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Brasil: Expansión del pre-sal, corrupción e industria petrolera Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Brasil
Miércoles, 24 de Junio de 2015 17:57

mapa-pre-sal

Por Marcelo Calazans, Tamra Gilbertson y Daniela Meirella (1)
Traducción: Nancy Viviana Piñeiro

En el año 2005, la compañía petrolera brasileña, Petrobras, descubrió hidrocarburos debajo de los cuerpos geológicos salinos en el campo Tupi, ubicado en el Océano Atlántico, frente a las costas de Río de Janeiro. En 2006, un consorcio compuesto por Petrobras, BG Group y Petrogal perforó el yacimiento Tupi y descubrió entre 5000 y 8000 millones de barriles de petróleo equivalente (boe, por su sigla en inglés) en una zona presalina. (2) El petróleo y gas del presal se encuentran debajo de una capa de sal de unos 2000 metros de profundidad, que a su vez está debajo de una capa de roca de unos 2000 metros, a una profundidad de entre 2000 y 3000 metros en el Océano Atlántico.(3) Tras nuevas exploraciones se encontraron depósitos de hidrocarburos en la capa presalina que se extiende a lo largo de las cuencas Santos, Campos y Espírito Santo, ubicadas en las costas de los estados de Río de Janeiro y Espírito Santo.

Puede decirse que este tipo de extracción de petróleo y gas es una de las fuentes de energía extrema más importantes que existen en la actualidad.(4) Se requieren grandes inversiones para extraer depósitos profundos ubicados a unos 300 km de la costa, por lo general en condiciones oceánicas severas. La gran profundidad y presión que supone la extracción presalina plantea importantes dificultades tecnológicas que deben superarse recurriendo a una amplia variedad de especialistas, equipamiento de alta tecnología e infraestructura.(5) Sumado a esto, la extracción de petróleo presalino en Brasil ha generado graves impactos ambientales y sociales: mayor contaminación terrestre y marina, consecuencias en la salud, luchas por la tierra, violencia, corrupción y protestas masivas en todo el país.(6)

Según lo que ahora se considera una certeza científica, cuatro quintos de las reservas de combustibles fósiles deben permanecer en el subsuelo para evitar un cambio climático catastrófico(7), para lo cual también se ha determinado que el calentamiento global no debería exceder los 2 °C. Sin embargo, las reservas de petróleo actuales no se condicen con esta proyección de 2 °C que limitaría las emisiones de carbono a la atmósfera a 565000 millones de toneladas, cantidad que debiera alcanzarse en 17,5 años, teniendo en cuenta las emisiones de 2014 (2,3 Gt de CO2).(8)

Los líderes de las Naciones Unidas prometen emitir un nuevo protocolo climático durante la COP 21, que tendrá lugar en París en el mes de diciembre, para dar respuesta a la inminente crisis climática. La historia demuestra que los intereses económicos actuales ejercen poder para incidir en el debate climático, desde los proyectos REDD+ que desalojan pueblos indígenas y pobladores de bosques en pos del acaparamiento de tierras, hasta mercados de carbono fallidos que generan ganancias inesperadas para los mayores contaminadores. (9) Con el crecimiento de la industria petrolera, incluso en un contexto de disminución de precios, queda claro que en París no se adoptará el límite de 2 °C. El lobby de la industria extractiva y los grandes intereses financieros en juego harán que el resultado de este nuevo protocolo climático no tenga peso alguno. Hay esperanza, pero no se encuentra en la mesa de negociación de la COP 21 en París, sino en las calles y en los territorios donde los pueblos continúan resistiendo a las poderosas corporaciones arraigadas en un sistema económico injusto.

Efectos del boom petrolero en Brasil

El gobierno brasileño y los reguladores de la industria petrolera quedaron sorprendidos por el descubrimiento de los yacimientos presalinos mar adentro en 2006. Después de meses de polémicas negociaciones, el 31 de agosto de 2009 el presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva envió cuatro proyectos de ley al Congreso para proponer una transformación radical de la estructura regulatoria y operativa existente en la industria petrolera. Las reformas garantizarían que un porcentaje del nuevo dinero del petróleo puediera utilizarse en los programas sociales y educativos, y el gobierno brasileño tendría una participación mayoritaria para crear una industria semipública. En un famoso discurso de 2008 Lula anunció: “El petróleo es nuestro, le pertenece a la gente, no a Petrobras ni a Shell”, copiando el anuncio del gobierno de Vargas, 69 años atrás: “El petróleo es nuestro”.

