Soberanía energética: Integración
de los trabajadores o integración energética al servicio del imperio
Para iniciar un diálogo sobre
soberanía energética, es necesario discutir sobre el acceso, el abuso, el
control y la privación (o privatización) de los recursos energéticos, que son
tendencias generalizándose en América Latina.
El acceso a la
energía constituye un derecho humano fundamental, de hecho se ha convirtiendo en uno
de los indicadores de bienestar o pobreza que contrasta en cifras entre las
naciones industrializadas y las empobrecidas.
El abuso en el
consumo de la energía por parte de las naciones industrializadas obliga a otras
naciones a aumentar la explotación de las fuentes de energía. Para ello juegan
un papel central las empresas transnacionales, las fuerzas armadas como
mecanismo de persuasión y coerción, y las bases políticas y jurídicas que están
en franco proceso de reforma para facilitar este proceso. Este abuso redunda en
impactos ambientales locales y globales.
El control supone
decidir sobre las políticas y procesos relacionados con los recursos
energéticos, desde su extracción hasta su distribución, incluyendo la política
de precios. Para esto el control de la información sobre reservas y tiempo de
vida de yacimientos, fuentes financieras y otra información estratégica es
clave.
La privatización supone
desarrollar mecanismos para privar a los estados de la propiedad o
administración de los recursos, vía venta o concesión. La privatización
convierte a los usuarios en clientes de empresas.
En este diálogo, la integración entre trabajadores
vinculados al sector energético puede ser vital y en este contexto, Venezuela
está jugando un papel clave.
Sin embargo
los avances de Venezuela en la integración de infraestructura energética
permitirían que Estados Unidos y sus empresas succionen todo los recursos
energéticos de Sudamérica para abastecer su creciente demanda.
Una
integración latinoamericana debería partir de las necesidades de la región y de
sus pueblos, de fortalecer la soberanía y seguridad energética de la región,
lamentablemente ese no es el papel que está jugando ahora Venezuela.
Los Estados Unidos en la región
Estados Unidos ha logrado con sus
políticas energéticas y con sus empresas, diseñar una estrategia que le
permitirá solucionar su déficit petrolero. De continuar este déficit, su
supremacía económica y ante todo militar se desplomaría, pues el petróleo es el
combustible esencial para sostenerlas.
En inglés energía y poder se nombran
con la misma palabra y esto se refleja claramente en la política
estadounidense.
Es conocido que el gobierno de los
Estados Unidos está controlado por intereses corporativos. De hecho, en el
gabinete actual de la administración prima la presencia de ex directores de
grandes transnacionales en las posiciones claves de ese gobierno.
Dick Cheney, ex – director de
Halliburton, empresa que mantiene grandes intereses y sobre todo es conocedor
de muchísima información sobre yacimientos de hidrocarburos, por ejemplo en
Colombia, Halliburton controla el banco de información de Ecopetrol desde hace
varios años. ¿Qué implica que sea hoy el vicepresidente de los Estados Unidos?
Halliburton es la empresa de
servicios petroleros más grande a nivel mundial. Es una empresa que no sólo
explora para empresas de Estados Unidos, sino que también lo hace para
empresas, públicas y privadas en innumerables rincones del planeta. Esta
empresa conoce con bastante exactitud el tamaño de las reservas, el tiempo de
vida de los yacimientos, la calidad de crudo, el costo de extracción, el tiempo
de vida de esos yacimientos.
Tampoco
sorprende, por su importante significado, que Condoleeza Rice fueras parte del
directorio de ChevronTexaco, empresa que juega un papel clave en el control de
yacimientos, sea Ministra de Estado.
Desde el gobierno de los Estados
Unidos se ha definido una estrategia geopolítica de integración energética,
como forma de conectar los yacimientos del sur a través de redes de energía con
su principal consumidor. Por otra parte, ha iniciado una campaña para controlar
los yacimientos de los Estados de América Latina, vía privatización de empresas
y recursos.
En
este sentido, y de acuerdo a algunas declaraciones de empresas petroleras
estadounidenses, Venezuela es una pieza central en estos proyectos regionales.
De hecho, las principales inversiones en gasoductos e infraestructura
petroleras en América Latina, se dirigen a ese país con el fin de construir un
enclave sobre el cual se tenga un control directo de los recursos
hidrocarburíferos.
El papel de Petroamérica en este contexto
Es
difícil pensar que una empresa petrolera pueda tener algún rol en la
sustentabilidad, pues esta actividad provoca demasiados problemas locales y
globales. Por ello es necesario avanzar en a una transición hacia energías, basadas
en recursos renovables, diversos, descentralizados, limpios y de bajo impacto
y sometidas al control social.
Sin
embargo, la transición energética no es posible sin resolver primero los temas
de soberanía de los países. La soberanía entendida con relación al patrimonio,
recursos naturales y fuentes energéticas. De este modo, una empresa regional,
que coordine los esfuerzos nacionales podría abonar el camino hacia recuperar
esa soberanía.
En
este escenario, Petroamérica tiene dos alternativas. Convertirse en una
transnacional más - con la diferencia de que mantiene inversiones estatales o,
por el contrario, convertirse en una empresa que contribuya a la redistribución
justa y equitativa de energía y de recursos económicos en la región.
En
este sentido, es preocupante el hecho de que precisamente Venezuela esté dando
contratos a empresas transnacionales que han cometido crímenes ambientales y
estafas a otros Estados de la región y que sean estas empresas quienes lideren
la integración para satisfacer las necesidades del imperio y no las de la
región.
Si
desde los Estados Unidos se pretende orquestar una estrategia colonizadora e
intervencionista para toda la región, es importante que los países
latinoamericanos refuercen su política basada en la soberanía de los Estados,
en la lucha contra la corrupción y contra la impunidad.
Los
trabajadores tienen la tribuna, la información y la obligación de alertar sobre
estos procesos.
- Es legítimo y
necesario que mantengamos estrategias comunes para aislar a las empresas que
abusan de nuestros países, a quienes violentan nuestra soberanía.
- Es necesario
garantizar la soberanía nacional y construir la soberanía energética.
- Es imperativo iniciar
un camino de transición energética a un modelo que fortalezca la soberanía, la
sustentabilidad y la justicia.
¡¡ ROMPER LA DOMINACIÓN CON IMAGINACIÓN !!
La red OILWATCH nació impulsada por la necesidad de
desarrollar estrategias globales para las comunidades afectadas por las
actividades petroleras y de apoyar sus procesos de resistencia en la lucha
contra estas actividades. Entre las funciones de la organización están: el
intercambio de información sobre las operaciones de las compañías petroleras en
cada país afectado; sobre sus prácticas operativas así como sobre los
diferentes movimientos de resistencia y campañas internacionales contra
compañías específicas. Oilwatch se esfuerza por hacer crecer, a nivel global,
la conciencia medioambiental, exponiendo los impactos de la actividad petrolera
en bosques tropicales y en sus poblaciones locales, estableciendo también las
relaciones de esta actividad con la destrucción de la biodiversidad, el cambio
climático y la impune violación de los derechos humanos.
OILWATCH POR LA SOBERANÍA
Caracas, 18
al 20 de mayo del 2005
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