portuges abaixo
De
Copenhague a Yasuní
Por
Boaventura de Sousa Santos *
Buenos Aires,
Página 12, 19.11.2009
Como ya se
preveía, la próxima
Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático --que se celebrará en
Copenhague
del 7 al 18 de diciembre-- será un fracaso que los políticos intentarán
disimular apelando a expresiones como "acuerdo político" o "un
paso importante en la dirección correcta". El fracaso reside en que,
contra los compromisos asumidos en las reuniones anteriores, en
Copenhague no
se aprobarán topes jurídicamente vinculantes para reducir las emisiones
de los
gases que provocan el calentamiento global, cuyo peligro para la
supervivencia
del planeta ya ha sido suficientemente demostrado como para que el
principio
precautorio deba ser aplicado. La decisión fue tomada en la reciente
Cumbre de Cooperación
Asia-Pacífico y, otra vez, fue dictada por la política interior de los
Estados
Unidos: en lucha por la reforma del sistema de salud, el presidente
Obama no
quiere asumir compromisos al margen del Congreso norteamericano, y no
puede o
no quiere involucrarlo en una decisión que implique medidas hostiles al
fuerte
lobby del sector de las energías no renovables. De esta manera, los
ciudadanos
del mundo asistirán nuevamente el desolador espectáculo de políticos
irresponsables y de intereses económicos demasiado poderosos para ser
sometidos
al control democrático. Y así será hasta que se convenzan de que está
en sus
manos construir formas democráticas más fuertes, capaces de impedir la
irresponsabilidad de los políticos y el despotismo económico.
Sin embargo, la
reunión de Copenhague
no será totalmente en vano. Su preparación permitió que se conocieran
mejor
movimientos e iniciativas de las organizaciones sociales y los Estados,
que
revelaron una nueva conciencia ambiental global y otras oportunidades
de
innovación política. Una de las propuestas más audaces e innovadoras es
la
Iniciativa ITT de Ecuador, presentada por primera vez en 2007 por el
entonces
ministro de Energía y Minas, el gran intelectual y activista Alberto
Acosta,
más tarde presidente de la Asamblea Constituyente. Se trata de un
ejercicio de
corresponsabilidad internacional que apunta a una nueva relación entre
países
desarrollados y países menos desarrollados, y también a un nuevo modelo
de
desarrollo, el modelo de pos-petrolífero. Ecuador es un país pobre a
pesar de
(o a causa de) que es rico en petróleo y su economía depende en gran
medida de
la exportación de petróleo: el producto petrolífero constituye el 22
por ciento
del PIB y el 63 por ciento de las exportaciones. En la Amazonia, la
destrucción
humana y ambiental causada por este modelo económico es verdaderamente
chocante. Como resultado directo de la explotación petrolera de Texaco
(luego
Chevron) entre 1960 y 1990, desaparecieron por completo dos pueblos
amazónicos,
Tetetes y Sansahauris. La iniciativa ecuatoriana pretende romper con el
pasado
y propone lo siguiente. El Estado ecuatoriano se compromete a dejar en
el
subsuelo reservas de petróleo estimadas en 850 millones de barriles en
tres
pozos -Ishpingo, Tambococha y Tiputini (de ahí el acrónimo ITT)- del
parque
nacional amazónico Yasuní, si los países más desarrollados compensan a
Ecuador
con la mitad de los ingresos que dejaría de tener como resultado de esa
decisión. Los cálculos indican que la explotación generaría, a lo largo
de
trece años, ingresos por 4 a 5 mil millones de euros y liberaría en la
atmósfera 410 millones de toneladas de dióxido de carbono. Esto no
ocurrirá si
Ecuador es compensado con cerca de 2 mil millones de euros mediante un
compromiso doble. Ese dinero se destinará a inversiones ambientalmente
adecuadas: energías renovables, reforestación, etc.; el dinero se
recibiria
bajo la forma de certificados de garantía, un crédito que deberia ser
devuelto a los países
"donantes", con intereses, si Ecuador explota el petróleo,
una hipótesis poco probable dada la doble pérdida que implicaría para
el país
(la pérdida del dinero recibido y la ausencia de ingresos petroleros
durante
varios años, entre la decisión de volver a explotar y la primera
exportación).
