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Petróleo en Latinoamerica -
Argentina
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Lunes, 22 de Marzo de 2010 22:00 |
jueves 18 de marzo de 2010
ARGENPRESS
Renovado ciclo de despojo de petróleo y gas. Expansión de la frontera
hidrocarburífera en Argentina
En notas anteriores hemos señalado la vinculación existente entre la
expansión de la frontera hidrocarburífera –esto es, el proceso de
selección y oferta de áreas secundarias para la explotación de petróleo
y gas-, y las crecientes necesidades fiscales de las provincias. La
disminución sostenida de los fondos transferidos automáticamente por la
Nación y el progresivo aumento del gasto público en las veintitrés
provincias y la Ciudad de Buenos Aires desde el año 2003, han
configurado un escenario en el que cualquier ingreso extra -como las
regalías hidrocarburíferas- ayuda a paliar la comprometida situación de
las cuentas públicas (Pérez Roig, 2010).
Por otro lado, tampoco debe subestimarse la influencia de factores como
la actual crisis energética (y el sesgo netamente hidrocarburífero de
la matriz argentina), y la demanda de combustibles a nivel mundial, que
pese a la crisis y los vaivenes de la cotización, tiende a crecer sin
pausa.
Sin embargo, poco diríamos sobre la situación actual si únicamente nos
atuviésemos a las razones coyunturales más inmediatas. En sí, la
expansión de la frontera hidrocarburífera se presenta como emergente de
cambios mucho más profundos a escala global.
Actualidad de la predación, el fraude y la violencia
Por lo general, es un hecho admitido que las bases de la actual
sociedad capitalista se sentaron a partir de un complejo proceso
histórico que, principalmente a partir la violencia organizada y
concentrada en el Estado, implicó el despojo de grandes masas de la
población respecto de medios de producción –básicamente a partir de los
cercamientos de tierras-, que hasta entonces eran de propiedad comunal.
Análisis recientes en las han ratificado la actualidad de estos
procesos, ya que no se puede relegar “la acumulación (de capital)
basada en la predación, el fraude y la violencia, a un ‘estado
original’ considerado no vigente (…), como algo ‘exterior’ al sistema
capitalista” (Harvey, 2005). La generación de ganancias, entre otras
cosas, no depende únicamente de simples procesos económicos en los que
reinan la paz, propiedad e igualdad.
La génesis del capitalismo implicó una amplia gama de procesos como “la
mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión por la
fuerza de las poblaciones campesinas, la conversión de varias formas de
derechos de propiedad (común, colectiva, estatal) exclusivamente en
propiedad privada, la supresión del derecho a usar los bienes comunes,
la mercantilización de la fuerza de trabajo y la eliminación de formas
alternativas (indígenas) de producción y consumo, formas coloniales y
neo-coloniales e imperialistas de apropiación de activos (incluyendo
recursos naturales), la monetarización de los intercambios y de la
fiscalización (especialmente de la tierra), el comercio de esclavos, la
usura, la deuda nacional y (…) el sistema crediticio” (Harvey, 2005).
Esta acumulación originaria de capital implicó en esencia un proceso de
separación, una enorme expropiación de la que fueron víctimas grandes
masas de la población, que hasta el momento ejercían un control directo
sobre la tierra y otros bienes comunes.
Por esta razón, se señala que aquélla “no puede ser confinada a un
pasado distante (ya que) no hay nada que indique que esta separación no
pueda ocurrir en cualquier momento, inclusive al interior de un modo de
producción capitalista ‘maduro’, cuando las condiciones para una
separación ex novo están dadas” (De Angelis, 2001: 9)(1).
Las estrategias de despojo son una posibilidad siempre vigente, y se
encuentran presentes en toda política tendiente a eliminar las trabas
que la sociedad ha impuesto históricamente al mercado.
Los recientes cambios a escala global
La crisis y posterior quiebre del orden económico internacional de la
segunda posguerra –entre cuyos hitos se encuentra la crisis del
petróleo de 1973 y la salida del régimen cambiario de Bretton
Woods(2)-, implicó la apertura de un nuevo ciclo con predominio del
capital financiero, que conoció múltiples casos de despojo que
oficiaron de antídotos ante las recurrentes caídas en la rentabilidad
del capital.
La mercantilización de nuevos ámbitos ha tenido lugar a partir de dos
vías:
* Privatización de bienes y servicios públicos, que van desde medios de
comunicación y transporte, hasta la banca, los servicios financieros,
recursos naturales y fondos de pensión;
* La conversión de nuevas tierras en mercancía.
Las denominadas “crisis de la deuda”, y el fuerte acatamiento dado al
Consenso de Washington a partir de la década del ‘90, provocaron
grandes cambios en la matriz productiva de los países periféricos, y a
su vez en la relación de éstos con los grandes centros de consumo a
nivel mundial. Al compás de un nuevo modelo de acumulación nos
encontramos que para principios del milenio “todo el tercer mundo,
incluida América Latina obviamente, se (reconvirtió) en casi nada más
que oferente de hidrocarburos, minerales, biodiversidad y alimentos”
(Galafassi, 2008: 154).
