Resultado
de la primera reunión de trabajo para
discutir sobre los agrocombustibles y el reto del “desarrollo” en una
sociedad
post-petrolera, las organizaciones reunidas en Ecuador, latitud 0, del
27 de
junio al 01 de julio de 2007
Ahora les invitamos al debate desde el Sur Global
accion ecologica
La Geopolitica de los
La
Geopolítica de los Agrocombustibles
Documento
de posición del Sur Global sobre Soberanía Alimentaria,
Soberanía Energética
y la transición hacia una
sociedad post-petróleo
Convocadas a la primera
reunión de trabajo para discutir sobre los agrocombustibles y
el reto del “desarrollo” en una sociedad post-petrólera,
las organizaciones reunidas en Ecuador, latitud 0, del 27 de junio al
01 de julio de 2007, invitamos al debate desde el Sur Global en los
siguientes términos:
Denominados por
los movimientos
sociales como
AGROCOMBUSTIBLES, los
llamados “biocombustibles”
y toda la generación
de energía a través de la biomasa
tal como viene sido
promovida por
gobiernos, corporaciones, agencias de ayuda, las Naciones Unidas, las
instituciones financieras internacionales y demás agentes
interesados en su
producción a gran escala y en su comercio internacional
- NO
cambian, sino que PERPETU el modelo de producción y
consumo de la civilización moderna, urbana y industrial.
La crisis ecológica
y energética que se impone sobre todo el Planeta, junto a la
urgencia ineludible de frenar el calentamiento global y dar paso a
una transición hacia una sociedad y una economía
post-petrólera, nos obligan a un análisis más
profundo y a generar cambios políticos realmente
transformadores.
Reconociendo
que tenemos una tarea necesaria de buscar energías
alternativas, es imprescindible plantear la estrategia global
en curso de promoción febril de la
agro- energía
en sus términos estructurales.
Los
hidrocarburos son la principal fuerza motriz de la economía
globalizada, donde la extracción y control de los combustibles
fósiles tiene intrínseca relación
con las redes de poder que controlan el mundo a través del
control de la energía. Además, podemos ratificar que en
esta civilización petrolera las principales desgracias,
catástrofes climáticas, guerras, hambrunas,
desplazamientos forzados y la esclavitud están vinculadas
precisamente al control militar del territorio y de la energía
fósil.
La matriz
energética/industrial basada en combustibles fósiles,
que sustenta la actual civilización urbana industrial y el
estado de desarrollo se encuentra en crisis. Vivimos en el
momento en el que estas fuentes de energía estén
agotándose, por lo que el capitalismo imperativamente busca
nuevas formas de generación de energía, incluyendo los
agrocombustibles. Desde nuestra perspectiva como países
agroexportadores del Sur, sometidos a esta condición bajo la
lógica de la deuda externa y de nuestra historia colonial, los
agrocombustibles profundizan el modelo del agronegocio y de la
agricultura industrial, entendida como la sumatoria de monocultivos,
biotecnología, agrotóxicos y exportación.
Los
agrocombustibles significan la instalación de una nueva
geopolítica global.
1. Antecedentes y
ejes de resistencia: La Soberanía Alimentaria
El modelo de
agricultura industrial iniciado con la Revolución Verde es
petro-dependiente en energía e insumos, y el fin de uno
significa el ocaso de la otra. Además, la raíz
histórica de los monocultivos industriales actuales fueron las
plantaciones, un invento colonial, que hoy reproduce y multiplica su
racionalidad y lógica productiva correspondiente.
El
control del sistema agroalimentario mundial constituye uno de los
principales componentes de la globalización. Los efectos de
las políticas neoliberales en el campo, la expansión de
la agro biotecnología, la proliferación de los acuerdos
de libre comercio, incluyendo la lucha en contra de un Acuerdo sobre
Agricultura en la OMC, fueron la fuerza catalizadora de un
movimiento campesino internacional (La Vía Campesina). Del
mismo modo, la resistencia de los Pueblos Originarios se viene
fortaleciendo frente a la privatización de recursos y
ecosistemas naturales en territorios indígenas.
