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Buscarían
petróleo en cuatro de las diez reservas naturales de la provincia de
Córdoba
11-09-07,
Cuatro de las 10 áreas
protegidas
naturales de la provincia de Córdoba podrían quedar sujetas a
actividades de exploración petrolera, en función del llamado a
licitación concretado este año por la Empresa Provincial de Energía de
Córdoba (Epec). Para el Foro Ambiental, lo razonable hubiera sido que
en el momento de delinear el mapa de exploración, se hubiera excluido a
estos ecosistemas estratégicos.
Cuatro de las 10 áreas protegidas
naturales de la provincia de Córdoba podrían quedar sujetas a
actividades de exploración petrolera, en función del llamado a
licitación concretado este año por la Empresa Provincial de Energía de
Córdoba (Epec).
La información surge de datos recabados
por el Foro Ambiental de Córdoba a partir de las áreas licitadas para
las que se concretaron ofertas, y de la localización de las áreas
naturales protegidas, declaradas como tales por normas provinciales, y
recogidas en ese carácter en por la Agencia Córdoba Ambiente en su
página web.
Las áreas protegidas que –en su totalidad
o en parte– quedarían dentro de las zonas de exploración serían la
reserva Salinas Grandes; el corredor biogeográfico Chaco Árido (ambos
ubicados en el noroeste provincial); una franja de la reserva de uso
múltiple Mar Chiquita (en el noreste); un sector del corredor
biogeográfico El Caldén, en el sur provincial. Y también estarían
incluidas otras dos áreas naturales, en concreto, la reserva natural
Laguna Las Tunitas, y la reserva natural Parque Tau, creadas por ley.
Sin embargo, esta información no pudo ser
corroborada en Epec, a pesar de los insistentes llamados de este diario
al vocero de la empresa, Adrián Calvo.
Epec se limitó a informar, en forma
verbal, que de las 16 zonas previstas para explorar la presencia de
hidrocarburos en la provincia, hubo ofertas para ocho de ellas por
parte de dos empresas.
Las áreas para las que hubo oferentes son
Bulnes, Lucio V, Mansilla, Bell Ville y San Francisco; y General
Levalle, Villa Dolores, Corral de Bustos y Mataldi. De acuerdo con las
coordenadas para cada zona que figuran en el pliego de licitación
elaborado por la Epec, Lucio V. Mansilla abarca la reserva Salinas
Grandes y el corredor Chaco Árido; Villa Dolores el corredor Chaco
Árido; San Francisco un área de Mar Chiquita; Mataldi un sector del
corredor El Caldén. Además, el área Bell Ville comprende a la reserva
Parque Tau, y Corral de Bustos rozaría un sector de la reserva La
Tunita.
La posible superposición entre algunas
áreas protegidas y zonas de exploración de hidrocarburos fue advertida
en un informe de Telenoche 12, que especificó que la oferta económica
fue de 63,5 millones de dólares y que las dos empresas que presentaron
ofertas son nacionales y pertenecientes al mismo grupo económico,
Ketsal e Integra Investment, que estarían vinculadas a Daniel Vila y
José Luis Manzano.
Más dudas que certezas. “Hoy es imposible
saber cuántos kilómetros cuadrados de reservas y de áreas protegidas se
podrían ver afectados por la exploración para ver si hay petróleo,
porque ningún organismo oficial ha dado esa información”, advirtió el
biólogo Federico Kopta, integrante del Foro Ambiental.
“En el Foro vemos con mucha preocupación
que este tipo de búsqueda y la eventual explotación de hidrocarburos se
haga en esas áreas, por el impacto que puede tener en los ecosistemas”,
señaló el biólogo.
Las consecuencias sobre la fauna, en
particular en las aves, y también en el agua, por la importante
presencia de humedales (que tienen al agua como elemento estructural de
esos ecosistemas) en esas zonas, es lo que más preocupa a los
ambientalistas. “Si el agua se contamina, el ecosistema cambia
abruptamente”, explicó Kopta.
Para el biólogo, lo razonable hubiera
sido que, en el momento en que Epec delineó los mapas con las áreas
para buscar petróleo, se hubieran excluido las áreas naturales
protegidas.
“Aunque existe distinto tipo de
protección según cómo se catalogue al área, y está previsto que en
algunas de ellas pueda haber algún tipo de actividad productiva,
teniendo en cuenta que la licitación incluyó las dos terceras partes de
la provincia, las áreas naturales deberían haber quedado excluidas”,
argumentó Kopta.