A diferencia del
Protocolo de Kyoto,
esta propuesta no pretende crear un mercado de carbono, sino evitar que
éste
sea emitido. No se limita, por tanto, a apelar a la diversificación de
las
fuentes energéticas; sugiere la necesidad de reducir la demanda de
energía,
cualesquiera sean sus fuentes, lo que implica un cambio en el estilo de
vida
que, sobretodo, será difícil en los países más desarrollados. Para ser
eficaz,
la propuesta debería ser parte de otro modelo de desarrollo y ser
adoptada por
otros países productores de petróleo. El sustento de la propuesta es la
nueva
Constitución de Ecuador, una de las más progresistas del mundo, que, a
partir
de las cosmovisiones y las prácticas indígenas de lo que llaman "buen
vivir" (Sumak kawsay) -basadas en una relación armoniosa entre los
seres
humanos y no humanos, incluyendo lo que en la cultura occidental se
conoce como
la naturaleza-, propone una concepción nueva y revolucionaria de
desarrollo,
centrada en los derechos de la naturaleza. Este concepción debe
interpretarse
como una contribución indígena para el mundo entero, pues gana adeptos
en
sectores cada vez más amplios de la ciudadanía y los movimientos
sociales, a
medida que se va volviendo evidente que la degradación ambiental y la
depredación de los recursos naturales, además de insostenibles y
socialmente
injustas, conducen al suicidio colectivo.
¿Utopía? La
verdad es que Alemania ya
se comprometió a entregar a Ecuador 50 millones de euros por año
durante los
trece años en que el petróleo podría ser explotado. Un buen comienzo.
*
Doctor
en Sociología del Derecho, profesor de la Universidad de Coimbra
(Portugal) y
de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.).
*******************************************************
De
Copenhaga a Yasuní
Boaventura
de Sousa Santos
Pagina 12
19 Novembro 2009
Como
já se previra,
a próxima Conferência da ONU sobre a Mudança
Climática, a realizar em Copenhaga de 7 a 18 de Dezembro, será um
fracasso que os políticos irao
tentar disfarçar com recurso a vários códigos semânticos como "acordo
político",
"passo importante na direcçao certa". O fracasso reside em que, ao
contrário dos compromissos assumidos nas reunioes anteriores, nao serao
adoptadas em Copenhaga metas legalmente obrigatórias para a reduçao das
emissoes
dos gases responsáveis pelo aquecimento global cujos perigos para a
sobrevivência do planeta estao hoje suficientemente demonstrados para
que o
príncipio da precauçao deva ser accionado. A decisao foi tomada
durante a recente Cimeira da
Cooperaçao Asia‑Pacífico e, mais uma vez, quem a ditou foi política
interna dos
EUA: a braços com a reforma do sistema de saúde, o Presidente Obama nao
quer
assumir compromissos à margem do Congresso norteamericano e nao pode ou
nao
quer mobilizar este último para uma decisao que envolva medidas hostis
ao forte lobby do sector das
energias nao renováveis. Os cidadaos do mundo continuarao pois a
assistir ao
espectáculo confrangedor de políticos irresponsáveis e de interesses
económicos demasiado poderosos para se submeterem
ao controle democrático e assim ficarao até se convencerem de que está
nas suas
maos construir formas democráticas mais fortes capazes de impedir a
irresponsabilidade dos políticos e o despotismo económico.
Mas
a reuniao de
Copenhaga nao será totalmente em vao porque a sua
preparaçao permitiu que se conhecessem melhor movimentos e inciativas,
por
parte de organizaçoes sociais e por parte de estados, reveladores de
uma nova
consciência ambiental global e de outras possibilidades de inovaçao
política.