La
propuesta política de esos movimientos es la “Defensa de la
Soberanía Alimentaria”, que se expresa en el derecho
de los pueblos a decidir y controlar sus políticas de
producción, distribución y consumo de alimentos, y
la comercialización
o no de excedentes,
sólo después de haber garantizado las necesidades de la
población con los recursos propios de su territorio y en un
patrón cultural y ambientalmente adecuado.
Esta es una propuesta radical que exige la transformación de
las economías agroexporadoras del Sur y en el patrón de
consumo en el Norte.
En
tanto la protección de recursos naturales como la tierra y el
agua es inseparable de la práctica de la agricultura, las
decisiones sobre su uso y manejo no pueden ser tomadas por
productores individuales en función de la propiedad privada de
la tierra. Por eso, la Soberanía Alimentaria como principio
político propone que la autodeterminación de los
pueblos sea garantizada por la decisión colectiva sobre la
producción de alimentos, y actividades agrícolas,
pastoriles, pesqueras o recolectoras, enfatizándola como
principio fundamental.
Tomando en cuenta la
riqueza del debate político colectivo desarrollado por los
movimientos sociales, planteamos el tema de los agrocombustibles –
que ya los definimos como una profundización del agronegocio -
en los términos de la Soberanía Alimentaria.
La
industrialización del agro es consustancial a la expulsión
del campesinado y configura una agricultura sin agricultores,
afectando desde el campo a toda la sociedad. Implica el despojo de
comunidades y sus territorios, la concentración y
privatización de la tierra y fuentes de agua, la erosión
de la biodiversidad, la destrucción de ecosistemas naturales,
y la violencia y militarización en función del control
de recursos naturales.
Este proceso de
marginación que se inicia en el campo agudiza el circuito
insostenible de la urbanización acelerada, que da lugar a la
crisis de energía, infraestructura, viviendas, salud y otros
servicios básicos, puestos de trabajo y acceso a los alimentos
en las ciudades. La pobreza urbana genera violencia, conflictos y el
malestar social que caracteriza a las grandes ciudades del Sur.
Éste es un
proceso global, hegemónico y dialéctico, que ha
conducido a una crisis ecológica y energética
incuestionable. Por ello no son aceptables las respuestas
tecnológicas como las semillas transgénicas,
ofrecidas como una solución al “hambre”, cuando su
propósito final es el control de la producción
agrícola, la imposición de los derechos de propiedad
intelectual, y la mercantilización de la vida y la Naturaleza.
Ni los agrocombustibles, promovidos para solucionar una posible
crisis energética, o como falsa solución al cambio
climático, sin tener en cuenta cuestiones estructurales que
han generado grandes conglomerados urbanos que son
abastecidos por mercancías transportadas desde distintos
lugares del planeta, y que obligan a la gente a desplazarse
cada vez a distancias más grandes, lo que genera una demanda
interminable de energía.
La solución
tampoco puede ser a través de instrumentos mercantiles
como el comercio de carbono, la venta de servicios ambientales, las
certificaciones verdes, las mesas redondas “sustentables”, la
inserción de las plantaciones de carbono en los proyectos del
Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto y otras
creaciones promocionadas por el ambientalismo de mercado,
instrumentos que generan más problemas que los que solucionan,
y a cuyas propuestas y posiciones nos oponemos radicalmente.
La ideología del
“desarrollo”, elaborada después de la segunda guerra
mundial como una manera de extender el colonialismo, oculta la
continuidad y profundización de la lógica de saqueo.
Alrededor de esta ideología se crearon prácticas,
instituciones y estructuras que a nombre del desarrollo, prolongaron
y diversificaron las formas de saqueo en el Sur. A finales del siglo
XX, el desarrollo se vistió de verde y se acuñó
el término “desarrollo sustentable”, que lo que hace en
realidad es “sustentar” la dominación y el abastecimiento
colonial.
Los puntos
expuestos
arriba son el resultado del debate mantenido durante nuestra reunión
y expresan el conjunto y complejidad de las reflexiones que hicimos
sobre el tema. Consideramos que estos puntos son no-negociables. Si
usted comparte nuestra visión, le invitamos a continuar con la
lectura.
