?
A
pesar de que Repsol extrae una importante cantidad de petróleo de
Colombia, y en su informe de actividades se precia de sus prometedoras
áreas de exploración y explotación petrolífera, la multinacional
española no tiene oficinas comerciales, ni sede oficial en este país;
ni su logotipo ni su nombre aparecen en los pozos, estaciones de bombeo
o camiones que transportan el petróleo.
¿Qué lleva a la mayor petrolera de América Latina a trabajar en estas
condiciones de clandestinidad en Colombia?
La
respuesta hay que buscarla sin duda en el especial vínculo que la
actividad petrolífera mantiene en Colombia con la militarización de
amplias regiones, el desarrollo del paramilitarismo, los
desplazamientos forzosos masivos de la población local, la brutal
violencia dirigida contra las organizaciones sociales, los fatales
efectos en las comunidades indígenas y los desastres medioambientales.
No es de extrañar que la multinacional desee distanciar su imagen
corporativa de este cenagal, manteniendo sin embargo intacta su
capacidad de sacar máximo beneficio de todo ello.
En ningún
otro lugar es este hecho más llamativo que en Arauca, departamento
petrolífero por excelencia, en el que se vive una de las situaciones
humanitarias más dramáticas de Colombia, por el número de homicidios,
masacres, desapariciones, desplazamientos forzosos, allanamientos sin
orden judicial, detenciones arbitrarias y otras violaciones a los
derechos humanos. Arauca es un departamento de donde se extraen grandes
riquezas, mientras que un 70% de su población se encuentra en situación
de pobreza. Es en este departamento donde Repsol centra su actividad,
participando de una u otra forma en todos los campos petrolíferos de la
región. Sin embargo su presencia se mantiene invisible.
Las operaciones de Repsol en Arauca
Repsol
opera en Arauca en consorcio con la transnacional estadounidense Oxy en
campos como los de Cravo Norte o Rondón, asociada a la empresa estatal
Ecopetrol en campos como los de Catleya, y en solitario en Capachos o
San Miguel. En todas estas operaciones se beneficia sin escrúpulos de
los efectos que el terror paramilitar ha introducido en la sociedad
araucana: el desalojo forzoso de población campesina e indígena que
residía en la vecindad de los futuros campos o de los oleoductos, o el
debilitamiento de las voces críticas a la actuación de las petroleras,
entre ellas las de las comunidades indígenas, U?was y Guahibas, que se
han declarado repetidas veces contrarias a las operaciones en sus
territorios, las de los activistas sindicales que luchan por mejorar
las condiciones laborales de los trabajadores o las de aquellos líderes
sociales que abogan por un mayor reparto social de las riquezas
generadas por el petróleo.
Aunque, en la mayoría de los casos,
la incorporación de Repsol a las operaciones se produjo cuando los
niveles de máxima violencia contra la población civil estaban
reduciéndose, lo cierto es que nada le ha detenido para asociarse a
compañías como la Oxy, que sostienen un historial de apoyo y
financiación a las unidades militares más vinculadas a violaciones
sistemáticas a los derechos humanos, como la XVIII Brigada del
ejército, a la que Repsol también financia a través de convenios de
seguridad. Hay que resaltar la grave coincidencia espacial y temporal
entre la actividad petrolera de la compañía y el accionar de grupos
paramilitares, así en torno al campo de Capachos es donde se están
produciendo últimamente las más graves violaciones a los derechos
humanos llevadas a cabo por el paramilitarismo.
Repsol se
beneficia de que el Estado colombiano identifica los intereses de las
compañías petroleras con el "interés general de la nación", a sostener
por encima de los derechos de las comunidades indígenas, a las que
niega el derecho legalmente instituido a la "Consulta Previa". Las
comunidades indígenas U?wa y Guahiba ven amenazadas así su propia
supervivencia, debido a los desplazamientos a los que han sido
sometidas, a la militarización extrema de sus territorios, a los
efectos de distorsión socio-cultural que esta actividad introduce en
las comunidades y a las consecuencias medioambientales que ponen en
peligro los ecosistemas en los que subsisten.
Las operaciones
de la Repsol en Arauca tienen una última consecuencia especialmente
perniciosa: los desastres medioambientales asociados principalmente a
los derrames de crudo y al uso desmedido de recursos naturales
limitados, como es el caso del agua usada para la extracción, que
termina contaminada y desechada en lagunas y corrientes cercanas a los
campos. En algunos casos se acaba destruyendo los ecosistemas locales,
como sucedió con la laguna de Lipa, resultado de las operaciones en
Cravo Norte.
La actuación global de Repsol.
El caso de
las operaciones de Repsol en Colombia, a pesar de su dramatismo, no es
un hecho aislado. Repsol desarrolla sus actividades por todo el mundo.
Sólo en América Latina y el Caribe, opera en 14 países. La compañía
obtuvo en 2005 un beneficio récord de 3.120 millones de euros, un 27%
más que el año anterior. En torno al 80% de estos resultados provienen
de América Latina.
La experiencia de la actividad de esta
petrolera en otros países del continente como Argentina, Ecuador y
Bolivia, también está ligada a violaciones de los derechos de los
pueblos indígenas, al fomento de la corrupción, así como al deterioro
irreversible de los entornos sociales, culturales y ambientales, donde
opera.
http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=3225
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