Petróleo y gas en Argentina: de recursos estratégicos a commodities
Los procesos analizados más arriba se encuentran en la base de la
cirugía mayor con la que en la década de 1990 se desmontó el modelo
argentino de gestión y extracción de hidrocarburos. El Estado no sólo
se retiró como productor, sino que también se (auto) despojó de todas
sus potestades en materia de regulación, a favor de las denominadas
“fuerzas del mercado”, que desde entonces asumieron el control y se
encargan de asignar “eficientemente” los recursos (Mansilla, 2007).
Vale la pena reseñar que durante poco más de ochenta años los
hidrocarburos jugaron un rol estratégico en el país. En primer lugar,
cualquier proyecto de industrialización debía contar obligadamente con
una abundante oferta de combustibles baratos que funcionara como
subsidio energético para el capital industrial, y al mismo tiempo
abaratase las mercancías consumidas en el mercado interno, y con ellas,
los costos de reproducción de la fuerza de trabajo. En segundo término,
buena parte de “la renta petrolera” se destinaba a la realización de
obras de infraestructura –muchas de ellas, a favor de la
diversificación energética-, se repartía entre las provincias, y el
sistema de tarifas funcionaba como redistribuidor del ingreso.
Finalmente, YPF era la empresa más grande del país y, muchas veces en
detrimento de sus utilidades económicas, cumplía una función social
importante a partir de todos los beneficios que otorgaba tanto a sus
empleados, como a los habitantes de las localidades en las que operaba.
Si bien los capitales privados nacionales y extranjeros nunca ocultaron
sus apetencias hacia el negocio petrolero (y en función de las mismas
ejercieron un consecuente lobby), en 1988 apenas acaparaban algo más
del 10% de la renta (Mansilla, 2007). Sólo a partir de la
desindustrialización del país y la imposición del nuevo modelo de
acumulación desarrollado más arriba, se implementaron medidas
desregulatorias que, negando el rol estratégico de los hidrocarburos y
convirtiéndolos en meras mercancías exportables, cumplieron el objetivo
principal de expropiar este recurso energético al conjunto de la
sociedad y entregarlo al lucro privado. Entre octubre y diciembre de
1989 se dictaron los decretos Nº 1055, 1212 y 1589, que resultan
sumamente ilustrativos de la nueva situación. Mediante los mismos se
“creó un mercado libre de petróleo crudo, se otorgó la libre
disponibilidad y la libre exportación del petróleo extraído por parte
de cada empresa privada. Las empresas pasaron a controlar las reservas
de hidrocarburos sin que el Estado pueda siquiera conocer a ciencia
cierta la cantidad de reservas que tiene el subsuelo” (Mansilla, 2007:
37).
El posterior proceso de provincialización de los hidrocarburos y el
desguace, privatización y extranjerización de YPF abrió las puertas a
una acumulación por despojo de tal magnitud que su principal
beneficiaria, la multinacional española Repsol, pasó de ser una
compañía relativamente pequeña, concentrada en la industrialización y
comercialización de hidrocarburos, a una de las petroleras más grandes
del mundo (Cervo, 2001). Se estima que entre 1993 y 2000 las veinte
petroleras más importantes a nivel global obtuvieron un porcentaje de
beneficios sobre ventas entre el 3,3% y el 8,3%. En el mismo período,
Repsol elevó esos números a 7,2% y 17,9% (Mansilla, 2007).
Una vez que los capitales privados se hicieron cargo de la gestión,
explotación y comercialización de hidrocarburos –con particular
anuencia del Estado nacional y los provinciales-, emprendieron una
política predatoria sustentada únicamente en la valorización inmediata
de sus concesiones, que limitó la inversión a los pozos de explotación
ya productivos o con reservas probadas. Mansilla (2007: 76) sostiene
que “resulta llamativo el aumento en la efectividad general de la
prospección entre 1989 y el 2005, particularmente la de los pozos de
exploración. Mientras que en el año 1989 sólo el 25% de los pozos de
exploración eran productivos, esa cifra ha ido creciendo hasta llegar
al 89% en 2005 (…) los valores argentinos superaron a los mejores del
mundo. Mientras que en 2004 la OPEP (con la mejor tecnología del mundo
y las mejores condiciones geológicas) tuvo una efectividad del 80% en
los pozos de exploración y de desarrollo, las empresas (radicadas en
Argentina) declararon una efectividad del 97%”.
Al no tratarse de perforaciones genuinas en búsqueda de hidrocarburos,
no sólo hubo una apropiación del recurso en sí mismo, sino que también
se usufructuaron las inversiones de riesgo ya hechas por la petrolera
estatal.