Al comienzo, el financiamiento petrolero silenció a muchos sectores de la sociedad civil vinculando a la compañía petrolera estatal de Brasil, Petrobras, con la mayoría de las actividades sociales y políticas, desde la cultura hasta la agricultura. Los fondos petroleros prometidos lograron silenciar a la oposición y sirvieron para dividir a los movimientos sociales y las comunidades, con coimas ocasionales para los líderes de algunos movimientos, mientras que se canalizaban grandes cantidades de dinero hacia la oligarquía. (10)

Petrobras y la masiva propaganda gubernamental que la acompañó fijaron proyecciones “potenciales” de 50 000, 35 000 y 28 000 millones de barriles en reservas presalinas, lo que generó una euforia en la sociedad brasileña basada en la ecuación fetiche: petróleo = derechos sociales. La posibilidad de un “Estado benefactor” brasileño se agitó frente a los ciudadanos, con promesas de salud pública, educación, vivienda, saneamiento y reforma agraria, que serían “garantizados” gracias al nuevo poder petrolero y las regalías brasileñas. (11) El argumento parecía seguir la lógica de que, de no ser por el petróleo, los gobiernos nunca podrían garantizar los derechos a toda la población. Pero dado que había petróleo, parecía necesario quitarles los derechos a algunos, es decir, pueblos originarios y trabajadores en condiciones precarias, a la naturaleza y a quienes habitan en las inmediaciones de los grandes proyectos: una injusticia ambiental violenta y unilateral.

Se desarrolló así un boom petrolero: si en el año 2000 el sector hidrocarburífero representaba el 3% del PBI brasileño, 13 años después llegaba al 13%, tras los gobiernos de Lula (2003-2006 a 2007-2010) y el primer mandato de Dilma Rousseff (2011-2014). La concesión de nuevos bloques exploratorios de petróleo y gas (incluido el shale) estuvo detenida durante cinco años, desde el 2008 al 2013, debido a las leyes de regalías existentes, que pusieron de relieve el frágil pacto federal brasileño entre los estados considerados “productores” de petróleo y los “no productores”. 

Durante el debate por las leyes de regalías se ha podido ver a los gobiernos y las autoridades de los estados de Río de Janeiro, Espírito Santo y São Paulo (donde se encuentra la mayor concentración del PBI y el petróleo presalino) pelearse por mantener sus regalías petroleras en calidad de “productores”. Los funcionarios públicos de estos estados argumentaron que necesitaban el dinero para pagar las innumerables consecuencias sociales y ambientales vinculadas a la exploración petrolera: contaminación, derrames, aumento de la población en ciudades pequeñas y medianas y destrucción de los ecosistemas marinos, por nombrar apenas algunas. Las autoridades eran muy conscientes de los riesgos propios de un estado petrolero. Como se repite en otras partes del mundo, el poder y la corrupción son parte inherente a la industria de los combustibles fósiles.

A partir del descubrimiento de las reservas mar adentro en Espírito Santo en 2006, las inversiones más importantes de los gobiernos de Lula y Dilma han estado concentradas en los sectores de petróleo y gas. Por ejemplo, el Plano Decenal de Energia (Plan Decenal de Energía) es una inversión de R$951 000 millones, de los cuales el 70,6 % está destinado al sector de petróleo y gas; el 22,5 %, al de electricidad; y el 7 %, a los biocombustibles. (12) Petrobras recibió inversiones por US$220 000 millones según su Plan de Negocios 2014-2018.(13) Los Planos de Aceleração do Crescimento (PAC 1 y PAC 2; Plan de Aceleración del Crecimiento) y el BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico), orquestaron inversiones para proyectos tales como: construcción de puertos, astilleros, ductos, refinerías, plantas de fertilizantes e instalaciones logísticas tanto en tierra como mar adentro. Esta infraestructura de gran escala se implementó a ritmo acelerado, con altos riesgos y a cualquier costo.

