-------- Mensaje original --------
.hmmessage P
{
margin:0px;
padding:0px
}
body.hmmessage
{
FONT-SIZE: 10pt;
FONT-FAMILY:Tahoma
}
Para los que piensan que el petróleo solo
trae contaminación.
Consideren que esto apareció en La Nación que nos un diario que se tire
con el modelo
También habría que hablar del juego, la prostitución, la estampida de
los precios, la trata de personas y otras linduras que acompañan a las
petroleras.
Les copio una breve reseña de cómo fue la
historia en esa zona:
La perforación en esa área conocida
como 'borde de la cuenca neuquina' comenzó en 1957 y dio como resultado
al poco tiempo el descubrimiento de petróleo en Catriel Oeste (RN). La
producción era mediocre, compensaba algo eso que los pozos no eran
profundos, el área era grande pero discontinua, lo que hacía difícil
transportar el petróleo extraído hasta que años después se construyeron
oleoductos y encontraron mejores yacimientos. Continuó el avance
exploratorio entrando a La Pampa, al norte del Rio Colorado en la zona
de Colonia 25 de Mayo que en esa época era un pueblito pastoril
agrícola. Los sucesivos descubrimientos durante casi medio siglo
entendieron el área de explotación. El “mérito” fue de la YPF estatal
que en esa época se lanzó con sus desvencijadas máquinas y camiones a
perforar a 300 Km de su sede en Pza. Huincul por caminos que eran
guadales y también de los geólogos franceses que advirtieron a los
nuestros sobre la importancia de perforar allí dado los buenos
resultados que habían tenido ellos en África con estratigrafías
similares.
.ExternalClass .EC_hmmessage P{padding:0px;}.ExternalClass body.EC_hmmessage{font-size:10pt;font-family:Tahoma;}
MM
La insólita historia de Colonia 25 de Mayo
El boom del petróleo instaló el Far West en el desierto
pampeano
Súbita riqueza de una ciudad donde el éxito
convive con la ley del revólver
Lunes 6 de octubre de 2008 | Publicado en edición impresa
La
mayoría de las chacras de 25 de Mayo se convirtieron en campos de
exploración y extracción de petróleo Foto:
Armando Nuñez
Por Sergio Romano
Para LA NACION
COLONIA 25 DE MAYO.? La Pampa parece tener ya su
pueblo estilo Far West. En Colonia 25
de Mayo hay desierto, boom del
petróleo, cientos de trabajadores que llegan como hormigas a llenarse
los bolsillos con sueldos de entre 5000 y 10.000 pesos... y tiroteos
para ver quién es más guapo.
Mirta Larrazábal, de algo más de 40 años, es empleada administrativa en
el Sindicato del Petróleo de Río Negro, Neuquén y La Pampa. La custodia
un policía que usa mechas rojizas, cuchillo estilo Rambo y una pistola
reglamentaria. Tiene miedo, mucho miedo. Larrazábal dice que nadie sabe
lo que otros gremialistas son capaces de hacer.
El boom petrolero que vive esta ciudad, ubicada 411 kilómetros al
sudoeste de Santa Rosa, en el límite con Río Negro, transformó
costumbres y triplicó salarios y precios, pero también instaló la pelea
?a la usanza del Lejano Oeste, tiros incluidos? entre gremios por
captar afiliados. Es una disputa por dinero: los sindicatos retienen
entre 300 y 700 pesos del sueldo de cada afiliado.
Aquí nadie habla de Colonia 25 de
Mayo, como figura en los mapas,
justo al final de la larga Ruta del Desierto. La llaman '25', a secas. Hay 15.000 habitantes,
calles destrozadas, casi todo por hacerse y poderosas empresas
petroleras que por año sacan de las profundidades 6 millones de
barriles de crudo y 350 millones de metros cúbicos de gas. 'Usted no
sabe lo que son capaces de hacer', dice Héctor Fuentes, delegado
petrolero de 25 de Mayo por el gremio de Río Negro. Tres
cuadras más allá están 'los otros' sindicalistas.
'O-ese-e-erre.' César Oser se presenta y deletrea su apellido. 'Por
favor, escríbalo bien', dice. Parece que le ha tocado el papel del malo
que ataca a Clint Eastwood. Fue uno de los acusados de emboscar y
tirotear al bando rival sindicalista. 'Me «encanutaron» dos días. Sí,
estuve preso. Ese Fuentes es un «cagón»', remata.
Fuentes cuenta que habían ido al yacimiento petrolero El Corcovo a
hacer una asamblea y que, a la vuelta, los esperaron con camionetas
cruzadas en el camino. 'Oses [así le dice] y otros nos cruzaron las
camionetas, a las que le pegaron un tiro. Podrían habernos matado.'
El intendente David Bravo se queja, y con razón: 'Se llevan millones de
dólares a otras provincias y al exterior. Pero a la municipalidad sólo
le dejan 12 millones de pesos, ¡no de dólares!, al año en regalías'.