2. La geopolítica
de los agrocombustibles
El sometimiento de los
sistemas agrícolas locales al modelo industrial y a una
demanda energética exógena, es una cuestión
política que implica relaciones de poder sobre los ecosistemas
y los pueblos. Este poder se manifiesta en dos niveles bien
definidos:
Primero.-
La actual dependencia mundial de combustibles fósiles se
satisface mediante una geopolítica de guerra.
Para garantizar el
control de los recursos hidrocarburíferos, y ahora a los
agrocombustibles, los países industrializados y sus
corporaciones transnacionales, han desarrollado mecanismos tanto
económicos y financieros como político y militar. En
este sentido, se han diseñado acuerdos comerciales
internacionales que permiten el libre acceso a los recursos a través
de leyes del mercado. Estos tratados mercantiles, bilaterales o
multilaterales, van de la mano con proyectos de infraestructura
(ductos para transportar gas, petróleo, minerales y hoy
agrocombustibles como etanol o biodiesel; carreteras, hidrovías,
puertos, infraestructura de procesamiento, almacenamiento y expendio
de combustibles, tendidos eléctricos, etc.). Las instituciones
financieras internacionales, a través de diversas estrategias
y mecanismos, entrampan a los países en una espiral de
dependencia y muerte, por ejemplo a través de la deuda. Cuando
un gobierno o su pueblo se platea romper con esta dependencia, corre
el riesgo de sufrir represalias económicas, políticas o
militares. La geopolítica del petróleo está
diseñada no sólo para tener acceso a los hidrocarburos,
sino para controlar su distribución. Esto explica muchos de
los conflictos armados en el Medio Oriente, Afganistán y el
Caucazo, donde se juega control de las rutas del transporte del crudo
del Caspio, por parte de empresas estadounidenses, europeas y rusas.
Así como se
configuró una nueva geopolítica para asegurar el acceso
a los combustibles fósiles, de la misma manera se está
configurando en torno a los agrocombustibles una nueva correlación
de fuerzas a nivel mundial. El ejemplo más nítido es la
alianza Lula-Bush (Brasil y Estados Unidos) para la creación
de un mercado mundial de commodities
agroenergéticos, que ya se traduce en un reacomodo del poder
global. Es así como el anuncio efectuado por Brasil sobre el
reinicio de su programa nuclear y el ciclo de enriquecimiento de
uranio, no generó la oposición que han enfrentado
países como Irán o Corea del Norte, pues hoy Brasil
forma parte de los países que conforman el círculo de
amigos de Bush y del poder de intereses estadounidense.
Aclaramos que la
energía nuclear bajo ninguna circunstancia es aceptable o
negociable. La humanidad ya ha experimentado dramáticamente
las consecuencias de esta.
Segundo.-
La geopolítica de los agrocombustibles impone un
reordenamiento territorial a nivel global.
Este reordenamiento
significa, en este primer momento, la desterritorialización de
cultivos alimentarios para la producción de insumos
energéticos, con los impactos en cadena sobre toda la economía
y los costos, por la obvia competencia de precios con los alimentos
(como ya se observa en la subida de precios del maíz y aceites
en distintas partes del mundo, y cuyo ejemplo más
paradigmático fue la guerra de las tortillas en México,
a inicios de 2007).
En
un nivel más amplio, y ya relacionado a la segunda generación
de agrocombustibles a partir de especies NO alimenticias (eucalipto,
switch grass,
miscanthus, entre otros) la ocupación de la tierra a escala
creciente y progresiva para 'remplazar' al petróleo, impactará
más gravemente a la población rural, generando fuertes
flujos migratorios.
Esta
presión sobre los territorios incluye la ocupación de
las llamadas “tierras marginales” o “áridas” que en
realidad son las tierras mas allá de la actual frontera
agroindustrial y que son las que justamente alimentan a la gran
mayoría de la población pobre y campesina, y los
pueblos indígenas de &rica, Asia y América
Latina con cultivos no comerciales como varias especies de tubérculos
y hortalizas. Son en estas tierras marginales donde se intenta
introducir millones de hectáreas con cultivos de Jatropha,
que está siendo promovido como un cultivo milagroso en
regiones áridas de la India, el Sahel y &rica
Occidental.
En síntesis, la
reproducción del capitalismo en una sociedad en transición
hacia la era post petrolera depende en este momento de la
incorporación y control, incluso militar, de gigantescas
extensiones de territorio. Así, el eje de la resistencia es
asegurar la integridad de la soberanía sobre los territorios,
garantizando alimentos y energía local.