Las alianzas políticas del Gobierno con los sectores más conservadores tanto en el Parlamento como en la composición de los ministerios debilitó los códigos forestal y minero, redujo la legislación ambiental, impidió la implementación de los derechos territoriales de pueblos indígenas y tradicionales, pescadores y quilombolas, así como los derechos de los trabajadores de plataformas petroleras tercerizados y en condiciones precarias. Este aplacamiento de las condiciones se ha logrado gracias a la influencia de los intereses corporativos, a los sobornos y a la corrupción política, en un juego de acciones partidarias y corporativas que forman parte del pacto de poder que sellan las elites más importantes, entre ellas: Odebrecht, Camargo, Correa, Queiroz Galvão, Andrade Gutierrez.

Sinsentido económico en el precio del petróleo

Si bien el Gobierno afirma que la industria petrolera aún puede ser redituable con un barril a US$45, Petrobras ha lanzado un Plano de Desinvestimento (Plan de Desinversión) que incluye la venta de activos en algunos casos y la privatización en otros. La compañía venderá fábricas de fertilizantes, reducirá inversiones en puertos y refinerías e inversiones en otros países, para concentrarse aun más en la exploración de petróleo y gas en el territorio nacional. Petrobras es responsable del 92 % de la producción nacional; de ese porcentaje, el 75 % está compuesto por yacimientos presalinos mar adentro. (14)

Aunque es posible que la actual caída en el precio del petróleo sea temporal, el precio es de por sí volátil, e incluso cuando es bajo no frena la expansión de la industria petrolera ni la quema de combustibles fósiles. Sin embargo, en medio de estas crisis, la producción de petróleo y gas en Brasil sigue batiendo récords cada año, y ha alcanzado los 3 millones de barriles de petróleo equivalente por día en enero de 2015, de los cuales el 27 % se obtiene del offshore presalino (800 000 bpd). (15)

La caída del precio del petróleo, de US$115 en junio de 2014 a US$48 en enero de 2015, coincidió con una profunda crisis en el pacto de poder hegemónico desde el comienzo del Gobierno de Lula en 2003. Tras nueve años de boom petrolero ocurrió lo inevitable: corrupción, malversación de fondos y mentiras. Justo antes de la elección de Dilma, algunos investigadores lanzaron la Operación Lava Jato (Lavado de autos), que descubrió el esquema de lavado de dinero con el que se habrían movilizado más de US$3500 millones: el acto de corrupción más grande del país, producto del financiamiento de partidos políticos por parte de los más importantes contratistas petroleros y de Petrobras. (16)

El descontento con las políticas brasileñas creció en marzo de 2015, hasta culminar en las protestas contra la corrupción gubernamental, protagonizadas por millones de personas en las calles. El Gobierno de Dilma resultó fuertemente golpeado por la derecha, y la sociedad brasileña cayó en un debate complejo que enfrentó a la derecha con el PP de Dilma (Partido Progressista).(17) La corrupción era de esperarse más allá de quién detentara el poder: la izquierda, la derecha o el centro. Aun peor, las turbulencias en el panorama político revivieron fantasmas del pasado: algunos apoyaban la vuelta de un régimen militar para frenar la corrupción.(18)

Fueron inevitables el disenso generalizado y las protestas contra la corrupción, dado que el 10 % más rico recibe el 42,7 % de la renta nacional, y el 34 % más pobre recibe menos del 1,2 %.(19) Sumemos a esto la alta tasa de homicidios en Brasil, donde también se registran más de la mitad de los asesinatos a ambientalistas en el mundo, el aumento de la violencia y la corrupción como resultado de la intensificación de la explotación del petróleo presalino, y veremos que estos son apenas algunos de los desafíos que enfrenta el pueblo brasileño mientras el país se lanza a una nueva fase de desarrollo impulsada por el extractivismo.(20)

Soberanía nacional versus soberanía territorial: el caso de Espírito Santo

Por su ubicación y su abundancia en recursos naturales, Espírito Santo (ES) es históricamente una de las regiones más importantes del país en términos de exportación de productos de la minería, pasta de celulosa, mármol, granito y hierro. La mayoría de estos productos comenzaron a exportarse durante la dictadura militar. Por tratarse de una región devastada por una economía de exportación y por la industrialización, el descubrimiento del segundo yacimiento más grande de petróleo presalino en las costas de ES despertó sentimientos contradictorios en la población local. Cualquier “toxi tour” que se realice en las zonas petroleras del norte y a lo largo de la costa atlántica de Espírito Santo permitiría comprobar lo siguiente:

 

  • Expulsión de comunidades tradicionales, que imposibilita el desarrollo de una economía local sólida.
  • Derrames constantes y contaminación por petróleo en la tierra, los ríos y arroyos.
  • Devastación del ecosistema marino y los territorios de pesca.
  • Colapso de políticas sociales: salud, vivienda, educación y saneamiento en los distritos y ciudades “petroleras”. 