Uma das propostas mais audaciosas e inovadoras é a Iniciativa ITT do
Equador
apresentada, pela primeira vez, em 2007 pelo entao Ministro da Energia
e Minas,
o grande intelectual‑activista Alberto Acosta, mais tarde Presidente da
Assembleia Constituinte. Trata‑se de um exercício de
co‑responsabilizaçao
internacional que aponta para uma nova relaçao entre países mais
desenvolvidos
e países menos desenvolvidos e para um novo modelo de desenvolvimento,
o modelo
pós‑petrolífero. O Equador é um país pobre apesar de (ou por causa de)
ser rico
em petróleo e a sua economia depender fortemente da exportaçao de
petróleo: o
rendimento petrolífero constitui 22% do PIB e 63% das exportaçoes. A
destruiçao
humana e ambiental causada por este modelo económico na Amazónia é
verdadeiramente
chocante. Em consequência directa da exploraçao do petróleo por parte
da Texaco
(mais tarde, Chevron), entre 1960 e 1990, desapareceram por inteiro
dois povos
amazónicos, os Tetetes e os Sansahauris. A iniciativa equatoriana visa
romper com este passado e
consiste no seguinte. O estado equatoriano compromete‑se a deixar no
sub‑solo
reservas de petróleo calculadas em 850 milhoes de barris existentes em
três
blocos‑Ishpingo, Tambococha e Tipuyini (dai, o acrónimo da
inciativa)‑‑ do Parque nacional amazónico Yasuní, se
os países mais desenvolvidos compensarem o Equador em metade dos
rendimentos
que deixará de ter em resultado dessa decisao. O cálculo é que a
exploraçao
gerará, ao longo de 13 anos, um rendimento de 4 a 5 bilioes de euros e
emitirá
para a atmosfera 410 milhoes de toneladas de CO2. Tal nao ocorrerá se o
Equador
for compensado em cerca de 2 bilioes de euros mediante um duplo
compromisso.
Esse dinheiro é destinado a investimentos ambientalmente correctos: em
energias
renováveis, reflorestaçao, etc; o dinheiro é recebido sob a forma de
certificados de garantia, um créditos que os países "doadores"
receberao de volta e com juros caso o Equador venha a explorar o
petróleo, uma
hipótese pouco provável dada a dupla perda para o país (perda do
dinheiro
recebido e a ausência de rendimentos do petróleo durante vários anos,
entre a
decisao de explorar e a primeira exportaçao).
Ao
contrário do
Protocolo de Kioto, esta proposta nao visa criar um
mercado de carbono; visa evitar que
ele seja emitido. Nao se limita, pois, a apelar à diversificaçao das
fontes energéticas; sugere a necessidade de reduzir a procura de
energia,
quaisquer que sejam as suas fontes, o que implica uma mudança de estilo
de vida
que será sobretudo exigente nos países mais desenvolvidos. Para ser
eficaz, a
proposta deverá ser parte de um outro modelo de desenvolvimento e ser
adoptada
por outros paises produtores de petróleo. Aliás, a sustentar esta
proposta
equatoriana está a nova Constituiçao do Equador, uma das mais
progressistas do
mundo, que, a partir das cosmovisoes e práticas indígenas do que
designam como
"viver bem" ( Sumak kawsay)‑assentes numa relaçao harmoniosa entre
seres humanos e nao‑humanos, incluindo o que na cultura ocidental se
designa por natureza‑propoe uma concepçao
nova e revolucionária de desenvolvimento centrada nos direitos da
natureza.
Esta concepçao deve ser interpretada como uma contribuiçao indígena
para o
mundo inteiro pois ganha adeptos em sectores cada vez mais vastos de
cidadaos e
movimentos à medida que se vai tornando evidente que a degradaçao
ambiental e a
depredaçao dos recursos naturais,
além de insustentáveis e socialmente injustas, conduzem ao suicídio
clolectivo.
Uma utopia? A
verdade é
que a Alemanha já se comprometeu a entregar ao Equador 50 milhoes de
euros por
ano durante os 13 anos em que petróleo seria explorado. Um bom começo.
|