Construyendo la
soberanía energética y alimentaria; y redefiniendo la
soberanía política
3. Las grandes rutas
de los agrocombustibles
Al momento identificamos
las siguientes grandes rutas centrales de flujo de agrocombustibles
desde el Sur:
a. El abrazo del
etanol. Brasil y Estados Unidos y el corredor de América
Central.
La alianza estratégica
y mediática entre Lula y Bush, los dos países lideres
mundiales en la producción de etanol (caña de azúcar
y maíz respectivamente) tiene un objetivo claro: definir una
nueva geopolítica para América Latina (petróleo
versus agrocombustibles) a través de impulsar la creación
de un mercado internacional de commodities agroenergéticas con
la realización de una “Conferencia Internacional sobre
Biocombustibles”, auspiciada por la ONU en Brasil en el 2008.
En este contexto Brasil
tiene como proyecto político - convertirse en el principal
proveedor de agrocombustibles y de tecnología para etanol.
Para eso, el presidente Lula se perfila como nuevo líder
mundial y Brasil como la potencia del Sur, para lo cual se han
establecido alianzas estratégicas con India, Sudáfrica
etc., aspirando a acceder al Consejo de Seguridad de la ONU. En el
plano económico, el interés de Brasil es acceder al
mercado de los Estados Unidos y Europa, vía las ventajas
arancelarias que tienen países de Centro América y
Caribe. Por eso quiere expandir la producción de caña
de azúcar y palma aceitera, y plantas de procesamiento a esos
países.
El Plan Nacional de
Agroenergía de Brasil estima como área potencial para
expansión de cultivos energéticos la cifra de 200
millones de hectáreas, incluyendo la “recuperación de
áreas degradadas, reconversión de pastos y
‘reforestación’ de la Amazonia con palma”. Para poner en
marcha el Plan, se tiene que construir una red de Alcohol-ductos,
plantas de acopio, procesamiento, puertos, carreteras e hidrovías,
lo que incrementará el uso de hierro proveniente de las minas
del Gran Carajás, la destrucción de ecosistemas
naturales y del tejido social en esta región de Amazonia,
además de incrementar dramáticamente la producción
de cemento y concreto, una de las industrias más energívoras.
b.
De
granero del mundo a refinería global. La
soja transgénica en Argentina y el Cono Sur.
Transformar el
paisaje del campo argentino en un monocultivo de 15.9 millones de
hectáreas de soja transgénica sólo tomó
10 años, reemplazando la producción de cereales, carne
y otros alimentos por la de sólo un commodity para la
exportación, concentrada en manos de las principales
trasnacionales del comercio internacional. Ahora
siendo el primer exportador mundial de
aceites, Argentina busca convertirse el principal proveedor para la
demanda europea de biodiesel, para lo cual el gobierno argentino ya
solicitó aranceles preferenciales a la Unión Europea.
La apuesta del agronegocio en la
exportación de agrocombustibles ha puesto funcionar un
engranaje de producción de biodiesel en asociación con
capitales nacionales como Vicentín, AGD-Bunge S.A y
SACEIF - Louis Dreyfus, y del sector petrolero Repsol-YPF y la
nacional ENARSA que participan en proyectos de entre 25 y 30 millones
de dólares. La capacidad prevista por el total de la plantas a
instalar es de 3,1 millones de toneladas anuales.
Para suplir la demanda de
exportación de aceites y granos, sumada ahora la del biodiesel
de soja, y además cumplir los requerimientos internos de
cortes obligatorios legislados, se programa la deforestación
de entre 4 y 7 millones más de hectáreas de bosques
nativos para avanzar con la frontera sojera, así como la
importación de 3 a 4 millones de toneladas de soja
provenientes de Bolivia, Brasil, y especialmente Paraguay.
Por ello se ha acelerado la
concreción de la hidrovía Paraguay-Paraná, vía
de escurrimiento de los commodities producidos en territorio
interior hasta el puerto de Rosario (y zona de refinamiento),
proyectada en el marco de la Iniciativa para la Integración de
la Infraestructura Sudamericana (IIRSA) que incluye la
construcción de carreteras, hidrovías y represas, con
inversiones significantes del sector privado en la extracción
de recursos y la agroindustria.
