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ARGENTINA - Malvinas/Falklands: Kelpers y petróleo como botín de guerra Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Argentina
Jueves, 09 de Febrero de 2012 19:38

El conflicto -real o fabricado- entre Buenos Aires y Londres beneficia a políticos y oficiales militares, pero poco ayuda a los isleños, esos británicos que viven en suelo argentino; El petróleo, ese recurso natural argentino explotado por británicos, tampoco será para ellos; ¿La llegada del Príncipe William es todo lo que tiene el Reino Unido para ofrecerle a los Kelpers? Se parece mucho a los ositos de peluche de el excanciller Guido Di Tella.

Con las tensiones entre Buenos Aires y Londres por Malvinas/Falklands y el resto del archipiélago sur en su punto más áspero con la llegada este jueves del Príncipe William a las islas como parte una misión militar, en momentos de fuertes declaraciones cruzadas, resulta interesante poner el foco en los Kelpers, esos británicos que viven en suelo argentino y en el petróleo, ese recurso natural argentino explotado por los británicos.

Al respecto cabe resaltar lo que dice Andy Beckett en su editorial publicado en The Guardian en el día de ayer (1/02). Beckett argumenta que cuando Argentina invadió las Malvinas en abril de 1982, la noticia cayó como una sorpresa para la mayoría de Whitehall. Con las comunicaciones con las islas interrumpidas, durante varias horas el atroz gobierno de Margaret Thatcher, entonces no conocido por su competencia, no pudo confirmar si las islas habían sido efectivamente capturadas.

Treinta años después, las tensiones entre Gran Bretaña y Argentina sobre las islas se han ido acumulando de manera cada vez más pública y consiente.

En 2007, significativamente también en un aniversario de la guerra de las Malvinas, en su 25 aniversario, la Argentina reafirmó oficialmente su reclamo tras varios años de silencio de posguerra perdida.

El mismo año, Gran Bretaña anunció su intención de reclamar una vasta extensión del lecho marino que circunda las islas del Atlántico Sur a través de la ONU. En 2010, luego que las compañías petroleras británicas comenzasen a demostrar un interés firme en aquellos fondos marinos, la Argentina decretó que los buques que pasen por sus aguas en camino a las islas requieren los correspondientes permisos.

Esta esporádica estrategia diplomáticas y comercial del ojo por ojo ha adquirido recientemente un mayor impulso. En septiembre pasado, la presidente argentina, Cristina Fernández, dijo en las Naciones Unidas que Buenos Aires puede prohibir el único vuelo semanal comercial a Malvinas que pasa a través de su espacio aéreo.

En diciembre, Argentina persuadió a los países vecinos, entre ellos Chile -uno aliado crucial de Gran Bretaña durante la guerra- para que prohíba los buques civiles que enarbolen la bandera de las Malvinas/Falkland la entrada a sus puertos. El mes pasado, David Cameron, acusó provocativamente a Argentina por su "colonialismo" al continuar con sus reclamos de soberanía frente a los habitantes de las islas que, a todas luces, desean seguir siendo británicos.

El pasado martes (31/01), Gran Bretaña anunció el inminente despliegue del destructor HMS Dauntless hacia el Atlántico sur en sustitución de un buque de guerra menos potente, mientras que la llegada del Príncipe Guillermo está prevista para hoy (2/02) con su "uniforme de los conquistadores", para usar la frase de teatral desaprobación de la Cancillería argentina.

Para los 3.000 habitantes de las islas, toda esta maniobra ha provocado el aumento de precios de los alimentos y una creciente sensación de encierro. Sin embargo, para las demás partes interesadas, la disputa tiene beneficios. Algunos miembros de renombre de las fuerzas armadas en Londres, frente a los recortes que enfrentan en su presupuesto militar, han hecho de la nueva amenaza a las Malvinas, su causa.

Los periodistas belicosos británicos tienen su potencial nueva guerra. Cristina Fernández goza de la publicidad internacional que tiene su reclamo de soberanía. Cameron tiene una oportunidad para saludar a la bandera como manera de distraer frente a la fallida política económica en un símil de lo que hizo Margaret Thatcher en 1982. Sin embargo, es mucho más difícil, al menos por ahora, imaginarse que esto terminará en una guerra. La presidente argentina dice repudiar la guerra que siguió a la invasión de 1982 y que sólo quiere que Gran Bretaña y Argentina se sienten a dialogar.

La guarnición británica en las Malvinas es de más de 10 veces mayor de lo que era en 1982. Lo más probable, después de que pase la "temporada del aniversario", Malvinas/Falklands volverá a silenciarse como noticia, mucho más como política. Por lo menos hasta un nuevo aniversario... o el próximo descubrimiento de petróleo.

En el medio, los Kelpers quienes por el momento sólo tienen una promesa de una eventual autodeterminación, lo que es decir, hoy por hoy, nada. Cuanto mucho, una visita protocolar para ensalsar el amor a la monarquía ¿O es que los Kelpers no vierno la boda con Kate Middleton?

Para el periodista Peter Preston, incluso, estos serán eventualmente traicionados por el Gobierno Británico. Aduce Preston que las promesas de Cameron no serán cumplidas.

La bravuconería política viene fácil, dice. Los 3.000 habitantes de las islas más lejanas de la metrópoli harían bien en recortar y guardar la promesa de David Cameron de brindarles seguridad eterna a las islas. Se puede creer por unos días. El próximo primer ministro, y el que venga después de ese, pueden profesar a que también se les crea. Sin embargo, todo eso no es sino basura egoísta de plazo peligrosamente corto.