Desde el primer Gobierno de Lula, cientos de compañías relacionadas con el sector de petróleo y gas han invadido ES, con el apoyo financiero del BNDES, el PAC 1 y 2, y compañías como Petrobras, StatOil, Shell, Total, Chevron y Jurong. El Estado impulsa y alienta la industria petrolera ofreciendo nuevos bloques exploratorios, dando prioridad al sector de petróleo y gas en lo que respecta a políticas energéticas, destruyendo los derechos sobre la tierra, acelerando el otorgamiento de licencias sin estudios preventivos adecuados y manipulando continuamente el proceso de consulta.

Las complejas transacciones financieras de las que participan grupos subcartelizados y organizaciones políticas en un laberinto partidario se dan en las actividades de explotación del petróleo onshore y offshore, en la prospección sísmica, perforación de nuevos pozos, instalación de ductos, terminales de petróleo y gas, construcción de puertos y astilleros y ocupación de extensas áreas de tierra. Puede que la crisis haya desacelerado el avance de los proyectos, pero el proceso ya está en marcha. Las inversiones permiten que las ruedas del capitalismo sigan girando.

A lo largo de la costa atlántica, en el norte de ES, la extracción de petróleo devasta grandes extensiones del bosque Mata Atlântica y de la biodiversidad marina. La expansión petrolera convierte a los territorios de pesca y las tierras de quilombolas, campesinos, pueblos indígenas y pequeños distritos urbanos en “zonas de sacrificio”. Se destruyen las condiciones de vida de los habitantes locales, al tiempo que se expulsa, se persigue y criminaliza la resistencia.(21)

Los trabajadores petroleros arriesgan su vida en las plataformas offshore. Son muy comunes las explosiones y las fallas en los equipos. Por ejemplo, en febrero de 2015, nueve personas murieron frente a las costas de Aracruz, Espírito Santo, (22) a causa de una explosión en la plataforma tipo FPSO. Los trabajadores padecen las consecuencias de las malas condiciones laborales, las irregularidades en los equipos, las deficiencias normativas, la falta de mantenimiento de los equipos, la falta de aplicación de las leyes, entre otras.

Hay una exacerbación del racismo ambiental predominante en la zona, y de la violencia policial, que suele accionar en conjunto con milicias privadas, como ha sucedido en el emblemático caso de los asesinatos de pescadores de AHOMAR en conflicto con Petrobras, en la Bahía de Guanabara, Río de Janeiro. (23) Por otra parte, las ciudades y distritos que han convivido con la industria petrolera durante décadas, como el norte de Río de Janeiro y Bahía, demuestran claramente que la renta petrolera no se distribuye de manera equitativa en la sociedad, sino que ha generado una elite local que concentra la riqueza y el poder. Las personas no tienen el derecho de decir “no” ante la expansión descontrolada de nuevos bloques petroleros y pozos exploratorios. Esa expansión se lleva a cabo en nombre de la soberanía nacional, pero sin respetar la soberanía territorial.

El pedido urgente de activistas y comunidades de es: 
“¡Ni un pozo más! ¡Por el derecho a decir ‘no’!”

En Brasil ha surgido una campaña estratégica y un importante debate como consecuencia del seguimiento de injusticias y conflictos sociales y ambientales relacionados con el petróleo y el gas en distintos estados de la Federación, y gracias a la vinculación de redes nacionales y regionales. Consideramos que es esencial actuar contra la expansión del modelo petrolero, dado que no se interrumpirán las licitaciones para perforar nuevas áreas ni cesarán las injusticias ambientales. Por lo tanto, defender los territorios donde se resiste a estos proyectos crea barreras y obstáculos a esa expansión, desacelera su rápido avance y los riesgos vinculados a este, y cuestiona los usos y estilos de vida que “justifican” esa expansión: una agenda estratégica de diálogo con la sociedad civil brasileña.