Esta es la
columna vertebral que consolida el proyecto político y
territorial del agronegocio en el Cono Sur, que trasciende las
fronteras de los Estados para establecer un área de expansión
de la producción y movimiento de commodities
para exportar al norte, que se consolida con la producción de
agrocombustibles.
c.
La amarga historia del aceite de palma.
Las plantaciones de palma en ecosistemas naturales y territorios
indígenas
Al
momento, el 88% del comercio mundial de aceite de palma proviene de
Malasia e Indonesia, lo que obedece a una expansión del área
cubierta por este cultivo. En los últimos 20 años la
producción se duplicó en Malasia y se triplicó
en Indonesia, a costa de la desaparición de sus bosques
tropicales. El crecimiento
de las plantaciones de palma en Malasia e Indonesia responden a la
creciente demanda de aceite de palma especialmente para el mercado
europeo.
A
pesar de la defensa oficial de que la industria de la palma aceitera
no ha producido deforestación, el gobierno de Sarawak, en el
Borneo malayo, aceptó que se ha concesionado 2,4 millones de
hectáreas de bosques para la industria palmícola y de
la pulpa y papel, extensión que puede llegar a 3 millones de
hectáreas ha finales del 2007, que constituyen una cuarta
parte del área total de Sarawak. La empresas madereras
transnacionales, una vez que deforestan una zona para la extracción
de la madera, la siembran con monocultivos de palma, transformando el
bosque en aceite.
Aun
cuando estos bosques son reclamados por comunidades indígenas
como parte de sus territorios tradicionales, y aunque muchas de estas
comunidades dependen de los recursos del bosque para su subsistencia,
ni la legislación ni el gobierno han reconocido totalmente sus
derecho consuetudinario; y a pesar de sus continuas protestas, las
plantaciones de palma continúan extendiéndose.
El aceite de palma se
perfila como la principal fuente para la producción de
biodiesel a costa de ecosistemas naturales y territorios indígenas
también en otros países tropicales, constituyendo el
caso más preocupante el de Colombia, donde las plantaciones de
palma se extienden de la mano del paramilitarismo, desplazando a
poblaciones enteras.
d. &rica: caña
de azúcar silenciosa y estéril.
Del colosal número
de actores relacionados con la promoción de agrocombustibles
en &rica, Brasil se perfila como el más estratégico
y rapaz.
El Brasil se ha volcado
hacia el continente africano, al que lo ve como una pieza importante
en sus ambiciones de crear un mercado global para el etanol. Este
país ha logrado de manera exitosa obtener el apoyo de varios
países africanos a través de acuerdos bilaterales y
trilaterales de cooperación, y se ha apuntalado en la Unión
Africana, pasando por alto varias agencias de las Naciones Unidas,
para asegurarse la implementación de instrumentos legales y
económicos armonizados para sostener un mercado viable de
agrocombustibles. A través del Foro Internacional de
Biocombustibles, Brasil con sus socios China, India, Sudáfrica,
los Estados Unidos y la Unión Europea, promoverán
agresivamente un mercado internacional para agrocombustibles, sin
importarles el resto del mundo, y así asegurar que el etanol
se convierta en una commodity en el mercado internacional.
Para conseguir estos objetivos, las plantaciones de caña,
silenciosas y estériles proliferarán en los suelos
africanos, otrora dedicados al cultivo de alimentos.
En este contexto, varias
transnacionales de la energía como BP, D1 Engrasa y Petrobras
han iniciado proyectos de agrocombustibles en &rica, para
producir de manera indiscriminada ya sea combustibles fósiles
o agrocombustibles, en países tan pequeños como
Suazilandia o potencias petroleras como Nigeria. Estas empresas
depredadoras sostendrán cualquier aventura, a cualquier costo
social y ambiental, si es que esto va a contribuir a su estrategia
global de prolongar el pico del petróleo.
