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Petróleo en Latinoamerica -
Bolivia
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Miércoles, 26 de Agosto de 2009 22:00 |
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Los
medios de difusión cariocas reflejaban en mayo del 2006 el estado de
indignación existente en el Brasil a raíz de la llamada
“nacionalización” de los hidrocarburos en Bolivia, que consistió en
conminar a las empresas petroleras a firmar nuevos contratos o dejar la
plaza boliviana.
Los titulares de
prensa de ese momento lo decían todo: “Molesta a Brasil estatización en
Bolivia”, “Se agrava disputa Brasil-Bolivia”, “El ministro de
Relaciones Exteriores de Brasil no descartó el retiro del embajador de
su país en Bolivia”, “El 1,4 por ciento de brasileños desea declararle
guerra a Bolivia”.
En un momento crucial de
conformación de la agenda de cambio boliviana, Brasil no le tendió la
mano a Evo, dejó la cancha libre a Caracas y puso de manifiesto su
falta de liderazgo regional y su impericia para construir una visión
que sea capaz de situar a Sudamérica en el concierto mundial como una
potencia regional. Eran momentos en los que Brasil sólo tenía ojos para
su ombligo y hacía ostentación de una falta de políticas hacia su
entorno sudamericano, que sólo mostraba, una vez más, la preferencia de
los países del subcontinente de quejarse de sus vecinos antes que
cooperar con ellos. ¡Qué Latinoamérica más falta de miras!
El
pasado 22 de agosto de 2009, la historia cambia abruptamente, de modo
tal que no parece que se tratara de los mismos actores que en el clímax
de la crisis del gas no escatimaron comentarios rudos y torpes entre
ellos. Ahora, de pronto, Lula ingresa con paso de parada a la historia
boliviana, mostrando una actitud y una voluntad de liderazgo que
sorprende. Nuevamente los titulares de los medios de difusión nos dan
una idea de este momento: “Bolivia y Brasil consolidaron relaciones
bilaterales”, “Lula anuncia medidas de ayuda”, “Lula da espaldarazo a
Morales”, “Brasil abre mercado a textiles bolivianos”, “Cuatro mega
acuerdos sellan la integración de Bolivia y Brasil”, “Valora Lula
'lucha de toda la vida' de Bolivia por su liberación”. Lula y Evo
suscriben cuatro acuerdos muy significativos, sobre investigación para
la exploración del Salar de Uyuni; el entendimiento en defensa civil y
asistencia humanitaria; apoyo en la formación profesional y un
financiamiento de 332 millones de dólares para la construcción de la
carretera San Ignacio de Moxos-Villa Tunari. A dichos acuerdos se suma
la decisión del presidente Lula de abrir el mercado brasilero a los
textiles bolivianos, con la finalidad de reemplazar el perdido mercado
norteamericano e introducir una suerte de “APTDEA sin condiciones”,
como bautizó el Presidente Morales a la disposición brasilera.
Ante
este cambio vertiginoso de posturas, uno se pregunta intrigado, qué
pasó, qué razones o argumentos justifican ese mensaje tan contundente
por parte del coloso brasilero de abrirse a Bolivia, de tenderle vías
que le faciliten el tránsito al desarrollo a nuestro empobrecido país,
¿a qué se debió ese cambio?
Da la impresión
que Lula y su entorno gubernamental han comprendido muchas cosas en los
últimos años, en particular, la necesidad regional de contar con un
liderazgo que le abra a la región mejores oportunidades en el contexto
internacional. Latinoamérica en general y en particular Sudamérica,
tienen todos los “insumos” para convertirse en un importante actor en
el tablado internacional, para coadyuvar en la construcción de un mundo
más responsable, capaz de resolver sus problemas y hacer frente a sus
desafíos con mejores posibilidades de éxito. Latinoamérica, como el
gran crisol de la humanidad, el lugar donde convergen y conviven todas
las culturas, etnias y razas, como no sucede de modo semejante en el
mundo entero, tiene inmensas riquezas y extraordinarios recursos
naturales, que representan la mayor proporción de especies y climas del
orbe. Como si todo ello fuera poco, los descubrimientos y
revalorizaciones de ingentes recursos siguen día a día, como son los
casos del litio en el Salar de Uyuni o el agua dulce en el gigantesco
acuífero Guaraní. Los fabulosos recursos hidrocarburíferos del Orinoco,
recientemente descubiertos en Venezuela, y aquellos otros en la costa
de los estados brasileros de Santa Catarina y Espíritu Santo, sitúan a
Brasil y Venezuela como los países con las mayores reservas
hidrocarburíferas del planeta, por delante de los países árabes con sus
reservas ya legendarias. Dichas reservas constituyen sin duda un gran
compromiso y responsabilidad internacional, pero también pueden
entrañar grandes peligros.
El periodista
uruguayo Raúl Zibechi, uno de los analistas latinoamericanos más
destacados, ha dado a conocer recientemente su punto de vista en torno
a las razones que explicarían el afán norteamericano por usar siete
bases militares en Colombia. Según su punto de vista, el tiro no está
dirigido a fortalecer al gobierno colombiano en su lucha contra las
FARC, sino que “el mensaje principal es para Brasil y no para
Venezuela”, en coincidencia con la opinión del profesor Juan Gabriel
Tokatlián, aunque con dos precisiones del mismo Zibechi: 1) Decir
Brasil es decir Amazonía, es decir, recursos naturales, y 2) preocupa
la creciente alianza entre China y Brasil, “cuyo comercio debe
realizarse a través de la cordillera andina”.