Así, la estrategia es un modo de comenzar a realizar un intercambio con pescadores, quilombolas, ciudadanos locales, agricultores, académicos, artistas, estudiantes y activistas en defensa de “territorios libres de petróleo”: 1) ¡Ni un pozo más!, y 2) ¡Por el derecho a decir “no”! Estas frases pueden articularse en las campañas por los derechos de los territorios de pesca, indígenas y quilombolas, y por alimentos libres de plaguicidas.

“¡Ni un pozo más!” cuestiona la expansión y los falsos motivos. Por lo tanto, “¡Ni un pozo más!” no significa  que “aquí y ahora” dejaremos de utilizar el petróleo y el gas, es decir, no implica la inmediata pérdida de empleo para los trabajadores de la cadena petrolera. “¡Ni un pozo más!” es, en realidad, un pedido estratégico contra el avance de la expansión, para reflexionar sobre la necesidad urgente de reducir (y seleccionar con mayor cuidado) el uso de combustibles fósiles en pos de la justicia ambiental y climática.

“¡Por el derecho a decir ‘no’!” va al núcleo del debate sobre el consentimiento previo e informado, después de todo, no tiene ningún sentido tener derecho al consentimiento previo e informado sin el derecho a decir “no”: una frase acuñada por los movimientos feministas en la década de 1980, y hoy más pertinente que nunca, dada la falocracia petrolera. El sexismo, el racismo y la violencia enraizados en la expansión petrolera en los territorios brasileños es un indicador explícito del nivel de depravación de las “democracias” corruptas y basadas en la lógica de mercado. Una nueva sociedad y un nuevo modelo energético solo serán posibles si logramos detener la expansión descontrolada de la “civilización” petrolera. No habrá transición energética sin un alejamiento del modelo basado en el petróleo.

Si bien ya se están organizando movilizaciones de cara a la conferencia de París, muchos activistas, organizaciones y movimientos continúan con su fundamental resistencia en el territorio. En solidaridad con aquellos que tomarán las calles parisinas, también es importante señalar que los que no pueden ir ¾o elijen no hacerlo¾ necesitan de la solidaridad internacional mientras luchan con el poder en su fuente. En este sentido, esperamos generar mayor conciencia sobre la importancia de la movilización y la resistencia locales y de base en el Sur global. Sin estas duras luchas en la raíz misma de la brutal infraestructura extractiva, cualquier movilización será en vano. Por lo tanto, los diálogos futuros sobre justicia climática y ambiental deben tener como una de sus prioridades construir una mayor comprensión de las luchas locales y su importancia.

 

Notas:
1. Marcelo Calazans es director de FASE-ES, Brasil; Tamra Gilbertson es codirectora de Carbon Trade Watch; y Daniela Meirelles es investigadora de FASE-ES, Brasil. Los autores desean agradecer a Nicolas Kosoy y Leah Temper por sus útiles comentarios.

2. Flávia Gouveia. “Tecnologia nacional para extrair petróleo e gás do pré-sal”, UNIEMP, 2015. http://inovacao.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1984-43952010000100010&lng=pt&nrm=is

3. Las reservas de petróleo presalinas de mayor profundidad se encuentran a ambas orillas del Atlántico, a lo largo de las costas de África occidental y Brasil. Como referencia, según la Agencia de Información Energética (EIA) la perforación ultraprofunda en el Golfo de México es aquella que se realiza a 1500m de profundidad o más.

4. Michael T. Klare, “Our new 'tough oil' world: why 21st century oil will break the bank – and the planet”, The Nation, 13 de marzo de 2012.

5. R. Beltrão et al., "Pre-Salt Santos Basin - Challenges and New Technologies for the Development of the Pre-Salt Cluster, Santos Basin, Brazil", OnePetro 19880-MS, Offshore Technology Conference, Houston Texas, 4 de mayo de 2009.

6. BBC News, “Mass protest sweep through Brazil over oil giant Petrobras”, 12 de abril de 2015. http://www.bbc.com/news/world-latin-america-32278530

7. Christophe McGlade y Paul Ekins, “The geographical distribution of fossil fuels unused when limiting global warming to 2°C”, Nature núm. 517, pp. 187–190, 8 de enero de 2015.

