Oilwatch ha propuesto
como parte de su agenda la lucha por la Soberanía Energética.
La soberanía
energética plantea además del acceso a la energía,
conceptos sobre el control de los recursos
energéticos, incorporando además elementos sobre el tipo y calidad de la
energía utilizada.
Promueve las fuentes
no dependientes, renovables y de bajo impacto. Para esto dos condiciones son
básicas: por una parte que el Estado retome el control de sus fuentes y
procesos energéticos y por otra abrir procesos de participación de las
sociedades nacionales a fin de, soberanamente, iniciar un proceso de transición
a un modelo no petrolero que resuelva las necesidades energéticas de las
sociedades y que respete tres premisas:
- Para
garantizar la vida y el futuro es necesario garantizar la
sustentabilidad y la salud de la naturaleza.
- Un
modelo independiente, autónomo y libertario debe
basarse en la soberanía.
- No
se puede hablar de bienestar y sustentabilidad si no se habla de justicia y
equidad.
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En el debate por la soberanía hay dos tendencias que se
enfrentan entre si. Por una parte las globales que impulsan las privatizaciones
como estrategias de control de recursos y mercados y por otra, la defensa de
las soberanías nacionales.
La disyuntiva
“privatización - soberanía”, va más allá que la confrontación entre la empresa
privada y el Estado, entre ellas lo que está en juego es la comunidad.
Quién debe tener acceso, control y capacidad
de decisión sobre las riquezas naturales? Quien controla finalmente los
territorios en donde se encuentran estas riquezas?
Varios países han tomado medidas
para recuperar al menos parcialmente, el control de sus recursos
energéticos.
Por una parte está la
reciente decisión de Bolivia de nacionalizar sus riquezas hidrocarburíferas. La
reciente caducidad del contrato de la empresa Oxy en el Ecuador resulta
importante, pues era la empresa transnacional más importante del país y ahora
todos sus activos revertirán al Estado.
Otros pasos han sido dados en América Latina para reconstruir las
empresas petroleras nacionales
como es
el caso de Argentina, fortalecer la inversión pública, en el caso de Brasil,
cambiar los términos de los contratos, en Ecuador o gravar con impuestos a las
operaciones de las empresas privadas en Venezuela. El caso de Chile, que sin
tener petróleo, cada día fortalece mas su empresa estatal petrolera
La principal herramienta de
control de las riquezas naturales desde los intereses transnacionales es la
privatización. Esta privatización se ha convertido en la acción más perversa
del momento en contra de los intereses ambientales, de los intereses
comunitarios y por lo tanto de los intereses económicos del país.
Las tendencias neoliberales
de la privatización se tropiezan con el interés de recuperar en unos casos y en
otros de fortalecer la soberanía de los Estados.
Desde los países industrializados y sobre
todo desde aquellos deficitarios de petróleo, se organizan campañas, se planean
intervenciones, se ejercen presiones, a fin de ablandar a los gobiernos de
países con estos recursos, para facilitar la privatización y control de
reservas de petróleo y gas.
La industria petrolera desde sus caóticos comienzos hasta
los procesos de nacionalización de las reservas en los años 70, ha enfrentado
diferentes presiones por parte del sector, y permanentes intentos de
privatizarlos.
Las empresas privadas
prácticamente
ausentes hasta hace 20
años, de los países miembros de la OPEP, cobraron mucha fuerza a través de
diferentes contratos. Sin embargo en el último período se presenta una nueva
ola de nacionalizaciones.
Sin embargo muchas veces a
nombre de la soberanía nacional se cometen atropellos contra las porque el
Estado asume la defensa de intereses transnacionales o de elites nacionales.
Un verdadero debate sobre
soberanía energética, debe colocar el tema de las comunidades, sus prioridades,
sus necesidades, aspiraciones y el respeto a sus derechos en el nivel más alto
de importancia.
Y si bien recuperar la
soberanía de los Estados es una condición básica para los países, lo es también
hablar sobre los derechos de las comunidades que se resisten a la destrucción
de sus territorios por el petróleo.
Seguir la línea de la privatización de las riquezas
hidrocarburíferas, puede ser ilustrativo para entender los roles de las
empresas, el Estado y las comunidades.
-Privatización de la prospección:
El Estado concede permisos de exploración, no
se queda con la información….Halliburton es la principal empresa de exploración
y tiene la información de los principales yacimientos.
Las comunidades pierden el control de su
tierra. En Colombia por ejemplo, es dueña del Banco de Información
Petrolera.
Las comunidades mientras
tanto pierden el control de su tierra, Cuando el Estado entrega una concesión,
toda la población pierde el derecho a ingresar al área concesionada, las
empresas privadas colocan estrictos controles y nadie puede ingresar sin
autorización de la empresa incluso si se trata de territorios ancestrales
indígenas.
-Privatización de la extracción: Para la
extracción entran en juego las empresas prestadoras de servicios, que son
tercerizadoras.
De esta manera las
empresas no se responsabilizan por los impactos ocasionados.