Como correlato de esta estrategia general, se produjeron enormes
incrementos en concepto de explotación y exportación de hidrocarburos
que literalmente saquearon las reservas nacionales. Mientras que en
1989 el horizonte de reservas (relación reservas/producción) era de 14
años para el petróleo y 32 años para el gas, en 2009 esas cifras se
redujeron a 10 y 8 años, respectivamente (iEco, 3/8/09).
Consecuencias y perspectivas
En la actualidad la revolución en el escenario energético es de tal
magnitud, que la industria hidrocarburífera amenaza con expandirse
desde las provincias tradicionalmente productoras –agrupadas en torno a
las cuencas Neuquina, del Golfo San Jorge, Austral y Noroeste-, a otras
sin los mínimos antecedentes en la materia. Actualmente, diez
provincias son productoras de petróleo y gas, y otras siete se
encuentran en proceso de licitación de áreas para la exploración y
eventual explotación. Es decir que de veinticuatro distritos
(veintitrés provincias y la Capital Federal), el 70% se encuentra
involucrado, o busca involucrase, con la industria.
Desde la irrupción de las provincias en el “escenario petrolero”, se
ofrecieron a licitación 241 áreas exploratorias, y se comprometieron
U$S 1718 millones de dólares en inversiones (Chebli, 2009). A fines de
2009, la multinacional Repsol lanzó el Plan Exploratorio, que pretende
cubrir la totalidad de los bloques aún no asignados, e ingresar en
asociación en los que ya fueron adjudicados a otras empresas.
Como contrapartida de este movimiento general, tuvieron que sancionarse
nuevas leyes de hidrocarburos provinciales, o adecuar las ya existentes
a las “condiciones de inversión” reclamadas por capitales nacionales y
extranjeros. Varias administraciones decidieron canalizar parte de su
participación en el negocio a partir de la creación de empresas
estatales. Aún así, la tendencia general marca una asociación
enormemente subordinada al capital privado, y la percepción de magros
ingresos –en el mejor de los casos las regalías apenas llegan al 18%-
por la explotación de los recursos en territorio.
El reciente ingreso de la petrolera estatal china CNOOC en Bridas
Energy Holdings –socia de British Petroleum en Pan American Energy
(PAE), segunda extractora de crudo del país- suma un nuevo elemento de
presión sobre la expansión de la frontera hidrocarburífera (Crítica,
15/3/10). Sucede que China es el segundo mayor consumidor de petróleo,
y su principal importador a nivel mundial, dadas sus crecientes
necesidades energéticas, por lo que ha desplegado una estrategia
mundial tendiente a asegurarse suministro y nuevas reservas de
hidrocarburos. No extrañaría que de ahora en más, PAE se ubique a la
par de Repsol en la carrera exploratoria.
Notas:
1) Traducción propia del inglés: “There is nothing indicating that this
separation may not occur any time, even within a ‘mature’ capitalist
mode of production, when the conditions for an ex novo separation are
posited”.
2) Es decir, la ruptura del sistema cambiario oro-dólar
Referencias:
- Cervo, Augusto: La privatización de YPF y sus consecuencias. Tiempos
Patagónicos N° 7, PIGPP, 2001
- Chebli, Gualter A: La problemática exploratoria. Protagonismo de las
provincias en el gerenciamiento de los hidrocarburos: implicancias y
expectativas (en línea). Phoenix Oil & Gas S.A., agosto de 2009
http://www.iae.org.ar/conferencias/ARGEN2CHEBLI.ppt
- Crítica: Los chinos se quedan con la segunda petrolera del país, 15
de marzo de 2010
- De Angelis, Massimo: Marx and primitive accumulation: The continuous
character of capital’s “enclosures” (en línea). The Commoner Nº2,
September 2001 http://www.commoner.org.uk/02deangelis.pdf
- Galafassi, Guido: Estado, capital y acumulación por desposesión. Los
espacios rurales patagónicos y su renovado perfil extractivo de
recursos naturales. Páginas. Revista digital de la escuela de Historia.
Universidad Nacional de Rosario. Año 1, Nº2, agosto – diciembre de
2008, pp. 151-172
- Harvey, David: El “nuevo” imperialismo. Sobre reajustes
espacio-temporales y acumulación mediante desposesión. Herramienta
Nº29, junio de 2005, pp. 7-21
- iEco: La Argentina, cerca de quedarse sin reservas de gas y de
petróleo, 3 de agosto de 2009
- Mansilla, Diego: Hidrocarburos y política energética. Buenos Aires,
Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, 2007
- Pérez Roig, Diego: Criminalización e industrias extractivas:
hidrocarburos en la Patagonia (en línea). Panorama, 25 de noviembre de
2009
http://opsur.wordpress.com/2009/11/25/criminalizacion-e-industrias-extractivas-hidrocarburos-en-la-patagonia
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