Frente a esta situación, el Presidente Evo Morales hizo lo mínimo que
podía hacer: Decretar el traspaso al Estado de las acciones de la
empresa transportadora de hidrocarburos, por las que se pagará lo que
corresponda.
Así parece terminar la presencia de la Enron, que, en nombre propio y
de sus herederas, marcó un hito de corrupción en suelo boliviano.
Recuérdese que la Enron, al declararse en quiebra, el 2-XII-01, fue
calificada como una de las empresas más corruptas en la historia non
santa de EEUU. La Enron llegó al país al amparo del Presidente Gonzalo
Sánchez de Lozada (GSL), a fin de acelerar la liquidación de YPFB. A
los pocos meses de posesionarse en el cargo, GSL firmó con la Enron
(julio de 1994), un “memorando de entendimiento” para construir el
gasoducto Bolivia-Brasil.
Petrobrás, al anunciar que financiaría los 300 millones
de dólares que requería la obra, en la parte boliviana, pretendió dejar
fuera del negocio a la Enron. GSL se negó a aceptar el crédito
aduciendo que no podía pagarlo. Petrobrás respondió que aceptaría el
pago en gas natural. En ese momento, GSL reemplazó a YPFB, que debió
quedar como propietaria del gasoducto en territorio nacional, por la
compañía estadounidense.
Enron, convertida después en parte de Transredes,
incentivó actos oprobiosos. El vicepresidente aymara, Víctor Hugo
Cárdenas, promulgó el decreto que aprobaba el ilegal contrato con la
petrolera, debido a GSL estaba en EEUU. Los más altos ejecutivos de
YPFB, Arturo Castaños y Hugo Peredo, aparecieron trabajando en
Petrobrás. El Superintendente de Hidrocarburos, Carlos Miranda, no
exigió que se instalara una planta separadora de líquidos, lo que hizo
que Brasil se beneficiara con el gas húmedo que recibía en forma
adicional y gratuita. No se conocieron protestas del directorio de
YPFB, integrado también por el economista Gonzalo Chávez. Transredes
“prestó” a uno de sus directores, Carlos Kempff Bruno, para que sea
Ministro de Jorge Quiroga, para luego recuperarlo.
Transredes desplegó millonarias campañas en radios
periódicos y televisoras, en las que, mediante hábiles programas
(“campaña del buen conductor”), compró el silencio o la complicidad de
otrora aguerridos periodistas, además de políticos y dirigentes
cívicos, en especial de Santa Cruz. Las auditorias estatales a las
petroleras demostraron que Transredes incumplió compromisos de
inversión y que hizo exportaciones irregulares, además de extraños
desembolsos que coincidían con gastos en banderas, pasacalles,
camisolas y juegos artificiales para la realización de concentraciones,
marchas y cabildos, cada vez más agresivos en contra del Estado
nacional.
Quienes sirvieron a la Enron dicen ahora que la
nacionalización “atenta contra la seguridad jurídica” y que “no habrán
nuevas inversiones”, sin mencionar la forma en que Bolivia quedó sin
seguridad jurídica para evitar que sea astillada por el poder
transnacional y sus empleados. Si Evo Morales reorganizara YPFB de
manera efectiva, si abandona su política rentista, si deja de
desembolsar préstamos a transnacionales y Bancos extranjeros y si
congela la consigna de dividir a Bolivia en 36 naciones originarias,
habrá encontrado el camino para conducir al país por la senda de la
“revolución democrática” que proclama.
Andrés Solíz Rada
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