Y es que, originalmente, la licitación
–cuya convocatoria se abrió el 23 de febrero pasado– preveía 16 zonas
para buscar petróleo, que afectaban a la mitad de las 10 áreas
naturales protegidas a nivel provincial, y a tres de las cuatro creadas
por el Poder Legislativo, además de otras tres áreas naturales
privadas.
Marcela Fernández
Información pública
Desde abril pasado, el Foro Ambiental de
Córdoba viene solicitando formalmente información oficial sobre qué
áreas de exploración de hidrocarburos coinciden con áreas naturales
protegidas, sin que hasta el momento la demanda haya obtenido una
respuesta.
En concreto, el 26 de abril de este año
el biólogo Federico Kopta, integrante del organización ambientalista,
presentó un pedido de información pública fundado en la ley provincial
8.803 de Acceso al Conocimiento de los Actos del Estado, dirigido al
presidente de Epec, Simón Dasensich. La solicitud fue respondida el 6
de junio pasado señalando que toda la información referida a la
licitación de hidrocarburos debía dirigirse a la Secretaría de Minería
de la Provincia.
Al día siguiente, el 7 de junio pasado,
Kopta reiteró el pedido de información pública, esta vez dirigido a la
Secretaría de Minería de la Provincia, sin que hasta la fecha haya
recibido respuesta, a pesar de que la ley prevé un plazo de 10 días
hábiles, con una prórroga similar.
Por esa razón, el 15 de agosto pasado,
Kopta envió una nota a la defensora del Pueblo de la Provincia, Jessica
Valentini, solicitando que gestione la respuesta a los pedidos de
información, dado que están vencidos los plazos previstos por la ley
8.803.
Mar Chiquita, la “niña bonita”
La reserva Bañados del Río Dulce y Laguna
Mar Chiquita, la más grande e importante de Córdoba, es la que está
mejor protegida de todas las áreas naturales provinciales.
En eso mucho tiene que ver el hecho de
que en 2002 fuera designada como sitio Ramsar por las Naciones Unidas y
reconocida como uno de los humedales salinos más extensos e
interesantes de Sudamérica.
Uno de los requisitos de toda área
protegida, y más específicamente de un sitio Ramsar, es el desarrollo
de un plan de manejo que permita el uso sustentable y la conservación
de su biodiversidad y de sus ambientes naturales. Y en el diseño de ese
modelo de gestión asumieron compromisos la Nación y la Provincia.
Enrique Bucher, director del Centro de
Zoología Aplicada de la UNC y coordinador del trabajo de 33 autores que
dio origen al libro Bañados del Río Dulce y Laguna Mar Chiquita
(editado el año pasado por la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba)
asegura que "en la actualidad no hay amenazadas urgentes ni riesgos
importantes de degradación" del sistema de Ansenuza. Y si bien
considera que "quizá el número de guardaparques no es el ideal", el
área cuanta con personal capacitado y un destacamento bien equipado.
No obstante, advierte que, hacia el
futuro, la situación es diferente y señala amenazas concretas. Una, si
la laguna seguirá contando con el agua que necesita para mantenerse
como tal, considerando que se trata de una cuenca cerrada.
El biólogo abre interrogantes en las
"altísimas cuotas de agua para Santiago del Estero y Tucumán" que
contempla el tratado vigente sobre la cuenca del Salí-Dulce (que
también incluye a Córdoba), el principal tributario de Mar Chiquita.
Bucher aclaró que esas cuotas no están
efectivizadas totalmente en la actualidad pero Santiago del Estero
tiene proyectadas importantes obras de irrigación y la extracción de
agua de ese recurso que está haciendo Tucumán es cada vez mayor debido
al sensible aumento del consumo industrial y residencial.
"El libro contiene un modelo hidrológico
realizado por hidrólogos de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNC.
Se trata de una primera aproximación acerca de cuánta agua se necesita
para mantener distintos niveles de la laguna", señala Bucher.
Para este científico se trata de una
herramienta para que las provincias comprendidas en esta cuenca
negocien un nuevo tratado, que establezca el volumen que tendría que
proveer el Río Dulce debajo del embalse de Río Hondo para asegurar el
funcionamiento de la laguna, el uso sustentable y la conservación de su
biodiversidad y ambientes naturales.