El boom del petróleo empezó hace un par de años pese a que, desde la
década del 70, la vieja YPF estuvo explotando los yacimientos de la
zona. Sólo ahora, luego de una serie de piquetes de vecinos, se empezó
a contratar trabajadores pampeanos y se ampliaron las zonas de
explotación.
Hay una decena de empresas petroleras que buscan el oro negro,
licitación mediante: Petrobras, Petro Andina y Petroquímica Comodoro
Rivadavia. En ciertos casos, pagan las regalías más altas del país: de
hasta el 40 por ciento. Por lo general, las concesiones nacionales
establecen un magro 12%. Hasta los Werthein -empresarios agropecuarios
y accionistas de Telecom Argentina- buscan petróleo en el oeste
pampeano.
Aquí también se asentó medio centenar de firmas que prestan servicios
de transporte, soldaduras de acueductos, construcción de líneas
eléctricas e instalación de baterías y estaciones de bombeo. Entre
ellas está la investigada Skanska.
El fantasma de los K está presente. 'Ya está desembarcando una poderosa
empresa para hacer movimientos de suelo. La conocemos como la empresa
de la Cristina', dicen por lo bajo.
Hay dos tipos de pobladores: los que trabajan en el petróleo con
sueldos de 8000 pesos promedio y los otros, estatales o empleados de
comercios y de campos, que miran cómo no sirven para mucho los 2000
pesos que cobran. De la mano de los salarios petroleros aumentó todo:
la carne, el pan y los alquileres. 'Un departamento de cuatro metros
por cuatro cuesta 700 pesos al mes. Y una casa de dos habitaciones,
3000 pesos', dice Fabricio Rodríguez, profesor de educación física.
Unas diez personas llegan por día a este pueblo para buscar trabajo. Y
casi todos los jóvenes empleados en el sector tienen autos cero
kilómetro. Carlos Corso aún no. 'Me entregan una camioneta en unos
días', dice. Tiene tres hijos, 30 años y recibe un sueldo de 7000
pesos. 'Todos queremos hacernos la América', agrega.
Mesa de los mentirosos
En el bar El Molino hay una humareda asfixiante. Un cartel promete
minutas para llevar. Hay seis parroquianos en torno de lo que en el
pueblo llaman 'La mesa de los mentirosos'. Hacen lo mismo desde hace
años: tomar ginebra, cerveza y, por supuesto, ver quién miente más.
Oscar Santamarina, ex diputado provincial por ARI, entra y saluda. Es
uno de los pocos que mantienen su chacra con frutales. La gran mayoría
se alquila como campamento de las petroleras o se subdivide. A las
17.30 del jueves pasado, Gabriel Millán abre una cerveza. Cuenta que
fue contratado para cortar los álamos de una hectárea y media de una
chacra. 'Había frutales añosos. Ahora habrá casas', explica.
Santamarina advierte que el boom petrolero trae aparejados la
contaminación y el reclamo de campesinos que ocupan tierras fiscales
desde hace cien años y no cobran por las explotaciones.
Aquí sería imposible ocultar la inflación. Los altísimos sueldos de los
petroleros han disparado los precios en los almacenes, de las casas y
de todo lo que se compre y se venda. Los bolsillos de maestros, médicos
y policías son los que más sufren.
Hay médicos y enfermeros del hospital Ahuad que se han ido a trabajar
como profesionales de la salud para las petroleras.
Dos adolescentes con guardapolvo dicen que hay dos boliches, tres pubs
y muchas caras nuevas en un pueblo donde todos se conocían. En el
último año han llegado numerosos trabajadores de otros pueblos, de
otras provincias y hasta de Chile, explican Emilia Bazán y Marianela
Pfund.
'Era un pueblo tranquilo. Ahora cerramos con llave. Hace unos días,
pasó algo que nunca ocurría: un tipo armado quiso asaltar a un vecino a
la salida de un banco', cuenta Emilia.
Todos quieren hacer negocio. Hay gomerías, quioscos y tres prostíbulos
con mujeres paraguayas, dominicanas y brasileñas. 'Se necesitaría uno
más grande. De nivel. Viene mucho yanqui con sombrero texano, mucho
japonés, mucho dólar', dice un hombre de 70 años con aspiraciones de
«fiolo».
Parece que las pistolas se disparan solas. Oser levanta su humanidad de
la silla y ofrece un apretón de manos. '¿Dónde dejé el arma? Nunca tuve
un arma', replica. 'El tiro en la camioneta, en realidad, fue un golpe
con un hierro', asegura. Desde la policía, sin embargo, confirman que
fue un balazo de un calibre 22.
Los gremialistas aún no se han puesto de acuerdo. Pero hay algo en lo
que coinciden: cada afiliado deja al sindicato mucha, pero mucha plata,
y siempre los otros son los matones. La puerta de uno de los sindicatos
ya se cerró. El policía y su cuchillo de Rambo se han ido a descansar.
Descargá GRATIS el poder del nuevo Internet Explorer 7. Internet
Explorer 7
|