Las empresas privadas, a las que por lo general
las instancias del gobierno no controlan, suelen extraer el recurso a la mayor
velocidad posible porque lo único que les interesa son los ingresos económicos.
Las consecuencias de esta sobreexplotación de los yacimientos perjudican
económicamente al Estado y al ambiente pues producen mayor cantidad de desechos
que normalmente se arrojan a las fuentes de agua, contaminando los ecosistemas
lo cual afecta enormemente a las comunidades locales.
-Privatización del transporte: La construcción
de tuberías, presentada muchas veces como inversiones, es realmente la manera
de tomar control del transporte de crudo o gas.
Las comunidades pierden el control de sus territorios y recursos por el
paso de los ductos.
En Ecuador existe un Oleoducto de Crudos Pesados
manejado por siete empresas transnacionales que también son explotadoras de
crudo. Estas empresas al controlar el transporte son las que manejan y
controlan también la producción de crudo pesado en el país.
-privatización de la refinación: La capacidad de
refinación esta en manos privadas.
Las
comunidades pierden la salud de ellos y de sus ecosistemas, por la
contaminación y destrucción de los bosques y por afectar el equilibrio
ecológico.
-Privatización de la distribución:
La distribución pertenece a las redes
privadas. Ellas controlan los derivados del petróleo.
A nombre de la economía las empresas empujan
los precios de los derivados en los mercados locales, siendo en la mayoría de
países del tercer mundo, estos más altos que los de Estados Unidos. Las
comunidades urbanas pierden control de sus sitios de vivienda, se convierten en
zonas de peligro y de contaminación.
-Privatización del consumo:
desde el punto de vista de la sociedad hay
una serie de derechos que tiene la población, sin embargo la privatización de
todo convierte a estos derechos en servicios y de allí se pasa a que los
ciudadanos sean realmente clientes.
-Privatización de la limpieza: una vez develados
los severos impactos de la actividad petrolera, y de que se imponen por
decisiones nacionales o por presión comunitaria la limpieza y remediación,
empiezan a establecerse procedimientos que privatizan todo trabajo de
remediación.
Cuando ocurre un derrame de crudo, a las
empresas privadas les interesa limpiar su imagen antes que limpiar el derrame
por esto
empiezan por militarizar la
zona para que nadie tome fotos de la contaminación y como nadie las controla
realizan trabajos de limpieza deficientes. Luego se dan el lujo de decir que en
sitios de operación no ocurren derrames.
-Privatización de la gestión ambiental.
Varias de los controles ambientales son
ejercidos hoy por las empresas, ellas son auditoras de sus propias funciones,
no hay transparencia y las comunidades y el propio Estado pierde la capacidad
de control, veeduría o auditoría.
En el contexto de las estrategias privatizadoras, la
soberanía adquiere no sólo actualidad, sino que es una propuesta que está en el
corazón de todas las agendas.
La nacionalización de los hidrocarburos es un paso
fundamental para reorganizar las agendas nacionales.
Se han creado las condiciones para hablar de
la necesidad de redistribución de las riquezas y también de la urgencia de
impulsar la reapropiación de estas.
Se ha colocado con fuerza el discurso de la soberanía.
Pero la soberanía tiene una doble dimensión,
por una parte la del rol del Estado y por otra la de los derechos de las
comunidades sobre sus territorios y riquezas naturales.
La
soberanía debe incluir la condición de devolver a las comunidades el control
sobre los recursos y el rol del Estado en este contexto debe ser el papel de
velar por respeto de los derechos colectivos y ambientales.
Que el
Estado recupere la soberanía sobre sus riquezas, significa reapropiarse de
éstas e impedir que las empresas que han provocado contaminación, destrucción
de las riquezas o violaciones a los derechos, queden en la impunidad..
Sin
recuperar la soberanía es imposible garantizar la conservación del ambiente,
parar la destrucción de los ecosistemas o restaurar aquellos ya destruidos.
Tampoco se puede pensar en la sustentabilidad, ni en la administración de las
riquezas naturales, garantizando la existencia de las generaciones futuras.
La soberanía es la recuperación del control desde las
comunidades sobre sus riquezas y al mismo tiempo es la expresión de
independencia del Estado frente a intereses de las transnacionales Es el único
camino para satisfacer las necesidades y es una oportunidad para buscar,
inteligentemente aquellas formas de satisfacer necesidades sin sacrificar otros
recursos.
Oilwatch
La red OILWATCH está conformado por más de 100
organizaciones de África, Asia y América Latina. Se constituyó hace 10 años
impulsada por la necesidad de desarrollar estrategias globales para las
comunidades afectadas por las actividades petroleras y de apoyar sus procesos
de resistencia en la lucha contra esta actividades.
Oilwatch se esfuerza por hacer crecer, a nivel
global, la conciencia medioambiental, exponiendo los impactos de la actividad
petrolera en bosques tropicales y en sus poblaciones locales, estableciendo
también las relaciones de esta actividad con la destrucción de la
biodiversidad, el cambio climático y la impune violación de los derechos
humanos y de los pueblos. |