En
este contexto, Zibechi señala algunas de las razones que sustentan su
punto de vista, entre las que destaca la fuerte competencia por
recursos naturales con la creciente participación de potencias
extracontinentales, las alianzas de los principales países
latinoamericanos con países asiáticos y potencias emergentes, el
creciente uso en la región de otras monedas distintas al dólar para sus
transacciones comerciales. También el ritmo de crecimiento de dichos
vínculos y los montos alcanzados, son mencionados como otras posibles
fuentes de preocupación norteamericana. El comercio entre China y
América Latina pasó de 8000 a más de 100000 millones de dólares en los
últimos 20 años. De igual modo, la presencia china en fondos de
inversión (incluido el BID) ha crecido vertiginosamente en los últimos
años. Como una consecuencia derivada de estos y otros aspectos, se
estaría dando la llamada "Geopolítica del Cerco" en la jerga brasilera,
según la cual militares estadounidenses estarían construyendo un
cinturón militar que rodea a Brasil en base a pistas y destacamentos,
lo cual disminuiría la capacidad brasileña de “proyectar poder en el
ámbito regional”. Hasta aquí los planteamientos de Zibechi.
Si
tomamos como base este enfoque, podríamos concluir que Brasil habría
comprendido que su bien entendido interés nacional pasa necesariamente
por un proyecto sólido de integración regional, y que en Bolivia
estaría dando sus primeros pasos, que luego podría extender a otros
países. A ello se agregaría su interés por relegar a Caracas de su
protagonismo regional que aún no arroja los frutos esperados.
En
el caso concreto de Bolivia, el apoyo brasilero a la carretera
bioceánica por territorio boliviano implica haber superado enfoques
descartados por el propio Brasil en los años 90, debido a que los
elevados costos de transporte por tramontar Los Andes por los puntos de
paso que brinda Bolivia y los bajos volúmenes de carga esperada de ida
y vuelta, hacían prácticamente inviable esa opción. El financiamiento
por parte de Brasil de la carretera de penetración hacia la amazonía
beniana, hasta San Ignacio de Moxos, es otra muestra de la voluntad de
vincular fuertemente la amazonía al movimiento general de la economía
boliviana y regional. Empieza a romperse ese cerco que ha impedido
durante décadas todo tipo de aprovechamiento de los recursos de la
Amazonía y ha convertido toda esa inmensa región, particularmente el
área que corresponde a la amazonía boliviana, en una especie de tierra
de reserva o de protección permanente, ya que se ha limitado
consecuentemente el desarrollo de todos aquellos recursos
complementarios necesarios para su aprovechamiento integral y
sostenible. Una muestra de la forma cerrada en que se mantiene ese
cerco radica en la imposibilidad actual de conectar el centro y el
norte del departamento de La Paz, lo que significaría vincular las
zonas andinas con las amazónicas. También las continuas dificultades
para avanzar de modo efectivo en la exploración de petróleo en el norte
paceño, nos muestra otras estacas del mismo cerco. El argumento
ambiental es imprescindible tenerlo en cuenta y salvarlo adecuadamente,
pero ello no debe llegar al extremo de dejarnos como meros espectadores
de la riqueza y potencialidades amazónicas.
Más
allá de ello, la relación Bolivia – Brasil es, sin duda, punto
neurálgico de la agenda estratégica boliviana para el Siglo XXI. Basta
pensar en el tamaño de nuestro vecino, en el hecho que nuestra mayor
frontera de lejos es con el Brasil, en la diversidad de temas que nos
vinculan, como ser la cuestión de los migrantes ilegales en ambos
países, en las hidroeléctricas, el tema del narcotráfico, el Mutún, el
Pantanal, el intercambio comercial y la navegación fluvial, como
algunos de los puntos cruciales de dicha agenda. También la
construcción de “confianza mutua” con Chile posiblemente podría ser más
equilibrada, sin las altanerías silalescas que aún perduran y trasminan
toda la relación, si logramos establecer un vínculo más claro y más
estrecho con el Brasil.
Es de destacar que
Zibechi centra su enfoque en los bienes comunes, que podríamos definir
como el conjunto de recursos, servicios y espacios comunes que debe ser
gestionado sosteniblemente en beneficio de la colectividad, como ser
agua, servicios ambientales, paisajes, suelos, biodiversidad, etc. Sin
duda, la disputa internacional crece en torno a las condiciones que
presidirán su aprovechamiento en la medida que el deterioro ambiental y
la injusticia social avanzan sin cesar.
A
modo de conclusión, podemos apreciar que la intervención norteamericana
en Colombia está empezando a desatar procesos de integración
indispensables para todos los países de la región, a modificar
comportamientos anquilosados y a rever nuestra región desde la
perspectiva de un futuro común y compartido, como forma de defensa de
nuestros recursos y de nuestra formas de encarar el futuro, lo cual en
buen romance significa no otra cosa que defender nuestros sueños y
proyectos, pues esa es la fuerza motriz de todo desarrollo humano.
"…
quiero garantizarte compañero Evo, que pienso que tú empezaste una
nueva era, Bolivia nunca más será la misma, porque este pueblo
descubrió que ahora es posible avanzar y que ahora que conquistaron
libertad, están aprendiendo el valor de la libertad, Bolivia nunca más
retrocederá, yo tengo certeza que tú comenzaste la construcción de una
gran nación en el continente Sudamericano" (Presidente Lula, durante
actos de suscripción de acuerdos entre Brasil y Bolivia en Villa
Tunari, el 22/08/2009).
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