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ARGENTINA - El petróleo de Las Islas Malvinas, la diana de una guerra perdida Imprimir E-mail
Petróleo en Latinoamerica - Argentina
Miércoles, 28 de Septiembre de 2011 14:47

Centro de explotación petrolera en Las islas Malvinas.
"Ha sido la mayor estafa nacional". Así definió el director de cine argentino, también diputado nacional, Fernando ‘Pino' Solanas en su documental ‘Oro Negro -Tierra sublevada', la situación de explotación petrolera en Argentina cuya historia está plagada de concesiones a empresas multinacionales que, según cuenta Solanas, se "llevan la mayoría de las ganancias".

Y es que el resentimiento de los argentinos hacia la obtención petrolera en las islas es doble. Las Malvinas, cuya disputa por su soberanía ha estado en vilo desde 1833, enfrentando a Inglaterra y Argentina, han vuelto a ser la diana de una vieja guerra cazada en 1982, que terminó con la rendición argentina, pero que revive por cuenta de la explotación de crudo.

Ahora, la empresa británica Rockhopper, que hace trabajos de exploración de petróleo en aguas de las islas, afirmó haber hallado cantidades importantes de crudo y espera empezar las labores de extracción para el año 2016.

La compañía estima que hay unos 350 millones de barriles (aproximadamente 27.600 millones de euros) recuperables en el campo petrolífero donde ha estado explorando, cantidad suficiente para hacer que Las Malvinas se conviertan en un importante centro de producción de crudo, según los expertos.

Los trabajos de exploración, que empezaron el año pasado, han sido condenados por Argentina.

La polémica se vuelve más espinosa si se tiene en cuenta que Rockhopper calcula que en el momento de mayor producción se podrán extraer unos 120.000 barriles diarios, (cerca de nueve millones de euros) hacia el año 2018.

Los recursos petroleros argentinos ya han despertaron el interés de algunas grandes compañías, entre las cuales destacan la petrolera hispano-argentina Repsol YPF.

Una historia de "negro" panorama

Como lo denuncia Fernando ‘Pino' Solanas en su documental, la historia del petróleo argentino es una de desilusiones, de las que Inglaterra apenas ha sido un responsable.

"Argentina se autoabastecía de petróleo. En los años sesenta vendía petróleo a Italia, España y Francia", cuenta Solanas en una entrevista. El político argentino hizo una larga investigación a través de los yacimientos y localidades petroleras del país para la realización de su producción cinematográfica.

"Hoy Argentina importa gas y petróleo. Se esfumaron 25 a 30 años de reservas. Se llevaron 5.000 millones de barriles en 20 años", estimó Solanas en una charla con un grupo de periodistas al estreno de su documental en 2010.

Uno de los periodos políticos más "negros" para el petróleo argentino se le atribuye al mandato del ex presidente Carlos Menem, en el que las políticas de privatización prosperaron.

Hacia finales de la década del ochenta, el Gobierno de Menem determinó que el mercado del petróleo demandaba el financiamiento de inversores privados. La superinflación por la que atravesaba el país, sumada a la poca productividad del capital en el sector energético, facilitó el consenso político para la introducción de reformas que incorporaran la participación de empresas extranjeras en ese sector productivo.

El Ejecutivo argentino permitió desregular la actividad al amparo de la Ley de Hidrocarburos de 1967. Entre otros atributos, los decretos aseguraban la libre disponibilidad del crudo para los nuevos concesionarios, quienes obtendrían las áreas de explotación por 25 años, prorrogables por otros diez.

"Menem permitió a las multinacionales apropiarse de toda la cadena productiva, agotando las reservas y exportando crudo por un valor de casi el doble del monto total de la deuda externa", aseguró Solanas.

Dentro del conflicto se han sucedido diferentes peticiones de Argentina ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre la necesidad de transmitir a los ingleses el establecimiento de una mesa de diálogo. Como respuesta, el Gobierno inglés ha mostrado una postura de negociación, sin que esto implique que se vaya a reconocer la soberanía argentina de Las Malvinas, lo que resulta ser una contestación ambigua para Argentina.