Ni tan desprotegidas ni tan descuidadas
Las áreas naturales cordobesas, en
términos generales, no están tan protegidas como los partidarios del
desarrollo sustentable quisieran ni tan descuidadas como algunos
defensores a ultranza del ambiente denuncian periódicamente.
La gestación del actual sistema
provincial de áreas de conservación, cuyo propósito es tener
representados todos los ambientes naturales de Córdoba, comenzó con
cierto vigor a comienzos de la década del ‘60 cuando algunos
infatigables luchadores de la causa ecológica, como Ricardo Lutti
(emblema académico y de la investigación en la Facultad de Ciencias
Exactas de la UNC, cuya biblioteca lleva el nombre de quien fuera
profesor emérito de esa casa de estudios) enarbolaron la bandera de la
conservación de nichos ambientales o ecosistemas característicos.
En aquel tiempo, la legislación en
materia de preservación de los recursos naturales era mínima e
inespecífica y había que rascar la cáscara normativa para encontrar
alguna referencia clara en la materia. Como en el caso de la ley de
caza 4.046, de 1958, que contemplaba de manera explícita algunos
principios que sirvieron luego para la creación, en 1964, del refugio
de animales autóctonos Quebrada del Condorito, hoy parque nacional.
También, para la declaración de reserva de la laguna Mar Chiquita y
como parque arqueológico y natural de Cerro Colorado.
Hubo que esperar dos décadas para la
promulgación de la ley 6.964 de áreas naturales de Córdoba. De ese
modo, Córdoba se transformó en la provincia pionera en contar con una
legislación específica.
No obstante y pese a la existencia de
instrumentos legales y a la vocación y compromiso de organizaciones
gubernamentales y no gubernamentales con la preservación de áreas
naturales representativas, los niveles de protección de los actuales
sitios comprendidos en ese rango presentan déficits evidentes.
Botón de muestra. En la reserva hídrica
natural Parque La Quebrada, en Río Ceballos, desde su creación, hace
exactamente 20 años, "prácticamente nunca se hizo cumplir el reglamento
de funcionamiento", asegura Pablo de Maio, presidente de la Asociación
Ecosistemas Argentinos y habitante de esa área protegida. Con matices,
la situación es similar en las restantes siete áreas protegidas y en
los dos corredores biogeográficos de la provincia (el del Caldén y el
del Chaco Árido).
El biólogo señala como ejemplo que en
Colanchanga, la zona más urbanizada de la reserva (a la vera del camino
de El Cuadrado) nadie respeta ni hace respetar el factor de ocupación.
Esa relación es del 0,03 por ciento de las 4.200 hectáreas protegidas.
"No hay ningún monitoreo ni control sobre el factor de ocupación.
Tampoco lo hay del tipo de construcciones, de la disposición final de
los residuos sólidos ni de los desagües", señala. Maio también lamenta
que hasta ahora no se haya diseñado un modelo de gestión ordenada del
uso del suelo con fines ganaderos. "Eso es muy lamentable porque hay
que tener en cuenta que se trata de una reserva hídrica y que el 80 por
ciento del área es de pastizales", aclara.
Cabe destacar que el embalse La Quebrada
abastece de agua potable a los pobladores de Río Ceballos, Unquillo y
Mendiolaza y, excepcionalmente, a otras localidades del departamento
Colón, en épocas de sequía, como sucedió el último verano con
Salsipuedes.
La semana pasada se desarrolló un
simposio en Río Ceballos en el que se destacó que debido a la
imprevisión señalada y a la falta de controles, la calidad del agua que
recibe el principal dique de las Sierras Chicas es cada vez de menor.
Por esa razón los costos de potabilización se incrementan
periódicamente.
Con el fin de revertir ese cuadro, la
Asociación Ecosistemas Argentinos motorizó un proyecto de creación de
una reserva municipal en la cuenca del arroyo Mal Paso. De concretarse
la iniciativa, se sumarían 1.500 hectáreas a la reserva hídrica La
Quebrada e integraría a ambas a la de Los Quebrachitos. De ese modo,
unas 10 mil hectáreas quedarían bajo protección.
La propuesta está desde hace dos años a
consideración del Concejo Deliberante de Río Ceballos. "En un primer
momento se le dio un fuerte impulso pero, aparentemente, a pedido del
Ejecutivo y debido a supuestas presiones de empresarios inmobiliarios,
su aprobación está demorada", señaló Maio. Los defensores del ambiente
confían en que las autoridades municipales electas recientemente
rescaten el proyecto y lo concreten. www.ecoportal.net
Héctor Brondo
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