EN BOLETIN OMAL
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El Gobierno colombiano autoriza las extracciones en territorio u’wa
Pedro Ramiro
y Alfonso Chaparro (Diagonal nº48)
"Ningún colombiano se puede oponer a una decisión del Estado”. Así ha
justificado la viceministra del Interior, María Isabel Nieto, la
reciente decisión del Gobierno colombiano de dar luz verde al inicio de
las actividades petroleras dentro de las reservas indígenas u’wa. A
pesar de la oposición de las organizaciones indígenas a la exploración
petrolera en sus territorios, un consorcio formado por la empresa
estatal Ecopetrol y por la multinacional española Repsol YPF es el
encargado de llevarlo a cabo.
Los u’was, que son conocidos como “el pueblo que
piensa” o “el pueblo que habla bien”, debido a que durante miles de
años han conseguido mantener relaciones pacíficas con sus vecinos sin
el uso de armas ni guerras, son uno de los grupos indígenas de Colombia
que mantienen de forma más viva su cultura ancestral. Se asientan en un
territorio en el oriente colombiano, limítrofe con Venezuela, que
comprende cinco departamentos: Norte de Santander, Santander, Boyacá,
Arauca y Casanare. El área donde se espera encontrar nuevos
yacimientos, encima del territorio ancestral u’wa, fue conocida como
bloque Samoré y a día de hoy, después de que la lucha de los u’was
adquiriese relevancia internacional y se abrieran varios procesos
judiciales, se encuentra dividida en dos partes: por un lado, el bloque
Sirirí (en el departamento de Santander y propiedad de Ecopetrol), y
por otro, el bloque Catleya (en Boyacá y Arauca, de Ecopetrol y Repsol
al 50%).
Tradición de resistencia
Los u’was, que siempre se han opuesto a la extracción
de crudo en sus tierras alegando que el petróleo es “la sangre de la
tierra” y que juega un papel fundamental en su cosmovisión, no quieren
que les suceda lo mismo que a muchos otros pueblos indígenas del país
(como los bari en el Catatumbo, los zenú en Córdoba, los nukak en el
Guaviare o los yariguíes en la cuenca media del río Magdalena, entre
otros), que vieron cómo las transnacionales petroleras violaban sus
derechos e invadían sus territorios. Ellos defienden la continuidad de
su modo de vida tradicional lejos de la lógica del capital, que ahora
se encuentra amenazado por la exploración sísmica (cuyas detonaciones
afectarán a las corrientes de agua y a los movimientos de tierras) y la
explotación de los recursos naturales de su territorio.
En la década de los ‘90, la resistencia de los u’was
adquirió una gran relevancia internacional, cuando sus amenazas de
cometer un suicidio colectivo dieron la vuelta al mundo: preferían
suicidarse antes que tener una muerte indigna por la entrada de las
multinacionales en su territorio ancestral. La compañía estadounidense
Occidental (Oxy) era la que entonces quería explotar Samoré, cuyas
reservas se estimaron en 1.500 millones de barriles de petróleo. A
pesar de las prebendas de Oxy, como las ofertas que algunos líderes
indígenas recibieron para trabajar en la empresa, las comunidades u’was
siempre se opusieron a la invasión de sus tierras. Así, mantuvieron
litigios en diferentes instancias judiciales nacionales e
internacionales y tuvieron la solidaridad y el apoyo de diferentes
movimientos sociales. Sus protestas tuvieron su punto culminante en el
año 2000, cuando ocuparon los terrenos del pozo Gibraltar para impedir
su puesta en marcha, de donde fueron violentamente desalojados por el
ejército y la policía. La difusión mediática de estos hechos, en los
que murieron dos niños indígenas, hizo que se pararan los esfuerzos por
entrar en la zona.
Hoy, ante el agotamiento de las reservas de
hidrocarburos en Colombia, el subsuelo del territorio u’wa vuelve a ser
una gran esperanza para que las compañías transnacionales hagan
negocio. La urgencia por encontrar nuevos yacimientos llevó de nuevo al
Gobierno en 2004 a presionar al pueblo u’wa: esta vez, se recurrió a la
puesta en marcha de una consulta previa, tal como recoge el convenio
169 de la OIT (que precisamente fue utilizado por los indígenas en
anteriores procedimientos judiciales para impedir las actividades
petroleras). Entre 2004 y 2005, la organización indígena de Arauca
asistió a las reuniones sobre el bloque Catleya, considerando que eran
meramente informativas, mientras la asociación de Boyacá y Santander
(Aso’uwa) no participó en la consulta sobre el bloque Sirirí, porque,
en palabras de un dirigente, “el convenio 169 de la OIT no garantiza
que se tenga que respetar nuestros derechos. Es un mero formalismo en
el que, aunque se haga la consulta, es el Gobierno el que toma la
decisión”. Finalmente, el resultado ha sido idéntico en ambos casos: en
el primer caso, la asistencia a las reuniones ha sido usada por el
Gobierno para legitimar el proceso y dar por hecha la consulta, aunque
no haya habido acuerdo; en el segundo, la renuncia a presentarse ha
hecho que el Estado dé por terminado el plazo y autorice la puesta en
marcha de los trabajos en diciembre de 2006. A pesar de que en Colombia
las operaciones de las petroleras han dejado a su paso un rastro de
graves violaciones a los derechos humanos, el pueblo u’wa no quiere
ceder en su determinación, como uno de sus miembros declara sin
titubeos: “Nos tendrán que matar a todos, con que quede uno sólo
seguiremos peleando. Es como cuando se produce una sucesión, para
quedarse con todo hay que matar a todos los herederos”. Mientras tanto,
Repsol deja que sea la empresa estatal Ecopetrol la que asuma los
costos políticos de la exploración, con lo que se da la paradoja de que
la mayor petrolera de América Latina opera en Colombia prácticamente en
la clandestinidad. Pero los u’was lo tienen claro: “La empresa que
opera es Ecopetrol, aunque la que da el dinero por detrás es Repsol...”.
Pedro Ramiro y Alfonso Chaparro
Observatorio de
Multinacionales en América Latina y CED-INS
Este artículo ha sido publicado en el nº 48
del periódico Diagonal (15-28 de febrero de 2007).
Entran los tráilers
El 17 de enero, representantes de la Asociación U’wa
denunciaban en un comunicado que 150 tráilers con material de
perforación petrolera estaban ingresando en territorio u’wa, en el pozo
Gibraltar 3. Con esa acción, según el escrito, se confirmaría “la
decisión arbitraria, inconstitucional e ilegal” de Uribe, que está
utilizando “para lograr su cometido, los aviones y helicópteros
enviados por los Estados Unidos como proyecto del Plan Colombia para
garantizar las actividades petroleras en nuestro territorio”.
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