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Viernes, 11 de Noviembre de 2005 06:12 |
La red oilwatch rinde homenaje este día a todos los que luchan contra
los desastres de la actividad petrolera, defendiendo los territorios,
defendiendo los derechos de los pueblos, defendiendo el derecho al
futuro.
Fue un 10 de noviembre, hace 10 años que a pesar del clamor
internacional, la dictadura de Nigeria, en complicidad con la empresa
anglo-holandesa Shell, asesinó al poeta Ken Saro Wiwa y otros lideres
del movimiento MOSOP, por el delito de defender los derechos humanos de
los pueblos del Delta del Níger y oponerse a las actividades de esa
empresa en su territorio.
Su muerte causó horror entre ambientalistas y defensores de los
derechos humanos. Al criminalizar de esta forma la protesta en Nigeria,
se hizo evidente el poder de las transnacionales y la descarada alianza
de las dictaduras militares con las corporaciones petroleras. La
insensibilidad ante el clamor internacional fue, además, una
advertencia a quienes pretendían oponerse a esta actividad en otros
lugares del mundo.
Aquellas muertes en el Delta del Níger, se repiten año a año, cada vez
con más frecuencia, por las crueles invasiones, por la cruda violencia,
por los atroces huracanes, tras los cuales permanece el petróleo y
empresas como Shell, Repsol, Texaco y otras, que están haciendo de
nuestra Tierra la idea más cercana a un infierno.
Pero tras la muerte del poeta y sus compañeros de lucha, como semilla
germinó la resistencia en muchos rincones del mundo. A la par de este
suceso, hace 10 años nacía también la red Oilwatch. Una red del
Sur, que da batallas contra el abuso de las empresas, de forma frontal
y concreta, contra la contaminación, contra el desplazamiento de
comunidades, contra la división, contra la corrupción, y contra toda
forma de abuso y violación sistemática de los derechos colectivos de
los pueblos que sufren la presencia de las empresas en sus tierras.
Son 10 años de impunidad por el homicidio de Ken Saro Wiwa, pero
también 10 años de resistencia y esperanza. Todo ha cambiado
desde ese entonces, ahora hay más movimientos alrededor del mundo,
también luchando por sus derechos, su cultura, su territorio, sus
recursos.
Los más fieles defensores del capitalismo han adoptado como creencias
que “un pesimista es un optimista bien informado” y que hemos llegado
al “fin de la historia”, por lo que todo está perdido y que no vale la
pena seguir luchando y enfrentándose a lo que inevitablemente se
avecina. Reza que la única opción es luchar individualmente por su
propio y único beneficio y sobrevivencia, sin importar la muerte de
millones de otros que no pueden hacerlo.
Frente a este mensaje de tragedia neoliberal, el poder del saber
antiguo sostiene que cuando un ser querido y respetado muere, una parte
de nosotros muere con ellos pero, igualmente, una parte de esta persona
continúa viva en nosotros, mientras los recordemos y los hagamos
presentes. Este es el clamor de la comunidad frente al individualismo,
de la solidaridad frente al egoísmo.
Por eso es tan importante recordar a todos quienes han muerto en nombre
de otros, porque son ellos los que construyen nuestra esperanza, desde
su muerte nos hablan porque son ejemplo y porque son ellos los que nos
cantan las resistencias. Desde América, hoy, más que nunca nos hablan
Sandino, Martí, el Che, Mariátegui; desde Asia late el corazón de
Gandhi, en África, cuna de la humanidad, continúa fluyendo la sangre de
Mandela, Lumumba y, junto a ellos, las voces de los ancestros, voces
comunitarias, cansadas de tanta infamia durante tantos siglos.
Ken Saro Wiwa y sus hermanos de lucha están hoy, diez años después de
su muerte, más vivos que nunca. Cada año de muerte es un año de
vida de Oilwatch y desde aquí, animamos la vida que nos mueve y nos
convoca.
Mientras tanto, el nombre de Shell estará permanentemente unido a su
muerte y a otras muertes que produce en donde pone su huella.
OILWATCH
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