Manifiesto por el
Des-desarrollo : el camino que proponemos desde el Sur
Los agrocombustibles
y toda la generación
de energía a través de la biomasa
tal como viene sido
promovida por gobiernos,
corporaciones, agencias de ayuda, las Naciones Unidas, las
instituciones financieras internacionales y demás agentes
interesados en su
producción a gran escala y en su comercio internacional
- no cambian, sino que
perpetúan el modelo de producción y consumo de la
civilización moderna, urbana y industrial.
El
ocaso de la civilización petrolera y la reproducción
del capitalismo
La reproducción
del estado actual de la civilización occidental depredadora,
cuya forma es el neoliberalismo globalizado, tiene como base material
a los hidrocarburos fósiles.
Todas las fuerzas
motrices detrás de la producción, circulación y
comercialización global de mercancías dependen de los
hidrocarburos: la industria hidrocarburífera en si misma,
la industria agroalimentaria, las compañías
farmacéuticas, de fibras textiles, las industrias involucradas
en la producción de detergentes, cosméticos,
explosivos, celuloide, plásticos en general, materiales de
construcción, embalajes, electrodomésticos, etc. De la
misma forma, el transporte global de personas y cosas, la movilidad y
velocidad con la cual los trabajadores y los productos se mueven y
son intercambiados alrededor del globo, dependen también de
los combustibles fósiles, ya
sea por la dependencia que se ha creado en torno al automóvil;
o por la manera como se han diseñado, construido y expandido
las megalópolis, o por la forma de ocupación del
espacio urbano y otros territorios.
La demanda de energía
y materias primas para suprimir y mantener el patrón de vida
de las sociedades del Norte, traducida cotidianamente en
alimentación, vestuario, vivienda y movilidad es la que da
carne y cuerpo al ideal universal de estilo de vida, bienestar y
“progreso” promovidos agresivamente a través de la
globalización como un patrón universal para la
humanidad.
En el actual paradigma
de
“crecimiento” orientado hacia la integración del mercado y
el comercio global, los agrocombustibles son impulsados como
substitutos paulatinos del petróleo para mantener patrones
ambientalmente insustentables de producción y consumo del
Norte. Frente a eso, entendimos que el estilo de vida promovido por
el Norte y las elites del Sur y que alcanza su máxima
expresión en el llamado “American way of life” es lo que
debe ser transformado. Son los principales consumidores de energía,
Estados Unidos junto con Europa Occidental y a quienes se suman hoy,
China y las elites minoritarias del Sur.
China, la gran fábrica
del mundo, reproduce el modelo de producción y consumo
creado por el Norte, al tiempo que abastece al mercado
mundial, sobretodo del Norte, con todo lo que éste consume.
Entendemos que el modelo de crecimiento de China no es un modelo para
el Sur.
La materialidad de todo
lo que hace parte de la vida cotidiana de los países
“desarrollados”, promocionados al mundo como modelo universal de
bienestar material, calidad de vida y progreso humano, depende
enteramente de una demanda energética y ecológica
irracional, construida históricamente a través del
saqueo continuo de la naturaleza y los pueblos del Sur. Para
el Sur del mundo este modelo "petrolero" permitió
perpetuar el intercambio desigual, la dependencia tecnológica,
el endeudamiento, el empobrecimiento de los pueblos, el despojo de
sus territorio y la desacralización de sus lugares sagrados.
Hemos experimentado, desde el SUR, que el patrón de
vida que la minoría del Planeta disfruta, se mantiene con la
explotación de la Naturaleza y el trabajo humano, para
alimentar los flujos de mercancías y servicios que han causado
históricamente los cambios climáticos, el calentamiento
global y la dominación colonial del Norte sobre el Sur.
En síntesis:
el impulso prioritario de los agrocombustibles como substitutos
paulatinos del petróleo, es mantener la circulación
global de mercancías y la demanda ambientalmente insustentable
de energía y materias primas para suprimir
y promover como ideal universal el patrón de vida de las
sociedades del Norte, en su lógica histórica de
dependencia colonial sobre los ecosistemas y pueblos del Sur.
A la falacia del
balance energético positivo de los agrocombustibles
nosotros contestamos con la verificación histórica de
la devastación ecológica y social generada por la
Revolución Verde – petrodependiente - y con los efectos
imputados a la agricultura industrial, que ha resultado en la pérdida
de 75% de la biodiversidad a lo largo del último siglo, según
la FAO; además de haber promocionado la desarticulación
de las agriculturas y mercados locales para imponer el sistema
agroalimentario mundial a través de las corporaciones que
controlan la cadena productiva con la mayor concentración de
poder en el mundo – los agronegocios.