El inicio de la disputa

En marzo de 1975, el gobierno británico confirmó la recepción del informe de Griffiths, que determinaba la existencia de yacimientos de petróleo en Las Malvinas. Argentina comunicó entonces a las Naciones Unidas que no reconocía ni iba a reconocer "la titularidad ni el ejercicio de ningún derecho relativo a la exploración y explotación de minerales o hidrocarburos (en las islas) por parte de un gobierno extranjero".

Esta situación logró diluir los contactos y las conversaciones bilaterales en curso sobre la disputa de soberanía. Eran tiempos en los que se examinaba la posibilidad de un traspaso de la soberanía a Argentina con un arrendamiento a favor de Gran Bretaña que incluía la explotación de los recursos sobre una base binacional.

Como consecuencia de la posibilidad de hallar hidrocarburos, el Gobierno británico señaló en la Cámara de los Comunes que no tenía "duda alguna acerca de su soberanía sobre las islas Falkland (nombre en inglés para las islas) y su correspondiente mar territorial", y que tampoco tenía duda alguna "acerca de sus derechos soberanos exclusivos de exploración y explotación de los recursos naturales de la plataforma continental".

En respuesta, Argentina decidió establecer que cualquier buque que transitara entre los puertos continentales y las islas debían solicitar una autorización previa del Gobierno argentino.

Inglaterra apela al derecho internacional para defender su soberanía en las islas y la explotación de sus recursos.

En 1964, el Gobierno del Reino Unido expresó que "que no deseaba discutir en detalle acontecimientos del pasado lejano, pero que estaba convencido de que las actividades británicas de épocas anteriores habían sido suficientes para darle buenos títulos sobre Las Islas Malvinas por ocupación; además, el establecimiento de la soberanía británica, mediante una abierta, continua, efectiva y pacífica ocupación por casi un siglo y medio daba al Reino Unido un claro título prescriptivo".

El reclamo del Reino Unido se basa en que Argentina no había protestado constantemente desde 1833, sino que había guardado silencio por espacio de hasta 35 años, por lo que Inglaterra tendría propiedad de las islas por prescripción adquisitiva.

El Reino Unido sostuvo, y formalmente aún sostiene, que el primer europeo en avistar las islas fue el capitán John Davis, al mando del navío ‘Desire' después de que desertara de la expedición corsaria de Thomas Cavendish, el 14 de agosto de 1592.

El derecho de autodeterminación es otro de los argumentos. De acuerdo con el artículo 1º de la carta de las Naciones Unidas, todo pueblo tiene el derecho de determinar libremente, sin interferencias externas, su estatus político, así como perseguir su desarrollo económico, social y cultural.

En ese sentido, el Reino Unido afirma que la población argentina de 1833 "no era indígena" y que la única población original de esas islas es la actual británica que habita desde el siglo XIX. Los actuales malvinenses suman más de la quinta generación nacida allí.
Desde el final de la guerra de 1982, el Reino Unido se negó a tratar la cuestión de la soberanía, si ésta no se conformaba a los deseos de los habitantes de las islas. Algunos expertos señalan que el supuesto interés de los habitantes de Las Malvinas de seguir siendo británicos deja fuera todo convenio de soberanía del archipiélago. El periódico inglés ‘The Times' publicó que el Reino Unido continúa siendo el mayor proveedor de productos y tecnología para Las Malvinas.

Como pasa casi cíclicamente en este conflicto, los reclamos de Argentina ante la ONU podrían ser reiterados, señalando como verdugos a las empresas extranjeras.

Veintinueve años y una guerra después, los hechos se repiten. Una plataforma de exploración de dudoso poder soberano trabaja en el mar, al norte de las islas. Los mismos argumentos de ayer están, de nuevo, haciendo eco.

 

FUENTE: Expansión