Nicholas Ridley, un incondicional de la derecha cuando no estaba ocupado siendo ministro de Asuntos Exteriores, fue a los isleños, hace 33 años, y les presento una opción sensata. Gran Bretaña no podía soportar el costo de apoyarlos y defenderlos por más tiempo. Demasiado dinero y trabajo redundante. Se proponía que estarían mucho mejor con la Argentina como vecino útil. La geografía y el sentido común dictaban una solución pacífica y lógica: arrendamiento con pacto de restitución. De esta manera, los isleños vivirían sus vidas como lo venían haciendo, pero Buenos Aires tomaría la soberanía en el largo plazo. Era lo que Ridley y, por inferencia, incluso Margaret Thatcher pensaban que era mejor.

Sin embargo, los 3000 dijeron que no, la Junta Militar argentina entendió mal el mensaje y se produjo el desastre. Hubo eso si un gran beneficio: una feroz dictadura militar se derrumbó. Argentina generó una democracia estable y se prometió que -disminución presupuestaria de por medio y desmembramiento de las fuerzas armadas- la opción militar quedaba prácticamente eternamente descartada. Quedó todo para la diplomacia. Excepto que lo que no hubo, fue diplomacia.

¿Y ahora que han pasado 30 largos años?. El propio presupuesto de defensa de Londres también se ha marchitado. Sin duda el Reino Unido no puede cumplir con todas sus promesas históricas. Sin embargo, 1.000 hombres, con aviones, barcos y estaciones de radar se sientan en las Malvinas, supuestamente, para disuadir una invasión que no existe -, mientras que una flotilla de almirantes le hacen el lobby al Tesoro Británico para conseguir nuevos portaviones. Miles de millones gastados sin resultado alguno. Los argentinos, recuerda Prestom podrían ser los socios y partidarios mas fervientes de Londres en América del Sur (recuerda a los colonos galeses y su fascinación con la Patagonia). La llegada del Príncipe William en tono tabloide sólo agrega más circo, pero sin soluciones concretas o duraderas.

Sin duda las cosas se pondrán peor, mucho peor, si Buenos Aires juega sus cartas con astucia. Las Malvinas necesitan su enlace aéreo con Chile. Cortar las líneas de suministro terminará con toda apariencia de vida normal para las islas, situación imposible de mantener en el tiempo. ¿Cumplirá esta vez Santiago?. La marea de la opinión pública sudamericana ha abandonado a Gran Bretaña. Barack Obama no es Ronald Reagan. Nicolas Sarkozy no les dará soporte. La llave está en el gobierno argentino y su relación con los Kelpers.

No se trata de seducirlos con ositos de peluche a lo Guido Di Tella, sino de congeniar con ellos en miras a intereses comunes o complementarios. Por el momento, Gran Bretaña sólo les ofrece un pedido de mayor lealtad a la Corona con la visita de William.

Pero claro, hay petróleo en las aguas circundantes. Petróleo que no hará rico a los 3.000 kelpers, y ahí reside el problema. Para ellos, que ponen el cuerpo, poco y nada de ambos bandos.

El tema del petróleo es obviamente también clave. Con petroleros acercándose a las orillas de las Islas, no hay una sola empresa que proponga explotar el petróleo en beneficio de los kelpers. Entonces ¿qué se hará con el petróleo que se encuentre? ¿Dónde se lo desembarcará y comercializará? ¿Se puede bloquear a la Argentina y sus socios en la comercialización de ese petróleo? ¿Tiene sentido comercial? No parece. Hay mucha retórica, mucho nacionalismo, y poca cordura. Y en el medio, 3.000 personas que "habitan el suelo argento" (por si alguien olvidó el Preámbulo de la Constitución Nacional).

En las últimas semanas se supo de la nueva plataforma petrolera que llegó al Atlántico Sur para unirse a los proyectos de exploración de hidrocarburos que ya efectúan varias empresas británicas en el océano en una zona disputada entre el Reino Unido y Argentina. Se trata de la plataforma Leiv Eiriksson, que viajó durante casi 2 meses desde Groenlandia donde venía efectuando exploraciones para una empresa británica.

Ahora fue contratada por Falklands Oil and Gas Limited (FOGL) y Borders and Southern, ambas con capital británico, para taladrar el subsuelo marino cerca de las disputadas islas en busca de petróleo. Esa plataforma comenzó ya sus operaciones.

Sin duda la honestidad incluye el único elemento que David Cameron deja fuera. Si se le va a dar a los isleños una elección en referéndum sobre lo que viene después, entonces la elección tiene que ser real, no retórica. ¿Podrían los herederos de Ridley llegar a un acuerdo con Fernández de Kirchner? Por supuesto que podrían. Esa sería ala opción A en la papeleta del referéndum. Pero, ¿qué pueden aportar los contribuyentes de ambos fiscos a la opción B? ¿No debería consultarse quien esta dispuesto a pagar por una pequeña colonia que no puede crecer y prosperar sin temor? Porque no habría que prometerles cosas que no se pueden cumplir. Argentina también debe hacer sus deberes en este sentido.

Tarde o temprano, los Kelpers serán vendidos como el mismo petróleo. Ese es el sucio secreto detrás de la bravuconería de Cameron, y la verdad que hay que reconocer. Si los vetos de Cameron en Europa no duran ni 3 semanas ¿por qué suponer que duraran siglos en el Atlántico Sur.

La solución debe encontrarse ahora. Si no, escucharemos cantar a los Kelpers "las penas son de nosotros, el petróleo, es ajeno".

 

FUENTE: www.lavoz901.com.ar