Entendemos que la única
forma de superar la crisis climática y energética que
amenaza definitivamente la continuidad de toda la Vida en el planeta
es la superación del capitalismo.
La
transición hacia una sociedad post-petrolera y un nuevo
sentido del “desarrollo”, en la construcción de una Vía
de superación del capitalismo, será sobre bases
ecológicas; o no podrá ser.
La
cuestión energética, así como la producción
de alimentos, son los ejes concretos e indivisibles de resistencia y
de construcción de otro proyecto de sociedad, y de nuevas
relaciones de intercambio entre los pueblos de la humanidad, y de
estos con la naturaleza; y así subvertir - de facto - la
lógica colonial y de subordinación.
Acordamos
que la lógica política de la nueva sociedad global en
esta ruta de transición – y la estrategia de autonomía
de los pueblos sobre sus territorios - deberá orientarse a
partir de la premisa central de garantizar la Soberanía
Energética en
acuerdo y complementariedad con la defensa radical de la Soberanía
Alimentaria.
Por lo tanto, el único
debate consecuente sobre agrocombustibles debe enmarcarse en un
nuevo paradigma de des-desarrollo que incluya una transformación
estructural radical de toda la economía y de nuestro estilo de
vida y el desmantelamiento del macro sistema energético que
sustenta y garantiza el poder global.
Son ejes del
des-desarrollo:
-
des-urbanizar,
para restituir la existencia de la población a escala humana, supliendo
las necesidades en el mercado local y con fuentes de energía locales.
-
des-globalizar el
comercio y el transporte de mercancías, sobre todo agrícolas y
alimentarias, para atacar la principal fuente de consumo de
combustibles líquidos: los camiones refrigerados que transportan toda
la cadena de carnes y lácteos, los aviones que transportan flores y
frutas tropicales; los gigantescos navíos cerealeros movidos a diesel
para llevar soja a Europa y a China, etc.; que generan un flagrante
balance energético negativo, y que sostiene el discurso ilusorio del
“crecimiento”.
-
des-petrolizar la
economía, la mejor política contra el cambio climático es la
eliminación de los combustibles fósiles, dejando el petróleo y el gas
en el subsuelo. Eso no debe confundirse con soluciones ficticias como
el “descarbonizar la economía” o sea, promocionar el mercado de
carbono, los mecanismos de desarrollo limpio y la implementación
conjunta que perpetúan el modelo petrolero destructivo, bajo la lógica
del mercado.
-
des-centralizar
la generación y distribución de energía, a través de tecnologías
que no recreen la dependencia, y que garanticen el abastecimiento de
acuerdo a las necesidades de la población local, lo que se diferencia
de promover la privatización de la energía, aun de fuentes
“alternativas” bajo el argumento de “proveer acceso de energía para los
pobres”. En otras palabras: recuperar y defender el principio de la
energía como un servicio y no un negocio y una mercancía ofrecida en el
mercado. En esta línea de argumentación debe construirse la Soberanía
Energética.
Se trata de abrir
esta
agenda de debate en el seno de los sectores de “izquierda” en
nuestras distintas regiones del globo, replanteando en estos términos
radicales el entendido de una propuesta de enfrentamiento y
superación del capitalismo en acuerdo con las contradicciones
de la acumulación, en este momento histórico.
Por el rol
estratégico
de la región Latinoamericana en la promoción y
instalación del modelo global de Agroenergía, y en
vista a la Conferencia Internacional de Biocombustibles, auspiciada
por la ONU, a ser realizada en Brasil en julio de 2008, reafirmamos
nuestra tarea de cuestionar entre los gobiernos promotores del
“Socialismo del Siglo XXI” cual será el modelo energético
que sustentará esta propuesta, sin aceptar cooptaciones
nacionales al modelo propuesto por el capital.
Para que esta visión
sea el fundamento de un programa político de la era
post-petrolera, los abajo firmantes nos comprometemos a replantear
nuestros posicionamientos - sin concesiones – como lo impone la
radicalidad de la crisis ecológica y energética actual.
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