8. IPCC Working Group III. Integrated Assessment Modelling Consortium (IAMC) AR5 Scenario Database https://secure.iiasa.ac.at/web-apps/ene/AR5DB/ (International Institute for Applied Systems Analysis 2014). Véase tambien: McGlade, C. & Ekins, P. Un-burnable oil: an examination of oil resource utilisation in a decarbonised energy system. Energy Policy núm. 64, pp. 102–112 (2014)

9. Nafeez Ahmed, “World Bank and UN carbon offset scheme 'complicit' in genocidal land grabs – NGOs,” The Guardian, 3 de julio de 2014. Véase, “No REDD+, a reader”.

10. Alfredo Saad-Filho, “Brazil: Economic Policy, The Protest Movement and the Débâcle of the Workers’ Party (PT)”, Global Research, 30 de marzo de 2015. http://www.globalresearch.ca/brazil-economic-policy-the-protest-movement-and-the-debacle-of-the-pt/5439462

11. Gilbertson y Calazans, “Like oil and water: struggles against the Brazilian “green economy”, Carbon Trade Watch y FASE-ES, noviembre de 2013. http://www.carbontradewatch.org/multimedia/like-oil-and-water-struggles-against-the-brazilian-green-economy

12. Plano Decenal de Expansão de Energia – PDE, http://www.epe.gov.br/pdee/forms/epeestudo.aspx

13. Apex Brasil, “Brazil: a huge oil and gas market at the tipping point for world renouned success”, Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones, 2014. http://www.apexbrasil.com.br/uploads/Final%20Updated%20Folder%20O&G%202014.pdf

14. Petrobras Magazine, “2013 results and new pre-salt record: 412,000 bopd”, 2014. http://www.petrobras.com/en/magazine/post/2013-results-and-new-pre-salt-record-412-000-bopd.htm

15. Petrobras Magazine, “Oil and nature gas production in January”, 2015. http://www.petrobras.com/en/magazine/post/oil-and-natural-gas-production-in-january.htm

16. Ministério Público Federal, “Results of Operation Lava Jato,” consultado el 9 de mayo de 2015. http://www.lavajato.mpf.mp.br/atuacao-na-1a-instancia/resultados/todas-noticias

17. Samantha Pearson y Aline Rocha, “One million join anti-Rousseff protests in Brazil”, Financial Times, 16 de marzo de 2015. http://www.ft.com/intl/cms/s/0/fff8df34-cb1e-11e4-bac3-00144feab7de.html

18. Antonis Vradis, “Brazil can't afford to ignore protestors when they're calling for the military”, The Guardian, 17 de marzo de 2015. http://www.theguardian.com/commentisfree/2015/mar/17/brazil-protesters-military

19. Informe del BID, “Country Program Evaluation: Brazil 2007-2010”, Inter-American Development Bank, 2011. http://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/5544/Country%20Program%20Evaluation%3a%20Brazil%202007-2010.pdf;jsessionid=3C88CED4F5FC92F32C52A33818D75AE7?sequence=14 [Trad. esp.: http://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/5544/Evaluaci%C3%B3n%20del%20Programa%20de%20Pa%C3%ADs%3a%20Brasil%202007-2010.pdf?sequence=13].

20. Brasil tiene la tasa de asesinatos de ambientalistas más alta del mundo. Véase, por ejemplo: “Deadly environment: the rise in killings of environmental and land defenders”, Global Witness, 2014. https://www.globalwitness.org/sites/default/files/deadly%20environment%20embargoed.pdf

21. Gilbertson y Calazans, “Like oil and water: struggles against the Brazilian “green economy”, Carbon Trade Watch y FASE-ES, noviembre 2013. http://www.carbontradewatch.org/multimedia/like-oil-and-water-struggles-against-the-brazilian-green-economy

22. Wendy Laursen, “FPSO blast: Last three bodies recovered”, Maritime Executive, 3 de marzo de 2015. http://www.maritime-executive.com/article/fpso-blast-last-three-bodies-recovered

23. Para más información: comunicado de prensa de Amigos de la Tierra: “Denouncing the brutal murder of two fishermen from Rio de Janeiro”, FOEi, 29 de junio de 2012. http://www.foei.org/news/denouncing-the-brutal-murder-of-two-fishermen-from-rio-de-janeiro [en español: http://www.foei.org/es/noticias/manifiesto-de-repudio-por-el-asesinato-de-dos-pescadores-de-ahomar] y http://www.carbontradewatch.org/multimedia/en/category/photo-essays/like-oil-and-water/petroleum-brutality?lang=en Support AHOMAR: http://www.sindpescarj.org.br/